El recinto del Senado fue la arena en la que el nuevo bloque de gobierno y la nueva oposición encararon su primera batalla de la legislatura 2026-2030. Lejos de ser un tema de fondo relacionado con reformas o proyectos de ley, el eje del debate fue la posesión del jefe de Estado electo, Abelardo de la Espriella. La apuesta del ganador de las elecciones es romper el protocolo y llevar el acto a una guarnición militar en Cauca. Para este fin, su coalición naciente desplegó una estrategia para obtener la luz verde del Congreso, pero sus contradictores respondieron con vehemencia.
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Con más de 60 firmas de respaldo, los alfiles de De la Espriella en el Senado, encabezados por Enrique Gómez Martínez (salvación Nacional), presentaron una proposición que pedía autorizar el traslado de la toma de juramento al departamento en cuestión. “La sesión tendrá carácter excepcional y se realizará como expresión de unidad nacional, integración territorial y respeto por la voluntad democrática de los colombianos”, se lee en el documento.
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Sin embargo, esa movida fue contestada por la oposición con dos proposiciones más. Primero llegó una de la senadora Isabel Zuleta, del Pacto Histórico, quien sacudió los ánimos de la plenaria al plantear que incluso el Congreso no debería posesionar al presidente electo, ya que, según ella, hay denuncias de irregularidades en la votación de la segunda vuelta. “Sabemos que hubo fraude, hay una demanda de nulidad presentada por el presidente de la República”, señaló la legisladora.
Esa postura desató la molestia de varios oficialistas, que incluso alertaron un posible prevaricato al votar por no posesionar a un presidente cuya elección fue legitimada en todas las instancias. Tras un intenso cruce de declaraciones, Zuleta tuvo que retirar su proposición y el debate pasó al terreno de si se puede o no cambiar el lugar tradicional del evento, que es la plaza de Bolívar, frente al Capitolio.
La extensa discusión develó que incluso entre las bancadas de derecha no hay un consenso sobre la movida. El senador Rafael Nieto, del Centro Democrático, anunció que discrepa de la mayoría de su colectividad, pues, señaló, “en un Estado de derecho y en una democracia el poder militar tiene que estar subordinado al poder civil”. Nieto dijo que si el presidente electo quiere hacer un homenaje a la fuerza pública, puede posesionarse ante el Congreso y después tendría la venia para ir a una guarnición militar. “Nosotros lo acompañamos”, agregó.
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Desde el Pacto Histórico plantearon otra arista del tema: el costo logístico de mover a todos los congresistas, el cuerpo diplomático y decenas de funcionarios a otro departamento. Según la senadora del petrismo Sandra Chindoy, se trataría de cumplirle un “capricho” a De la Espriella. Además, recordaron que sobre la mesa aún debe incluirse el factor del presidente saliente, Gustavo Petro, quien funge como comandante de la fuerza pública hasta el 7 de agosto y, sobre el papel, tiene la facultad para decidir cómo se utiliza un batallón.
Sin embargo, con la coordinación del senador Gómez y el respaldo de las mayorías de los partidos tradicionales, la proposición que pedía llevar la posesión al Cauca obtuvo 55 respaldos frente a 32 negativas. Eso sí, en el aire quedó la duda del lugar específico de la ceremonia, pues en el planteamiento del oficialismo no se especifica si es una guarnición militar. De hecho, hay voces que señalan que ahora el Congreso tendrá un “chicharrón” logístico e incluso político cuando el gobierno entrante pida un espacio de ese tipo y se dé un choque inevitable con la administración saliente.
“El paso uno es obtener lo que señala el artículo 140 de la ley 5º, que es el acuerdo de ambas cámaras. Ya llegamos a este primer paso y seguiremos adelante con el segundo paso, que es la Cámara de Representantes. Sin embargo, las comitivas de los invitados y los dignatarios internacionales han sido notificadas de la intención del presidente, y, insisto, esto es un gesto de descentralización, de preocupación, por todos los territorios de Colombia entregados a la violencia en el gobierno de Gustavo Petro”, señaló a la salida de la plenaria el senador Gómez.
Algunos congresistas intentaron aprobar otra proposición para aclarar los alcances de la anterior, momento en el cual buena parte del recinto se vació y la sesión fue levantada. Ahora bien, a esta medida le falta el visto bueno de la Cámara de Representantes, corporación que estaría abordando el tema la próxima semana, cuando faltarán pocos días para la toma de juramento. Teniendo en cuenta la votación para el candidato a presidente de esa corporación, todo indica que el oficialismo no tendrá mucha resistencia, pero tampoco cabe duda de que la oposición mantendrá la puja hasta último minuto.
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Pero lo cierto es que todo el tema protocolario en torno a la posesión ya está andando. Este miércoles estuvo en la Casa de Nariño Andrés Barreto, quien suena para ocupar el cargo de director del Departamento Administrativo de la Presidencia (Dapre) en el gobierno entrante. ¿La razón? Una reunión para ultimar los detalles del acto de imposición de la banda presidencial en el que, según confirmaron de los dos lados, no habrá una foto entre De la Espriella y Petro.
Y es que son varios detalles los que hay que tener en cuenta para ese evento. Por allí llegan, por ejemplo, las confirmaciones de los jefes de Estado internacionales que podrían asistir al evento. Según confirmaron fuentes cercanas a De la Espriella, ya fue hecha la invitación al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su secretario de Estado, Marco Rubio. Todavía no hay confirmación de ningún alto dignatario.
El primer pulso del nuevo Congreso es simbólico y una forma de medir el poder de cada esquina del Capitolio. Por ahora y pese a la derrota en la elección de presidente del Senado, el ala que respalda a Abelardo de la Espriella mostró su superioridad. Las discusiones de proyectos y reformas de gran calado podrían modificar el panorama.
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