A mediados de 2026 se publicó un libro que versa sobre religión, el papel de las mujeres en sus familias y cómo el éxito de ellas en sus diferentes ámbitos de vida no está vedado a un único espacio. Este diario habló con Alexandra Gómez, su autora, quien por más de 30 años se ha dedicado principalmente a trabajos como profesional en comunicaciones, pero quien ha extrapolado sus conocimientos a empoderar a otras mujeres o dirigir junto a su esposo una fundación benéfica que atiende a niños con patologías de drogadicción. Entrevista.
¿Qué significa para usted que una mujer esté realmente empoderada?
Para mí, el empoderamiento empieza cuando una mujer reconoce quién es, cuáles son sus capacidades y qué propósito quiere desarrollar con su vida. No tiene que demostrar que puede hacerlo todo ni competir con los hombres para sentirse valiosa. Una mujer empoderada puede reconocer sus fortalezas, pero también sus límites y las áreas en las que necesita crecer. El verdadero desarrollo ocurre cuando puede tomar decisiones desde el conocimiento de sí misma y desde la libertad, no desde la necesidad de responder a las expectativas de los demás.
¿Por qué considera que una mujer necesita desarrollarse en distintas dimensiones y no solo en la profesional?
Durante mucho tiempo asociamos el éxito femenino con alcanzar posiciones, tener independencia económica o construir una carrera. Todo eso es importante, pero una mujer puede conseguir grandes logros profesionales y sentirse insatisfecha en otras áreas de su vida. Por eso hablo de una mujer integral. Para mí, el desarrollo también involucra la dimensión emocional, familiar, espiritual, social y personal. La idea de "Mujer 360″ nació precisamente de entender que ninguna de esas dimensiones debería quedar abandonada.
Uno de los conceptos de los que habla en el libro es el de “Mujer 360”. ¿Cómo nació y qué significa?
Nació de entender que una mujer no tiene que escoger entre su fe, su familia y sus capacidades. Durante mucho tiempo vi a mujeres muy exitosas profesionalmente que habían dejado de lado otras áreas de su vida, y también algunas comprometidas con la iglesia que habían abandonado sus talentos. Para mí, una "Mujer 360″ es aquella que busca crecer espiritualmente, fortalecer su matrimonio, cuidar a su familia, desarrollar sus capacidades, servir a otros y vivir con propósito. Somos seres integrales, y esas dimensiones pueden convivir cuando Dios ocupa el centro.
¿Cómo se puede hablar de empoderamiento femenino sin convertirlo en una exigencia para que las mujeres puedan con todo?
Ese es uno de los grandes riesgos. A ellas se les ha enseñado durante mucho tiempo que deben ser excelentes profesionales, madres, esposas, amigas, cuidadoras y, además, mantener una vida espiritual y personal equilibrada. Si hablamos de empoderamiento de esa manera, terminamos agregando otra carga. Una mujer integral también sabe decir que necesita ayuda, delegar y reconocer que no puede ocuparse de todo. Parte del crecimiento consiste precisamente en dejar de asumir responsabilidades que corresponden a otras personas.
¿Por qué cree que algunas mujeres sienten que deben elegir entre su vida profesional y su vida familiar?
Creo que durante mucho tiempo nos acostumbramos a pensar en términos de elección: si una mujer quiere ser exitosa profesionalmente, necesariamente tendrá que sacrificar su familia, y si quiere dedicarse a su familia, tendrá que renunciar a otras aspiraciones. Mi experiencia me ha mostrado que la realidad puede ser mucho más amplia. Hay momentos en los que una dimensión necesita más atención que otra, pero eso no significa que una mujer tenga que renunciar definitivamente a una parte de sí misma. La clave está en reconocer las distintas etapas de la vida y tomar decisiones conscientes.