El pistolazo que marcó el inicio formal de la carrera por conquistar la Casa de Nariño, que se dio tras los resultados de las votaciones del Congreso y tres consultas, alineó las tendencias ideológicas de las 14 llaves que estarán presentes en el tarjetón de la primera vuelta. Si bien en su mayoría apostaron por fórmulas vicepresidenciales que los lleven a la moderación, lo que sigue está en la capacidad que tengan para que sus propuestas calen entre el electorado que definirá al sucesor del presidente Gustavo Petro.
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Ese reacomodo explica por qué los cinco primeros días de esta semana estuvieron marcados por negociaciones, llamadas, mensajes de diversos frentes y hasta por ruidos de posibles rupturas de acuerdos. Ahí entran los ruidos que rodearon la aceptación de Paloma Valencia para que Juan Daniel Oviedo sea su fórmula en el tarjetón del 31 de mayo. Tan caliente estuvo esta discusión, que hasta el expresidente Álvaro Uribe tuvo que salir a mediar para que su figura dejara de ser un factor de división en estas toldas.
Oviedo es visto ahora como el puente hacia la centro-derecha, lo que le permitiría a Valencia atraer nuevos respaldos en la etapa de la campaña que acaba de comenzar.
Si bien esa fue la foto que más titulares se llevó esta semana, el golpe de mesa que realizó Iván Cepeda al elegir a Aida Quilcué no pasó desapercibido. La selección de una lideresa proveniente del Consejo Regional Indígena del Cauca (Cric) es la forma de mantener el relato de inclusión que ha caracterizado a la actual Casa de Nariño, lo que también refuerza el mensaje de unidad y cohesión hacia las bases de la izquierda; el reto es atraer respaldos que vayan más allá de estos escenarios.
Otro cambio hacia el intento de moderación se vio en el elegido de Abelardo de La Espriella para ser su llave en estos 77 días que restan, a partir de este domingo, para el primer balotaje presidencial. El objetivo: reducir lo visceral de su campaña y girar el timón hacia las propuestas. La irrupción de Valencia con fuerza dejó más a la derecha al también abogado, por lo que la llegada de su fórmula, José Manuel Restrepo, es un intento por mostrarse con un discurso más lleno de técnica.
Y como esas tres campañas apuntan a jalar espacios de un centro que aún no tiene líderes que lo cohesione con fuerza, Sergio Fajardo apostó por Edna Bonilla para ser su llave vicepresidencial. Ambos enarbolan los mismos valores y suman fuerzas en torno a temas claves para ese sector como la educación, asunto que por ahora está eclipsado en el debate público. Claudia López quiso mostrar lo mismo con Leonardo Huerta, pero aún falta ver qué tanto calan estas estrategias.
¿Cómo se llegó a esto y qué sigue en una ruta en la que se están disputando las llaves de la Casa de Nariño?
Los reflectores de la semana estuvieron sobre una serie de cónclaves en Bogotá, en los cuales se definieron las bases para que Oviedo, quien sumó 1,2 millones de votos en la Gran Consulta, se quedara oficialmente al lado de Valencia. La candidata se quedó con 3,2 millones de los 5,8 millones de sufragios que sacó en total esta coalición, pero lo determinante está en los acercamientos programáticos.
El punto álgido fue la posición de la ungida del uribismo sobre el acuerdo de La Habana de 2016 y la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP). Mientras Valencia mantenía críticas muy duras a esas estructuras, Oviedo pedía superar esa discusión. Estas diferencias tuvieron una vía de escape cuando el expresidente Uribe reconoció que ya es tiempo de avanzar hacia otras discusiones de país, entre las cuales están la seguridad, la economía y la salud.
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La novela terminó con un anuncio de la unificación de candidaturas, que generó amores y odios en ambos espectros. En la izquierda, figuras como Camilo Romero denominaron a Oviedo como un “falso centro” y, a pesar de la aprobación de los altos mandos del uribismo para que la aspirante tenga más margen de maniobra sobre votantes que hoy no la acompañan, existen alas dentro del Centro Democrático que no lo ven con buenos ojos.
Allí está ubicada la senadora María Fernanda Cabal, quien criticó la negociación que se hizo con el ahora aspirante vicepresidencial y dejó entrever su cercanía ideológica con Salvación Nacional y el mismo De la Espriella. Eso sí, en la tarde del viernes, habló de una posible “encrucijada en el alma” en torno a si apoyar o no a Paloma Valencia.
Para Mauricio Cárdenas, uno de los coequiperos con quien Valencia consultó su decisión, “el electorado de centro se movió para acá”. Además, en diálogo con El Espectador, confirmó que ahora el objetivo es consolidar los equipos programáticos para construir un plan de gobierno.
De hecho, la candidata del uribismo ya tiene en su página web esbozados los ejes de siete asuntos sobre los que quiere ser escuchada por el electorado: vivir sin miedo; vivienda digna; fin del rebusque eterno; educación con propósito, calidad y libertad; oportunidades sin sacrificios para las mujeres; gran plan vial campesino; y una revolución energética.
Su llamado va hacia atraer a todos los espectros, desde partidos tradicionales como los liberales, conservadores, La U, Cambio Radical y Mira, y el centro de los verdes, hasta los petristas. Esta semana le dijo a este diario que quiere “conquistar al que votó por Petro y está aburrido, quiero [...] que todos los partidos puedan sentirse invitados”.
Su intención por el voto petrista va en serio, ya que uno de sus ejes gira alrededor de las mujeres, en el cual propone impulsar guarderías compartidas para madres. Este tipo de propuestas estuvo en manos de la izquierda los últimos años, pero con el cambio en el tono de discurso, Valencia puede arrebatarle una de sus banderas más fuertes. Incluso, Oviedo es abiertamente gay y terminó abriendo las puertas de la centroderecha para que esta comunidad sienta que ahí también tiene voz.
El cambio en el discurso de Valencia llevó al presidente Petro a responderle: “¿Qué clase de cariño nuevo es ese si todas las reformas sociales y la transformación democrática que propusimos fueron atacadas en todos estos años por ella y su movimiento?”.
Entre tanto, la llegada de Aida Quilcué como fórmula de Cepeda para que se dé la continuidad del actual Gobierno refuerza la narrativa de cimentar las bases del petrismo y construir una candidatura con similitudes a la que llevó al progresismo por primera vez al poder en 2022. Petro se alió con Francia Márquez para que fuese la primera mujer afro en ser vicepresidenta.
Para María José Pizarro, jefa de debate de Cepeda, “Francia y Aida son mujeres completamente distintas”. Agregó que la decisión por Quilcué se debe a que “es una mujer que representa [...] no solamente a pueblos indígenas, sino a campesinos y jóvenes urbanos”.
Y bajo esa misma línea y con el objetivo de atraer a esa misma centroizquierda que aún no ve una voz fuerte que la represente, en esa llave revivieron el llamado “pacto por la vida”. Según el representante Gabriel Becerra, es la ruta para “una alianza no solo con nuestra base, que es el movimiento social, sino también con sectores progresistas, liberales, socialdemócratas, que estén dispuestos a contribuir a esa convergencia”.
Esta invitación a nuevos sectores la ratificó Quilcué durante su discurso en la inscripción, el pasado miércoles, cuando habló del diálogo como puente con “mujeres, campesinos, comunidad negra y esa sociedad que espera un cambio real”. A su vez, invitó a la oposición a que “desde la diferencia cultural, política, religiosa, busquemos puntos de encuentro”. Esta puerta evidencia también la moderación del discurso de la llave de la izquierda, algo que la jefatura del Estado, el principal operador político de esta corriente, no está dispuesta a ejecutar.
Lo que plantea Cepeda para conquistar al electorado, más allá del relato en torno a una asamblea constituyente y de continuidad a las reformas sociales de Petro, va hacia lo que denomina “cambiar la forma de hacer política” en un documento de 433 páginas que presentó justo antes de inscribir su candidatura donde muestra su visión de país para los próximos años, allí abarca un sistema nacional contra la macrocorrupción; una política de austeridad repúblicana; así como programas sociales para poblaciones excluidas.
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Esta propuesta es una extensión de su itinerario “el poder de la verdad”, que en un inicio giró en torno a tres ejes, los cuales cobijó bajo el concepto de “revolución”: revolución ética, social, económica y política. Estos están contenidos en un documento programático de 108 páginas que tituló “Las tres revoluciones para una Colombia potencia mundial de la vida”, el cual mantiene en su versión final como la base para las salidas proselitistas que lleva haciendo a lo largo de los 32 departamentos y, en algunos casos, en el exterior.
Este panorama de las campañas muestra una serie de patrones vistos en 2018, cuando el uribismo apuntó a un candidato con un discurso moderado y llevó a Iván Duque al poder; algo similar se repitió con Petro en 2022, cuando bajó su tono y anexó a su campaña a políticos tradicionales como Roy Barreras y Armando Benedetti.
Los movimientos que se vieron en elecciones pasadas, como las consultas interpartidistas que impulsaron o frenaron candidaturas, también se observaron en esta contienda, aunque con un toque diferencial. Dos batallas en las urnas para las candidaturas de Cepeda y Valencia se dieron con fechas y votaciones distintas que impulsaron sus candidaturas a su manera.
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Mientras el llamado a urnas de la Gran Consulta por Colombia se dio durante las elecciones al Congreso, con 125.259 mesas de votación habilitadas, les consiguió 5,8 millones de sufragios en total, con una ganadora que consiguió el 55 % de los votos a su favor, lo que impulsó su candidatura de forma mediática durante la última semana; no se pueden menospreciar los resultados del 26 de octubre.
Hace cuatro meses la izquierda llamó a consultas internas para elegir el orden de las listas del Pacto Histórico para Cámara y Senado, así como elegir el ungido de esa colectividad para la presidencia. En un ejercicio con 19.820 mesas instaladas en todo el país —un 84 % menos que las presentes en marzo—, que les consiguió 2,7 millones de sufragios en total, con un Iván Cepeda que se posicionó como el candidato presidencial que obtuvo 1,5 millones de apoyos.
Las dos candidaturas más mediáticas del momento no son las únicas que comparten un patrón hacia la moderación. La aspiración de De La Espriella fue impactada por la otra derecha, por lo que decidió que su coequipero sea Restrepo, académico y exministro de Hacienda, con quien busca construir una agenda programática. Su adhesión ocurre en una reconfiguración de su propuesta, bajo la narrativa de la “nación milagro”, que, según esta fórmula vicepresidencial, busca “hacer de Colombia un milagro de transformación”.
Esas expresiones son de buen recibimiento en sectores religiosos, a los que el candidato se acercó en los últimos meses al atraer a pastores a su campaña, como el dirigente de la Iglesia Camino a la Libertad y exalcalde de Bucaramanga Jaime Andrés Beltrán, quien es su gerente regional.
Cuando Restrepo mencionó en diálogo con El Espectador el contenido programático que estaba construyendo, utilizó la terminología “milagro” para categorizar sus propuestas, que estarán centradas en ejes como salud, crecimiento económico, energía y mujer. Ideas que comparte con Valencia, una muestra de la moderación a la que apuntan y una línea que varía frente a los inicios de De La Espriella.
A su vez, buscarán fortalecer la imagen de “outsider” en una contienda en la que las dos fuerzas con más curules en el Congreso fortalecen sus candidatos propios. “Esta es una campaña que no tiene ningún partido político de respaldo detrás”, agregó Restrepo. Lo dijo por las altas votaciones del Pacto Histórico (4,4 millones de votos para Senado) y el Centro Democrático (3 millones en esa misma corporación), dejaron a De la Espriella sin una fuerza representativa. Salvación Nacional, la colectividad que lo avaló, sumó 705.000 votos para la cámara alta, lo que le alcanzó para tres curules.
Mientras estas candidaturas se impulsan y pescan votos en el centro, este sector sigue sin una identidad cohesionadora. El mayor intento por capturar esa intención de voto está en la candidatura de Fajardo, quien, según pudo conocer El Espectador con miembros de su círculo íntimo, espera poder llegar a segunda vuelta aprovechando la dispersión política de la derecha y el centro.
Su fórmula vicepresidencial, Edna Bonilla, comparte características con Fajardo, como haber sido profesora y servidora pública, por lo que, si bien puede no sumar una gran cantidad de votos, sí da continuidad en torno a su intención de alejarse de los extremos. En todo caso, esta campaña no solo habla de educación, pues —entre otros ítems— ya presentó el “plan guardián” sobre su visión de seguridad que, en resumen, tiene ejes que abordan asuntos como el fin de la paz total y el fortalecimiento tecnológico de las Fuerzas Militares; también construyó ejes de salud, lucha contra la corrupción, infraestructura y políticas públicas para la mujer.
Los apoyos de este espectro también los pelean Claudia López y Leonardo Huerta, quienes han hablado de cómo recuperar la seguridad y fortalecer la igualdad y la justicia social. A todas estas figuras se les suman otras llaves, como las que conforman Luis Gilberto Murillo y Luz María Zapata, Roy Barreras y Martha Lucía Zamora, Mauricio Lizcano y Luis Carlos Reyes, Clara López y María Consuelo del Río, entre otras fórmulas, que quieren proyectarse como alternativas moderadas en medio de la polarización.
En total, al cierre de las inscripciones del pasado 13 de marzo, se concretaron 14 aspiraciones presidenciales que, aparte de quienes hacen parte de toda esta radiografía, se completan con Miguel Uribe Londoño y Luisa Fernanda Villegas; Santiago Botero y Carlos Fernando Cuevas; Sondra Macollins y Leonardo Karam Helo; Carlos Caicedo y Nelson Alarcón; y Gustavo Matamoros y Robinson Giraldo.
Lo que sigue ahora es toda una serie de discusiones programáticas que liderarán los aspirantes y sus fórmulas, pues el grueso del país quiere superar la pugnacidad verbal que ha caracterizado la campaña hasta este punto y ver qué es lo que en realidad se propone como modelo de Estado para que haya más democracia desde el 7 de agosto. Ese día culmina la actual administración y llega quien se imponga en urnas el 31 de mayo o el 21 de junio si llega a haber segunda vuelta. Hay una expectativa alta.
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