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“Hay que ver a los políticos fuera del pedestal, como empleados”, Nicolás Pernett

A propósito de su más reciente libro, “Presidentes sin pedestal”, el escritor habla de la necesidad de una mirada histórica distinta en la que se aterricen las grandes figuras y se vean como humanos comunes y corrientes.

Juan Sebastián Lombo

19 de diciembre de 2022 - 07:00 a. m.
Nicol·s Pernett - Escritor?
Foto: Mauricio Alvarado / El... - Mauricio Alvarado
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Nicolás Pernett, historiador, escritor y profesor, lanzó a finales de año el libro Presidentes sin pedestal, editado por el sello Ediciones B. La premisa fundamental de este libro es derribar los pedestales en los que Colombia ha encumbrado a sus presidentes durante poco más de 200 años de vida republicana. En más de 200 páginas, el autor intenta hacer esto desmitificando a las grandes figuras históricas que han llegado a ocupar el solio de Bolívar, otro de esos personajes al que trata de ver como humano y lejos de la mitificación creada como “padre de la patria”.

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Desde Antonio Nariño hasta Iván Duque, Pernett entra a desbaratar las idealizaciones que se han creado sobre los gobiernos y muestra todos esos lunares que se van omitiendo en las construcciones del relato histórico del poder político en Colombia. El autor habla con El Espectador sobre su tarea de tumbar pedestales y advirtió sobre los peligros de hacerlo. También se atrevió a darle un consejo al presidente Petro sobre su visión de la historia.

Usted habla en su libro en todo momento de tumbar los pedestales y usa la imagen de las estatuas caídas por todo el mundo, ¿por qué Colombia necesita tumbar esos pedestales de su historia política?

Parte de nuestra violencia política viene de nuestra exagerada veneración que hemos hecho de figuras políticas. Es una cosa que aún trato de entender, pues creo que tiene que ver con la fuerza de la evangelización, la religión, nuestros mitos y creencias. Esto hace que los pueblos de América Latina, propiamente Colombia, nos entreguemos al elogio y la veneración de nuestros presidentes y gobernantes. Toda creencia apasionada y veneración política suele terminar en enfrentamientos en contra de los que piensen distinto. La violencia política se podría combatir y reducir a través de un acercamiento más realista, pausado, más tranquilo hacia la política y las personas que la hacen.

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¿Cuáles son esos pedestales que más daño le han hecho a Colombia?

El pedestal centralista. Ese pedestal ha hecho que haya un sentimiento de abandono en las regiones que se ven implicadas en política cuando les imponen unas leyes o las quieren cooptar para ciertos intereses. También es bastante problemático el pedestal de la hegemonía conservadora. No fue un conservatismo moderado el que se impuso en Colombia. El conservatismo de Miguel Antonio Caro impuso una visión excluyente contra los otros partidos y visiones del país. El mismo Caro dijo alguna vez que el Partido Liberal era satánico. Que un presidente diga que el partido opositor es satánico crea un conflicto muy grande.

Claro que la hay y es bueno que la haya. Aunque creo que todas las visiones historiográficas pueden caer en la tentación de heroizar sus objetos de estudio. La independencia se entroniza, porque es el nacimiento del país y siempre se quiere contar un nacimiento casi mitológico. Pero es que eso también pasa con los individuos. Nuestros padres nos cuentan que nuestro nacimiento fue maravilloso, nadie va a decir que nos metimos a un baño del bar y así fue que naciste. Siempre se habla de la cosa grandiosa para el nacimiento, así es con los países.

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Esos pedestales son el mismo mito fundacional de los países, ¿acabarlos no afecta la identidad nacional?

Yo espero que sí. La identidad nacional debe cuestionarse y deconstruirse, como dicen los posmodernos. A veces la idea de identidad es una cárcel y una imposición. O si no que lo digan las personas de identidades diversas. Las naciones se pueden comparar con las personas y uno debe saber que no está obligado siempre a vestirse de la misma manera, ni actuar siempre igual o siempre pensar igual. Eso es lo que hace que los errores se eternicen. No es una afrenta cuestionar la identidad. Es más, creo que la identidad se enriquece con las preguntas.

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Usted llega a burlarse de que la figura de Simón Bolívar la terminan reivindicando personajes tan dispares como Laureano Gómez, Tomás Cipriano de Mosquera y hasta Gustavo Petro. ¿Por qué la terminan usando sectores tan dispares?

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Creo que tiene que ver con el carácter victorioso y derrotado de Bolívar. Si uno ve en la historia símbolos como el Che Guevara o John Lennon, terminan teniendo más fuerza que Fidel Castro o Paul McCartney. Es el símbolo de los que no lograron cumplir todo lo que esperaban. Aunque es irónico en el caso de Bolívar, porque él estuvo en la presidencia 10 años y murió a la edad de Santander. Pero en el imaginario queda la idea de que Santander fue un político de carrera y que Bolívar vio truncada su historia.

¿También se deben tumbar esos pedestales?

Yo creo que sí. Sin duda tienen una reivindicación por su muerte violenta y desde ahí siempre es doloroso para un país, porque esas figuras se truncaron en su carrera política. Pero no se pueden olvidar de que ellos desarrollaron su carrera.

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Usted cierra el libro con la posesión de Petro y la crítica, ¿se está gestando un pedestal bajo los pies de él?

Claro que se está construyendo. De por sí lo comenzó bastante alto y solo puede bajar. Justamente el ejercicio de gobierno y poder desgasta a las figuras. El problema es cuando esas figuras comienzan a sentir amenazado su pedestal, entonces se aferran a prácticas oscuras para mantenerlo.

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¿Por qué es importante romper los pedestales cuando se están construyendo?

Porque hay que comenzar a ver a los políticos fuera del pedestal como funcionarios públicos y empleados de la ciudadanía. Esa es una de las normas básicas de la democracia que muchas veces olvidamos. Deberíamos verlos como los empleados que contratamos para algo y así juzgarlos en lo que hacen o dejan de hacer.

Uno ve que Petro recurre a muchos pedestales en su discurso, con la revolución en marcha y otros. ¿Algún consejo para él?

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Yo diría que el consejo es que lea el presente como presente, en política y en la vida. El problema de rescatar símbolos es que se siente que está rescatando luchas de otras épocas y eso termina haciendo que se quiera reivindicar las disputas y búsquedas de otras épocas y se descuiden las actuales. En la época de Alfonso López Pumarejo no había las situaciones políticas o económicas de ahora. Tampoco los contextos son similares a los de Bolívar, Gaitán o Melo, que es el otro que reivindica. O sea, siempre en cada época hay una visión particular. Él puede y admirar a esos presidentes del pasado, pero si va a seguir luchas políticas a nombre de ellos, que se haga con temas y estrategias para el presente, no para resolver las viejas guerras que ya se perdieron.

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