2 Feb 2020 - 2:00 a. m.

Nombramiento de Alicia Arango: un viraje muy interior

La nueva ministra de la política dejará la cartera de Trabajo para asumir el reto de recomponer las relaciones del Gobierno con el Congreso. Sin embargo, su arribo genera tanto expectativa como recelo. ¿Por qué?

-Javier González Penagos / Twitter: @Currinche

Alicia Arango, de 61 años y con amplia trayectoria política y administrativa, asumirá a partir del 15 de febrero. Su cercanía con el uribismo es vista como su mayor ventaja, mientras que opositores lo perciben como su gran dificultad.

 / Óscar Pérez - Archivo El Espectador
Alicia Arango, de 61 años y con amplia trayectoria política y administrativa, asumirá a partir del 15 de febrero. Su cercanía con el uribismo es vista como su mayor ventaja, mientras que opositores lo perciben como su gran dificultad. / Óscar Pérez - Archivo El Espectador

“Me ha tocado acostumbrarme. Ha sido difícil, porque le quitan a uno maniobra, pero también entiendo que esta es la cartera política y está sometida a esos vaivenes”. En estos términos, con un dejo de resignación y pesadumbre, la saliente ministra Nancy Patricia Gutiérrez contestaba a El Espectador sobre los reiterados rumores de su salida de la cartera del Interior. Esa entrevista fue hace más de un mes y el pasado viernes los murmullos –que ya se decían en voz alta– dejaron de ser tal para concretarse en verdad. El presidente Iván Duque oficializó su partida y anunció que a ese despacho llegará Alicia Arango, una uribista consagrada y de vieja data que está hoy en la cartera de Trabajo.

(Así fue el anunció de la salida de Nancy Patricia Gutiérrez del Ministerio del Interior)

Si bien parece un lugar común decir que en los gobiernos los ministros son fusibles, el arribo de Arango al despacho de las relaciones políticas y responsable de sacar avante la agenda legislativa del Ejecutivo demanda otras consideraciones. No es para menos: se trata del primer paso –concreto y puntual– que da Duque en su afán de lograr gobernabilidad en el Congreso y de finiquitar alianzas con partidos como Cambio Radical o la U, en búsqueda de la tan anhelada coalición que garantice un tránsito exitoso de sus proyectos.

¿En qué coyuntura aterriza Arango? ¿Era un cambio necesario? ¿Cómo es percibida? ¿Influye que sea de las entrañas del uribismo? Los congresistas –que serán sus nuevos interlocutores, en lugar de centrales obreras y sindicatos– responden y proyectan desde ya la relación con una cartagenera que, coinciden, tiene de carácter lo mismo que de uribista.

Un nuevo relacionamiento

Arango asumirá el Ministerio del Interior el próximo 15 de febrero en medio de un complejo escenario. Si bien la ministra saliente puede sacar pecho por la aprobación de iniciativas como el Plan Nacional de Desarrollo, parte de la agenda anticorrupción o la Ley de Financiamiento (que a última hora de 2019 pasó), lo cierto es que no logró sacar provecho de la palomita que supone –en palabras del analista Juan Pablo Milanese– la “luna de miel” que hay en todo primer período legislativo, en el que el Ejecutivo goza de cierta docilidad parlamentaria.

(Conozca aquí a dónde va Nancy Patricia Gutiérreztra salir del Ministerio del Interior)

Muestra de ello es que no prosperaron iniciativas del calibre de las reformas política y de justicia, así como las objeciones a la Ley Estatutaria de la JEP, considerados proyectos de primer orden de importancia para Duque. El trasfondo del limitado desempeño legislativo, sostienen congresistas, son las afugias que enfrentó Gutiérrez para generar un apoyo mayoritario, al punto que, incluso, recibió fuego amigo de su propio partido, el Centro Democrático. Por si fuera poco, se le armó un bloque parlamentario (conformado por liberales, la U y Cambio Radical) que, aunque ya no se ve tan cohesionado, en su momento fue decisivo en la moción de censura que derivó en la renuncia de Guillermo Botero del Ministerio de Defensa.

Para rematar –con todo y que seguirá en el Gobierno como nueva consejera presidencial para los Derechos Humanos– se despide del Ministerio desautorizada por el propio Duque. Todo esto, luego de sus controvertidas declaraciones al decir que el Acuerdo de Paz con la otrora guerrilla de las Farc era “semifallido”.

Pese a todas estas situaciones, no se puede ignorar que la lucha frontal que se emprendió desde la Casa de Nariño por poner fin a la denominada “mermelada” como medio de relacionamiento con el Congreso también generó rechazo y hasta rebeldía entre algunos parlamentarios. “Fue una gran ministra, íntegra y comprometida, pero sufrió el desgaste natural del cambio de las relaciones con un Congreso acostumbrado a la mermelada. No obstante, deja el terreno allanado”, defiende la senadora Paloma Valencia, del Centro Democrático.

Con todo, es precisamente este contexto el que se configura como uno de los retos más inmediatos y claves para la nueva ministra: garantizar representación política y alcanzar acuerdos programáticos, sin que ello implique “venderles el alma” a los partidos. Lo anterior es más que vigente si se tiene en cuenta el coqueteo de Duque con las bancadas de Cambio Radical y la U en búsqueda de apoyos.

“Reconozco en ella dinamismo y voluntad para hacer y lograr las cosas”, asegura el senador Rodrigo Lara, uno de los pesos pesados del partido del exvicepresidente Germán Vargas Lleras. “El cambio es oportuno dada la dinámica política y el desgaste natural de ministerios como el del Interior. Su intención es recuperar gobernabilidad”, señala a su turno la congresista María Fernanda Cabal. Incluso el senador Roy Barreras –opositor al actual Gobierno– la reconoce como una “mujer más capaz y más hábil para las relaciones con el Congreso que la fallida ministra Gutiérrez”.

Entre resistencia y suspicacia

Si bien los congresistas consultados por este diario admiten que un cambio en la cartera era necesario desde hace meses, los cuestionamientos no cesan y algunos no ven con buenos ojos la llegada de Arango. ¿La razón? Que sea de las entrañas acérrimas del uribismo, un hecho que –temen– pueda desdibujar aún más las relaciones con los parlamentarios.

Y es que la nueva ministra no es una uribista cualquiera. Acompaña a Álvaro Uribe desde que este aspiraba a la Presidencia en 2002 y logró hacerse a un lugar decisivo en sus ocho años de mandato como su secretaria privada, tribuna desde donde también dialogó con los congresistas. Luego asumió como directora del naciente Centro Democrático y ya en las pasadas presidenciales fue una aliada clave del entonces senador Iván Duque, al punto que logró convencer y disipar las dudas que guardaba el sector más recalcitrante del partido. Así se hizo su jefe de debate y luego, ya como mandatario, su ministra de Trabajo.

(Conozca aquí más sobre la nueva ministra del Interior)

“Con su llegada, el Gobierno se cierra aún más con el uribismo, en lugar de hacer una apertura política para todo el país. Con ella a bordo se insistirá en la agenda del Centro Democrático y no se podrán construir consensos alrededor de la agenda nacional que se reclama con el paro. No se vislumbra ninguna apertura por su origen, doctrina y dogma”, advierte el senador liberal Guillermo García Realpe.

Por su parte, Angélica Lozano, de la Alianza Verde –quien sostiene que Arango es una “ministra bisagra”, pues es una “uribista pura sangre y una entrañable amiga del presidente”– alega que su llegada no promete algún cambio y que, por el contrario, podría arreciar la línea dura del Centro Democrático: “No veo cambios de fondo. Ratifica la línea dura con confianza plena de Duque. El cambio es menor y es más de forma. Tiene carisma costeño, pero es de la misma línea de Nancy Patricia”.

Como es apenas obvio, desde el uribismo defienden el nombramiento y catalogan su llegada como “renovación”. Para Paloma Valencia, ella “representa lo mismo del partido al que pertenece el presidente”, mientras que María Fernanda Cabal celebra que “le dará más identidad a un gobierno que desacertadamente ha intentado desmarcarse de las banderas que lo eligieron”.

Al margen de las consideraciones de lado y lado, lo cierto es que Arango llega a un escenario determinante para los intereses del Ejecutivo, en el que tendrá que dar el timonazo, corregir flaquezas, alcanzar consensos y sumar aliados en pro de recuperar la gobernabilidad. ¿Podrá recomponer la relación en el Congreso?

 

jgonzalez@elespectador.com

Síguenos en Google Noticias