
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
La noche del 17 de junio de 2018, tras la segunda vuelta presidencial, en su discurso como mandatario electo de los colombianos, lo primero que hizo Iván Duque fue un llamado a la unidad: “Se trata hoy, más que nunca, de unir a nuestro país, de construir, porque cuando se construye y no se destruye el futuro es de todos los colombianos. Esta elección es la oportunidad que esperábamos para pasar la página de la polarización, la página de los agravios, la página de las ponzoñas. Yo no reconozco enemigos en Colombia. No voy a gobernar con odios, ni mantengo odios, ni tendré odios hacia ningún colombiano”, dijo. Un mensaje que ha reiterado a lo largo de sus dos años de mandato, la verdad, con poca efectividad. Al fin y al cabo, también desde el regreso del uribismo al poder, su partido puso los puntos sobre las íes, cuando la senadora Paloma Valencia, en una reunión privada, aclaró que una cosa era el Gobierno y otra el Centro Democrático.
Una de las pocas señales de buscar puntos de encuentro entre contrarios se vio a comienzos de agosto, cuando el expresidente Juan Manuel Santos les envió un mensaje al hoy senador Álvaro Uribe y al líder de Colombia Humana, Gustavo Petro, pidiéndoles reflexión. “Ojalá puedan reconciliarse. Si yo me reconcilié con las Farc y con Hugo Chávez, ¿cómo no podemos los colombianos, hijos de una misma nación, reconciliarnos y tratar de buscar un común denominador?”, manifestó en entrevista con Blu Radio. En junio, Petro había hablado de “tenderles la mano” a las otras vertientes políticas, en específico al uribismo. “Yo le he mandado razones: ‘hermano, si somos el gobierno, no lo vamos a fregar ni a su familia ni a sus hijos’ (…) Uribe puede servir, pero para eso tiene que perder el poder y cambiar su mentalidad. Primero hay que quitarle el poder. Uribe podría servir en un esfuerzo para lograr lo que hizo el Japón, que fue una reforma agraria sin violencia”, expresó.
lea también: El 64 % de los colombianos está de acuerdo con la detención de Uribe: Datexco
Pero llegó la medida de aseguramiento en contra del exmandatario por parte de la Corte Suprema de Justicia, por los presuntos delitos de fraude procesal y soborno, y ha sido la de Troya. La polarización está más enconada que nunca y la tormenta no solo es política, sino que amenaza con arrastrar al sistema judicial, convertido en el blanco de los ataques de un uribismo que aún apela a un Estado de opinión precario, según las más recientes encuestas, e insiste en una constituyente para revolcar todo. Mientras tanto, el presidente Duque maniobra frente a una pandemia que no da tregua, con una crisis sanitaria y económica que se acentúa y se hace imperativo atender en el corto, mediano y largo plazo. Entonces, ¿cómo lograr unos mínimos de entendimiento en este mar de confrontación tan enfurecido? ¿Estamos condenados a vivir en ese constante choque político, sin posibilidad de construir desde el respeto y la tolerancia?
El uribismo no parece querer tregua. “La constituyente es la respuesta a eso”, asegura la senadora Paloma Valencia, del Centro Democrático. Y agrega: “Es la obligación de todas las fuerzas políticas de sentarse, de discutir y de ponerse de acuerdo sobre un sistema de justicia en el que podamos confiar todos”. Y una vez más arremete contra los Acuerdos de Paz de La Habana que, según ella, se impusieron “a pesar del triunfo del no en el referendo”, dejando unas hondas heridas. “Nos cambiaron la institucionalidad y nos modificaron la Constitución, atropellando la voluntad mayoritaria”, agrega. La legisladora habla de llamar a los ciudadanos y a todas las fuerzas políticas a participar, porque esas son las maneras de crear los acuerdos. “De pronto es más fácil sacar un proyecto de ley con las mayorías del Gobierno, pero dirán: claro, esto lo sacaron para aplastar a los otros. No creo que Colombia pueda seguir por ese camino de construir instituciones para unos pocos”.
En la otra orilla, Roy Barreras, del Partido de la U, cree que la responsabilidad de Duque, en los dos años que le quedan, es plantearle una agenda de reconstrucción al país, que por ahora no se ve, pues, advierte, lo que se ha hecho es volver a hablar de las objeciones a la JEP y convertirse en abogado de oficio de Uribe. “Esa agenda de reconstrucción debería tener, para empezar, la renta básica universal. Venimos exigiéndola desde abril, porque nueve millones de hogares vulnerables necesitan con qué comer. He dicho que si no lo hacen por solidaridad humana, lo hagan por razones económicas, para reactivar la demanda. Hay muchos oficios que el Gobierno debería asumir como responsabilidad para la generación de empleo. Hay una agenda que tiene que ver con la formalización laboral y una que tiene que ver con la corrección de la injusticia pensional. Y tenemos que salvar a las microempresas destruidas por la pandemia, a la que los bancos no les están prestando, a pesar de que el Gobierno lo que hizo fue derivar todas las garantías para el sector financiero”.
Aída Avella, senadora de los Decentes, reconoce que hay puntos irreconciliables, pero puede lograrse la unidad en algunos asuntos centrales para salir de los estragos del COVID-19. Y se refiere también a la propuesta de renta básica de un salario mínimo. “Podríamos sentarnos y mirar este tema”. En cuanto a los llamados del presidente Duque a tirar para un mismo lado como país, dice que ello se ha quedado en palabras, pues nunca se ha sentado con la oposición. “Le hemos mandado más de veinte cartas y no nos ha respondido. ¿Cómo se hace con un presidente que no quiere hablar?”. La lectura que se plantea desde la oposición es que Duque solo trata con su partido y sus amigos. “¿A quién le pide hacer equipo? Hay que abrir el espacio para dialogar. Nosotros tenemos propuestas para sacar al país adelante, pero con un gobierno así es imposible hacer equipo. Necesitamos que gobierne para todos”.
Desde la academia, las visiones van más allá. Mauricio Jaramillo, analista de la Universidad del Rosario, habla de dos asuntos urgentes a implementar por parte del primer mandatario: definir una línea ideológica y política, pues la que se ha visto es muy tímida y han sido los alcaldes, en términos generales, los que han llevado la pauta de la gestión de la pandemia, y no se ha visto una firme agenda legislativa. “No se puede convocar una gran unidad nacional cuando no se tiene agenda política”. El otro es que Duque, en su concepto, es “rehén” de las reivindicaciones del Centro Democrático y concretamente de la constituyente propuesta ahora por la detención de Uribe. “Es difícil si el presidente no logra tener un respaldo de su partido para una gran alianza de unidad. Duque ha tratado de hablar con otros sectores, por ejemplo, con Petro, pero eso no ha terminado en nada, en buena medida porque él mismo está muy debilitado. Y no puede acercarse a otros sectores, como los verdes, porque su partido lo tiene rehén de su radicalismo. Entonces: no hay contenido político ni liderazgo en su mandato”.
Y es que la crispación política que se vive está irremediablemente ligada a la situación del expresidente Uribe. “Estamos convirtiendo una situación jurídica de una sola persona en un episodio que tiene más alcance que el que debería tener. Y los informadores tienen papel en esto, porque cuando dicen que hay polarización, contribuyen a que haya más polarización”, advierte William Pérez, profesor del Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia. Para él, es claro que la polarización existe en las democracias, solo que en Colombia está mediada por el contexto de una historia de violencia y, en ese sentido, es más arriesgado aquí que en otra parte. “Una información como estas no da para la crispación. Contribuir a la convivencia sería entonces leer en las justas proporciones el hecho, dejarlo donde está: un expresidente respondiendo ante la justicia por situaciones en las que hay indicios (…) Tenemos cosas más importantes que atender, por ejemplo, qué hacer para que los estudiantes vuelvan a las aulas, cómo atendemos a los viejos que están muriendo, las madres cabeza de familia sin dinero para darles de comer a sus hijos. Son muchos líos por atender y ahora no nos podemos dejar avasallar por esa discusión”.
Lea también: Duque propone compromiso nacional por la generación de empleo
La clave parece estar, entonces, en saber tramitar las diferencias por vías democráticas. “Más que un acuerdo político de país, debemos seguir fortaleciendo las instituciones para que no haya un rompimiento de estas. Obviamente, todo el mundo tiene derecho a reaccionar como quiere y tener valoración sobre la decisión en contra de Uribe. Pero primero hay que tramitar las diferencias y las propuestas que se hagan tendrán que tramitarse también por la vía institucional”, refiere el analista Héctor Riveros. En su criterio, la propuesta de la constituyente como venganza contra la Corte Suprema y para revocar su mandato es completamente inviable: “No tiene sentido y tenemos un sistema fuerte que impide que un sector político cambie las condiciones. El Centro Democrático es minoría, no tiene fuerza política para hacer aprobar eso, ni suficiente apoyo ciudadano”.
Aún así, Yann Basset, profesor de la Facultad de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario, no ve un escenario apocalíptico en lo que vive hoy Colombia. Además, asegura, que la estrategia de polarización del uribismo en torno al tema Uribe no parece estar dando frutos. “Las encuestas muestran que la opinión mayoritaria no va en esta dirección”. Ahora, el lío es que de los dos años que le quedan a Duque, el último es con Ley de Garantías y con un país político concentrado en la lucha por sucederlo, lo que incrementa el pulso de fuerzas.
Por último, Carlos Arias, experto en comunicación política, ofrece una mirada desde ese ángulo. “La sociedad, no solamente al país de Twitter sino a la general, debe enfocar el llamado a las instituciones y los medios para que estos empiecen a informar y a comunicar cómo la multiplicidad de decretos del Gobierno se van a hacer realidad. Hay una honda preocupación en que la ‘decretitis’, que en algunos casos se han caído por diferentes razones. Cómo hacer para que lleguen a operativizarse, especialmente en el tema de salud, economía, generación de empleo, manutención y sostenimiento de la clase media, que es más golpeada”. Para él, los medios deben de empezar a escuchar más a las audiencias en sus necesidades, más allá de los clics y dramatismos. “Los medios han hecho una teatralización del caso Uribe y eso da baterías a lo que está poniendo en jaque la vida de los colombianos”.
Pero además, Arias cree que ya no hay más que esperar del Gobierno, que en dos años parece haber dado ya lo que tenía que dar. “Mi llamado es a que los partidos y líderes políticos, especialmente, dejen de buscar el protagonismo y pensar en sus egos, dejen de buscar su interés electoral en 2022 y empiecen a pensar en hacer control político y que el Gobierno materialice los decretos. Hoy la gente dejó de creer en los partidos, cree es en líderes, mesiánicos o no, y la obligación de ellos no es priorizar los reclamos al Estado, su misión es generar leyes o caminos expeditos para la materialización de los decretos. Seguir peleándole a Duque porque hace o no hace, es echar todo en un saco roto, no importa si son de derecha, centro o izquierda”.
Siendo así, el panorama no es muy alentador. Y el diagnóstico más pesimista viene del senador Iván Marulanda, de la Alianza Verde: “Yo no veo posibilidad en un acuerdo y que todos los sectores políticos trabajen juntos en un propósito. Los ánimos están crispados, hay una parte del Gobierno con incapacidad de dialogar. El Gobierno no oye, las mismas fuerzas políticas no se quieren entender. No hay responsabilidad en la cúpula política, estamos en manos de una gente irresponsable. El propio Gobierno es el que tendría que convocar, reconciliar y construir un diálogo, permitir los consensos, pero no encontramos respuesta, no hay presencia. Las herramientas del Estado están en manos del presidente, ministros, congresistas y mandatarios, pero si no nos hablamos, si no nos entendemos, no hay nada. Nosotros le escribimos una carta al presidente, poniéndonos a disposición para que nos convocaran porque queremos ayudar, llegar a un consenso, pero es como ladrándole a la luna”, concluyó.
