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Cuidar tiene cinco definiciones en la Real Academia de la Lengua Española: atender la solicitud de algo, asistir a un enfermo, discurrir, velar por la salud y vivir con advertencia. Ninguna de ellas traduce la realidad histórica impuesta a las mujeres por razón de su sexo: cuidar del hogar (y las tareas que derivan de esto). Y el problema de nombrar se ve reflejado en la desatención del aparato estatal para diversificar ese trabajo y convertirlo en una responsabilidad de todos. La Comisión Interamericana de Mujeres de la Organización de los Estados Americanos (CIM/OEA) publicó el informe Emergencia global de los cuidados, con el que reconoce el problema y da recomendaciones a los países de la región sobre buenas prácticas. Alejandra Mora, su secretaria, habló con El Espectador sobre qué significa poner los cuidados en el centro de las agendas para la activación económica pospandemia.
Desde la pandemia la frase “aumentaron las tareas del hogar” acompaña la infaltable “nueva realidad”. ¿Qué develó el aislamiento preventivo en cuanto al trabajo doméstico?
Los países de la región, entre ellos Colombia, venían avanzando en la contabilización sobre el tiempo que hombres y mujeres destinaban al espacio privado. Más o menos las cuentas daban que las mujeres dedicaban entre 40 y 45 horas a la semana a las tareas del hogar, comparadas con las 15 horas de que tenían los hombres. Ese era el punto de partida, pero con la llegada de la pandemia todo cambió debido a que las medidas sanitarias trasladaron el mundo de lo público a las casas. Hay unos puntos que destacamos como la educación en el hogar, el teletrabajo, la situación de las mujeres que trabajan en los servicios esenciales y las que hacen trabajos domésticos remunerados, el cuidado de las personas mayores que tenían cierta independencia para hacer sus compras, pero ahora por prevención no lo pueden hacer, y, por último, la salud mental de aquellas que están atendiendo todas estas obligaciones desde la soledad y sin ayudas.
En el informe se habla del término de la “inelasticidad del tiempo”...
Todo lo que hemos venido señalando (educación en casa, teletrabajo, cuidado de las personas, compras, desinfección de los alimentos, etc.) hace que la elasticidad que tenían las mujeres de atender las responsabilidades del mundo de lo privado, a la vez que lo hacía en el mundo de lo público, se pierda. Ese tiempo se volvió inelástico. Ya no hay forma de introducirles una obligación adicional en el hogar.
¿Y cómo lograr que las mujeres vuelvan a tener esa elasticidad?
Hablamos de un concepto que nos parece básico, que es promulgado por la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (Cedaw). Se trata de la corresponsabilidad, entendiendo que la educación, el cuidado de las personas y resolver las necesidades básicas de quienes depende una familia son tareas de responsabilidad colectiva.
La corresponsabilidad requiere aliados, ¿cuál es el rol de los hombres, el Estado y las empresas?
Cuando hablamos de corresponsabilidad nos referimos a nuevos actores que deben tener un mejor rol con las tareas del cuidado. Los primeros, sin duda alguna, son los hombres. No se puede seguir pensando que el cuidado de la familia es un tema inherente y asociado con la naturaleza de las mujeres. Hombres y mujeres hemos requerido el cuidado, lo requerimos y lo demandaremos en un futuro. Por eso el punto de inflexión de llamarlo un derecho, en el que el Estado entra a jugar, porque es el gran soporte y garante de los derechos de las personas y debe proveer servicios esenciales de cuidado. Es decir, servicios que piensen en las necesidades de las familias en términos de jornadas laborales, lugares de cuidado de menores y adultos mayores dependientes. Esto hay que pensarlo no solamente como una acción a favor de las mujeres, sino en términos de reactivación de las economías quebradas.
¿En qué sentido pensar los servicios sociales esenciales en pro de las economías?
La reactivación de las economías requiere la participación del talento humano femenino. Por eso es tan importante entender los cuidados como un trabajo y como un elemento que provee valor económico en las cadenas productivas.
También: El peso del desempleo en contra de las mujeres.
¿Qué significa incluir el cuidado en las cadenas de valor productivas?
Que cada eslabón va generando y posibilitando que otro pueda trabajar. Lo que pasa es que los cuidados no remunerados nunca han sido incluidos en esa cadena y es importante hacerlo, porque tenemos que entender que cuando Alejandra está sentada respondiendo esta entrevista es porque otras personas le están cuidando a los adultos mayores o a los hijos. El Estado y las empresas deben considerar esto.
Hablábamos de corresponsabilidad y quedó pendiente el rol de las empresas...
Siguiendo el hilo de las cadenas de valor y la corresponsabilidad, las empresas tienen que preguntarse dónde están los trabajadores, cómo llegan a trabajar, en qué condiciones lo hacen y cómo resolvieron los cuidados. Conociendo estas circunstancias, deben otorgar licencias, flexibilización laboral y brindar otras soluciones como subsidios para reconocer el valor del trabajo de los cuidados no remunerados en toda la estructura laboral. También hay que pensar que muchas veces las jornadas parciales, presentadas como una solución, son muy difíciles en términos de ingresos que no solucionan las necesidades de las familias. Con esto se va reproduciendo más la lógica de la feminización de la pobreza, que se exacerba en los hogares liderados por mujeres. Nosotras reivindicamos que los cuidados son el eje transversal de la sociedad y de las economías, y serán un determinante enorme para la reconstrucción pospandemia que tendrán los países.
¿Qué significa para las mujeres que en los países de la región crezcan más los índices de pobreza por cuenta de la pandemia?
Si las mujeres cabeza de familia no tienen trabajo remunerado porque no cuentan con los medios para delegar los cuidados, estos hogares tendrán una mayor tasa de precarización de la pobreza. También, hay que analizar que la fuerza laboral femenina ocupa, mayoritariamente, trabajos de servicios, afectados fuertemente por la pandemia, o que una gran mayoría de mujeres estaban en la informalidad. Sin contar, por supuesto, aquellas que contaban con un trabajo doméstico remunerado, pero fueron sacadas porque las burbujas familiares empezaron a atender todos los cuidados y desplazaron a quienes no pertenecían a dicha burbuja.
En el informe ustedes recomiendan que el cuidado no debe ser un “tema más de agenda”, sino el centro. ¿Cómo ve a los países de la región, especialmente a Colombia?
Hay países que ni siquiera han considerado el tema y en otros, en efecto, lo trabajan de forma periférica. La solicitud clarísima es para que sea el mainstream, el centro del diseño de la política pública. Desde la OEA hemos llamado esta situación como una emergencia global de los cuidados, que requiere la atención inmediata de los Estados.
Hablar de cuidados es atacar los estereotipos que vinculan a las mujeres, por razón de su sexo, a las tareas del hogar. Las instituciones, entiéndase el Estado, son los principales replicadores de estos prejuicios. ¿Es posible entonces que desde los Estados se planteen políticas públicas y acciones para reconocer este trabajo y la necesidad de hablar de corresponsabilidad?
Hay un tema estructural asociado con los estereotipos de género. Uno de los pasos es analizar datos y poner sobre la mesa el concepto de la inelasticidad del tiempo de las mujeres. Con solo ver cómo distribuyen el uso del tiempo, se reconoce, en primer lugar, el problema. Lo otro es generar profundas reflexiones en y sobre los hombres, y la necesidad que hay de que asuman corresponsabilidad. Nosotras lo llamamos conciliación de lo productivo con lo reproductivo, y produce tremendas transformaciones con relación a la paternidad responsable y nuevos modelos de masculinidad. Y bueno, está el reto del Estado de poner el tema como un asunto transversal y central.
En Colombia congresistas y un grupo de ciudadanos están exigiendo una renta básica. Señalan que esta iniciativa beneficiaría a las mujeres. ¿Qué piensa al respecto?
La renta básica es la figura idónea para compensar la pobreza de las que las mujeres son objeto y que, por cuenta de la pandemia, las que eran pobres, ahora están en la pobreza extrema. Para poder identificar a quién se le entrega esta renta hay que poner indicadores que permitan hacer un sistema de prelación con las mujeres. Esos indicadores son ’no trabaja porque cuida’ o ’jefatura de hogar’. Si estas no se encuentran como indicadores, entonces muchos beneficios llegarán a los hombres y no a las mujeres. Lo otro que hay que hacer es un sistema de información que legue a las mujeres, usando la radio y otros instrumentos de información a los que ellas acceden mejor. Y también hay que solucionar la brecha digital que tienen porque muchas no pueden llenar los formularios correspondientes porque no tienen las herramientas para hacerlo.
