Mujeres que luchan

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Las escuelas secretas donde las niñas afganas desafían a los talibanes

Ser una niña y asistir a un aula está rotundamente prohibido en Afganistán, pero ellas se organizan para hacerles frente a esta y a otro centenar de políticas que afectan sus derechos, autonomía y dignidad.

Las niñas afganas que desafían a los talibanes.
Las niñas afganas que desafían a los talibanes.
Foto: EFE - STRINGER

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Ayesha asiste a una escuela secreta seis días a la semana, principalmente para seguir viendo a personas fuera de su casa. Es la única manera de evitar el aislamiento total bajo el régimen talibán, dice. Es la única manera de sentirse viva. “Sin esa conexión”, dijo, “no sé qué me pasaría”.

Ahora con 18 años, Ayesha alguna vez soñó con estudiar psicología en la universidad. Los talibanes acabaron con ese sueño cuando prohibieron la educación formal para las niñas más allá del sexto grado en 2022.

Pero Ayesha ha estado desafiando las reglas de los talibanes durante años, sentándose en un aula escondida detrás de los pasillos de una escuela primaria. Miles de programas de este tipo operan en todo el país bajo el radar de los talibanes.

Las escuelas clandestinas alguna vez fueron vistas como una solución provisional, una manera de que las niñas continuaran con su educación hasta que los talibanes se hubieran ido. Pero cinco años después del regreso de los talibanes al poder, casi 2,5 millones de niñas afganas han quedado excluidas de la escuela secundaria.

Pueden ir a escuelas religiosas o estudiar en casa con instrucción privada. Pero en todo el país, las niñas se arriesgan a ser arrestadas yendo a la escuela en secreto. Otras reprueban el sexto grado a propósito, para permanecer en sus aulas el mayor tiempo posible.

En una mañana reciente, trabajó en lecciones de ciencias de la computación y Duolingo en un aula clandestina de grado 11. En los pasillos a oscuras de la escuela, las estudiantes caminaban en silencio junto a coloridas presentaciones sobre el cuerpo humano y el sistema solar. Decenas más estudiaban en la biblioteca del sótano.

Laila y cientos de otras niñas toman clases presenciales de día y en línea de noche con tutores voluntarios de todo el mundo, desde Estados Unidos hasta los Países Bajos y Hong Kong, la mayoría de ellos estudiantes de secundaria en una red global de apoyo entre pares.

Incluso dos años después de haberse inscrito, Laila enfrenta visitas sorpresa de su hermano menor, quien le dice que ha deshonrado a la familia al ser “tan libre”. Su padre es de mente más abierta pero teme los chismes si un familiar o vecino se entera, dijo Laila.

Laila ahora habla cuatro idiomas con fluidez, incluyendo el inglés, y está aprendiendo coreano. Si puede salir del país después de graduarse, dijo que estudiará diseño gráfico en Canadá o Corea del Sur.

“Quiero compartir estas oportunidades con otras niñas de mi provincia, pero no puedo”, dijo Laila.

Durante su primer régimen, entre 1996 y 2001, los talibanes prohibieron tanto la educación primaria como secundaria para las niñas, argumentando que las escuelas laicas eran contrarias a su visión de línea dura del islam. Dijeron que era una medida temporal, hasta que pudieran establecer un sistema educativo más compatible, pero nunca lo hicieron.

Después de volver al poder en 2021, hicieron afirmaciones similares sobre el sistema de escuelas públicas que se expandió durante la ocupación estadounidense de 20 años, y aún mantienen que la prohibición es temporal.

“Esperamos que algún día las escuelas para niñas vuelvan a abrir”, dijo el portavoz de los talibanes, Zabiullah Mujahid, en una entrevista a principios de este año. “Esta situación también afecta profundamente a muchos funcionarios del Emirato Islámico que tienen hijas”, agregó, refiriéndose al nombre que los talibanes le han dado a Afganistán.

Pero a cinco años de su segundo régimen, la prohibición temporal parece una vez más permanente.

La prohibición proviene directamente de Kandahar, la sede de poder del grupo en el sur y hogar de su reservado líder, el jeque Haibatullah Akhundzada. Muchos funcionarios talibanes dicen en privado que debería levantarse, pero nadie desafía la orden de su líder.

En la práctica, muchos talibanes se hacen de la vista gorda ante las escuelas que operan en secreto. El director de una escuela secreta, donde algunas niñas pagan cuotas si sus familias pueden, dijo que había inscrito gratis a los hijos de oficiales de inteligencia talibanes para mantener una relación cordial.

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Conocen bien la escuela de Laila: la policía y los oficiales de inteligencia talibanes la visitan semanalmente para asegurarse de que las estudiantes usen sus hiyabs correctamente y no se mezclen con los niños, quienes asisten a la misma escuela de forma legal.

Pero pueden ordenar el cierre de la escuela en cualquier momento. Todas las escuelas en Afganistán, incluso las escuelas religiosas, que están permitidas para las niñas mayores, enfrentan una serie de reglas e inspecciones frecuentes, a veces sorpresa.

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Cuando ven acercarse a los talibanes, los guardias de la escuela de Laila advierten a los maestros y al director por walkie-talkies y luego hacen sonar una campana distintiva para alertar a las estudiantes.

Najib, el director de la escuela, dijo que cuando les pidió a unos oficiales talibanes desconocidos que le mostraran su identificación en una visita reciente, uno gritó: “Mi identificación es mi arma”.

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“Y mi arma es mi bolígrafo”, dijo Najib que respondió. Citó versículos coránicos sobre el imperativo de educar a todos los niños, y eso pareció satisfacerlos. Los talibanes se fueron.

Reprobar para tener éxito

Muchas niñas afganas más jóvenes intentan retrasar el mayor tiempo posible lo que Ayesha y Laila están viviendo.

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En diciembre, Somaya, de 12 años, presentó sus exámenes finales de sexto grado, pero se saltó las pruebas de lengua dari, estudios sociales y estudios coránicos, con la esperanza de reprobar y repetir su último año.

“Me encanta ir a la escuela”, dijo. “Simplemente quería quedarme”.

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Semanas después, el maestro de Somaya le dijo que podía volver. Solo había lugar para ella en el grado 4, por lo que a veces ayuda a enseñar ya que conoce el plan de estudios.

Fatima, de 12 años, estudiante de otra escuela, rompió sus exámenes finales de sexto grado el año pasado, con la esperanza de que sus maestros la reprobaran y le permitieran repetir el grado. Pero de todos modos aprobaron a Fatima, dijo.

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Mientras Fatima hablaba en voz baja en la sala de estar de su familia en Kabul, su padre, Azizullah, lloró y salió de la habitación.

“Lloro cuando pienso en la frecuencia con la que dice que quiere ser doctora, y en cómo ahora todo ha terminado”, dijo Azizullah.

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Pero Fatima se recuperó. Semanas después, aprobó un examen de ingreso para una escuela clandestina.

Tasnim, una maestra de primaria, dijo que deja de ira las fiestas de despedida de sus alumnas de sexto grado porque no soporta verlas llorar. Ya no sabe qué responderles cuando le preguntan: “¿Para qué sirvió todo esto?”.

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Cuando su propia hija, Kowsar, terminó sexto, Tasnim convenció a una colega para que la aceptara en su clase y así pudiera repetir el grado ocupando el lugar de una alumna ausente.

El certificado de graduación de su hija dice: “Exitosamente ascendida a séptimo grado”.

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“Tratamos de hacerlos felices”, dijo Tasnim. “Pero no existe el séptimo grado”.

Soñando con los talibanes

Las restricciones impuestas a las mujeres y las niñas son la razón principal por la que el mundo ha rechazado a los talibanes, pero estos han promovido las escuelas religiosas, o madrasas, como alternativa. Las niñas en esas escuelas deben usar vestimentas negras que las cubren de la cabeza a los pies, y se les permite estudiar ciencias e inglés, además de materias religiosas.

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Zala, una alumna de sexto grado, planea inscribirse en una escuela religiosa después de terminar la primaria. “Al menos todavía tenemos la oportunidad de seguir estudiando”, dijo.

Otras alumnas dicen que las madrasas son un sustituto deficiente. Las clases consideradas menos importantes que las religiosas —física, química y matemáticas— se combinan en una sola. Y a las niñas no se les permite seguir el plan de estudios más avanzado pensado para los niños.

 

Comentarios
  • Efraín(2q48s)Hace 3 horas
    Colombia va hacia esa misma dirección con el gobierno que tenemos.

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