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Van 50 años del fallecimiento de Mariano Ospina Pérez: el conservador de “unidad nacional”

El expresidente buscó promover su visión de país superar el sectarismo partidista, sin mayor éxito. También se enfrentó a la creciente violencia política que derivó en el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, con el “Bogotazo”, y la declaración de un estado de sitio hasta el final de su mandato con el que cerró el Congreso y censuró a la prensa.

Redacción Política

14 de abril de 2026 - 09:15 p. m.
El expresidente conservador Mariano Ospina Pérez falleció el 14 de abril de 1976 en Bogotá.
Foto: Gustavo Torrijos Zuluaga
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Cuando Mariano Ospina Pérez murió el 14 de abril de 1976, quienes fueron sus opositores lo describieron como un “hombre sencillo”, un “político tradicional” y un “estadista destacado”. En un discurso, el entonces presidente Alfonso López Michelsen afirmó que “si se [seguían] sus pasos, no se [iba] a perder el camino”. 50 años después, su hija, María Clara Ospina, la única mujer entre cinco hermanos (Mariano, Rodrigo, Fernando y Gonzalo), quiere que recuerden a su padre como una persona íntegra, buena, cuyo legado todavía repercute en la Colombia actual, atravesada por la polarización.

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El expresidente de Colombia, quien tuvo el respaldo del Partido Conservador para ascender al poder en 1946, fue homenajeado este martes en una ceremonia oficiada por el cardenal Luis José Rueda Aparicio y en la que María Clara dio un discurso en el que recordó cómo su padre tenía “un amor profundo por cada sentido de la patria”. El político antioqueño llegó a la Casa de Nariño en un momento difícil de la violencia bipartidista, que lo llevó a gobernar bajo estado de sitio en los meses finales de su gobierno, y tuvo que enfrentar uno de los eventos más representativos de las escaladas tensiones en el país: el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán —quien había sido su contendor en las elecciones— el 9 de abril de 1948 y el estallido de “Bogotazo” que se extendió por casi todo el país.

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En esa ola de violencia, Ospina Pérez insistió en una de las propuestas que lo llevaron al poder, el de la Unidad Nacional, una visión de país que buscaba alejarse del sectarismo de los partidos. Nunca tuvo mucho éxito. En medio de esa ola de violencia, que sacudió a todo el país, jefes del Partido Liberal que fueron a Palacio le pidieron la renuncia para calmar los ánimos de la ciudadanía, pero su respuesta fue contundente: “Para la democracia colombiana vale más un presidente muerto que un presidente fugitivo”.

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“La Unión Nacional será una política inalterable bajo mi gobierno. (…) Ella no sufrirá cambio alguno, cualesquiera que sean las vicisitudes de la política y la actitud que adopten los partidos o sus conductores frente al órgano ejecutivo del poder”, afirmó en un discurso en 1947 ante el Congreso.

El tranvía que recorría parte de Bogotá fue incendiado por la multitud enardecida del "Bogotazo", como lo registra esta foto de Manuel H. Rodríguez.
Foto: Manuel H. Rodríguez

Se trata de un mensaje que sigue haciendo eco en Colombia. El primer gobierno de izquierda pura en el país llegó a la Casa de Nariño buscando un “acuerdo nacional”, que llevó, incluso, al presidente Gustavo Petro a dialogar con su opositor directo, el exmandatario Álvaro Uribe. Ese objetivo perdió fuerza en el Ejecutivo entre las declaraciones de elevado tono del mandatario contra la institucionalidad y las pullas de la oposición. Y es por ello que la polarización sigue atizando el panorama electoral, en el que varias candidaturas presidenciales han hecho de la “unidad” su lema, casi bajo la misma línea de Ospina Pérez.

El entonces presidente se formó para ser ingeniero de minas, pero creció rodeado por la política. Su abuelo, Mariano Ospina Rodríguez, fue fundador del partido con el que tanto Ospina Pérez como su tío, Pedro Nel Ospina, llegaron a la Presidencia.

Contrario a los deseos de su padre, Tulio, comenzó su trasegar político desde joven. Hizo parte del Concejo Municipal de Medellín y de la Asamblea Departamental de Antioquia en dos ocasiones. Pero también se desempeñó en otros cargos: en 1919 fue nombrado superintendente del Ferrocarril de Antioquia, en 1921 dirigió la Escuela Nacional de Minas de Medellín —que anteriormente encabezaron su tío y su padre—, y gerenció la Federación Nacional de Cafeteros entre 1930 y 1934, tiempo durante el cual también presentó el proyecto de ley para crear la Caja Agraria.

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Al escenario nacional llegó en 1922, cuando se desempeñó como senador por su departamento y llegó a convertirse en una de las caras más visibles de la bancada del Partido Conservador. Ahí ya era evidente su deseo de convertirse en presidente y lo logró tras la selección de la misma colectividad en 1946 y se enfrentó a un Partido Liberal dividido. Con 565.939 votos se convirtió en el jefe de Estado, superando a los dos candidatos liberales: Gabriel Turbay (441.199) y Gaitán (358.957).

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Su hija describe su paso por la Presidencia como conectada con “una doctrina social cristiana comprometida con la justicia con los trabajadores” y una mirada para potenciar el campo, especialmente en materia cafetera: “Tantas cosas que se hicieron, que ahora pretenden que no se habían hecho, y se hicieron desde ese momento”, le dijo a El Espectador.

María Clara Ospina es la hija de Mariano Ospina Pérez y Bertha Hernández.
Foto: Gustavo Torrijos Zuluaga

Eso incluyó el decreto 2474 de 1948 y el 3871 de 1949, con los que se introdujo la participación de los trabajadores en las utilidades de las compañías y la creación de la prima de servicios. También estuvo presente en el desarrollo del Código Sustantivo del Trabajo, que se aprobó a solo dos días de dejar la Casa de Nariño y sentó las bases de lo que hoy es Ecopetrol. Además, supervisó la creación de la Caja de Crédito Agrario, Industrial y Minero, así como del Ministerio de Trabajo, Higiene y Previsión Social.

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Pero tampoco estuvo libre de polémica. Las tensiones que derivaron del “Bogotazo” intensificaron la violencia política y más de un año después del asesinato de Gaitán, ocurrió otro hecho que sacudió al país: el 9 de septiembre de 1949, tuvo lugar el atentado en el Congreso contra el legislador de Boyacá Gustavo Jiménez, en el que fue herido el exministro Jorge Soto del Corral y quedó en estado vegetativo.

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Ese mismo día, Ospina Pérez firmó el decreto 3513, con el que declaró un estado de sitio, que la Comisión de la Verdad califica como una “dictadura civil”. Desde ese momento hasta el final de su mandato, fue suspendido el Congreso en el que el liberalismo promovía un juicio político en su contra, así como las sesiones en las Asambleas Departamentales y los Concejos Municipales, y gobernó a punta de decretos ley. Hubo censura a la prensa, con militares apostados en las salas de redacción y para esos días, el periódico El Espectador se publicaba con un aviso de “censura en esta edición”, con los nombres de los funcionarios que habían tenido mano en la obstaculización a la libertad de prensa. Para las elecciones del 27 de noviembre de 1949, únicamente el Partido Conservador tuvo participación y resultó elegido Laureano Gómez.

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Foto: El Espectador

El expresidente no abandonó la política. Se mantuvo en la dirigencia de su partido —con figuras como Misael Pastrana Borrero bajo el ala “ospinista”— y apoyó, en un inicio, la dictadura de Gustavo Rojas Pinilla, presidiendo la Asamblea Nacional Constituyente. Luego le retiraría su respaldo, pero sí estuvo a favor del cuestionado Frente Nacional, fiel a su posición de acabar con el sectarismo partidista. Para su hija, se trata de valores que reflejan el compromiso que tuvo con el país al que “le entregó su vida” y que los políticos de hoy deben considerar.

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“Que haya personas de honestidad, que no nos mientan los líderes, que no inventen. Que se comporten como líderes, nos hagan sentir orgullosos, que no salgan vestidos como de camiseta, como unos locos cualquiera. Es que representan un país muy digno. Entonces, la dignidad se ha perdido y la verdad se ha perdido. Nunca le oí decir una mentira a mi padre, y eso se puede chequear en sus discursos, nunca mintió y nunca insultó”, respondió María Clara ante la pregunta del legado que cree que deja su padre en el actual panorama político.

A medio siglo de la muerte del expresidente conservador, su familia hace un llamado a los líderes políticos para hacer de “Colombia una causa personal”. El mismo cardenal Rueda recordó que, ante el panorama político actual, “lo que está en juego es el futuro de las generaciones venideras”.

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