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Después de casi dos años de ausencia, con el ambiente político caldeado por cuenta del choque entre Gobierno y Corte Suprema de Justicia; con un presidente Uribe respondiendo con evasivas cuando le preguntan por su segunda reelección, pero agresivo cuando hablar de la oposición se trata; y con las reformas política y judicial comenzando a hacer trámite en el Congreso de la República —con veto de por medio al ministro Fabio Valencia Cossio—, el ex senador y ex precandidato liberal a la Presidencia Rodrigo Rivera Salazar regresó al país.
Llegó el viernes pasado en la noche, proveniente de Washington, donde estudió inglés e hizo una especialización en derechos humanos y desarrollo económico. Desde allá siguió con atención los acontecimientos del país y en diálogo con El Espectador, minutos después de bajarse del avión y en pleno aeropuerto, se notó que viene con las aspiraciones presidenciales intactas, aunque dice que primero quiere hablar con la gente y volver a empaparse de la realidad nacional. Lo que sí queda claro es que viene con un tono conciliador y hasta se podría decir que un toque de uribismo en su sangre.
¿Cuál será su primer paso en ese retorno a la política nacional?
Voy a escuchar a la gente antes de tomar cualquier decisión de fondo en los temas políticos. Quiero ir a las regiones. Mi último contacto con ella fue la consulta liberal de 2006, donde alrededor de 550 mil ciudadanos acompañaron mi propuesta y siento que tengo el deber de escucharlos.
Obviamente un primer contacto será con su partido, el Liberal...
Voy a hablar con todo el mundo y de todas las orillas, con conservadores, con la derecha, con la izquierda, con la gente del común. Una convicción que siempre he tenido y que reafirmé durante este tiempo que estuve afuera, es que tenemos que escucharnos más y no solamente entre los amigos, sino con aquellos que están en las otras orillas de la política.
Pareciera que la intención es “medirle el pulso” al país...
Voy a estar es midiéndole el pulso a cómo la gente está viendo el país. Yo tengo mi propia lectura, pero no la voy a anticipar hasta tener la oportunidad de matizarla con lo que la gente está sintiendo. Lo que puedo decir es que vengo dispuesto a todo y sin ambiciones personales, pero quiero ver lo que los colombianos piensan de lo que ha ocurrido en estos últimos meses, en temas como el orden público, lo económico, lo social y frente a la institucionalidad.
En el Congreso han comenzado a caminar las reformas política y a la justicia, y hay un veto al ministro Fabio Valencia Cossio por parte del liberalismo, ¿cree que es acertado apartarse de esos debates?
No voy a criticar a nadie. Creo que para juzgar la conducta personal de cualquier colombiano están los jueces y no los políticos. Por supuesto, tomaré decisiones políticas, pero no lo haré precipitadamente ni antes de escuchar a la gente. Yo vengo con toda humildad, ni siquiera como un político, ni como candidato. Vengo como un ciudadano más, de a pie, que quiere servirle a este país y por eso, insisto, en que quiero hacer una serie de consultas de la manera más seria, responsable e incluyente posible.
Le insisto, ¿el Partido Liberal se debe marginar de la negociación de las reformas?
Esa sería una opinión política de fondo y no estoy en condiciones de darla. Acabo de bajarme de un avión y ni siquiera he hablado con mis padres. Hoy apenas voy a abrir de nuevo mi apartamento y a recoger mi mascota, que la dejé donde un amigo.
Pero sin duda debe estar enterado del duro choque entre el Presidente y el director de su partido, César Gaviria, y que el vicepresidente pidió sacar la bandera blanca, ¿usted la trae?
Yo vengo como un hijo, tal vez el más pequeño de los hijos de esta familia que se llama Colombia. Y como un hijo, anhelo en lo más profundo de mi corazón ver a esta familia unida y portándose como familia.
Es decir, viene agitando la bandera blanca.
En el proceso electoral de 2006 yo hablé insistentemente de la necesidad de unirnos para enfrentar a los terroristas de las Farc y del paramilitarismo, a la corrupción, a los desafíos de la política exterior y, por supuesto, para enfrentar la pobreza y los retos del desarrollo. Pues reafirmo esas convicciones y sigo creyendo en ellas. Me parece que el país debe unirse, que hay muchos temas de interés en los que coincidimos todos los colombianos.
¿Cómo se ve la parapolítica desde el exterior?
No quiero meterme todavía en honduras de fondo. Lo único que digo en ese tema es que me impresionó gratamente la decisión que tomó el presidente Uribe de extraditar a los jefes del paramilitarismo a Estados Unidos. Creo que fue una decisión donde primó la necesidad de preservar el orden público y eliminar todo elemento de perturbación que la debilidad de nuestro sistema carcelario estaba generando en el manejo de estos personajes y la forma tan olímpica como que habían asumido el cumplimiento de sus responsabilidades dentro del proceso de paz.
¿No cree que puede haber sido un error el haberse ido en un momento en el que había que ser protagonista opinando?
Desde cuando me fui cada que ocurría algún episodio empezaban a llamarme los amigos a decirme: usted tiene que hablar, usted tiene que emitir un comunicado. Pero tomé la decisión de irme a estudiar con el ciento por ciento de concentración. Cada que había un acontecimiento se ponía a prueba mi disciplina de no reaccionar, y creo que no
hubiese sido serio que un colombiano con responsabilidades produzca reacciones sobre los temas del país desde el exterior.
Oyéndolo hablar da la impresión de que no viene a hacer oposición...
No me ponga a tomar decisiones políticas cuando apenas me estoy bajando del avión. Las voy a tomar con toda la seriedad. Es un proceso que hay que vivirlo.
¿Y su primera impresión en la reelección?
No voy a dar primeras impresiones en un tema de fondo.
Antes de irse usted sonó para el gabinete de Uribe, ¿todavía le suena?
Déjeme escucho a la gente y tomaré decisiones buenas para el país.
¿O sea que usted está entre el Partido Liberal y el uribismo?
No quiero caer en una simplificación de temas tan complejos, como los que está viviendo hoy el país, y por eso soy muy reacio a las etiquetas de la izquierda, la derecha, el centro. Creo en la unidad nacional, pero eso puede coincidir en un discurso de fortaleza del orden público, de inclusión social, de una economía que estimule la inversión privada y cree un entorno favorable para la inversión. Y también puede coincidir con una política social agresiva, como la que planteé en la campaña de 2006, en la cual hablaba de educación obligatoria, de acceso a la salud con la cédula de ciudadanía, dentro de un entorno de libertades públicas.
Ya está hablando como candidato...
Déjeme llegar.
Político desde tempranos años
Pereirano, liberal y abogado de la Universidad Libre, Rodrigo Rivera Salazar llegó a ser columnista del diario La Tarde a los 14 años y su director a los 27. Escribió también para El Espectador y a los 18 años se vinculó al Galanismo para ser elegido concejal de la capital risaraldense con tan sólo 20 años de edad.
De allí pasó a la Cámara de Representantes, llegando a ser presidente de esta Corporación a los 32 años, en una época de turbulencia en la que le tocó dirigir el debate contra el presidente liberal Ernesto Samper por el llamado proceso 8.000. En la votación, a pesar de ser de la misma filiación del Primer Mandatario, Rivera Salazar votó a favor de la condena.
En 1998 fue elegido senador, siendo reelegido en 2002. Ese año asumió también la Dirección Nacional del Liberalismo y para las elecciones de 2006 se postuló como precandidato del Partido a la Presidencia, siendo derrotado por Horacio Serpa. Sin embargo, los más de 543.000 votos que obtuvo en la consulta fueron considerados como un capital importante de cara al futuro y a una nueva aspiración.