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Entre diciembre de 2021 y diciembre de 2025 (últimos años completos cuyos resultados se pueden atribuir a este y al anterior gobierno) la mayoría de los indicadores económicos en Colombia mejoraron. En particular, la tasa de desempleo pasó de 11.1 % a 8 % y la de informalidad de 58.7 % a 55.7 %. Esto sucedió al tiempo que la participación laboral aumentó (de 63.5 % a 64.3 %) lo que permite decir que estas mejoras no se deben a personas saliendo del mercado de trabajo.
El cambio proporcional en la tasa de desempleo es mucho más importante que el de la tasa de informalidad aún si en magnitud son similares debido a que la informalidad es un fenómeno que cubre a un grupo mucho mayor que el desempleo (por cada persona desempleada hay en entre 5 y 6 personas informales). Los dos son fenómenos preocupantes.
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En 2025 casi 64 de cada 100 personas en la fuerza de trabajo tenía problemas para hacer parte del mercado formal comparado con 69 de cada 100 en 2021. Aunque el cambio de los últimos años es positivo también hay que decir que ha sido muy lento. Las dificultades para hacer parte del mercado de trabajo formal están asociadas con ausencia de derechos y de protección social comparado con los que sucede a los trabajadores formales.
Los informales tienen poca estabilidad laboral y trabajan en empresas con escasas oportunidades de desarrollo profesional. Los dos fenómenos castigan la productividad y el crecimiento económico nacional. Entre 2021 y 2025 esta cifra mejoró pero su nivel sigue siendo muy alto y similar a lo que se veía en 2017 o 2013, últimos años completos atribuibles a los gobiernos anteriores. El desempleo y la informalidad se encuentran ligados a las desigualdades que aquejan a Colombia.
Dichos fenómenos afectan de manera desproporcionada a mujeres, individuos con bajos niveles de formación académica o personas residentes en regiones más distantes de las capitales departamentales. También se advierten diferencias entre las zonas urbanas y rurales que favorecen a las primeras, con la salvedad de que el desempleo tiende a ser un fenómeno de menor incidencia en las áreas rurales que en las urbanas. En estas desigualdades, se observa también una inercia notable.
Que este país no vea cambios sustanciales en el desempleo y la informalidad tiene que interpelar a los hacedores de política. El desempleo y la informalidad son resultado de políticas de distintos sectores. Importan las políticas fiscales, sociales, educativas y de empleo. En esa medida, enfrentar la informalidad y el desempleo requiere de la coordinación de políticas de varios sectores.
Sabemos que hay diferencias en la respuesta de los dos fenómenos a choques económicos y cambios de política en los distintos sectores y que ninguna política aislada va a lograr un cambio sustancial. Por ejemplo, parece que la correlación entre desempleo y el crecimiento es más importante que entre la informalidad y el crecimiento económico.
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Al tiempo, la informalidad parece responder más a cambios de política como los costos de la nómina que el desempleo, pero el alcance en la reducción de los costos de nómina para reducir la informalidad es limitado. También sabemos que las oportunidades de mejora en la calidad de la educación y en las oportunidades de desarrollar competencias valoradas por el mercado de trabajo reducen el desempleo y la informalidad.
Este panorama obliga a preguntar qué se ha hecho en Colombia para reducir estos dos fenómenos. La discusión sobre las normas laborales ya es costumbre en Colombia. En las últimas tres décadas se han hecho reformas a las normas asociadas con la estabilidad en el empleo (normas sobre el despido y las cesantías) y a las normas sobre las cotizaciones a la seguridad social en salud, pensiones, cajas de compensación y el SENA. También se han implementado algunas políticas para alinear las habilidades y competencias de algunos grupos de trabajadores colombianos con lo que requiere el mercado de trabajo. Ninguna de estas políticas ha generado un cambio contundente lo que explica la persistencia en el desempleo e informalidad. Lo que le hace falta a la respuesta de política para enfrentar las debilidades del mercado de trabajo es la coordinación entre políticas de distintos sectores.
Frente a la urgencia de buscar formas de reducir de forma acelerada la informalidad y el desempleo en el país, Colombia requiere recurrir a estos dos tipos de políticas. De los intentos previos de mejorar el mercado de trabajo sí hemos aprendido que hay algunas políticas que han mostrado mayor grado de efectividad que otras. En particular, las reducciones de los costos del empleo formal y las políticas que mejoran las habilidades de grupos de trabajadores en situación de pobreza parecen ser efectivas.
Estas experiencias tendrán que ser examinadas para buscar alternativas de política pero no deberán usarse pensando que por sí solas van a resolver los problemas del mercado de trabajo colombiano. Tendrán que estar acompañadas de otras políticas para atraer inversión al sector productivo buscando mejorar la industria y mejorar la capacidad del país de responder a la demanda del mundo.
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