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“Por qué votar por”: David Cote, candidato a la Cámara

“Por qué votar por...” es un espacio de El Espectador para que los aspirantes al Congreso expongan sus propuestas y apuestas de cara a las elecciones del próximo 8 de marzo. Conozca a David Cote del Centro Democrático.

Redacción Política

06 de febrero de 2026 - 05:37 p. m.
David Cote es candidato a la Cámara. Va por el Centro Democrático.
Foto: El Espectador
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¿Cuál es su mayor motivación para ser congresista de Colombia?

No voy al Congreso a calentar silla, voy a defender. Mi motivación nace de la indignación: como edil y ciudadano me cansé de ver cómo el Estado asfixia a las familias y a los emprendedores. Quiero ser congresista para ponerle un freno de mano a los abusos del poder, defender la libertad que hoy está amenazada y ser la voz de millones que sienten que las decisiones se toman a espaldas de su realidad y de su bolsillo.

¿Ha tenido alguna investigación disciplinaria, administrativa o penal?

No.

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De obtener la curul, ¿cuál será su principal proyecto en el Congreso?

Llegaré con la “Ley Anti-Trampolín” y el “Bloque de Seguridad Ciudadana”. Mis prioridades legislativas son claras y urgentes: seguridad jurídica y física: recuperar la autoridad legítima del Estado para que el delincuente tema y el ciudadano viva tranquilo; defensa de la vida y la fe: blindar la libertad religiosa y la objeción de conciencia; Estado austero: reducir la burocracia inútil para que la plata se vaya a inversión y no a nóminas paralelas.

A su criterio, ¿cuál es el principal problema de Colombia y cómo cree que puede solucionarse?

El problema se llama desorden. Hay desorden en las calles (inseguridad), desorden en las cuentas (derroche) y desorden moral (corrupción). La solución no es más carreta, es autoridad: recuperar el imperio de la ley: el que la hace, la paga, sin excepciones; seguridad democrática: sin seguridad no hay libertad, ni inversión, ni empleo; dignidad real: política social que genere oportunidades de trabajo, no subsidios que crean dependencia eterna del Estado.

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¿Apoyaría o no un proceso de asamblea constituyente y cómo justifica su postura?

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Rotundamente no. Una constituyente hoy es una trampa para perpetuarse en el poder y cambiar las reglas a mitad del partido. El problema de Colombia no es la Constitución de 1991, el problema es que no la cumplen. No necesitamos redactar nuevas leyes, necesitamos pantalones para hacer cumplir las que ya existen y proteger nuestros derechos fundamentales.

¿Acompañaría o no que en el país se reviva la figura de la reelección presidencial inmediata o que se extienda el periodo presidencial?

No. La democracia respira con la alternancia. Rechazo cualquier intento de concentración de poder o caudillismo. Cuatro años son suficientes para quien sabe gerenciar, y demasiados para quien solo sabe improvisar. Necesitamos instituciones fuertes, no mesías insustituibles.

¿Le daría respaldo o continuidad a la política de paz total?

No. No respaldo la política de “paz total” como se ha implementado. Ha debilitado al Estado, fortalecido a los grupos armados ilegales y ha dejado a los ciudadanos más inseguros. La paz no puede significar impunidad ni cesión de autoridad. Colombia necesita seguridad, ley y justicia, no acuerdos sin resultados.

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¿Está de acuerdo con que el Gobierno realice diálogos con grupos ilegales?

Sometimiento sí, negociación de igual a igual, no. La mal llamada “Paz Total” se convirtió en impunidad total. El Estado no puede sentarse a negociar arrodillado mientras siguen extorsionando, secuestrando y reclutando menores. La única negociación válida es: dejen de delinquir, entreguen las armas y sométanse a la justicia. La paz sin justicia es solo una pausa para rearmarse.

¿Apoya o rechaza la legalización de algunas drogas ilícitas, como la marihuana y otras, que incluya su producción y consumo?

No. Como representante de las familias, no acepto normalizar el veneno que destruye nuestros barrios y nuestra juventud. Legalizar no acaba la violencia, solo convierte al jíbaro en empresario legal. Mi enfoque es claro: mano dura contra el narcotraficante y atención integral de salud pública para el adicto. No vamos a entregarle el futuro de Colombia al microtráfico.

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¿Está o no de acuerdo con la eutanasia?

No, no estoy de acuerdo con la eutanasia. La vida humana tiene un valor intrínseco que debe ser protegido desde su inicio hasta su fin natural. El Estado debe garantizar cuidados paliativos integrales, acompañamiento médico, psicológico y espiritual, no ofrecer la muerte como respuesta al sufrimiento.

¿Se requiere o no otra reforma tributaria?

Colombia no necesita otra reforma tributaria; necesita que el Estado administre bien lo que ya recauda. El país ha tenido múltiples reformas tributarias en pocos años y el resultado ha sido el mismo: más impuestos, menos crecimiento y mayor presión sobre la clase media y el sector productivo. Antes de pensar en una nueva reforma, el Estado debe reducir el gasto innecesario, combatir la evasión, cerrar la corrupción y hacer eficiente el uso de los recursos públicos. Gravar más a quienes producen, emprenden y generan empleo solo profundiza la informalidad y frena la inversión. Lo responsable es dar estabilidad tributaria, reglas claras y confianza, para que la economía crezca y con ella aumente el recaudo sin asfixiar a los ciudadanos.

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¿El salario de los congresistas y otros funcionarios del Estado debe reducirse?

Sí, y debe pagarse por resultados. El servicio público es vocación, no un negocio para enriquecerse. Apoyo la reducción de salarios y un Estado austero. Si le pedimos al ciudadano que se apriete el cinturón con impuestos, el primero que debe dar ejemplo de austeridad es el Congreso. La política no puede ser un privilegio desconectado de la realidad del colombiano de a pie.

¿Está de acuerdo con que las iglesias paguen impuestos como el de la renta?

No. Las iglesias no deben pagar impuesto de renta, porque no son empresas con ánimo de lucro. Su naturaleza es social, comunitaria y espiritual, y cumplen una función que el Estado muchas veces no alcanza: apoyo social, acompañamiento a familias, atención a poblaciones vulnerables y construcción de tejido social.

¿Haría alguna modificación al sistema político colombiano?

Sí, para acabar con la “grasa” del Estado y la ineficiencia: reducir la burocracia: Menos corbatas, más ejecución; descentralización real: que la plata y las decisiones lleguen a las regiones y los barrios, no que se queden en los escritorios de Bogotá; control político serio: exigir responsabilidad fiscal y resultados medibles a cada funcionario público.

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¿Qué propuesta concreta tiene para garantizar la paridad y los derechos de la mujer?

Menos discurso ideológico y más autonomía económica y seguridad. Mi compromiso es con las mujeres reales: promover la igualdad de oportunidades en educación y empleo digno, impulsar el emprendimiento femenino sin trabas y garantizar protección integral frente a la violencia. La dignidad de la mujer se defiende con hechos y presupuesto, no con retórica divisiva.

La corrupción es un problema de primer orden en el país, ¿cuál es su propuesta concreta para hacerle frente a este flagelo y lograr resultados?

Yo no propongo luchar contra la corrupción, yo ya lo estoy haciendo con acciones jurídicas concretas. Mi fórmula es: control político implacable: no tragar entero frente a los contratos dudosos; castigos efectivos: cárcel real, cero casa por cárcel y muerte política para el corrupto; austeridad: eliminar los trámites inútiles que son el caldo de cultivo de la mordida.

Las encuestas señalan que por lo menos tres de cada cuatro colombianos tienen una imagen desfavorable del Congreso. ¿Qué haría para contrarrestar esa postura negativa?

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Dejando el show y mostrando resultados y coherencia. La confianza se recupera trabajando, no escondiéndose. Seré un congresista de territorio, con rendición de cuentas permanente y contacto directo con la ciudadanía. Voy a demostrar que sí se puede hacer política decente, defendiendo los intereses de la gente y no los de las maquinarias.

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¿Qué debe hacer Colombia con el manejo de las relaciones diplomáticas con Estados Unidos y Venezuela?

Con EE. UU.: Alianza estratégica firme. Son nuestro principal socio en seguridad, comercio e inversión. Debemos fortalecer la cooperación inteligente, no debilitarla con discursos hostiles. Con Venezuela: Solidaridad con el pueblo, cero validación a la dictadura. Mantener relaciones diplomáticas/consulares básicas es necesario, pero jamás podemos legitimar un régimen que viola derechos humanos ni guardar silencio cómplice ante la tiranía.

¿Cómo y con quiénes (particulares y/ privados) está financiando su campaña y cuánto le cuesta ese proceso?

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Con plata limpia para llegar sin manos atadas. Esta es una campaña de opinión y convicción, financiada de manera transparente y austera con mis ahorros, mis cesantías, créditos bancarios y el apoyo voluntario de ciudadanos que creen en la causa.

¿A quién respalda y por qué para la campaña presidencial?

Respaldo a Paloma Valencia. La respaldo porque representa con claridad los principios del Centro Democrático: defensa de la democracia, la seguridad, la libertad, la institucionalidad y el respeto por la Constitución. Es una mujer firme, preparada y coherente, que no ha sido ambigua frente al crimen, la corrupción ni los intentos de concentración del poder. Colombia necesita liderazgo con carácter, ideas claras y convicciones sólidas, y Paloma Valencia ha demostrado tener la experiencia y la determinación para enfrentar los desafíos del país y recuperar el rumbo institucional.

De forma concreta, ¿qué política del presidente Gustavo Petro debería seguir después del 7 de agosto de 2026 y cuál tendría que acabarse? ¿Por qué?

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Continuaría: Cualquier programa social que demuestre técnicamente que ayuda a los vulnerables sin crear dependencia ni corrupción. Si funciona y es transparente, se mantiene. Acabaría inmediatamente la política de “Paz Total” que desprotege a la ciudadanía, el odio de clases que divide al país, el derroche burocrático y las reformas improvisadas que ponen en riesgo la estabilidad económica y democrática de Colombia.

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