26 Sep 2018 - 11:00 a. m.

Drogas y Venezuela, las preocupaciones de Duque y Trump

La agenda de cooperación bilateral entre Colombia y Estados Unidos tiene dos objetivos claros: disminuir los cultivos ilícitos en el país suramericano y debilitar el gobierno de Nicolás Maduro.

-Lorena Arboleda Zárate / @LorenaArboleda8

La antesala de la primera reunión entre los presidentes de Estados Unidos, Donald Trump, y Colombia, Iván Duque, fueron las burlas del mundo alrededor del discurso que pronunció el mandatario estadounidense ante la 73ª Asamblea General de la ONU. En Nueva York, Trump hizo alarde de su gestión en el cargo, afirmó que había logrado mayores avances en su país que cualquier otra administración en la historia de EE. UU. y advirtió que “solo vamos a dar asistencia extranjera a quienes nos respeten y sean nuestros amigos”.

El mensaje, sin duda, no podía ser más claro para su homólogo colombiano, que se preparaba para el encuentro, el cual se realizó en uno de los salones privados de la sede de la ONU, ubicada en la calle 42 con 1st Avenue. Duque estaba preparado para recibir el respaldo histórico que le ha dado Estados Unidos a la lucha contra las drogas en Colombia, tema que volvió a cobrar protagonismo para el gobierno estadounidense con el aumento de los cultivos ilícitos en los últimos años. Si fracasa en su lucha, le dijo Trump a Duque, “solo será un presidente más”. Sin embargo ratificó que está listo para apoyar a su gobierno, que expedirá esta misma semana el decreto para confiscar la dosis mínima.

Superado el tema de los cultivos ilícitos, alrededor del cual ambos países comparten posturas, los ojos se volcaron hacia Venezuela, pues al tiempo que se concertaba el diálogo entre Trump y Duque, Colombia recibía noticias de que el país vecino había decidido desplegar tropas sobre la frontera. El hecho, aunque fue argumentado por el gobierno de Nicolás Maduro como una movida para afrontar el crimen transnacional, fue calificado por el gobierno estadounidense como un obvio esfuerzo de intimidación. “Seré claro: Estados Unidos siempre estará del lado de nuestros aliados. El régimen de Maduro haría bien en no poner a prueba la determinación del presidente Trump o del pueblo norteamericano”, señaló el vicepresidente estadounidense, Mike Pence.

Las declaraciones encajaron perfectamente con lo que Trump le dijo a la comunidad internacional acerca de Venezuela: que es un país que está atravesando por una tragedia humanitaria insuperable, que es un lugar espantoso e, incluso, que “es un régimen que podría ser derrocado fácilmente por los militares si deciden hacerlo”. Pero ¿es esa la postura que acompaña el presidente de Colombia, uno de los países más afectados por la crisis migratoria en Venezuela?

Hoy es la primera comparecencia de Iván Duque ante la comunidad internacional. Antes del mediodía se tiene previsto que pronuncie su discurso en la Asamblea General. El mensaje que lleve alrededor de esta crisis será fundamental, principalmente porque durante su agenda en Nueva York anunció que Colombia acompañará la denuncia contra Maduro ante la Corte Penal Internacional, lo cual choca con la falta de legitimidad que le reconoce Trump a este organismo. “¡Muy bien! Yo también estoy denunciando”, dijo en tono displicente el presidente Trump a su homólogo en Colombia.

En esa perspectiva, El Espectador pudo saber que Duque va a rechazar cualquier tipo de intención belicista en el país vecino, a pesar de las provocaciones generadas por la presencia de tropas venezolanas en la zona de frontera. Un hecho que ha venido reiterando el primer mandatario a raíz de las cada vez más populares posturas de intervenir militarmente en Venezuela. “No voy a ser como el presidente Obama, que siempre decía lo que iba a hacer y después le quedaba diez veces más difícil hacer las cosas porque ya las había anunciado”, dijo el presidente Trump durante el encuentro con Duque.

En contraste, el primer mandatario colombiano defenderá el fondo multilateral que ayer se anunció para responder a la situación fronteriza y a los migrantes venezolanos para brindarles calidad de vida en condiciones dignas. Por eso va a reiterar que la suya no es una política que acompañe el cierre de fronteras e insistirá en los canales diplomáticos, como la CPI, para denunciar al régimen y lograr el restablecimiento de la democracia a través de una transición pacífica.

Las drogas ilícitas y la política para enfrentarlas serán el segundo asunto del que hablará el presidente Duque. En ese escenario, defenderá el decreto que permitirá a la Policía confiscar el porte de la dosis mínima y, aunque el Acuerdo de Paz no será su bandera en el discurso, le recordará a la ONU la necesidad de modificar lo pactado en Cuba. En ese sentido, “la paz con legalidad” será su principal defensa en el discurso, bajo la certeza de que el organismo del que hacen parte más de 190 países del mundo conoce esta determinación y la avala.

En este camino de la lucha contra las drogas, Duque ha demostrado que impulsará una política férrea para contrarrestar el consumo interno, por una parte mediante el desmonte de la dosis mínima y, por otra, interviniendo las denominadas ollas del microtráfico y las redes de expendio de sustancias ilícitas. Pero además es claro que su principal reto es la disminución de los cultivos ilícitos, los cuales, según la Casa Blanca, superan las 220.000 hectáreas, mientras para la ONU rondan las 180.000. Pero sea una u otra la cifra, lo claro para la comunidad internacional es que el mayor productor de coca de la región es Colombia, y dado que no es un país eminentemente consumidor, la droga es repartida por otras naciones del mundo, donde, como en el caso de Estados Unidos o Argentina, los índices de consumo superan en más de un dígito los de Colombia.

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