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28 Jun 2009 - 8:00 p. m.

En crisis, empleos de emergencia

Cuando una economía está en dificultades, como de hecho está la economía colombiana, la responsabilidad de generar empleo no se le puede dejar solo al sector privado.

Cecilia López Montaño

El Estado debe asumir como propósito, generar puestos de trabajo bajo la modalidad de empleos de emergencia, denominados también, empleos de última instancia o empleos garantizados. La fórmula consiste en asignar recursos fiscales que generen ocupación para los sectores más afectados por la elevación del desempleo, mientras se recupera la economía, y estos trabajadores puedan ser absorbidos por el Estado o el sector privado. Este tipo de programas se han vuelto un elemento fundamental de la política anti-cíclica actual, no solo en países pobres sino en algunas economías industrializadas que los han reactivado ante las circunstancias actuales.

Dichos programas brindan una oportunidad para la población sin empleo, con una remuneración equivalente a un salario mínimo legal por un periodo de tiempo de seis a doce meses. Adicionalmente, estos se desarrollan dentro de un esquema de proyectos de carácter público, intensivos en mano de obra y que deben ser desarrollados en el corto plazo; los principales beneficiarios de los empleos de emergencia serán los jefes de hogar y las personas que ingresan anualmente como parte de la dinámica del mercado laboral.

Pero ¿cuáles beneficios trae consigo la implementación de este tipo de programas? Los empleos de emergencia son soluciones temporales para los problemas principales de la desocupación, como la carencia de ingresos, que adicionalmente genera daño psicológico, pérdida de motivación para el trabajo, incremento en morbilidad, exclusión social y asimetrías de género. Para darle continuidad a los beneficios generados por los programas es necesario que se complementen con convenios con el sector privado y con el mismo Estado, de manera que estos trabajadores puedan ser absorbidos por el mercado laboral formal. Los beneficios son altos y los costos no lo son; cálculos preliminares señalan que un millón de empleo de emergencia por un año, generan  un gasto cercano a un 1% del PIB, monto menor que el de Familias en Acción. Para muchos analistas este tipo de programas de transferencias condicionadas no tienen que eliminarse sino limitarse a aquellos que realmente no pueden trabajar. Los líderes de estos programas en India, Sur África, Brasil, Chile, Argentina, fueron reunidos por el Instituto Levin de Nueva York, con el objeto de presentarles a países como Colombia, esta experiencia para su implementación. 

Dada la situación laboral de Colombia, el derecho al trabajo tiene que convertirse en el objetivo de la estrategia económica porque las políticas actuales abandonaron el empleo y lo dejaron como el subproducto de la llamada "confianza inversionista" Con grandes subsidios y toda clase de prebendas, encarecieron relativamente la mano de obra frente al capital y desestimularon el empleo en el país. En los años de alto crecimiento se hizo evidente que el modelo adoptado era el de "crecimiento sin empleo", en un país con serios problemas de pobreza y desigualdad. 

Los programas de empleo de emergencia son una estrategia para aliviar el impacto de las crisis económicas sobre la población pero solo una parte de la solución al problema del mercado laboral en Colombia. En el mediano y largo plazo, el derecho al trabajo debe ser la prioridad nacional lo que volverá a posicionar el pleno empleo en la agenda nacional. Para lograrlo será  fundamental realizar una seria de reformas estructurales que el país ha venido postergando, al sistema tributario, al mercado laboral, al sistema pensional  y a la política social vigente. Las estrategias de empleo para el largo plazo parten de que el empleo es la mejor política económica y social, y deben estar enmarcadas en el cumplimiento del derecho al trabajo junto con el cumplimiento de los derechos esenciales para todos los ciudadanos. Pero en la crisis es fundamental contar con programas de empleo de emergencia, lo demuestra la experiencia de muchos países, ricos y pobres, maduros o emergentes.

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