Ángela Vergara se enteró bien entrada la noche de la captura de su hijo. Fue un día normal: trabajó en los proyectos legislativos que ella lidera como representante a la Cámara, cumplió pendientes en su agenda y rezó una vez más para que ella y los suyos fueran protegidos y bendecidos.
Pero llegó la llamada que la mantendría en silencio por más de 17 días: su hijo fue capturado, esposado y trasladado a un centro de detención migratorio en Louisiana. Allí continúa en hacinamiento, con pocas condiciones de salubridad y con constantes cuadros de ansiedad.
Por 22 días, la legisladora del departamento de Bolívar ha hecho hasta lo imposible, primero para saber dónde retuvieron los agentes del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) a su hijo Rafael, y segundo, para encontrar respuestas a incógnitas que no la dejan dormir. “¿Estará bien? ¿Habrá comido? ¿Cuándo voy a volver a verlo?”, se cuestiona.
El Espectador habló con Vergara sobre cómo la captura de su hijo, de 22 años, ha suscitado debates sobre sus posturas políticas, pero también lo que ha implicado para toda la familia saber que Rafael sigue en un pabellón con 80 personas sin saber la fecha exacta en que saldrá de ese lugar donde solo accede a agua cada ocho horas y están más que comprobados los malos tratos por parte de ICE a los migrantes.
Mucho ha hablado la congresista Ángela Vergara sobre la captura de su hijo y las implicaciones humanitarias. ¿Qué dice la mamá de Rafael? ¿Cómo ha llevado este proceso?
Antes de ser congresista, soy humana y soy una madre. Este tipo de reflexiones me ayudan a mostrar que hay familias rotas por lo que está pasando en Estados Unidos.
Yo duré 17 días en silencio total. Cuando supimos de la detención, permanecí callada. Como cualquier familia hicimos gestiones mediante correos electrónicos, pagamos abogados que buscamos por Google, redes sociales o incluso Chat GPT. Esto nos ha llevado al máximo nivel de impotencia y desespero: saber que mi hijo y otras personas van a EE. UU. buscando protección, pero encuentran situaciones como las que vivimos hoy, encadenados, detenidos y en condiciones inhumanas.
El día que Rafael me llamó yo no le podía escuchar la voz porque padecía una enfermedad respiratoria, tenía fiebre. Me contó que en 24 horas solo le habían dado un medicamento. Hay hacinamiento en su celda con más de 80 personas. Y recibir alimentación y un trato digno seguramente va a ser algo difícil para quienes están detenidos.
¿Por qué romper el silencio?
Saber lo que Rafael ha vivido y está viviendo en el centro de detención fue lo que me quebró. Esto es una situación muy íntima, familiar. Pero por eso lloré y una noche cogí el celular, grabé un video para que se conociera que hay familias sufriendo a cientos de kilómetros. Hoy con los mensajes que han llegado me sensibilizo con todas las madres y familiares de quienes aún tienen a sus allegados en esos centros de detención. Es algo que no podemos dejar pasar.
La detención de su hijo en Louisiana ha generado muchas discusiones sobre posturas políticas o sus ideas afines al presidente estadounidense, Donald Trump. ¿Qué decir frente a eso?
El dolor va mucho más allá de mi investidura como congresista o el cargo que ostento. Lo entiendo y lo he entendido con una cantidad de personas con las que hoy estoy en comunicación: familias, esposos, esposas, madres que están viviendo lo mismo que yo. Es completamente desesperante, pero hoy hablo como madre.
El Estado no puede darles la espalda a quienes hoy piden a gritos volver a casa. Más que criticarme o politizar la captura de Rafael, es un momento para reunir todo el coraje, la dignidad, y empezar a hablar en clave humanitaria.
Esto es una crisis que hay que entender que atender, no solamente de manera inmediata enviando vuelos que traigan a nuestros connacionales, sino que tenemos que construir una política robusta que atienda a cada colombiano en el mundo.
¿Cómo ha afectado este hecho a la familia?
Somos una familia con otros tres hijos, dos pequeños y uno mayor de edad a los que debemos contestarles por qué su hermano no ha llamado o vuelto a casa. Los niños nos preguntan por qué mamá está en todas las redes sociales llorando. Son noticias que una madre no está preparada para dar.
Estamos esperándolo con los brazos abiertos y creo que esto ha creado un propósito para que una vez vuelva Rafael, hagamos todo lo posible para que muchas familias que pasan por lo mismo se reencuentren, se reparen y puedan ser felices.
¿Cómo la ha afectado a usted, sabiendo que tiene que continuar con sus funciones como legisladora?
Como cualquier otra madre, lo vivo con el corazón y con el corazón en la mano, esperando noticias todo el tiempo, esperando una respuesta. Pero al mismo tiempo, espero poder comunicarme con mi hijo y darle fuerzas, aún cuando yo no las tenga.
Aunque quiera desligarme de la investidura que tengo como congresista, no puedo hacerlo. Siento una enorme responsabilidad por las familias que están pasando lo mismo; eso hacen que mis noches sean largas.
He hecho miles de acciones al mismo tiempo, intentado llamar al mundo entero o tratar de establecer contacto con Estados Unidos. Cuando ya estoy en casa, me dejo quebrar, pero sé que a la mañana siguiente tengo que legislar y continuar buscando la forma de que Rafael vuelva.
¿Qué paso sigue para que la familia esté junta nuevamente?
Redactamos una carta al presidente Gustavo Petro y la Cancillería solicitando apoyo. Solo nos queda esperar que alguien a quien le hayamos despertado empatía escuche nuestras súplicas y funcione. Este dolor me ha impulsado a actuar, por mi hijo y por los cientos de colombianos que se encuentran en esos lugares.