Publicidad
22 Jun 2022 - 4:00 p. m.

Análisis: Gustavo Petro, una nueva era en la política colombiana

La llegada del primer presidente de izquierda al poder en Colombia despierta una gran esperanza entre sus seguidores y una gran incertidumbre entre sus opositores.

Mauricio Velásquez*

Una de las primeras acciones de Petro como presidente electo fue entablar conversación con autoridades venezolanas para “abrir las fronteras y restablecer el pleno ejercicio de los derechos humanos en la frontera”.
Una de las primeras acciones de Petro como presidente electo fue entablar conversación con autoridades venezolanas para “abrir las fronteras y restablecer el pleno ejercicio de los derechos humanos en la frontera”.
Foto: Gustavo Torrijos Zuluaga

Ilusiones

Lo primero que hay que decir es que el discurso con el que arranca la transición es prometedor, tanto por su simpleza como por su contundencia. Unir el país, paz, justicia social, lucha contra el cambio climático. Difícil controvertir que se trata de los grandes ejes de transformaciones que necesita el país.

>Lea más sobre las elecciones de 2022 y otras noticias del mundo político

Con el gobierno Duque la agenda de paz estuvo estancada, y discursivamente el presidente estuvo siempre en contra de las instituciones de justicia transicional. Qué tanto la implementación del acuerdo de paz será suficiente y qué tanto logra hacer Petro con la institucionalidad actual, tendrá que medirse con nuevos retos en materia de narcotráfico, especialmente en momentos en que las regiones que controlaban las Farc están mostrando un recrudecimiento de la violencia y la participación de grupos narcotraficantes transnacionales como el cartel de Sinaloa, por no mencionar el control territorial del Clan del Golfo. En este contexto es difícil imaginar cómo la promoción de diálogos regionales vinculantes puede salir bien.

La otra gran esperanza que arranca con Petro es lograr una agenda de justicia social luego de un período de pandemia y estallido social que dejó profundas fracturas entre la institucionalidad y la ciudadanía. La reforma tributaria seguramente será por donde empiece esta agenda, pero en todo caso Petro tendrá que pensar si quiere gastar sus primeros meses en esta tarea que siempre resulta desgastante y casi nunca se puede transmitir a la ciudadanía en un lenguaje sencillo. Si se lanza con la tributaria, la oposición puede tener su mejor chance de revivir con un discurso pro-empresa y pro-ciudadanía para la que siempre será popular no pagar impuestos.

En todo caso, la agenda de justicia social pasa por muchos otros temas entre los que se cuenta, críticamente, la relación de los jóvenes con la Policía y la relación de las comunidades con el Ejército. Petro hereda de Duque un legado funesto, tanto de violaciones de derechos humanos por la Fuerza Pública (con casi total impunidad), y un Ejército sobre el que pesan duros cuestionamientos por su papel en la represión de comunidades atrapadas entre ciclos de conflicto, coca, y pobreza.

Lea: Lo que debe saber de la propuesta de reforma tributaria de Petro.

Adicionalmente, el comandante de las Fuerzas Armadas, general Zapateiro, se involucró abiertamente en política, enviando una serie de tuits en los que confrontó abiertamente al entonces candidato Gustavo Petro. Quien nombre en la cartera de Defensa definirá qué tan lejos está Petro para (i) sacar la Policía del Ministerio de Defensa, (ii) recuperar la doctrina de paz de Santos en el Ejército, y (iii) mostrar que su gobierno combatirá la impunidad con la que algunas fuerzas de seguridad del Estado han actuado hasta el momento. El problema, como suele pasar, es que seguramente estas agendas tendrán que ser negociadas entre sí, con altos costos para la popularidad del presidente.

La última esperanza que trae Petro será su liderazgo en la lucha contra el cambio climático, no solo con una transición sobre la producción de hidrocarburos en el país, que de entrada será polémica y ya amenaza con causar pánico en los mercados de acciones y divisas, sino con una cruzada diplomática para unir a las Américas en un nuevo pacto climático que permita proteger la Amazonía. Este será sin duda uno de los temas más importantes que enfrente el próximo gobierno, especialmente dadas las tasas altísimas de deforestación que se están observando en el llamado arco de deforestación (Meta, Guaviare, Caquetá y Vichada).

Sin embargo, no será una tarea fácil y tampoco es claro en las propuestas de Petro cómo lo logrará. Hasta ahora ha dicho que el problema de deforestación es en realidad un problema de reforma agraria, es decir, campesinos sin tierra en las zonas centrales donde deforestan en la frontera y alimentan la ilegalidad de la narcoganadería. Mezclar el tema de reforma agraria (que ha mostrado ser prácticamente imposible en democracias latinoamericanas) con el tema de deforestación puede producir un estancamiento de las dos agendas, con consecuencias gravísimas de polarización política en un país para el que hablar de las tierras siempre implica discursos extremistas de campesinos contra terratenientes o de empresarios contra comunistas. Petro haría mucho más, quizás, implementando a rajatabla la reforma rural integral del acuerdo de paz con las Farc que reinventando el debate de tierras en clave de cambio climático.

Incertidumbres

Petro llegará a la Presidencia envuelto en tres grandes ejes de incertidumbre. En primer lugar, ¿cuál va a ser su estilo de liderazgo? En la Alcaldía de Bogotá, fue célebre por tener un gabinete inicial de lujo que duró tres meses, aparentemente porque su personalidad no admite divergencias importantes. La expectativa de que dicho estilo se mantenga pesará en la credibilidad con que los mercados reciban en las próximas semanas los anuncios de su gabinete entrante, seguramente, como pasó en Chile, con figuras moderadas que no impidan de entrada hablar de negociación con la clase política tradicional. Solo si Petro muestra estabilidad en su gabinete, lo cual solo será evidente al pasar el primer semestre, podrá decir que ese fantasma queda atrás, y con ello posiblemente logre atraer funcionarios competentes que ahora no consideran entrar al Gobierno.

El segundo factor de incertidumbre es sobre la forma en que la Presidencia de Petro se relacionará con los demás poderes públicos. Aparte de la relación con la Procuraduría y la Fiscalía que Duque deja en sus peores niveles de politización, y que Petro mismo increpó en su primer discurso como presidente electo (devolver los alcaldes suspendidos a sus cargos y liberar a los jóvenes de la Primera Línea capturados), él tendrá que demostrar que cuando no logre mayorías para sus proyectos no acudirá inmediatamente a las calles y plazas para intimidar el Congreso. También tendrá que demostrar que no solo acata los fallos judiciales, sino que será riguroso en el respeto a la ley con las decisiones que tome como mandatario. Roy Barreras, el senador que ha apoyado a Uribe 1 y 2, Santos 1 y 2, y ahora a Petro, seguramente será crucial para darle gobernabilidad en el Congreso, eso es positivo. Lo negativo es que, si el pasado en algo predice cómo ocurrirán las cosas, lo más esperable es que esa gobernabilidad venga de la mano de la mermelada con que Santos (de nuevo con ayuda de Roy) gobernó en su segundo mandato. La campaña de Petro ya es de entrada una especie de unidad nacional 2.0. Amanecerá y veremos.

Le puede interesar: Puja por las presidencias de Senado y Cámara.

Finalmente queda la pregunta quizás más incómoda, pero también más urgente: ¿tiene la izquierda capacidad para gobernar y cumplir sus grandes promesas? Esa misma pregunta se hicieron quienes liberaron estas repúblicas en el siglo XIX y hoy, doscientos años después, cabe decir que era mejor empezar en algún momento que quedarse por siempre fuera del poder. La mejor situación posible es mantener las relativamente competentes burocracias colombianas (muchos funcionarios de Santos puede que acepten la llamada) al tiempo que se educa un nuevo liderazgo en la izquierda que tenga la gravidez, grandeza y paciencia para enfrentar con realismo nuestra condición de país de ingreso medio, endeudado hasta los tuétanos, con un déficit de presencia territorial abismal, y unas élites que han vetado por siglos las agendas progresistas.

Petro recibe un país en cuidados intensivos que seis años después de votar “NO” a la paz, decide dar un giro rotundo por el “SÍ”. Esta vez, en cabeza de la izquierda. La sola idea de que sea el primer presidente de izquierda en Colombia, y la primera vicepresidenta afrocolombiana es un avance dramático para nuestra extraña democracia.

* Escuela de Gobierno Universidad de los Andes

Síguenos en Google Noticias
Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta política.