Como si se tratara de un show de magia, las luces se apagaron y el protagonista desapareció. Más de 200 congresistas, un rey, media docena de presidentes y unos 2.000 invitados especiales se quedaron esperando al menos un saludo del nuevo presidente de Colombia, a quien habían ido a festejar. La invitación a una alabanza religiosa y los discursos de un rabino, un pastor y un obispo católico hicieron parte del truco con el cual, en cuestión de minutos, Abelardo de la Espriella encontró una zona gris que lo dejó en medio de un cantón militar para su posesión como jefe de Estado para el periodo 2026-2030.
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“Bienvenidos a la patria milagro”, fue el mensaje que lo acompañó en una tarima del tamaño de una cancha de fútbol dominada por una gran pantalla con la bandera de Colombia y con las de los 32 departamentos. Los integrantes de la Fuerza Pública encargados de la tradicional ceremonia de reconocimiento de tropas, un grupo de veteranos y algunos periodistas fueron los espectadores presenciales de su primer discurso. “He venido a cerrar un largo capítulo de resignación nacional y a emprender junto al pueblo la transformación profunda de nuestro destino”, dijo tras los saludos protocolarios y un mensaje de gratitud a Jesucristo.
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Abelardo de la Espriella, abogado de 48 años, llegó así, formalmente, a la primera magistratura de la nación para emprender un contracambio tras los cuatro años de la primera administración de izquierda, liderada por el ahora expresidente Gustavo Petro. Con mayorías en el Congreso –aunque con poco margen de maniobra– y un gabinete que reúne a amigos, políticos de clanes tradicionales y figuras ligadas con gremios económicos, el nuevo mandatario asumió desde este viernes la tarea de impulsar sus promesas de campaña en medio de las medidas urgentes que exigen la seguridad, la salud y, entre otros sectores, las cuentas fiscales. “Asumamos juntos esta tarea”, agregó.
¿Cuáles son los tres pilares del nuevo gobierno?
El discurso inaugural del presidente De la Espriella delineó lo que serán los primeros días de su administración. La seguridad, el protagonismo de las regiones y la cirugía a las finanzas públicas se mueven como los tres ejes de su modelo. Rodeado por la cúpula militar y con el vuelo de los aviones de guerra como telón, De la Espriella anunció que está listo un decreto con el que se designa como organizaciones terroristas a varias grupos ilegales y bandas criminales. La orden a la Fuerza Pública será el combate frontal, lo que también, en sus palabras, implica que “la opción del diálogo está completamente agotada”.
Esta apuesta se complementará con el giro que le dará a la política exterior, especialmente en las relaciones con Estados Unidos e Israel. Aquí entra en juego otro de los decretos que están listos y que implica la adhesión al llamado Escudo de las Américas que lidera la administración estadounidense de Donald Trump. Por el otro lado, ya está en marcha el plan para reactivar los canales diplomáticos con el gobierno de Benjamin Netanyahu y en la agenda, incluso, se prepara un viaje de exploración de una delegación colombiana a ese país. Estos actos administrativos y las medidas subsiguientes marcarán, además, el final de la llamada “paz total” del expresidente Petro.
En cuanto a las regiones, el jefe del Ejecutivo aspira a que la posesión en la capital del Valle sea solo el mensaje inicial de toda su propuesta. El viernes, mientras él despachaba desde la casa cultural de Cali, donde atendió reuniones con sus homólogos invitados, les pidió a varios de sus ministros que iniciaran los diálogos estratégicos con mandatarios locales y con gremios interesados en impulsar sus promesas. Es por esto que, durante buena parte de ese mismo día, los ministros de Transporte, Ambiente, Agricultura, Comercio, entre otros, recibieron en el Hotel Intercontinental a varios gobernadores, alcaldes y empresarios. El guiño a estos últimos no fue menor, pues varios estuvieron en la primera fila de la posesión.
Todos los jefes de gabinete tienen, además, la orden directa de llegar a sus despachos a primera hora del próximo lunes, con la prioridad de conformar un nuevo equipos y definir la hoja de ruta del plan de gobierno en cada área, pero también para culminar ese análisis forense que desde hace varios meses le vienen haciendo a la gestión de la administración saliente, lo que implica revisar contratos, nombramientos y decretos.
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Los otros protagonistas del gobierno De la Espriella
La agenda de tres días en Cali también sirvió como el primer vistazo al funcionamiento interno del nuevo gobierno. Las declaraciones y reuniones dejaron ver qué rol tendrán los principales alfiles de Abelardo de la Espriella. José Manuel Restrepo no sólo será el vicepresidente, sino que ejercerá una función de administrador y principal ejecutor de los temas técnicos y de la diplomacia, pues su trabajo será buscar aliados en el sector privado y en otras latitudes para avanzar en la agenda de cambios que prepara el presidente.
De hecho, mientras De la Espriella prepara una gira por varios departamentos, que complementará los empalmes regionales que hizo famosos en los últimos días, Restrepo hará lo propio, pero pensando en estrechar lazos con aliados en otros horizontes.
Los ministros cumplirán sus roles específicos, pero algunos tendrán caminos cuesta arriba desde el primer minuto. Miguel Gómez, el ministro de Hacienda, tendrá que resolver el dilema de cómo recortarle cerca del 1 % del PIB al presupuesto nacional, ya que las arcas que recibe esta administración están golpeadas por los números rojos del gasto desplegado en los últimos cuatro años. A todo esto se suma que él mismo deberá diseñar una nueva reforma tributaria que tiene menos de dos meses para llegar al Congreso, y que –según las palabras del presidente– no tiene que ver con el aumento de gravámenes, sino todo lo contrario, pues dijo que no se debe castigar a quienes generan riqueza con impuestos como el de la renta.
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En esa misma línea aparecen algunos ministros que asumirán cuestiones técnicas y urgentes, como es el caso de María Nohemí Arboleda en Minas y Energía y de Ana María Vesga en Salud. La primera, también acorde al discurso del mandatario, deberá solucionar los problemas de la matriz energética colombiana, lo que implica darle un nuevo impulso a las generadoras térmicas de energía y reactivar la exploración de hidrocarburos para garantizar que en las próximas semanas no se desatará un apagón por cuenta del fenómeno de El Niño.
A esto se le agrega un punto que seguramente levantará ampolla en diversos sectores, pues el presidente electo confirmó que su modelo implica la luz verde al fracking, método para extraer petróleo que rechazan los sectores ambientalistas y del que próximamente se empezarán a hacer pilotos.
La ministra de la Salud será la encargada de poner a andar el sonado plan de choque de cerca de COP 10 billones para rescatar las finanzas del sector. Será ella quien defina cómo se invertirá ese dinero, pues está claro que, aunque la cifra suena grande, las necesidades también lo son. En la lista de espera están el ajuste a la unidad de pago por capitación, las deudas con las entidades prestadores de salud, las demoras en la entrega de medicamentos y los tratamientos de enfermedades complejas.
Más allá de esos nombres, que ya son conocidos por la opinión pública, los últimos días también dejaron ver que al lado del presidente estarán dos figuras que no resonarán mucho, pero que tendrán acceso total y seguramente lo hablarán al oído. Se trata de Joaquín Gutiérrez y Carlos Suárez, estrategas de la campaña y ahora los únicos que, por ejemplo, se sentaron junto al mandatario y la primera dama, Ana Lucía Pineda, en las reuniones con presidentes.
El gobierno De la Espriella ya está en marcha. En el camino tendrá que terminar de definir nombramientos claves, ya que arrancó, por ejemplo, sin alguien encargado de Planeación Nacional. También deberá encontrar la forma de relacionarse con la oposición, a la que promete brindar todas las garantías y que ya se está organizando; incluso, anunció una suerte de gabinete alterno, para vigilar paso a paso la gestión y abonar un camino en el que sean ellos y no los cercanos a De la Espriella los que en cuatro años, en otro 7 de agosto, tomen las riendas del país.
Así fue la posesión de Abelardo de la Espriella
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