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¿Es la política exterior la culpable de todo? (Análisis)

Los procesos de polarización reciente en Colombia no son un caso único. Estas discusiones se dan en el día a día, en el plano global, y no solo en los países occidentales, o aquellos en desarrollo, o los más o menos biodiversos.

Diego Cardona Cardona* y Razón Pública

07 de febrero de 2025 - 05:08 p. m.
En las estadísticas internacionales, Colombia figura como el segundo país más inequitativo de América Latina, después de Haití.
Foto: Razón Pública
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Los procesos de polarización reciente en Colombia no son un caso único; sucede con algunos aspectos del debate económico, la discusión sobre los modelos de desarrollo, las posiciones frente al cambio climático o el estatus de la inteligencia artificial en las sociedades del futuro. Estas discusiones se dan en el día a día, en el plano global, y no solo en los países occidentales, o aquellos en desarrollo, o los más o menos biodiversos.

Es como si los grandes acuerdos entre fuerzas de opinión y corrientes políticas diversas hubieran pasado de moda. Algunos piensan que solo queda espacio en el siglo XXI para las adhesiones o rechazos viscerales y acríticos que consideran que la verdad y la concordancia con las realidades son solo posibles aceptando dogmas o rechazando de manera virulenta las posiciones de los demás. Es como una política de todo o nada, un poco primaria, que apela a emociones básicas más que al análisis razonado.

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Algo así ha pasado en los meses recientes con la visión de los temas internacionales en Colombia (aunque también se da en otros países). Algunos hechos relacionados con las políticas en el mundo deberían ser considerados en su contexto general, para poder juzgar apropiadamente sobre los mismos. Veamos varios ejemplos:

Primero: Las políticas económicas de los países centrales tienen incidencia sobre la situación general de las economías de los países periféricos. Una elevación de las tasas de interés en Estados Unidos o en los países europeos implica mayor atracción para capitales en esos mercados, con el consiguiente efecto sobre el valor de las monedas de otros países. El impacto es fuerte, en especial en países con una importante deuda externa, uno de los grandes problemas globales que persisten desde los años setenta.

Pero no todo es tan sencillo. Una baja de las tasas de interés en los países centrales si no va acompañada de medidas en los países en desarrollo, tiene otro tipo de implicación: las grandes empresas, que tienen en ocasiones vínculos internacionales importantes, pueden acceder a crédito más barato en los países desarrollados, con lo cual se encuentran en ventaja frente a empresas medianas y pequeñas con menor relacionamiento con la banca internacional.

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Segundo: Lo que hemos tenido en Colombia desde el momento de la pandemia y la mala administración de la época sigue teniendo efectos múltiples sobre los habitantes del país: menor inversión extranjera, mayor dependencia de las remesas, tendencia a poco desarrollo de la parte industrial, para dar prioridad únicamente a la circulación consagrada en los acuerdos de libre comercio; menos presupuesto para desarrollo social, sobre la base de una escuela económica que ponía el mercado y la moneda por encima de la gente y que no hacia esfuerzos reales por el mejoramiento de la situación de inequidad.

No olvidemos que, en las estadísticas internacionales, hace ya años que Colombia figura como el segundo país más inequitativo de América Latina, después de Haití. Hay que ser muy insensible o poco lógico para creer que esta situación era sostenible. Cuando un porcentaje muy bajo de la población detenta más del 80 % de los recursos, algo anda mal.

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Tercero: La mayor parte de los países en desarrollo son expulsores netos de migrantes. Cuando el diferencial entre los salarios que se perciben por trabajos “semejantes” es muy alto entre países desarrollados y en desarrollo, la tendencia migratoria es grande. Es el caso de la totalidad de los países africanos en relación con Europa occidental, o de los habitantes de Europa oriental frente sus otros socios europeos. También es el caso de muchos países asiáticos, comenzando por India, la cuarta potencia económica del mundo. Y por supuesto, es la situación de los países latinoamericanos en relación con Estados Unidos y con algunos países europeos.

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El atractivo de Estados Unidos es enorme para buena parte de los habitantes de nuestro continente, desde México hasta Suramérica, pasando por América central y el Caribe insular. La migración a algunos países europeos también ha crecido en los últimos años, en parte debido a su ausencia de mano de obra, en especial en el sector de servicios tradicionales, pero no solo en ello.

El atractivo de los EEUU es enorme para buena parte de los habitantes de nuestro continente.
Foto: Wikicommons

Por todo lo anterior, la emigración en el caso colombiano se ha incrementado de manera importante, como lo ha hecho la de los países de Centroamérica y de Ecuador, Perú, e incluso Chile, Argentina y hasta Brasil. Esos migrantes, que buscan nuevas y mejores oportunidades fuera de sus países son una constante: el resultado, además del desplazamiento poblacional, es importante: muchos de ellos contribuyen de manera importante con remesas financieras periódicas en sus países de origen y en especial en las regiones de las cuales provienen. Por ello, frenar la emigración no ha sido en general una política en los países del Sur global. Colombia no es una excepción en ese proceso.

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Cuarto: Colombia logró a partir de 2012, gracias en buena medida a los acuerdos negociados por la Cancillería (ese proceso jamás se da de manera automática), la exención de visado en la casi totalidad de los países de Europa, América y algunos de Asia. También contribuyó la imagen positiva del país gracias a las iniciativas de paz y reconciliación que luego quedaron suspendidas por el gobierno siguiente, y las seguridades tecnológicas del instrumento de viaje de los colombianos, es decir, de nuestros pasaportes.

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Pese a las dificultades, el Reino Unido fue incluido finalmente (incluso en un momento tardío) entre los socios que no nos exigían visa para ingreso temporal a su territorio. Pero por desgracia, existieron grupos numerosos de colombianos que pretendieron entrar por la puerta de atrás al sistema de permisos de Residencia, aduciendo que eran refugiados o asilados políticos, sin serlo en la mayor parte de los casos. El resultado ha sido lamentable: Aproximadamente nueve de cada diez solicitudes vienen siendo rechazadas, por falta de acervo probatorio. No podemos culpar de ello a la Cancillería colombiana

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Quinto: El reciente episodio en el cual llegaron a cernirse peligros mayores sobre Colombia y los colombianos contiene varios hechos anecdóticos. Si un jefe de Estado de un país desarrollado está trabajando a las 3 de la mañana en un fin de semana, elogiamos su espíritu de trabajo y su dedicación. Si quien lo hace es uno de los nuestros (latinoamericano o africano o asiático), mucha gente asume que no debería estar despierto a esa hora y que es un problema para la gobernanza. Actitud un poco ingenua, como se ve. Es cierto que seguramente en el futuro hay que evitar que el dedo pulgar responda de inmediato con trinos u otros mensajes, cuando llegan noticias desagradables o que tienen la apariencia de serlo. La cabeza fría es una de las raras virtudes que deben tener quienes dirigen países o grandes aventuras de lo Humano.

Pero la medida del sábado primero de febrero firmada por el presidente Trump imponiendo 25 % de aranceles a los productos de Canadá y México (nada menos que los dos grandes socios del espacio de “América del Norte”), y 10 % a China, muestran que el asunto no tenía que ver con Colombia de manera específica, sino que se trata de algo más estructural en las relaciones de Donald Trump con el resto del mundo. Que además existan tres ejes de pretensión territorial (Groenlandia, Canadá y el canal de Panamá) es un factor más de demostración de que el tema es mucho más amplio y estructural de lo que nuestra mentalidad provinciana podía imaginar.

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Claro está, la mayor parte de los “orientadores” de opinión han formulado críticas agudas (algunas justificadas), pero han olvidado que gracias a las gestiones del canciller saliente, la canciller entrante y las de nuestro embajador en Washington, aunado al sentido común que se inclinó por acuerdos, logró conjurarse el mayor peligro de la política exterior colombiana en muchos años (quizá desde el incidente con la fragata Caldas en el período Barco). De no haber sido por las gestiones gubernamentales que impulsaron y dieron sentido a algunas gestiones empresariales, de redes y de algunos líderes políticos, estaríamos hoy en el peor de los mundos. También de esas cosas hay que hablar si queremos evaluar apropiadamente las políticas.

Sexto: Vienen grandes retos para la política exterior de la canciller Sarabia: Cómo gestionar con otros países, mecanismos que permitan contrarrestar o minimizar la ambición imperial y de desmonte de redes internacionales provenientes de la nueva administración Trump; cómo implementar programas de diversificación amplia de los socios políticos y económicos (no solo los comerciales); cómo atraer a nuestros diplomáticos hacia los temas económicos, las visiones de grandes temas globales y el manejo de las negociaciones ambientales.

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También, es fundamental retomar las iniciativas de actualización y fortalecimiento del servicio exterior, incluidos, por supuesto, los funcionarios de carrera diplomática y consular, que representan un gran activo estratégico para el país. Si criticáramos menos e hiciéramos más, al contribuir a los consensos, quizá lograríamos apreciar las políticas exteriores de una manera menos visceral y más equilibrada.

*Magíster en Estudios de Asia y África de El Colegio de México y doctor en Relaciones Internacionales del Instituto de Altos Estudios Internacionales de Ginebra, Suiza. Correo: dcardonac@gmail.com

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Por Diego Cardona Cardona*

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