¿Cuáles fueron los factores que influyeron en su decisión de salir de la dirección de la UNGRD?
Soy un hombre libre. Finalmente, después de 2 años y 3 meses al frente de una entidad tan compleja, tuve que renunciar por una suspensión arbitraria de la Procuraduría. Fue la suspensión más rápida en la historia. Me hicieron una pregunta sobre un trino del presidente en el marco de una rueda de prensa y yo, respetuosamente, contesté y el procurador me suspendió.
Además, es una suspensión que se da hasta el 21 de junio a las 4:00 de la tarde; es decir, simplemente querían poner una mordaza sobre mí y pues mi obligación es acompañar de lleno la campaña de Iván Cepeda porque aquí es mucho lo que está en juego.
Llama la atención esa movida porque usted se había comprometido y había liderado una pelea por erradicar la corrupción de esa entidad.
Pero es que igual quedé fuera del cargo y también al gobierno le quedan dos meses. Entonces, yo estaba viendo las propuestas que hace Abelardo de la Espriella y habla de destripar el Estado. Básicamente, habla de privatizarlo todo, de poner todo en manos de privados y habla de acabar la UNGRD para darle sus funciones al Ministerio del Interior; eso sería básicamente retroceder 15 años en la gestión del riesgo en Colombia.
La gestión del riesgo nunca va a poder privatizarse. Este señor habla de hacer cárceles privadas, esto es como un personero de colegio que promete todo lo que la gente puede querer, pero no dice cómo lo va a hacer. Hoy en la UNGRD reposa un proyecto de ley desarrollado con mucho cuidado por gente muy experta en función pública que debería ser debatido por el próximo Congreso, pero en lugar de hablar de cosas serias, lo que hace hoy el candidato destripador es básicamente prometer milagros.
Antes de hablar de su futuro político, hagamos un balance de cómo queda la UNGRD tras tantos escándalos de corrupción.
Definitivamente, la UNGRD que va a recibir el próximo gobierno es muy distinta de la que yo recibí; es una entidad que está funcionando, que ha logrado fortalecer las capacidades del Estado. Me siento muy orgulloso de poder dejar capacidades no solamente de la UNGRD, sino de todo el Sistema Nacional de Gestión del Riesgo. Logramos saldar deudas que eran una vergüenza.
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Ahora, tras ese paso por el servicio público, vuelve a la política, ¿qué rol tendrá en la campaña de Iván Cepeda?
Tenemos exactamente dos semanas para convencer a los colombianos y a los indecisos de que aquí hay una diferencia fundamental entre los dos. No es cierto lo que han dicho de que Colombia tiene que escoger entre dos extremos que son de cierta manera parecidos. Iván Cepeda es mi candidato; mi candidato no es Petro. Yo respeto al presidente y creo que muchas de las cosas que Petro ha hecho se hicieron bien y deben tener continuidad, pero Iván no es Petro. Son distintos.
Aquí no se trata de votar por Petro o contra Petro, se trata de votar por políticas. Entonces, ¿por qué va a votar la gente? Por el respeto a la prensa, por el respeto a las mujeres, a los páramos, a las diversidades o por una propuesta que sigue el manual del perfecto fascista; y los primeros que van a pagar las consecuencias de eso son los medios, es el periodismo. Entonces, durante estos días me voy a dedicar a pedirles a los colombianos que no voten en contra de sí mismos.
Pero si le entiendo bien, ¿usted cree que el presidente Gustavo Petro le está haciendo daño a la campaña?
El presidente Gustavo Petro es un líder que tiene una forma de hacer política, él ha sido muy beligerante en su X y esa es su forma de hacer política. Pero el próximo presidente de Colombia se llama Iván Cepeda, que en términos de formas es la antítesis de Petro. Hay personas a las que no les gustan las formas de Petro, pero son mucho más parecidas las formas de Petro y de la Espriella que las de Iván y De la Espriella. Estamos hablando de dos polos absolutamente antagónicos. Iván Cepeda es un hombre sereno, pausado, que construye acuerdos y escucha.
Claro, cuando el presidente, por ejemplo, sale a generar una tela de juicio sobre los resultados, pues le genera un problema a la campaña, eso es evidente, pero muy poco después el candidato, que se llama Iván Cepeda, dice que reconozco los resultados y que el sistema electoral colombiano funciona y seguimos para adelante.
¿Qué le ha faltado a la campaña de Cepeda para alcanzar en número a De la Espriella?
Yo creo que la campaña es un gran éxito. La izquierda en Colombia nunca había conseguido 9,6 millones de votos en primera vuelta. Pero además, la victoria de este año del señor de la Espriella es nimia; estamos hablando de 2,5% de ventaja. En el 2014, Óscar Iván Zuluaga, que era entonces el candidato títere de Uribe, le sacó casi cinco puntos a Juan Manuel Santos. Además, estos 9,6 millones de votos, Iván Cepeda los ganó sin Benedetti, sin los Torres y sin los aliados cuestionables que tuvo el presidente Gustavo Petro hace 4 años.
¿Pero no cree que hay fallas en esa campaña y cuestiones por ajustar?
Seguramente sí. Hay personas que votan no de manera ideologizada, con un voto programático o realmente analizando a fondo qué propone cada candidato, sino que simplemente votan por masa, votan por impulso, votan por moda. Y en ese caso, la campaña de De la Espriella es una puesta en escena de Disney. Eso seguramente ha arrastrado una cantidad de votantes importante. Y estas personas tienen que reflexionar sobre ese voto. La estrategia de comunicaciones de ellos, claramente, ha sido superior a la estrategia de comunicaciones de la campaña.
Aquí lo que se trata es de definir si nosotros seguimos defendiendo los principios republicanos de la democracia o si le abrimos la puerta a un tipo que lo primero que va a hacer es entregar la soberanía del país a los Estados Unidos.
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¿Dónde van a buscar esos votos que les faltan para pasar de los 10 millones y superar a De la Espriella?
Yo creo que esos 9,6 millones de votos están ahí y estoy seguro de que la gente va a salir nuevamente con entusiasmo a votar temprano el 21 de junio, porque lo que está en juego es mucho. Aquí hay que hacerle un llamado, por ejemplo, a la intelectualidad de las grandes ciudades, que ha sido muy crítica del presidente Gustavo Petro, pero no es momento de estar pensando en esa petrofobia.
El presidente Gustavo Petro va a seguir siendo una figura política muy importante en los siguientes años y, de hecho, su capital político podría aumentar aún más estando libre de la responsabilidad del Estado y en oposición contra un proyecto que es abiertamente fascista, pero hay una cosa que sí me da mucho miedo y es que volvamos al pasado, al 2019, a una desazón social que genera violencia.
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