En cada campaña presidencial se repite el mismo libreto, visitas de las candidaturas a ciudades del Caribe, usando elementos representativos o incorporando expresiones populares en los discursos, pero ¿Qué es lo que realmente se propone para potencializar esta región tan biodiversa, con una posición continental tan privilegiada y con tanta riqueza cultural?
Un análisis comparativo de los planes de gobierno de algunas de las principales candidaturas permite identificar diferencias importantes no solo en la calidad de las propuestas, sino en su nivel de concreción, sostenibilidad financiera y capacidad real de implementación.
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Uno de los casos más débiles es el de Paloma Valencia. En su programa, la región Caribe ni siquiera aparece mencionada de manera explícita. No existen líneas estratégicas, proyectos focalizados ni referencias al desarrollo territorial de esta zona del país. Más allá de la postura ideológica que pueda representar una candidatura, omitir una región que concentra desafíos estructurales en energía, agua potable, pobreza y conectividad genera dudas sobre la prioridad que tendría el Caribe en un eventual gobierno.
En una situación similar, aunque con una mínima referencia temática, aparece Abelardo de la Espriella. Su propuesta menciona la intención de transformar el sistema eléctrico de la Costa Caribe dentro de una línea minero-energética. El problema no es la idea en sí, sino su falta de desarrollo técnico. No se explican mecanismos de financiación, actores responsables, cronogramas ni metas verificables. En política pública, una buena intención sin estructura termina siendo más un mensaje de campaña que una ruta de gobierno.
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En contraste, Sergio Fajardo presenta uno de los programas con mayor nivel de aterrizaje técnico frente al Caribe. Su propuesta incluye fortalecer energías renovables en territorios como La Guajira, intervenir el modelo de prestación del servicio eléctrico, replantear la operación de empresas como Air-e y fortalecer la infraestructura energética. Además, incorpora estrategias de ordenamiento productivo regional y una visión de integración logística con los puertos del Caribe.
La fortaleza de esta propuesta está en que reconoce problemas específicos y plantea instrumentos de intervención. No obstante, su principal reto está en la ejecución fiscal: reemplazar operadores, modernizar redes y desarrollar infraestructura energética requiere inversiones multimillonarias y una coordinación institucional compleja. La propuesta es sólida, pero su éxito dependería de una capacidad de gestión estatal que históricamente ha tenido limitaciones.
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Por su parte, Claudia López presenta un enfoque regional más robusto y visible. Su programa ubica al Caribe como eje estratégico para la transición energética y plantea inversiones en infraestructura eléctrica, proyectos de acueducto y alcantarillado, cierre de brechas sociales y una apuesta por la economía azul en San Andrés.
Su visión es ambiciosa y conecta con necesidades reales del territorio. Sin embargo, también aparecen interrogantes sobre la viabilidad de implementación. Varias de sus propuestas carecen de detalles sobre tiempos, presupuesto, articulación con autoridades locales y manejo de conflictos territoriales. Aun así, es uno de los programas que muestra mayor comprensión de la diversidad y potencial estratégico del Caribe.
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Por otro lado, Iván Cepeda presenta un enfoque político y social centrado en la redistribución de la tierra, la reforma agraria y la construcción de paz, incluso haciendo referencias a territorios del Caribe como Santa Marta, Montería, Sincelejo y Valledupar. El diagnóstico sobre las desigualdades históricas es consistente, pero el programa pierde fuerza cuando se buscan propuestas específicas para resolver problemáticas regionales concretas como el costo de la energía, el acceso al agua o la infraestructura portuaria.
Finalmente, es importante hacer un llamado a las candidaturas presidenciales a no instrumentalizar discursivamente al Caribe, a escuchar las voces de quienes la habitan para reconocer las soluciones a sus problemáticas estructurales, y además identificar las alternativas de integración regional, instrumentos que impulsen la autonomía presupuestal y administrativa, programas institucionales que potencialicen los ecosistemas de importancia universal y que resalten la riqueza cultural del Caribe, que tanto reconocimiento internacional le ha traído al país.
* Oriana Camargo Perea es la coordinadora Territorial Caribe del Extituto de Política Abierta
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