1 Feb 2021 - 5:37 p. m.

“Hay un desconocimiento total del parto en casa”: Carolina Zuluaga

Zuluaga es partera contemporánea hace 12 años. En entrevista, dice que el sistema rechaza la idea de sacar el parto del hospital, analiza el proyecto de ley que hay sobre ese tema y reconoce que los protocolos que aplican en los centros médicos desconectan a la mujer de la experiencia que representar dar vida.

Carolina Zuluaga es partera contemporánea hace 12 años y en ese tiempo ha acompañado cerca de 600 alumbramientos. Desde que optó por parir en su casa, hace 13 años, se ha formado en un oficio diverso que hoy vuelve a estar en la coyuntura pública por cuenta de un proyecto de ley que busca regular el parto en casa y que está a la espera de ser discutido en el Congreso.

En entrevista con este diario, Zuluaga ahonda en las diferencias entre partería, parto en casa y el derecho a elegir dónde parir, analiza algunos puntos de la iniciativa legislativa, argumenta cómo se podría regular este tema y reconoce que lo que pasa en torno a este asunto es tan solo un ejemplo de las múltiples formas en las que el sistema oprime a los ciudadanos, en este caso, a las mujeres que buscan parir por fuera del hospital.

(Para conocer el proyecto de parto en casa que reposa en el Congreso, lea aquí)

Usted diferencia la partería, el parto en casa y el derecho a elegir dónde parir. ¿Qué se debe regular y qué no?

No creo que la palabra deber sea la que guíe esta discusión. Lo que pienso es que es muy complejo, con tanto desconocimiento, pretender regular la partería en Colombia dado que es un oficio con diversas formas de realizarse. Tenemos parteras tradicionales y parteras no tradicionales (llamadas contemporáneas o urbanas). En las primeras hay incluso una subdivisión más amplia porque hay parteras afro, campesinas, e indígenas. Las últimas, por ejemplo, practican la partería dependiendo de su comunidad, es decir, solo en la partería indígena hay más de 100 formas de acompañar un parto.

Entonces, es muy complejo regular un oficio llamado partería, a sabiendas que no es una técnica, no se puede generalizar y no se puede estandarizar. Más que opinar sobre si se debe o no se debe reglamentarla, la pregunta es cómo hacerlo con un oficio que se desarrolla de tan diversas maneras.

Lo otro es la reglamentación del parto en casa. Es una modalidad para parir fuera del hospital. Siento que estamos en un momento de mucho desconocimiento en Colombia frente a esa modalidad. Más aún, desconfianza para sacar el parto del hospital porque es una práctica que asocian con la idea de mujeres pobres que no tiene acceso al servicio de salud. Desde que no salgamos de ese concepto, que desconoce por qué muchas mujeres no optan por el parto clínico, estamos lejos de reglamentar algo.

Finalmente, está el derecho a elegir dónde parir, que está escrito a nivel de reglamentación. Sabemos que en la resolución 3280 hay todo un apartado en el que se habla de la autonomía de las mujeres, de la libre decisión de dónde dar a luz. No obstante, en ese mismo documento se contempla como única posibilidad el parto hospitalario y por ese vacío legal es que hay barreras de acceso para registrar a un recién nacido o solicitar licencias de maternidad. Esas barreras están porque no se concibe que esto exista.

(Lea también: Elegir dónde parir: la autonomía que les han negado a las mujeres)

¿Qué demuestran esas barreras de acceso para realizar ciertos trámites, para las mujeres que eligieron parir fuera de un hospital?

Que hay un desconocimiento total de la opción de parir en casa, y un rechazo a que esa opción sea válida, viable, segura y saludable, porque solo se concibe que la única forma de parir es a nivel intrahospitalario. Por eso digo que antes de lanzar un proyecto de ley, tendríamos que pensar en una primera fase de divulgación y capacitación para que las personas se enteren que esto ha existido desde siempre y que hoy en las ciudades hay una demanda de mujeres que requieren este servicio.

Usted menciona que hay un aumento de personas que buscan parir en casa, pero no hay cifras oficiales al respecto...

Puedo hablar desde mi experiencia. Seis años atrás, Alejandra Montes y yo acompañábamos partos en casa en Bogotá, desde la vertiente de partería contemporánea urbana. Juntas asistíamos un promedio de ocho partos mensuales. En esa época formamos cinco parteras más y hoy cada una atiende cerca de cinco partos mensuales, solo en Bogotá. Pero hace unos años me vine a vivir a la Costa Caribe. En conjunto con otra partera llamada Paola Rodríguez, atendemos tres o cuatro partos al mes. Este contexto muestra una tendencia, pero solo del círculo de parteras que yo conozco.

Faltan, por ejemplo, las que no identifico y las parteras tradicionales que acompañan partos en sus comunidades. Si lo comparamos con la cantidad de mujeres que paren en la clínica, somos minoría quienes elegimos este camino. Pero sí está en aumento, aún más en esta condición de pandemia. En abril y mayo de 2020 me llamaron muchas mujeres buscando un parto en casa porque no querían tener a sus hijos en una clínica. Los proveedores de salud materna en la institucionalidad son quienes más nos remiten mujeres que quieren parir en casa. La gente quiere vivir el parto como una experiencia amorosa y darle lo mejor a sus hijos y eso, lastimosamente, no lo están encontrando en la atención hospitalaria.

(Le puede interesar: La pelea de las mujeres por parir dignamente en pandemia)

A partir de esa última frase quiero insistir: ¿qué consideran las parteras urbanas es lo que se debe regular?

Si quisiéramos reglamentar algo, podríamos abordar las necesidades de la usuaria del sistema, que es la que decide si utilizar el servicio de salud o si quiere otro tipo de acompañamiento. ¿Por qué no podemos elegir sin estar estigmatizadas y encontrar barreras de acceso? Las parteras tenemos formatos establecidos de derechos de petición y tutelas para que les den las licencias de maternidad a las mamás que parieron en casa porque la respuesta del sistema a esas mujeres es que no tienen derecho a sus derechos por elegir esta opción. Es algo absurdo.

Entonces, ¿qué opina sobre el proyecto para regular el parto en casa que está a la espera de ser debatido en el Congreso?

Cuando una iniciativa surge, debe hacerlo desde la población que tiene una problemática porque es ese grupo de personas quienes mejor saben cómo formular esa necesidad social. Así las cosas, un proyecto tiene mucho sentido, en este escenario, si en algún momento un grupo de mujeres se une y le propone a una Unidad de Trabajo Legislativo un proyecto de ley para la libertad de elección del parto. Es decir, es muy diferente cuando un proyecto nace de quien tiene la necesidad, a que lo haga de una persona que no tiene ni idea del tema y que le propone a su UTL que investigue algo al respecto. Creo que si en algún momento las parteras nos vemos en la necesidad de reglamentar el parto en casa, nos reunimos nosotras y redactamos un proyecto de ley porque reconocemos la autonomía de la partería.

Pero todavía las parteras no se han puesto de acuerdo en si es necesaria la reglamentación...

Nunca se nos había ocurrido hasta ahora que surge el mencionado proyecto de ley porque no tenemos problemas mayores para desempeñar nuestro oficio. Realmente las barreras de acceso, como dije, son para las familias que optan por parir fuera de la clínica.

Es claro que el parto en casa es un privilegio porque no está dentro del sistema de salud, por ende quienes quieren acceder a él deben pagar de forma particular una atención que cuesta entre los tres y seis millones. ¿Qué opina?

Las mujeres que no pueden por temas económicos tienen, en muchas ocasiones, descuentos con las parteras. Con las familias hacemos trueques e intercambios para cubrir el costo del servicio. Lo que quiero decir es que no solo pare en casa quien tiene el dinero para hacerlo. Yo fui una de esas mujeres: en el primer parto que tuve en casa, hace 13 años, hice un trueque con el médico que me atendió y otra parte la pagué en dinero. Entonces no accede al parto en casa únicamente quien tiene el recurso.

(Conozca: Cómo es un un parto natural)

Sigue siendo un privilegio, incluso si ponemos a un lado el tema del dinero. Me refiero, por ejemplo, a que hay muchas mujeres que no conocen esta opción o ni siquiera la buscan porque no hay pedagogía ni información al alcance de todas...

Y eso es algo bien difícil. Hay una parte del proyecto que reposa en el Congreso que suena un poco fantasiosa. Dice que el Ministerio de Salud será el ente que promueva la posibilidad de parir en casa. Que el Estado lo hiciera sería lo ideal, pero siento que, como en todo, hay un montón de intereses. El sistema de salud no es la excepción. En ese campo también se mueven intereses económicos. Cuando trabajamos con la UTL del representante Jairo Cristancho en el proyecto de parto respetado, los primeros que se opusieron a la iniciativa fueron los médicos. Lo que ese gremio decía era que antes de hablar de parto humanizado debía primero reformar la salud. En resumidas cuentas, expresaban que no les podían hablar de una atención humanizada en el parto cuando la remuneración y el exceso de trabajo por el que deben responder tampoco es humanizado. Tenían toda la razón.

Ahora, eso no desconoce que hay médicos que decidieron cambiar su manera de atender los partos. Siguen trabajando a nivel hospitalario, pero están acercándose a las instituciones en las que trabajan para hablar de un modelo de atención de parto respetado verdadero. Tienen en cuenta propuestas que ha hecho la OMS desde 1986 para recomendar el parto vertical, en movimiento, de aplicar una epidural solo si la mujer lo necesita, de lo importante que es el acompañamiento para quien va a dar a luz. Que los médicos pongan el tema sobre la mesa ha sido, también, ganarse una guerra con sus propios colegas.

Volviendo al tema, ¿no cree que el parto en casa es un privilegio al que no pueden acceder la mayoría de mujeres en una sociedad tan desigual como la colombiana?

Pero hay mucha información a la mano para quienes estén interesados. Y no hablo solo de eso. El acceso a los servicios es un problema del sistema de salud, por ejemplo. Si hablamos de los formatos del servicio como las EPS, la salud prepagada y el Sisben, claramente tenemos un sistema de salud de privilegios. No hay una equidad ni universalidad en el concepto de la salud para todos los colombianos.

¿Por qué cree que haya tanta resistencia a sacar el parto del hospital? ¿Es el sistema el que está oprimiendo a las mujeres y les impide decidir sobre sus derechos reproductivos?

Total. Y es algo muy conveniente el control social para el sistema. Este tema, el derecho a elegir cómo y dónde parir, es simplemente un ejemplo de todas las dinámicas que tenemos de control y opresión que tiene nuestro sistema económico, educación, salud. Hacer un curso profiláctico para cientos de mujeres en el cual les informan que la diferencia entre cesárea y parto natural es que en el primero tiene en siete minutos al bebé en sus brazos, y con el parto natural duraba 18 horas y le dolían hasta los codos. Solo con esa información una mujer elige la cesárea. Y esos son los discursos que escuchamos todo el tiempo y que reciben las usuarias. Esto además desencadena en otra pregunta: no es solo recibir la información, sino qué contenido está a disposición de las mujeres. Entonces, es más fácil hacer eso, explicarle a la mujer cómo pare. Usted no pregunta, no siente, no piensa, no opina. Es una información que uno realmente se coge la cabeza porque habla de la obediencia total y de desconexión de la maternidad a través del aprendizaje de protocolos que son ideados para que el sistema, que es inhumano, medio funcione.

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