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María Jimena Duzán: “No hay que temerle a la polarización; hay que hablar con el otro”

En medio del ruido de la campaña, las descalificaciones y la polarización que marcan las elecciones de Colombia, proponemos mirar más allá de los nombres y las encuestas. Con la ayuda de cinco expertos en áreas clave para el país, invitamos a nuestros lectores a reflexionar sobre los desafíos que deberá enfrentar el próximo gobierno, más allá de si el próximo presidente es Abelardo de la Espriella o Iván Cepeda. A partir de este lunes y hasta el próximo viernes, a esta conversación se sumarán cinco expertos para plantear los retos del próximo gobierno en áreas fundamentales. En la primera entrega, estaremos con la periodista María Jimena Duzán.

Andrés Osorio Guillott

14 de junio de 2026 - 08:01 p. m.
María Jimena Duzán es columnista y periodista. Actualmente tiene un pódcast llamado “A fondo”.
Foto: El Espectador
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¿Cómo podemos entender desde el periodismo y la cultura el ambiente que han tenido las elecciones presidenciales este año?

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El ambiente es nuevo en muchas cosas. Y en una de las cosas en que creo que la única vez en que estoy de acuerdo con Abelardo de la Espriella, que lo he oído, es en la mirada sobre lo que él considera polarización.

Muchos dicen que este es uno de los ambientes electorales más polarizados, y ven eso como una cosa grave. Creo que este es un nuevo ambiente que nunca habíamos vivido. ¿Por qué? Porque nunca habíamos tenido un bloque de un partido de izquierda representado en el Pacto Histórico como el que tenemos ahora. Alrededor de ese pacto hay una especie de epicentro político. Eso no nos había pasado nunca.

Entonces hay gente que, en los sitios más inesperados, dice: “Soy de izquierda”. Bueno, eso no sé a usted, pero a mí me parece nuevo y me parece bueno.

Por el otro lado, hay también una consolidación de un bloque de derecha bajo una nueva jefatura, digámoslo así. Hay como un recambio. La figura de Uribe, de alguna manera, languidece y de otro lado surge un recambio que se llama Abelardo de la Espriella. Y eso también es nuevo.

Encuentre a su candidato presidencial aquí, en el Match Electoral de El Espectador

No le temo a esa polarización. Los problemas no están ahí. Por ejemplo, me parece el colmo que los dos candidatos que quedaron para la segunda vuelta no hayan aceptado ningún debate. Y la verdad es que los dos lo hicieron. Unos imponen unas reglas imposibles para que los otros las cumplan y el otro nunca ha querido realmente hacer un debate. Eso sí me parece que no corresponde a lo que sucede realmente en el país, porque en el país se está pudiendo conversar, se está pudiendo decir cosas.

¿Por qué es tan importante el diálogo? ¿Por qué es urgente que, precisamente, los que en este momento van a definir la Presidencia logren ponerse de acuerdo?

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Creo que ellos están entendiendo mal la polarización, y que este país sí está dando una lección de lo que puede ser una discusión entre diferentes. Es curioso que los que quieren llegar al poder no lo quieran y no lo puedan hacer. Mi pregunta es al contrario: exigirles a estos candidatos que se sintonicen con el país, porque lo que ellos están demostrando es otra cosa.

Iván dice que va a hacer un gobierno de acuerdo nacional, y le creo. Pero si ni siquiera se pone de acuerdo con su contendor para hacer un debate, ¿cómo puede llegar a ese acuerdo? Abelardo no habla de acuerdos. Habla de un nuevo orden. Y supuestamente en ese nuevo orden no cabe nadie que haya dado una mano a Petro o a Iván Cepeda. Eso también me parece totalmente absurdo.

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No creo que esta sociedad, sobre todo la gente joven, esté ahí. La gente joven aprendió a vivir en lo que nos dejó el Acuerdo de Paz: una tolerancia hacia el otro. Y estos señores políticos decidieron otra cosa. La sociedad que nos derivó el Acuerdo de Paz es una sociedad que nos llama a la tolerancia, al encuentro entre diferentes. Sobre todo en los jóvenes uno lo ve.

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Terminan las elecciones de primera vuelta y vemos los discursos de los dos candidatos ganadores, Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella, y los dos terminan señalando al otro en un tono bastante elevado. El propósito de esta entrevista es precisamente hablar de cómo hacemos para bajarle el tono a algo que desde la misma política se ha ido elevando. ¿Cómo hacemos?

Yo, que soy periodista, trato de entender un poco el pulso del país. Nuestro trabajo no es solo emitir noticias o hacer contenidos, sino también tomarle el pulso al país, porque en un mundo de redes no todo lo que dicen las redes es la realidad. Muchas veces esa realidad está siendo manipulada por los directores de campaña que manejan contenidos.

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Por ejemplo, me impresionó esa pieza de inteligencia artificial que sacó la campaña de Abelardo contra Paloma. Ni siquiera era contra la izquierda. Era contra ellos mismos. La de Paloma me sorprendió mucho porque la mostraba con todos los grandes epicentros políticos de los últimos diez años, incluyendo a Uribe.

Eso impactó la campaña porque la convirtió en “los de siempre”. Todos sabemos que Abelardo tampoco es “de los nunca”. Ha estado relacionado con la clase política desde tiempo atrás. Tiene detrás a los Char, a Jaime Amin, a Mauricio Gómez Amin. ¿Ellos qué son? Son de los de siempre.

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El gran consentido del expresidente César Gaviria en el Partido Liberal. Y además está toda esta estructura política de los Char, que es la única organización electoral que tiene acusados y condenados por compra de votos.

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A lo que voy es que uno tiene que hacer esas diferencias, buscar los matices y tomarle el pulso al país, porque lo que uno entiende es que la gente está mucho más informada y busca contexto para salirse de estas cosas tan primarias.

Yo sí creo que las personas que tenemos capacidad de incidir —los periodistas, los intelectuales, los presidentes de las cortes, la sociedad en general— tienen que salir a decir cuando las cosas no encajan.

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Por ejemplo, me ha sorprendido mucho que los presidentes de las cortes se queden callados cuando uno de los candidatos dice que va a desconocer la justicia colombiana y que va a mandar a la oposición presa a los Estados Unidos. Eso es un desconocimiento de la justicia colombiana, de la soberanía, de las instituciones y de la Constitución del 91.

¿Dónde están los pesos y contrapesos? Eso es lo que uno tiene que exigir como periodista. Hay que salirse del caparazón, los periodistas tenemos que hacerlo, no somos los poseedores de la verdad, metámonos en el barro y miremos ahí cómo podemos aclarar cosas que otros no quieren que aclaremos. Nosotros tenemos que hacer ese trabajo.

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Los mismos medios forman parte de esta crisis, y con muchas excepciones, quisiera que hubiera más, pero todavía hay muchos que están atados a la antigua manera de hacer periodismo, y no creo que eso cale en este nuevo universo. Es más, creo que debemos hacer una reflexión de cómo nos fue cubriendo al primer gobierno de izquierda. Siempre nos tocó de centro, centro derecha y derecha.

Pero usted, ¿cómo cree que nos fue entonces a los periodistas?

Yo creo que tuvimos que aprender muchas lecciones. Entramos con una aprehensión muy fuerte, pensando que efectivamente este primer gobierno de izquierda iba a acabar con todo. Y al principio peso más esa cultura con la que nos educaron a todos en el sentido de que todo lo que venga de la izquierda es malo, y hubo un estrellón, faltó mirar más lo que realmente suponía la llegada de gente distinta al gobierno.

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Siento que eso nos impidió ver las cosas buenas que Petro está dejando y, al mismo tiempo, exaltar, porque las tuvo y las tiene, las cosas malas que nos deja.

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Hablemos de lo que rescata y de lo que cuestiona de cada una de las campañas de Abelardo de la Espriella y de Iván Cepeda.

Yo rescato una cosa que le dije al principio: De la Espriella ha dicho que no le teme a la polarización. Me parece una buena tesis. Si verdaderamente la respetara y no hubiera dicho lo que dijo sobre esa lista sin ninguna prueba, sería coherente. Porque eso ya no es polarización; eso es señalamiento y criminalización.

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Yo entiendo la polarización como la posibilidad de que la izquierda y la derecha se sienten a construir país. Eso fue lo que yo le entendí al señor Abelardo. Pero lo que estamos viendo es que, si llega al poder, habría aniquilamiento de la oposición y un nuevo orden. Y con eso no estoy de acuerdo.

La campaña de Abelardo ha sido muy exitosa vendiendo un personaje: él mismo. Vende una ilusión. Vende su “Patria y Milagro”. ¿Qué es? Que la gente pueda ser como él: tener avión, relojes de marca, moverse entre distintos mundos. Eso es lo que vende y lo ha vendido con éxito.

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La campaña de Iván, en cambio, me parece una campaña muy antigua. Apela poco a esa gente nueva que está votando, que en su mayoría es joven. No tiene mucha conexión emocional. Pero la relación que tiene hoy la izquierda con mucha gente joven hizo que eso no importara tanto. Mucha gente joven vota más por el legado de Petro.

Lo bueno de Iván es la persona. Yo sí puedo decir que es una buena persona. Le creo cuando dice que va a hacer un gobierno de acuerdo nacional y que no va a destruir al que piensa distinto. Esa es su mayor carta.

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Iván es una persona que luchó contra la combinación de formas de lucha y se opuso al secuestro y a muchas prácticas de las Farc. Es una versión nueva de la izquierda colombiana.

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La pregunta que uno tiene con Abelardo es: ¿cuál Abelardo? Porque todo en él parece construido. Yo lo conocí ateo. Hoy es católico. Antes defendía unas posiciones, hoy otras. Estaba de acuerdo con legalizar las drogas; ahora propone otra cosa. Es un acertijo. Con Iván yo sé quién es. Con Abelardo todavía no sé cuál es el que gobernaría.

¿Usted por qué cree que el centro perdió tanto protagonismo?

Porque no leyó bien el país. Y esto viene desde el Acuerdo de Paz. Uno de los resultados del Acuerdo fue la consolidación y reunificación de la izquierda en Colombia. Se acabó la combinación de formas de lucha, se acabó la guerrilla y eso abrió el camino para una izquierda legal y democrática, y ese trabajo lo hicieron bien. Yo no voté por ellos, pero admiro la manera en que democráticamente montaron sus listas, así eligieron a su candidato y a quienes se presentaron para la Cámara y el Senado. Ha hecho todo lo que hace un partido demócrata y eso sienta las bases de un partido muy fuerte hacia el futuro. Eso no se va a poder borrar.

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Entiendo su tesis de la polarización, pero de alguna manera un fenómeno que deja eso es precisamente el crecimiento del odio. Hablábamos hace un rato del trino de Petro comparando a Felipe Zuleta con Hitler.

Me parece desafortunado y no tiene la altura que debe tener un presidente. Gustavo Petro ha tratado de gestar alrededor de periodistas que han cuestionado su labor narrativas de odio. Conmigo pasó. El trino a Felipe Zuleta, independientemente de si uno está de acuerdo con él o no, es indigno de un presidente.

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Pero también voy a decir otra cosa: habiendo sido víctima de Gustavo Petro, no puedo decir que viví en una dictadura. Los que hemos cuestionado al Gobierno hemos podido sacar columnas, investigaciones y expresar nuestras opiniones.

Aspiro a que eso mismo ocurra si gana Abelardo. Y ahí sí tengo un gran interrogante, porque lo que él plantea y lo que ha sido parte de su trayectoria es el acoso judicial a periodistas que lo han cuestionado.

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¿Y cómo nos desmarcamos de ese tipo de odio que se percibe?

Creo que nada funciona con odio. La sociedad civil tiene que aprender a convivir con el diferente, y creo que lo está haciendo. Los mensajes de odio vienen de todas partes, pero Colombia también ha desarrollado una capacidad importante para tramitar su pasado.

La JEP y la Comisión de la Verdad han contribuido a eso. Mucha gente que incluso vota por Abelardo está agradecida con esos procesos de reconciliación. Si nosotros paramos ese proceso, este país sí puede retroceder.

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Cuando uno va a las comunidades y ve cómo están aprendiendo a escuchar al otro y a convivir con él, entiende que sí hemos avanzado. Por eso me parece importante preguntarse con qué proyecto se identifica uno más.

***

Esperamos que sus reflexiones contribuyan a enriquecer el debate público y, sobre todo, invitamos a nuestros lectores a sumarse a esta conversación, porque las elecciones pasan, pero los desafíos del país permanecen.

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