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4 Feb 2022 - 1:51 p. m.

Debates presidenciales: ¿Dónde están las propuestas más allá de la polémica?

En análisis de Razón Pública, se observa cómo, en los últimos debates presidenciales, los precandidatos presidenciales se han dedicado a atacar a su principal contrincante, Gustavo Petro, y a hablar de la lucha contra la corrupción sin propuestas materializables.

Óscar Murillo * - Razón Pública

Debate de precandidatos presidenciales de El Espectador.
Debate de precandidatos presidenciales de El Espectador.
Foto: Juan Sebastián Lombo

El martes 25 de enero la revista Semana y el periódico El Tiempo realizaron el primer debate entre algunos precandidatos presidenciales. Participaron diez aspirantes: Sergio Fajardo, Juan Manuel Galán, Íngrid Betancourt —ahora independiente— y Alejandro Gaviria por la Coalición Centro Esperanza; Gustavo Petro, Camilo Romero y, a último momento invitada, Francia Márquez del Pacto Histórico; Rodolfo Hernández como independiente; Óscar Iván Zuluaga del Centro Democrático; y Federico Gutiérrez del Equipo por Colombia.

El método del debate no permitió conocer en profundidad las propuestas de los precandidatos; hubo en cambio bastante escrutinio sobre las trayectorias políticas, la coherencia de los discursos y las alianzas para ganar las elecciones.

En síntesis, en el debate apreciamos las contradicciones de la Coalición Centro Esperanza, ataques personales a través de las constantes réplicas, y muy pocas ideas sobre el rumbo del país en los próximos años.

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El sí a la reforma tributaria

A excepción de Íngrid Betancourt, Juan Manuel Galán y Rodolfo Hernández —quienes matizaron o evadieron la pregunta—, los aspirantes coincidieron en que harían una nueva reforma tributaria.

El país ha tenido doce reformas tributarias desde el gobierno de Andrés Pastrana (1998-2002), una cada año y medio en promedio. En realidad, esta ha sido una constante en la historia de Colombia: la primera reforma fue adoptada por el Congreso de Cúcuta de 1821, y a partir de 1990 se han registrado veinte reformas sucesivas.

Expertos sostienen que la ausencia de fuentes estables de financiación hace que las reformas sean remedios de corto plazo en búsqueda de recursos. El aumento progresivo de impuestos indirectos como el IVA, o convertir en permanente el impuesto del 4X1.000 para las operaciones bancarias.

Que la mayoría de candidaturas acepten una nueva reforma tributaria evidencia que las reformas anteriores fueron insuficientes, ampliaron la desigualdad, y deterioraron las condiciones económicas de la clase media. Tan sólo en el gobierno de Iván Duque aumentó la pobreza —hasta el 42,5% en 2020—, situación que sentó unas de las bases de la movilización social que viene en crecimiento desde el 21 de noviembre de 2019.

Gustavo Petro: el adversario predilecto

En política, definir a tu enemigo es tan o más importante que escoger a tus aliados. La lógica del amigo-enemigo ha configurado gran parte de la política moderna, y estas elecciones son un ejemplo claro de cómo utilizar esa estrategia.

Federico Gutiérrez concentra sus críticas en Gustavo Petro como manera obvia de convertirse en el candidato de la derecha y seducir al uribismo que considera inviable a Óscar Iván Zuluaga. Álvaro Uribe compite en las elecciones con varias cartas, y Gutiérrez aspira a ser la suya ante un posible estancamiento del candidato del Centro Democrático.

Por su parte, Zuluaga no cuenta con otro recurso que tener a Petro como su contendor, pues necesita un escenario polarizado como en la campaña de 2018. El mensaje es sencillo: demonizar a Petro como candidato “comunista” que encarna el proyecto en crisis de Venezuela. Una narrativa reciclada que pretende estimular el miedo al cambio con la amenaza de la crisis económica y social que causaría Petro. Algo parecido a lo que hizo Keiko Fujimori con Pedro Castillo en Perú.

De igual manera, Gustavo Petro tiene a Alejandro Gaviria como su principal contradictor. Este último defiende el libre comercio y apuesta por la reforma tributaria, pero lo presentan ante la opinión como una opción no radical gracias a su figura y a su capacidad para comunicarse. Además, para un sector político del país, Gaviria podría ser la fórmula para desactivar la protesta social.

Por supuesto, para todas las coaliciones es eficaz usar esta narrativa contra el precandidato del Pacto Histórico, porque es él quien encabeza las encuestas.

El outsider

Los outsider son personajes que se ubican por fuera de los partidos políticos. En principio o durante alguna parte de su trayectoria están al margen de la vida pública y se presentan en elecciones como expresión de la antipolítica. Son estos un fenómeno cada vez más recurrente ante las crisis de los sistemas de partidos en América Latina.

Colombia no es la excepción: es Rodolfo Hernández quien intenta ocupar este espacio. Durante el debate, y a lo largo de la campaña electoral, ha evidenciado que no tiene sólidas propuestas de carácter programático, pero cuenta con un discurso efectivo que apela a la emocionalidad.

Según la última encuesta de Guarumo, la corrupción es el tema que un mayor número de personas (28,4%) considera prioritario en Colombia. Hernández pretende capitalizar la indignación ciudadana contra la corrupción, aunque en la práctica se rodee de esta. El uso de un lenguaje vulgar; duros ataques a sus adversarios; discursos xenófobos contra venezolanos, e insistencia en la anticorrupción hacen atractivo a este candidato para amplios sectores de la población que desconfían de la política.

Hernández, además de carecer por completo de fórmulas viables para cumplir sus promesas, estructura un discurso peligroso para un país que necesita fortalecer su debilitada democracia. Tal como señalaron Levitsky y Ziblatt para explicar el ascenso de Donald Trump en Estados Unidos, “La combinación de un autócrata en potencia y una grave crisis puede ser letal para la democracia”.

Conflicto armado e inseguridad

Otro tema en el debate fue la posibilidad de negociar con el Eln y las disidencias de las Farc. El conflicto armado, aunque perdió su centralidad en la agenda política, persiste como tema de importancia nacional.

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Los candidatos evocaron sus experiencias personales al respecto; el asesinato de un miembro de su familia, el secuestro suyo o el de un ser querido. Situaciones reales y dramáticas, en campaña, constituye un recurso discursivo que muestra cercanía frente a un tema tan sensible. En esto, fue Francia Márquez quien marcó la diferencia: fue la única candidata que aludió al asesinato de líderes sociales, la violencia de género y los territorios afectados por el conflicto armado.

El debate se movió hacia el Acuerdo con las Farc. Para reconocerlo o cuestionarlo, todas las candidaturas hicieron mención explícita. Aunque el gobierno Duque haya hecho poco para implementarlo, la perspectiva de una salida negociada sigue vigente y parece difícil que el discurso de mano dura que eligió a Uribe logre otra vez arrasar en las urnas.

No obstante, en tanto continúen las acciones armadas, sectores de la derecha encontrarán una fuente para justificarse políticamente. Resulta por ello de una enorme gravedad el ataque a las misiones humanitarias, infraestructura civil y militar, la prolongación de la guerra irregular en la frontera con Venezuela, y las masacres perpetradas.

De otra parte, la inseguridad ciudadana ha venido ganando importancia para la opinión. De acuerdo con cifras del DANE presentadas el 3 de noviembre, la percepción de inseguridad aumentó en 2021 respecto de los dos años anteriores —alcanzó el 44%—. Hurtos de vehículos, a personas y residencias, fueron los principales hechos victimizantes el año pasado.

El horizonte inmediato de la campaña

  • La coherencia en el discurso será tema de debate entre los candidatos. Por esta razón, serán constantes las críticas a Petro por sus alianzas con Alfredo Saade, líder cristiano que se opone al matrimonio igualitario y la legalización del aborto, y Luis Pérez, alcalde de Medellín durante la Operación Orión en la Comuna 13.
  • Aunque no alcance a superar al principal precandidato del Pacto Histórico, Francia Márquez mostró notable capacidad en el debate. El liderazgo social que le antecede puede resultar una gran sorpresa en las urnas.
  • Un mal trámite de las diferencias internas en la Coalición de la Esperanza, como las diferencias entre Íngrid Betancourt y Alejando Gaviria, pueden eclipsar sus aspiraciones electorales tal como sugiere la anunciada salida de Betancourt. El beneficiado del posible declive del centro será Gustavo Petro.

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  • Sigue abierta la pregunta de quién será el candidato que logre mayor conexión con las demandas del paro nacional. Canalizar el descontento callejero puede resultar decisivo en las próximas elecciones.
  • La vacunación y el cómo seguir enfrentando la pandemia no fueron temas abordados durante el debate y no son relevantes para las campañas. En parte, porque este es uno de los pocos logros que la opinión reconoce al actual gobierno, según la encuesta Guarumo de enero de este año.
  • Es necesario que las candidaturas expongan más sus propuestas programáticas en temas ambientales, cambio climático, empleo, educación, salud y pensión.

* Magister en Ciencias Políticas, FLACSO – Ecuador; Especialista en Pedagogía, Universidad Pedagógica Nacional; Historiador, Universidad Nacional de Colombia.

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