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Los presidenciables se disputan voto a voto el regionalismo de una campaña polarizada

Iván Cepeda, Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella potencian su agenda en regiones. Hay minga, giras y regreso a sus lugares de origen. El centro de Claudia López y Sergio Fajardo busca su espacio. Así está la contienda a solo siete semanas de la primera vuelta.

Nicolás Torres García y Johan Sebastián Pérez Pinilla

11 de abril de 2026 - 08:00 p. m.
Iván Cepeda (29 viajes); Paloma Valencia (71 viajes); Abelardo De La Espriella (29 viajes); Sergio Fajardo (20 viajes); Claudia López (39 viajes) recorrieron el país entre el 1° de enero al 9 de abril de 2026.
Foto: El Espectador
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En la carrera por cambiar al inquilino principal de la Casa de Nariño, los aspirantes a ocupar ese cargo potenciaron en sus estrategias las giras regionales para consolidar a sus bases y de paso encontrar nichos donde crecer. Y todo con la fuerza que se requiere para que esos apoyos lleguen en los 50 días que, a partir de este sábado, faltan para una primera vuelta atípica: la izquierda medirá por primera vez su capacidad de mantener el poder y la derecha la fuerza para recuperarlo.

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En medio de esta batalla por los votos, las campañas direccionan sus correrías de acuerdo a sus necesidades electorales. El suroccidente se convirtió en el escenario principal de despliegue para los plazoletazos de Iván Cepeda, quien busca la continuidad oficialista. Paloma Valencia apuesta con fuerza por Antioquia, el corazón del uribismo; y Abelardo de la Espriella, el otro de la derecha, apunta a sus raíces costeñas para conquistar una región bisagra en la contienda presidencial.

Pero quienes puntean en los sondeos de intención de voto elaborados durante este 2026, no son los únicos que despliegan sus equipos en territorio. En efecto, los que quieren representar al centro político trazaron una ruta en la que Claudia López quiere jalar los apoyos desde Cundinamarca, Boyacá y el eje cafetero, mientras Sergio Fajardo no quiere perder su relevancia en Antioquia y al mismo tiempo intentar conquistar regiones del norte del país. Incluso, como punto de coincidencia, todos se mueven hacia un Caribe clave para este baile electoral.

¿Y por qué se desplegaron en estas zonas? La elección del pasado 8 de marzo dibujó un mapa electoral que sobrepasa la repartición misma de curules que las urnas dejaron para Senado y Cámara, pues evidenció dónde tienen más fuerza las tendencias ideológicas de los partidos que compitieron y las zonas en las que se pueden construir puentes con nuevos votantes; o, incluso, dinamitarlos si descuidan a sus bases.

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El Espectador, para mapear esas apuestas, cruzó los resultados de las colectividades más votadas en las legislativas –haciendo zoom en las zonas donde más apoyos lograron– con las agendas de los candidatos en los primeros tres meses y nueve días de este año.

Los 19,4 millones de votos que arrojaron las urnas para elegir al Capitolio que se posesiona el próximo 20 de julio son las primeras pinceladas del retrato de las preferencias electorales de varias regiones. El suroccidente fue clave para la victoria del Pacto Histórico en el Senado; solo en Valle del Cauca, Putumayo, Caquetá, Nariño, Cauca y Vaupés obtuvo el 24 % de los 4,4 millones de sufragios que logró para esa corporación. Eso explica por qué 11 de los 29 viajes que realizó Iván Cepeda en el tiempo analizado fueron a alguno de estos departamentos. La estrategia aquí es consolidar las bases de la izquierda.

Incluso, la fórmula vicepresidencial del senador, la también congresista Aida Quilcué, inició el viernes en Pasto (Nariño) una minga que recorrerá durante un mes varias zonas y que se espera culmine en Bogotá. Y si bien coincidirán en algunos puntos de esta movilización, la llave actuará por separado para cubrir más territorios y nuevas agendas. Pero la estrategia ya la emplean más aspirantes.

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Es el caso de Paloma Valencia y su fórmula; Juan Daniel Oviedo construye un camino donde la ungida del uribismo fortalece sus caudales en viajes a través de lugares donde son fuertes. Antioquia, la cuna del Centro Democrático, es el destino al que la candidata más veces ha llegado con intenciones proselitistas: ha ido 18 veces.

El partido del expresidente Álvaro Uribe, que avala a esta llave presidencial, se consolidó en ese departamento como la bancada con más fuerza legislativa: en esa región lograron cerca de un tercio de los 3 millones de votos que sumaron para el Senado. Es por eso que Valencia refuerza allí el plano conservador de su agenda, que además cala en otras zonas como Casanare o Meta, regiones llaneras y uribistas.

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De hecho, en estos dos últimos departamentos también coronó mayorías legislativas el partido de Uribe. Pero Valencia, que quiere consolidar los valores “tradicionales” que marcan gran parte de su campaña, también usa su agenda regional para asegurar otras zonas que le son fieles electoralmente al uribismo que representa; por eso, se le vio en varias procesiones en Popayán durante la Semana Santa, región de la que además es oriunda y su partido aún no termina de imponerse.

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Aquí también se evidencian las particularidades de la unión de esta llave. Mientras la presidenciable consolida la base, Oviedo cumple la tarea de traer nuevos sectores y viajar a regiones donde el uribismo no tiene mucha fuerza. El último destino del aspirante vicepresidencial fue Cali —tierra fuerte del petrismo—; recorrió la ciudad con actividades distintas a las que muestra Valencia en sus giras, como comer hígado en una plaza de mercado o tomar cerveza en la plaza. A su vez, sirvió como puente con la copresidenta del partido de La U, Clara Luz Roldán, con quien se reunió en medio de la indecisión de esta colectividad para sumarse a alguna de las 13 aspiraciones vigentes.

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Esta narrativa dual en los discursos de la campaña también se observa en las vallas contratadas por la candidata. En el Eje Cafetero figura como “Paloma PresidentE”, mientras que la misma publicidad en Bogotá dice “Paloma PresidentA”.

La candidata tiene claro que debe acumular tantas millas en el Caribe como en Antioquia; por ello ha viajado las mismas 18 veces a ambas regiones. Atlántico, Bolívar y Córdoba suman la mayoría de sus encuentros. En el primero de estos tres departamentos, aunque el Pacto se coronó como ganador en el Senado, en la Cámara gran parte de los votos fueron a Cambio Radical; en el segundo, se consolidaron los conservadores en ambas cámaras y, en el tercero, Mira se llevó la Cámara y La U el Senado (estos tres partidos se inclinan hacia la centro-derecha). A diferencia del centro o el suroccidente del país, aquí las votaciones no son tan homogéneas, lo que convierte a la región en un péndulo electoral donde el que gana la costa se puede quedar con la Presidencia.

Desde 2014, la región Caribe ha sido clave para los presidenciables. Aunque Juan Manuel Santos ya había ganado la costa, no le fue suficiente para consolidarse en la primera vuelta; por eso, fortaleció su estrategia en esa región. Solo en Atlántico pasó del 48 % de los votos en primera vuelta al 78 % en la segunda, patrón que se repitió en los departamentos de esta zona. En 2018, Gustavo Petro ganó cuatro departamentos del Caribe en primera vuelta, pero perdió La Guajira y Córdoba en la segunda contra Iván Duque. Y –pese a conseguir Bogotá, otro punto clave en cada elección– no le alcanzó para ganar en ese momento.

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Hace cuatro años, Petro aprendió de su error. Ganó en primera vuelta toda la costa caribeña y fortaleció sus sufragios. Y en la segunda vuelta de 2022 creció 20 puntos en Atlántico, mientras que en Bolívar y Córdoba sumó 10 más a su favor en ese mismo balotaje, algo que se replicó en toda la zona. Esto evidencia que la región en sí puede poner presidente, algo que también sabe De La Espriella y por lo que quiere aprovechar sus raíces.

El aspirante de Defensores de la Patria, respaldado además por Salvación Nacional, decidió regresar a su cuna caribeña en una travesía por ganar ese voto. Allí concentra el 35 % de su gira (lleva 29 viajes de campañas este año), especialmente en Barranquilla. A diferencia de Cepeda o Valencia, el también abogado no cuenta con un partido que tenga mayorías en ningún departamento, por lo que su apuesta es emular lo que hizo en su momento el ahora fallecido Rodolfo Hernández en 2022, al convertirse en el outsider de esa elección. Por eso, rechaza el apoyo de las colectividades tradicionales y de paso traza un diferenciador con la aspirante del Centro Democrático que disputa su mismo nicho.

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En su gira se muestra como un “tipo caribe” que va a plazas de mercado, se junta con ganaderos y comparte con voluntarios de su campaña de forma menos complicada, lo que lo diferencia de la imagen más institucional que maneja su contendora directa. Además, se mueve con fuerza en sectores religiosos. De hecho, su gerente de campaña es el pastor Jaime Andrés Beltrán, quien le ha organizado varios eventos en Santander, donde ganó el Centro Democrático y en las últimas dos presidenciales han votado por la derecha. También concentra sus agendas en el Valle, departamento en el que inscribió su candidatura, bajo la consigna de fortalecer a la derecha en regiones petristas. Y en Antioquia, le quitó una porción al uribismo cuando sumó a Creemos —el partido del alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez— a su campaña, aunque esta colectividad no logró curules en el Senado y solo se quedó con dos curules en la circunscripción de Cámara de esta región.

En el centro, sin una bancada fuerte detrás, recolección de firmas o una consulta que lo impulse, desde Sergio Fajardo se ven patrones de ruta similares a los de la derecha. Esa campaña ha tenido 20 visitas a poblaciones diferentes a Bogotá, de las cuales al menos el 45 % se ubican en la costa Caribe o Antioquia; este último departamento es su lugar de origen y allí fue gobernador y alcalde de Medellín.

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Sergio Fajardo en su época de gobernador de Antioquia.

En sus visitas a la costa ha intentado tender puentes con figuras como el exgobernador del Atlántico José Antonio Segebre, pero su estrategia se focalizó en actos simbólicos contra la corrupción. El más reciente lo protagonizó a inicios de la semana con una docena de escobas al frente de Ecopetrol, así como la inscripción de un comité para impulsar un referendo que blinde a la Constitución de 1991 ante ajustes durante el siguiente periodo presidencial.

Fuera del molde aparece Claudia López, quien le apostó desde el inicio de su campaña a recorrer Colombia en una van. Según dice, recorrió 200 municipios mientras recogía firmas, y –por lo menos en los últimos tres meses– el 59 % de su gira se concentró en el Eje Cafetero, Boyacá y Cundinamarca.

El Eje es el verdadero escenario de polarización. Solo en Risaralda, las fuerzas de la derecha y la izquierda se disputan por poco el primer lugar que obtuvo el Pacto Histórico; en el Senado, el Centro Democrático tuvo una diferencia de 20.000 votos; y en Cámara, a Cambio Radical solo le faltaron 4.000 sufragios para alcanzarlo. Por eso, la tierra de Leonardo Huerta es tan importante para López y concentró cinco visitas en los últimos meses. Un fenómeno similar ocurre en Quindío, donde el Pacto logró el Senado y el Centro Democrático la Cámara.

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En Boyacá y Caldas un color marca la estrategia: el de Alianza Verde. Estos son los únicos departamentos donde ese partido logró ser la cabeza en alguna cámara, aunque el poder en ese partido ya lo tenga el gobernador Carlos Amaya. Sin embargo, intenta tender puentes para capturar el voto del centro del país, por eso Cundinamarca es el lugar que más visita, especialmente municipios que hacen parte del área metropolitana de Bogotá, ciudad que gobernó en el periodo pasado.

Aunque este análisis se centró en departamentos, las municipalidades también son clave para entender el mapa electoral. En los municipios con mayor cultivo de hoja de coca, a partir del informe de la ONU, los resultados al Senado favorecieron a fuerzas de izquierda: de los 10 municipios con mayor registro de estos sembrados de uso ilícito, seis se los ganó el Pacto y tres el Frente Amplio Unitario.

Estos resultados coinciden con las alertas por fraude y violencia electoral que categorizó la MOE, pues muchos de ellos, como Tumaco, Tibú, El Tambo y Puerto Asís, tenían riesgo extremo y están entre los mayores productores de hoja de coca. Entre los 34 de los 81 enclaves con riesgo extremo, el partido de Gobierno se consolidó como el más votado en Senado; lo mismo pasó con 12 de 51 que marcaron un riesgo alto.

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A pesar de las rutas extensas de los aspirantes a la Presidencia, existen ocho departamentos donde ninguno de los punteros ha pisado este año: Amazonas, Arauca, Casanare, Guainía, Guaviare, San Andrés, Vaupés y Vichada. Algunas de las zonas que los conforman están catalogadas como rojas, por lo que, en una campaña en la que la violencia ha estado en el tablero electoral, esto se convierte en un limitante de los candidatos para moverse. Solo en Arauca quemaron una camioneta de un miembro de la campaña de De La Espriella que se dirigía a Norte de Santander; y en un evento de campaña en Honda (Tolima), el esquema de seguridad de Paloma Valencia detectó a una mujer sospechosa que estaba armada.

El resto de los candidatos también le han apostado a buscar apoyo en las regiones, en especial, las campañas de Roy Barreras, Luis Gilberto Murillo, Mauricio Lizcano, Miguel Uribe Londoño y Carlos Caicedo, quienes tienen una fuerte presencia en varias de las zonas que los punteros se están disputando.

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En una situación similar están Santiago Botero, Gustavo Matamoros y Sondra Macollins, mueven sus fichas para intentar ganar espacio en la contienda.

Las cartas están puestas, las giras ya iniciaron y las estrategias se desplegaron. A las llaves presidenciales solo les quedan 50 días para fortalecer sus bases, conseguir el voto de los indecisos y luchar por los departamentos pendulares que ponen presidente en este país. La polarización también está en una ecuación que aún no arroja un resultado definitivo.

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Por Nicolás Torres García

Politólogo de la Universidad Nacional. Ha colaborado con medios como La Silla Vacía o Context by Reuters cubriendo política y conflicto armado. Interesado en el Congreso de la República e investigar el poder desde las regiones.nitorresgntorres@elespectador.com

Por Johan Sebastián Pérez Pinilla

Comunicador Social y periodista con énfasis político y deportivo. Cuento con más de cinco años de experiencia en medios digitales y tradicionales. Durante el último año me he dedicado a la reportería en el espectro político, especialmente en el Congreso de la República alrededor del análisis de la coyuntura nacional.SebastianPP21jsperez@elespectador.com
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