24 Nov 2021 - 1:57 a. m.

“No pudieron hacer trizas el Acuerdo, aunque lo quisieron”: Juan Manuel Santos

El expresidente hizo un balance de la implementación a cinco años de la firma del Acuerdo de Paz y respondió a los cuestionamientos sobre este.

Juan Sebastián Lombo

Periodista Política

Javier González Penagos

Periodista Política
A cinco años de la firma en el Colón, Santos destacó los avances en comparación con otros acuerdos. / Gustavo Torrijos
A cinco años de la firma en el Colón, Santos destacó los avances en comparación con otros acuerdos. / Gustavo Torrijos

El 24 de noviembre de 2016, hace cinco años, el entonces presidente, Juan Manuel Santos, y Rodrigo Londoño, conocido en la guerra como ‘Timochenko’, firmaron en el Teatro Colón lo que se conoció como el nuevo acuerdo de paz. Aunque con estas dos rúbricas se ponía fin a un conflicto de más de 50 años entre el Estado y las Farc, la alegría no era la misma a la del 26 de septiembre, cuando en Cartagena, en una fastuosa ceremonia, se firmó el acuerdo final. La derrota en el plebiscito y la renegociación, lo que incluyó adoptar 48 de las 50 reformas propuestas por el uribismo y los líderes del No, hizo que la jornada no tuviera el optimismo esperado.

Cinco años después de este encuentro, con un gobierno uribista y unas elecciones presidenciales a menos de seis meses, la situación es muy diferente a la de esa jornada. La implementación, para muchos, va a media marcha y más de 300 exmiembros de las Farc han sido asesinados desde la ceremonia en el Colón hasta hoy. En este complejo panorama, el expresidente Santos habló con El Espectador sobre el proceso de paz que dejó, la aplicación de este y su visión sobre lo que ha hecho su sucesor en sus tres años de gobierno. Aunque reconoce que son muchas las deudas frente a lo que está en el papel, celebró el nuevo impulso que desde el Ejecutivo se le ha dado al acuerdo en los últimos días.

Vea todo el especial de los cinco años de la firma del acuerdo de paz

A cinco años del Acuerdo de Paz, ¿cuál cree que es el balance?

A los cinco años la mayoría de los acuerdos de paz que se han firmado han fracasado. El hecho de que este siga avanzando es de por sí un gran logro. Yo diría que el que más del 95 % de los exguerrilleros sigan en el proceso es un logro muy importante. Es un porcentaje mucho más alto que cualquier acuerdo del pasado reciente. Uno coge el sistema de justicia, que es el sistema vertebral del Acuerdo en cuanto a los derechos de las víctimas, y ve que la JEP ya tiene siete macrocasos con más de mil comparecientes. La Comisión de la Verdad ha escuchado a más de 25.000 personas y eso nunca había sucedido con otro acuerdo de paz. El reconocimiento internacional también. Voy a dar un dato. El Consejo de Seguridad de la ONU ha aprobado por unanimidad más resoluciones apoyando el acuerdo de paz en Colombia que cualquier otro evento desde que se creó. El logro de haber recogido semejante apoyo y la cantidad de vidas que se han salvado por terminar la guerra es una causa muy importante para celebrar.

¿Y lo que falta?

Yo diría que lo más grave es la parte de seguridad. Los asesinatos de los excombatientes, que van en más de 300. También está la seguridad de los líderes sociales, que de una u otra forma tienen que ver con la implementación de los acuerdos. O sea, ahí el Estado ha fallado. La no implementación del punto número uno, el de la reforma rural integral, que para mí es muy importante. Es una deuda que tiene Colombia con el campo y los campesinos desde hace 200 años. Lo que ha sucedido con el retroceso en el punto cuatro, en la lucha contra las drogas, con la sustitución voluntaria. Eso comenzó muy bien, pero se suspendió y ahora hay retrasos ahí. Y falta la implementación de aspectos muy importantes como los capítulos que tienen que ver con las etnias, el género y la reforma política.

Los demás acuerdos, como el del M-19, Epl, entre otros, no llegaron a ser tan profundos y ambiciosos en el impacto social. ¿Se equivocaron en la escala en que se planteó este acuerdo?

No, todo lo contrario. Lo hicimos adrede. Este no es un acuerdo para simplemente desarmar a las Farc, que ya está desarmadas y no existen. Ese es un logro monumental. Pero lo que quisimos hacer fue aprovechar esta coyuntura para introducir cambios estructurales en la sociedad, en la política y la economía colombianas. Por eso introdujimos tantas reformas y por es el propio Instituto Kroc el que dice que este es el acuerdo más ambicioso, más integral y más profundo que jamás se haya firmado. Otro aspecto ambicioso, quizás demasiado, fue lo que hicimos con las víctimas. Porque reparar más de nueve millones de víctimas es una labor titánica. Vamos en más de un millón y eso es más que cualquier otro acuerdo en la historia del mundo, pero nos falta muchísimo camino por recorrer. Lo que hemos vividos es por ser víctimas de la ambición y el éxito. Siempre nos van a criticar por no avanzar a la velocidad que la gente quisiera.

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Cinco años después se sigue replicando el discurso del uribismo en contra de lo pactado en La Habana, ¿qué les faltó hacer para que no tuviera tanto impacto?

Ese discurso es eminentemente político. Ellos han querido aprovechar esta situación políticamente. Todos los acuerdos de paz se traducen en una decisión de dónde traza uno la raya entre justicia y paz. No importa dónde se trace esa raya, siempre habrá unos que quieren más justicia y unos que quieren más paz. Siempre habrá motivos para criticar los acuerdos de paz. En esta ocasión, infortunadamente, agarraron este caballito de batalla por razones políticas. Porque, cuando vino lo del no y el plebiscito, reconocimos la derrota y seguimos al pie de la letra lo que la Corte Constitucional había establecido de que si se pierde el plebiscito se puede renegociar un acuerdo pero que no se puede volver a refrendar con un plebiscito sino hay que seguir el camino que establece el camino que fija la Constitución y las leyes. Y eso fue lo que hicimos.

Convocamos a los líderes del No, Uribe, Pastrana, los pastores y los obispos, y les dijimos qué quieren cambiar. Hicimos muchas reuniones, se estableció una matriz de 50 puntos, de los cuales 48 logramos convencer a las Farc que los aceptaran. De 50, 48. De manera que, ¿dónde están las razones para oponerse a este acuerdo? Pero, como políticamente resulta atractivo decir que le estábamos entregando el país a las Farc pues eso lo han venido utilizando. Pero eso es un sofisma. No hay bases reales para esa división. Por eso, ojalá que ahora, que Duque se ha declarado pro paz y pro acuerdos, podamos unirnos en torno a la implementación. Porque ahí en el acuerdo están las soluciones que este país necesita.

A propósito del plebiscito, que usted ya ha dicho que fue un error, ¿no se le dio vida al uribismo con este?

No, ellos iban a encontrar cualquier razón. Lo del plebiscito lo hice porque había sido una promesa que yo hice al comienzo del gobierno. Cuando comencé el proceso dije que eso lo íbamos a someter a una refrendación y eso fue lo que hice en contra de la voluntad de mucha gente. Las Farc no querían, muchos de mis funcionarios tampoco, y era por el peligro que existía porque los referendos son inmanejables. Aprendí la lección. Se sabe lo que pasó durante el plebiscito, todas las mentiras que dijeron.

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Voy a contar una anécdota. La iglesia se vino lanza en ristre contra el acuerdo, los sacerdotes estaban promoviendo el No porque estaban convencidos de que se estaba metiendo la ideología de género en los acuerdos. Y cuando yo los convoqué les dije que les daba este esfero para que tachen lo que quieran y se quiten en la cabeza lo de la ideología de género y me respondieron que no necesitaban cambiar nada. Nosotros creímos que lo que se estaba diciendo, entre ellos por el procurador Ordóñez, era verdad pero revisamos bien el acuerdo y resulta que no tenemos que cambiar absolutamente nada.

A usted le han criticado que firmó el Acuerdo, hasta recibió el Nobel, pero hubo poca implementación en su gobierno, ¿es así?

Yo me arrepiento de no haber negociado los cinco puntos de la agenda de forma simultánea sino de forma secuencial. Eso demoró mucho la terminación de las negociaciones. Me quedó muy poco tiempo para poder implementar dentro de mi gobierno muchas de las cosas que me hubiera gustado implementar. Me hubiera gustado que el siguiente gobierno hubiera seguido con ese ímpetu y énfasis, pero todos sabemos por qué no lo hicieron, pero efectivamente tuve poco tiempo de implementar.

Ya que habla del actual gobierno, ¿cuál es el balance que usted hace de lo que se ha hecho en estos tres años frente a la implementación?

En este momento estoy muy contento porque el Gobierno, en concreto el presidente Duque, ahora se montó en el tren del Acuerdo y está diciendo que hizo más que el gobierno anterior para implementarlo. Bienvenido, me llena de satisfacción lo que está diciendo. Yo sería la persona más contenta y satisfecha si eso se concretara en hechos. De manera que esa voluntad es un paso importantísimo, por ejemplo la firma que hizo con el fiscal de la CPI para apoyar a la JEP. Aplaudo que por fin el presidente Duque se convenció de que esto es lo mejor que le puede pasar a él y al país.

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Usted menciona el acuerdo con la CPI, pero, ¿no es peligroso para la implementación que se haya cerrado la investigación preliminar?

Yo lo interpreté por el lado positivo. Este es un reconocimiento a que la JEP efectivamente ha asumido los casos que la corte penal internacional tenía entre el tintero. Como contraprestación suspenden la investigación y firman ese acuerdo, que me parece que es muy importante. Es el Estado con la Corte penal comprometidos a implementar los acuerdos y apoyar la justicia especial de paz que tanto han criticado algunos.

¿No siente que se está haciendo trizas o se hizo trizas el Acuerdo?

No pudieron hacer trizas el Acuerdo aunque lo quisieron. Este es un tren que quisieron descarrilarlo y detenerlo, pero el tren cinco años después sigue y sigue avanzando. Está blindado jurídicamente y la comunidad internacional mantiene su apoyo con entusiasmo. De manera que no pudieron.

Afirmó que hubo un intento por descarrilar el Acuerdo, pero, ¿considera que hay algo que rescatar de este gobierno sobre lo implementado?

Yo pienso que el Gobierno ha querido promover los planes de desarrollo con enfoque territorial, los llamados PDET. Ha querido que estos planes se conviertan en realidad. De pronto ha faltado un poco de coordinación para que la ejecución sea más alta. Yo hubiera querido que fuera más alta. El Gobierno salió a decir que han logrado 14 planes, y efectivamente así fue, pero es que nosotros les dejamos 12 en un 95 %. Hay que recordar que estos planes se diseñaron para que las comunidades sean las que prioricen las inversiones y planes y que sea un proceso de abajo para arriba. Eso se logró y ojalá se puedan ejecutar con mayor eficacia y creo que todavía faltan siete planes por aprobarse.

¿Les reclama a los antiguos aliados del Congreso haberse alejado del proceso de paz y de la implementación?

Yo diría que el Congreso se lavó las manos con el acuerdo y no estaba tan interesado. Varios de los que aprobaron los acuerdos después no aprobaron la jurisdicción agraria y no aprobaron con entusiasmo las circunscripciones de paz para las víctimas en las zonas de conflicto. Me hubiera gustado que tuvieran más coherencia en el apoyo que le dieron al acuerdo cuando se negoció.

Ha sido un mantra suyo dejar gobernar a su sucesor. Pero, tratándose de un gobierno uribista, ¿el hecho de que usted se haya marginado de la política afectó la implementación?

Yo lo hice deliberadamente por una razón: estoy de acuerdo con lo que dice el presidente Duque de que este acuerdo no es de nadie sino de todos los colombianos. Este no es el acuerdo o la paz de Santos, es de todos, y yo quería que esto fuera así. Por eso, cuando vino el papa Francisco después de los acuerdos yo tenía una palomita que nunca me la quité durante las negociaciones y se la entregué. Le dije se la doy agradecido con todo lo que usted hizo por este acuerdo y porque esta palomita tiene que volar sola. Mucha gente le va a disparar pero debe volar sola y afortunadamente el acuerdo está volando solo.

Hablando con Rodrigo Londoño, este dice que en 2022 se vivirá un nuevo plebiscito en el que se escogerá seguir con la implementación o 50 años más de guerra. ¿Es correcto?

Yo no sería tan radical, no creo que ellos vayan a volver al monte, lo han dicho en todas las formas. Veo una gran oportunidad para acelerar la implementación y trabajar en muchos de los problemas que estamos viviendo. Por ejemplo, el problema de la falta de control territorial en las zonas de conflicto. Eso estaba previsto en el acuerdo en detalle y de la noche a la mañana lo dejaron marchitar. Esa es la razón por la cual hoy en esas zonas se están cometiendo tantos asesinatos en contra de los excombatientes y líderes sociales. Hay que hacer un cambio en la forma en la que se mide nuestra política de seguridad. Ya no puede ser con los mismos parámetros que medíamos cuando estábamos peleando con las Farc: guerrilleros capturados o muertos, o cuántas hectáreas hemos logrado erradicar forzosamente. Lo que hay que hacer es cuántas medir por las zonas que se han recuperado para que el Estado sea quien la controle y no las bandas criminales o grupos armados.

Sin tratar de meterlo en política, ¿el 2022 es una suerte de plebiscito para recuperar la senda de la implementación?

No lo creo, por una razón muy sencilla. Cualquiera que sea el presidente, sin importar su extracción política, sería muy estúpido y miope no aprovechar esta coyuntura para implementar los acuerdos pues, como he dicho, allí están buena parte de las soluciones a los problemas. El punto número uno soluciona en el campo el problema de la iniquidad, de la pobreza, de algo que debe avergonzarnos, ya que somos el país con la peor distribución de la tierra prácticamente del planeta. Ahí tenemos una solución maravillosa. O el tema de las drogas, dado que el enfoque más pragmático, realista y con enfoque de salud pública está en los acuerdos, pues le damos alternativas a los campesinos que viven de la coca alternativas. Esa es la única solución. Cualquiera que llegue y no se dé cuenta de eso estaríamos en serios problemas?

¿No lo trasnocha que llegue otro gobierno uribista frente a la paz?

Pero si estamos viendo el presidente uribista diciendo que él está implementando la paz con mayor entusiasmo y énfasis que el gobierno anterior, eso nos da una indicación de lo que vendría en un nuevo gobierno uribista. Si uno lee lo que el vocero del gobierno uribista escribió pues uno se queda tranquilo, porque dice que hay que construir sobre lo construido y saca pecho por todo lo que se ha hecho a favor del proceso de paz. Eso me llena a mí de optimismo.

Usted menciona el control territorial, pero una de las críticas que se ha hecho es que usted comenzó, de forma muy rápida, el desmonte del Ejército pensando en el posconflicto. ¿Se apresuraron a transformar el Ejército para una realidad que no se había dado?

Esa crítica, como tantas, no tiene ningún asidero y no es verdad. Todo lo contrario. Nosotros con el general Mejía y el general Naranjo, que era mi vicepresidente, desplegamos más de 4.000 pelotones a la zona de conflicto con instrucciones precisas de que no solo fueran a ejercer las funciones de fuerza pública, sino tratar de organizar las comunidades para que participaran de las discusiones sobre los PDET. Y eso cuando hubo cambio de gobierno lo desmantelaron. No es cierto que hayamos debilitado el Ejército. Todo lo contrario, el Ejército estaba en su pleno esplendor y con un gran prestigio a nivel nacional e internacional. Una de las últimas reuniones de Naciones Unidas el secretario de Estados de Estados Unidos John Kerry me dijo que ojalá se tuvieran más ejércitos como el colombiano para desplegar en las misiones de paz, porque el hecho de que estuvieran protegiendo a las Farc, sus antiguos enemigos, eso dejó muy sorprendido al mundo.

¿No era contraproducente dejar una labor civil a un cuerpo militar?

No, porque es que en esos lugares no había presencia de ninguna naturaleza. Entonces lo que había que hacer era dar la seguridad mínima para que el resto del Estado entrara y pudiera hacer presencia. Es que en esas zonas se había estado ausente, no por años, sino por décadas.

Usted ha mencionado los avances en la justicia transicionales, la JEP y la Comisión de la Verdad, pero en la opinión pública hay una queja de que se han tomado mucho tiempo. ¿Ha faltado mayor celeridad o los tiempos son acordes a un conflicto de 50 años?

Uno de los defectos de este acuerdo, yo lo he dicho y hasta es culpa mía, fue haber permitido que los procedimientos de la justicia fueran demasiado engorrosos. Eso ha significado cierta lentitud para que el sistema tome decisiones y falle. Pero, comparen cualquier acuerdo, en cualquier parte del mundo, y vean si en tres años largos, porque eso es lo que realmente lleva la JEP, se ha avanzado lo que ha avanzado esta justicia. Se ha avanzado muchísimo más que en cualquier otro acuerdo y con un ámbito mucho más amplio. Si se va desde la segunda guerra mundial, con los tribunales de Nuremberg y Tokio, y los tribunales de Ruanda y Yugoslavia, lo que se demoraron para fallar es un tiempo mucho más largo de lo que no estamos demorando, con un factor adicional: somos el único acuerdo que el sistema es producto de un pacto. Los otros tribunales han sido impuestos por los vencedores y los organismos internacionales. Es un gran logro que da la razón de que seamos precedente y en todas partes nos piden explicar lo que nosotros hicimos.

¿Qué tan cerca o lejos se está de la reconciliación y construcción de verdad, que es el corazón de este acuerdo?

La verdad duele muchas veces y es difícil de aceptar, pero es una catarsis por la que tenemos que pasar los colombianos. La reconciliación puede tomar generaciones y es un proceso lento. Curar y sanar las heridas de 50 años de guerra no se hace de un día para otro. Hay que cambiar percepciones, odios y sed de venganza por sentimientos más positivos. Eso no se hace de la noche a la mañana. Pero si vemos hijos de exparamilitares y exguerrilleros jugando fútbol, o cantando juntos, eso va cambiando las cosas. Y en eso hay que perseverar.

Ya que menciona que la reconciliación es cuestión de tiempo. ¿No cree que se le dio muy poco tiempo a la comisión de la verdad?

La Comisión de la verdad tiene una tarea casi que imposible, resumir en un informe la verdad de un conflicto de más de 50 años. Tienen que ser muy selectivos para hacer algo simbólico y muy equilibrado. Pero lo que han hecho ha sido muy importante por las cantidad de audiencias que han tenido. Esa verdad libera. Voy a contar una anécdota sobre este tema. Yo estaba muy prevenido con las víctimas al comienzo del proceso, pensé que iban a ser las más duras en aceptar la justicia transicional, es decir, entregarle beneficios legales a sus victimarios. Pero un profesor me aconsejó que hablara con las víctimas, que me iban a reenergizar y dar la fuerza para seguri adelante. Y ellas me contaban unos dramas terribles y me dejaban espeluznado. Pero al final me decían no desfallezca, continúe. Y les decía, ¿ustedes están de acuerdo en darle beneficios a la gente que les hizo esto?, ¿por qué esa generosidad? La respuesta de ellos es que no querían que otros sufran lo que ellos sufrieron. Eso fue para mí una lección de vida. Eso es lo que hay que hacer, seguir reconciliando y curando heridas.

Si tuviera la oportunidad de hablar con Iván Márquez y otros que volvieron a las armas, ¿qué les diría?

Todos sabemos por qué se fueron del acuerdo. Estaban acusados de estar traficando droga después de la firma. Santrich fue el primero y como había un sobrino de Iván Márquez, pues se decía que este último era el segundo de la operación. Por eso se fueron, no por otra razón. Los miembros de las disidencias no son exguerrilleros de las Farc. Son personas de esas zonas que por falta de oportunidades, sobre todo por la pandemia, fueron reclutados, al igual que están siendo reclutados por otros. No es por el acuerdo, es por otras razones. Entonces yo les diría que la violencia no les van a llevar a ningún lado y tarde o temprano van a terminar en una tumba o una cárcel. Por eso es mejor dejar las armas y buscar la paz.

Néstor Humberto Martínez fue una persona muy importante en su gobierno, superministro, y después tuvo su guiño para ser fiscal general, pero este fue uno de los que más trabas le puso al proceso de paz en sus primeros años...

Yo preferiría no comentar sobre Néstor Humberto Martínez a estas alturas. Pero póngamolo de esta forma: no contribuyó a consolidar el proceso de paz.

¿Cómo ve el cumplimiento al proceso de paz que ha hecho los exmiembros de las Farc? ¿Le ha faltado o lo ha sorprendido lo que han hecho?

Me ha gustado y me ha sorprendido mucho la responsabilidad como Rodrigo Londoño y su equipo vienen asumiendo la implementación. Están en el procesos, están firmes a pesar de las dificultades que han tenido. Esto hay que resaltarlo. Se nota que son unos novatos en la política, no saben hacer política, tienen que aprender a hacer más y mejor política porque para eso entregaron las armas y la división entre ellos no contribuye.

Como los considera novatos, ¿cree que Comunes va a desaparecer en 2026 ante la falta de votos en las urnas?

No, yo creo que deben insistir. Uno no puede tirar la toalla por un primer o segundo fracaso. Si ellos están convencidos deben insistir. No entiendo por qué deben desaparecer.

En 2016 se vivía un ambiente de paz y optimismo, ahora el ambiente está enrarecido. ¿Cómo volver a recuperar ese ambiente de optimismo y de que vean el proceso de paz como salida a lo que estamos viviendo?

Con esto que estamos viendo de Duque, montado en la locomotora de la paz y echándole carbón para que la locomotora adquiera velocidad, hay una oportunidad de oro para que, por lo menos, la implementación nos una. La polarización aquí y en el mundo paraliza la efectividad de la democracia. Aprovechemos estos cinco años y este nuevo Duque para unirnos en este ideal noble que es vivir en paz.

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