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De los símbolos a la ejecución: cómo De la Espriella tuvo que modificar su agenda

Sin empalme, con un equipo disperso y con los huecos presupuestales que dejó el gobierno anterior, el nuevo presidente enfrentó unos primeros días de gobierno que pusieron a prueba sus promesas de la “patria milagro”. Así respondió y estos son los retos que le esperan.

David Efrén Ortega

15 de agosto de 2026 - 08:30 p. m.
Presidente Abelardo de la Espriella durante el comité de emergencia realizado en la UNGRD tras el terremoto.
Foto: El Espectador - Gustavo Torrijos
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No habían transcurrido 72 horas de su juramento como jefe de Estado cuando Abelardo de la Espriella ya estaba haciendo borrón y cuenta nueva de los primeros planes que había diseñado durante casi dos meses para asumir el principal cargo de la nación. A un lado quedó la idea de despachar desde la llamada “Casa Blanca” de Barranquilla, acondicionada en cuestión de días como sucursal de la Presidencia en un batallón de esa ciudad. Lo mismo ocurrió con los consejos de ministros en el Caribe, los retiros espirituales y los anuncios con videos de inteligencia artificial.

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El terremoto de magnitud 7,4 del 10 de agosto, el más fuerte en lo que va del siglo y que hasta el cierre de esta edición deja 294 fallecidos y cerca de 14.400 viviendas destruidas, lo empujó de nuevo a Bogotá y a una agenda que se alejó del espectáculo de sus símbolos para tomar el rumbo del pragmatismo y la ejecución.

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Ese sacudón también se sintió, literalmente, en todos los ministerios. Como señaló Miguel Gómez, jefe de la cartera de Hacienda, apenas 30 minutos después de posesionarse, cuando aún no terminaba de conocer su oficina, la tierra tembló y desde ese momento todos los teléfonos no han parado de sonar. A cada uno de los integrantes del gabinete le tocó cambiar de prioridades, cancelar invitaciones y acelerar nombramientos y otras decisiones que estaban pensadas para los próximos días.

La emergencia, que con el paso de las horas revela aún más su magnitud, pone a prueba todo el proyecto político de De la Espriella, lo que incluye la promesa de gobernar para las regiones o la de recortar el gasto para aliviar las finanzas públicas. El presidente y su equipo tendrán que demostrar habilidad de gerencia y articulación, pero también capacidad de corregir desaciertos, como la falta de un empalme con la anterior administración.

Las primeras horas del gobierno De la Espriella

Pasadas las 9:00 de la mañana del lunes 10 de agosto, el avión FAC 001 aterrizó en la base de Catam en Bogotá y de inmediato se desplegó un fuerte operativo de seguridad que trasladó al presidente a la sede de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD). En ese lugar se llevó a cabo el primer puesto de mando unificado con los reportes preliminares del sismo. También desde ahí, el recién posesionado mandatario se topó con las primeras dificultades para responder a la coyuntura.

La urgencia del momento impidió que varios de sus ministros llegaran al lugar; de hecho, la mayoría tuvo que conectarse a una videollamada para votar la declaratoria de emergencia nacional. Además, el presidente se encontró con una oficina sin ninguna ficha de confianza, pues incluso la dirección estaba a cargo de uno de los hombres más cercanos al expresidente Gustavo Petro desde la “Bogotá Humana”, Javier Pava Sánchez. Esto además de la falta de un proceso de transición ordenada.

E presidente y varios de sus ministros y asesores tras la declaración de desastre nacional.
Foto: El Espectador - Gustavo Torrijos

Quienes tuvieron acceso a esa reunión aseguran que el jefe de Estado se vio estresado y que incluso lanzó su primer “jalón de orejas” a varios de sus funcionarios por la descoordinación del momento. De hecho, en medio de los reportes, De la Espriella les dijo a sus ministros y asesores que solo él estaba autorizado para entregar los balances y hasta pidió enviar ese mensaje a gobernadores y alcaldes.

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Tras repartir al gabinete por los diferentes departamentos afectados, anunció sus primeros recorridos. “Yo estaré al frente de esta emergencia nacional, recorriendo el país sin descanso para tomar las decisiones inmediatas que protejan la vida de cada ciudadano”, dijo. Así, ese mismo lunes estuvo en Quibdó, Cali y de regreso en Bogotá, donde en Catam lo esperaba su secretario jurídico, Andrés Barreto, con una pila de decretos por firmar. “Todo lo hemos hecho con las uñas”, reconoció De la Espriella, que ha firmado más de 70 actos administrativos en sus primeros siete días.

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La agenda del martes lo llevó a Pereira, Dosquebradas, Manizales y Armenia, lugares desde donde anunció las primeras medidas para los damnificados: subsidios de arriendo, cobertura de servicios públicos y alivios tributarios. En este contexto también estalló la polémica por la supuesta negativa a recibir cierta ayuda del exterior, pelea en la que los nuevos funcionarios y los salientes se echaron culpas. Al final, desde el Ejecutivo resaltaron que trabajan con todos los países interesados, sin pensar en ideologías, y que lo único que buscan es que todas las ayudas lleguen de manera ordenada.

El miércoles, el presidente pisó por primera vez la Casa de Nariño, pero no para trabajar desde allí, sino para usarla como una especie de puente para su verdadero despacho, el Palacio de San Carlos. A las 9:00 de la mañana, el helicóptero FAC 008 aterrizó en el helipuerto de la anterior residencia presidencial y el equipo de seguridad cerró varias calles del centro de la capital para llevarlo hasta la sede de la Cancillería, donde ocupó la oficina central del tercer piso, desplazando al jefe la diplomacia, Omar Bula.

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Todos sus ministros y asesores, además de consultores en temas de seguridad, salud y otras áreas, desfilaron por esos pasillos. También hubo tiempo para encuentros no relacionados con el terremoto, como la primera reunión con el recién elegido contralor, Jorge Laverde, y con la fiscal, Luz Adriana Camargo. “Este será un Gobierno que trabajará de la mano con la Fiscalía, respetando su independencia, para combatir con firmeza el crimen y la impunidad”, aseguró respecto a este último encuentro. La jornada se repitió el jueves y tuvo en común una declaración a medios a modo de balance.

Al encuentro asistieron también el ministro de Justicia y el vicefiscal general.
Foto: Twitter

En medio de este cronograma también se ratificó que el sector privado será determinante en los planes de recuperación y en general en la visión de gobierno. Acompañado por su ministro de Vivienda, Jaime Andrés Beltrán, el presidente recibió a los principales constructores del país y los comprometió a apoyar en la reconstrucción de miles de viviendas. Asistentes a ese encuentro señalaron que la conclusión fue “todos ponen”: empresarios, gobierno, entes territoriales, banca y aseguradoras.

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En todos estos momentos, además de alfiles discretos como Joaquín Gutiérrez y Carlos Suárez, De la Espriella estuvo acompañado por su esposa, Ana Lucía Pineda, quien restauró el modelo de primeras damas promotoras de causas sociales y benéficas y se apersonó de la canalización de ayudas a través de la campaña “Colombia, un solo corazón”. Al final de esos dos días, ambos volvieron al helicóptero y, tras un vuelo de cerca de seis minutos, durmieron en la Escuela Militar José María Córdova.

La semana del nuevo presidente concluyó con una nueva visita a las regiones más afectadas y más anuncios. En medio de ese recorrido anunció un “plan Marshall” para reconstruir Chocó y reveló que su director de Planeación Nacional será el pereirano Julián Buitrago, dato no menor, puesto que será él quien diseñe el Plan Nacional de Desarrollo de los próximos cuatro años.

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La nueva ruta del gobierno

En el entorno del presidente De la Espriella reconocen que este terremoto revolcó todos sus planes y que, aunque esperan retomar en las próximas semanas las agendas en otras regiones y en Barranquilla, prevén un trabajo de largo aliento de al menos dos años enfocado en la recuperación de las zonas más golpeadas. Pero a su vez, algunos de sus funcionarios más cercanos señalaron que todo lo que rodea la respuesta a esta crisis entrará a formar parte de los pilares de la “patria milagro”. “¡De esta salimos adelante con la ayuda de Dios y la fuerza de la República!”, señaló el propio mandatario.

La presencia en Bogotá será más frecuente de lo planeado inicialmente, pues en la Presidencia reconocen que solo desde la capital se puede articular de primera mano con todos los ministros, estrechar lazos con los gremios económicos y aliados extranjeros y mantener al presidente como protagonista de la información en los medios.

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El reajuste de esta ruta tendrá que tener en cuenta que la seguridad sigue siendo un asunto urgente, razón por la cual en los próximos días De la Espriella consolidará la nueva cúpula militar y retomará el diseño de los decretos para el combate frontal de grupos criminales. De hecho, en estos primeros días el jefe de Estado reportó los primeros bombardeos en el Catatumbo y golpes a las disidencias de Iván Mordisco, como la muerte de alias “Max Max”.

El presidente Abelardo de la Espriella realizó un recorrido por Chocó, Risaralda y Valle para evaluación del estado en las regiones luego de terremoto del 10 de agosto.
Foto: Presidencia

Esta materia se conecta directamente con la diplomacia, particularmente en lo relacionado con Estados Unidos, pues en el gabinete resalta que Colombia ya ingresó al Escudo de las Américas y que el gobierno deberá ponerse al día con la administración de Donald Trump en lo que concierne a los cultivos ilícitos y la cooperación en inteligencia. Por esta misma vía, también se espera que en cuestión de días se envíe a Washington el beneplácito para un embajador.

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En medio del manejo de las declaratorias de desastre y emergencia económica, el Ejecutivo también apunta a no descuidar su relación con el Congreso, pues tendrá que volver a poner a prueba su coalición con el Presupuesto General y una reforma tributaria. La oposición, que también vio frenadas sus estrategias por cuenta del terremoto, espera responder el anunciado “gabinete alterno” y con un nuevo llamado a la movilización permanente, aspecto en el que seguramente Gustavo Petro e Iván Cepeda tendrán un rol protagónico.

Con la promesa de descentralizar el poder, pero con la imposibilidad de desconectarse de Bogotá, así como con la tarea de resolver los niveles de endeudamiento y pobreza estructural y de blindarse ante los cuestionamientos por su estilo, Abelardo de la Espriella abordó la primera de 208 semanas de poder que, como ya quedó demostrado, podrán cambiar sus planes en cuestión de segundos.

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Por David Efrén Ortega

Periodista de la Universidad Javeriana. Tiene experiencia en el cubrimiento de política, paz y memoria. Premio CPB en la categoría de Medios Digitales.@davidortegasodortega@elespectador.com
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