Colombia ratificó ante el pleno de las Naciones Unidas las bases sobre cómo es ahora su relacionamiento con el globo. Lo hizo a través de un mensaje de 24 minutos del presidente Abelardo de la Espriella y que fue entregado por su segundo a bordo, José Manuel Restrepo, quien redondeó esta ruta en cinco ejes determinantes: seguridad trasnacional, lucha contra el terrorismo, derechos humanos, fortalecimiento económico y tecnológico y Venezuela.
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Las palabras de De la Espriella –leídas por Restrepo– son la radiografía de la conexión que se quiere para la denominada “patria milagro” hacia el exterior, lo cual pasa por una postura de alineamiento con un occidente más volcado hacia los intereses que predominan bajo la batuta del actual presidente de Estados Unidos, el magnate republicano Donald Trump.
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Eso explica por qué en esta primera salida del Gobierno de De la Espriella ante la ONU abordó desde el inicio la necesidad de coordinar acciones con otros socios continentales para enfrentar el narcotráfico y así combatir a los grupos criminales que lo promueven. Eso, de paso, implica mayor cooperación en seguridad e inteligencia, lo que referencia tácitamente a la iniciativa que Washington bautizó como Escudo de las Américas y que ya cuenta con 19 Estados miembros; todos inclinados hacia la derecha.
“Mi Gobierno está decidido a dejar atrás los eufemismos. Las organizaciones que asesinan, secuestran, emplean explosivos, reclutan menores y recurren deliberadamente al terror para doblegar a la sociedad son grupos terroristas. (…) Hay, además, una realidad que muchas veces se pierde de vista: las drogas ilícitas que se producen en Colombia no terminan en Colombia. El narcotráfico es una empresa criminal transnacional. Sus rutas atraviesan fronteras, su dinero se mueve a través de sistemas financieros internacionales y sus redes operan en numerosos países”, precisó Restrepo al leer el mensaje de De la Espriella.
Este punto de la intervención también toca con la coyuntura interna. En efecto, el jefe de Estado aseguró desde campaña que le pondría punto final a la estancada paz total que promovió la anterior administración y que, según varias organizaciones estudiosas del conflicto, permitió que los integrantes de narcobandas urbanas y rurales superaran las 20.000 personas.
Incluso, durante las últimas 72 horas se enfrentó el “paro armado” que la estructura Conquistadores de la Sierra desplegó sobre Santa Marta (Magdalena) y Riohacha (La Guajira) –al igual que en otras zonas de la Costa Caribe– luego de la baja de José Luis Pérez, alias Cholo. De la Espriella, con una pistola en la cintura y chaleco antibalas, recorrió algunas de esas ciudades y, este mismo jueves momentos antes de la presentación de Restrepo en la ONU, hizo lo propio en Cali (Valle). Una forma de ratificar su política de “mano dura”.
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“Una amenaza transnacional exige que la comunidad internacional también haga su parte. La seguridad, siendo indispensable, no basta. Un territorio que no ofrece oportunidades sigue siendo un territorio vulnerable. Mi administración está concentrada también en lograr que Colombia vuelva a crecer”, continuó Restrepo en Nueva York. Ese ítem lo conectó con la necesidad de que la nación, según añadió, “vuelva a confiar en sí misma”.
Esa frase fue la forma para decirle al globo que desde el pasado 7 de agosto hay otras prioridades, nuevas metas y una ruta en la que también se busca recuperar el protagonismo internacional que el país tenía en otras épocas. Por eso, aterrizando otras de sus posturas de campaña, Restrepo explicó qué quiere De la Espriella en torno a las Naciones Unidas y los procesos de globalización.
“La propia Carta de las Naciones Unidas establece como fundamento de esta organización la igualdad soberana de sus miembros y reconoce la libre determinación de los pueblos. Amar a la patria no es incompatible con respetar a las demás. Defender la historia, la cultura, los valores y las tradiciones de una nación no significa despreciar las de otra. La cooperación internacional es más rica cuando quienes se sientan alrededor de esta mesa saben quiénes son, de dónde vienen y qué representa el pueblo en cuyo nombre hablan. El propio sistema de Naciones Unidas reconoce el valor de la diversidad cultural y la necesidad de proteger y promover las distintas expresiones de los pueblos”, fue otro de los mensajes de Colombia.
Lo que se profundizó en este apartado es que el Gobierno sí mantiene al país en estos organismos multilaterales, pero considera necesario ajustar asuntos que deriven –como confirmó Restrepo– en más acciones concretas y menos documentos analíticos. Se planteó revisar su carga burocrática y, entre otros asuntos, que analice cómo llegar a una definición globalmente aceptada de lo que es el terrorismo; la intención es que su combate sea a través de una unidad jurídica que también sea trasnacional.
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A eso se suma la tesis en torno a que la seguridad necesita desarrollo y fortalecimiento económico. De ahí que ante la ONU se hablara de potenciar procesos educativos que compaginen con las nuevas tecnologías, la ciencia de datos y lo que –haciéndole un guiño al debate que abrió Trump– denominó “súper inteligencia”. “Millones de colombianos no piden que el Estado les resuelva la vida. Piden que les dé la oportunidad de construirla”, agregó.
Esto va de la mano con más apertura a la inversión internacional y la diversificación de las economías internas, para que los productos colombianos regresen a un nivel de relevancia ante el mundo. De hecho, Restrepo dijo que De la Espriella busca ser evaluado en el mediano plazo con asuntos como el crecimiento, que es hacia donde quiere llevar a “la patria milagro”.
Todas estas palabras fueron construidas por el jefe de Estado y el vicepresidente durante las semanas previas de preparación para una cita global que arrancó el pasado lunes y concluye para Colombia este viernes. Los términos, los mensajes clave, los debates para abrir y las posturas para refrendar surgieron de un diálogo conjunto, en el que el canciller Omar Bula y los embajadores ante Estados Unidos, María Consuelo Araújo, y la ONU, Mauricio Gaona.
Y ahí es que entra un asunto que se condensó en once palabras y que fue claro: “Confiamos en una transición democrática en Venezuela pronta, segura y profunda”. Eso es importante, porque De la Espriella apoya la estrategia de Trump sobre Caracas y con el embajador Jorge Jaller espera que Bogotá tenga una participación más activa, en especial en lo económico, en el resurgimiento de ese país. Esto se ha dialogado de forma directa, incluso, con el secretario de Estado, Marco Rubio.
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En este ajedrez de propósitos está transversalmente todo lo relacionado con los derechos humanos, de los cuales la actual Colombia espera que no sean aplicados, según Restrepo haciendo eco de De la Espriella, con intenciones políticas. Si bien no hizo una mención específica, sí es claro que la referencia tácita es hacia la misma ONU y la transición en Caracas; incluso, a lo que sucede internamente en el combate contra el narcoterrorismo.
Lo cierto es que esta primera intervención del Gobierno de De la Espriella fue aplaudida por quienes estaban en el recinto de la ONU en Nueva York y de paso destacada por sectores afines a la derecha en Colombia. Y aunque de la izquierda surgieron algunos cuestionamientos, en especial por la postura sobre Israel, la nueva doctrina internacional quedó oficialmente notificada ante el globo.
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