El día que Carlos Manuel Vesga fue citado a la prueba actoral de ‘Pluribus’, su hermano lo llamó y le dio una noticia poco alentadora que lo preocupó, pero lejos de desconcentrarlo le permitió tener una visión real de la situación.
“A mí me sirvió un poco para dimensionar las cosas. Estaba muy nervioso por el casting, y cuando me entero de que mi papá está enfermo aquí en Bogotá, eso pone las cosas en perspectiva. Eso le deja a uno claro que sí, en efecto, lo que voy a hacer es una cosa que es muy importante para mi vida y debo hacerla lo mejor que puedo y me importa que eso salga bien. Pero en realidad, lo más importante es mi papá. Para mí, la prioridad en este momento se convirtió en mi papá y volver de Los Ángeles a Bogotá a estar con él”, recordó el bogotano de 50 años, a quien muchos recuerdan como Samuel Medina, el padre de Marbelle en ‘Amor sincero’; Picasso en ‘El Bronx’, Emanuel Villegas en ‘El cartel; el origen’ o César Gaviria en ‘Noticia de un secuestro’.
“En el momento en el que dicen ‘acción’ o en el momento en el que sube un telón, yo comienzo a trabajar y lo otro que pasa en mi cabeza, en mi vida, pasa a un segundo plano y me concentro, o sea, como que todo mi foco entra en modo trabajo, en modo creación, en modo actor. Y así fue en la audición. Yo tenía a mi papá atravesado en el corazón, y, sin embargo, cuando dijeron, ‘bueno, vamos a hacer esta escena’ y dijeron ‘acción’, comencé a actuar”.
Fue así como el actor, que estudió interpretación en Nueva York y Londres, se convirtió en Manousos Oviedo, el colombiano que vive en Paraguay y uno de los 13 ciudadanos inmunes a un virus extraterrestre. El rol le dio la nominación al Premio Emmy en la categoría de Mejor Actor de Reparto.
La noticia sobre su nominación ha traído cambios en su cotidianidad. “La agenda se me copó. Yo estaba como dedicado a las cosas laborales que estoy haciendo, y de pronto me tocaba como abrirles campo a las cuestiones de atender todo lo de prensa y la publicidad de lo que pasó (…) Es muy bonito que la gente tenga el interés de conversar con uno y que tengan el interés de saber de uno y de sus procesos y de cómo va la vida”.
Mientras entra en la recta final de la temporada de ‘Por una nariz’, en el Teatro Nacional de la calle 71, se prepara para comenzar la grabación de la segunda temporada de la serie de Apple TV que lo puso en la escena internacional. “No hay fecha todavía definida, pero creo que es a final de año, octubre, noviembre”.
Viaja con su familia: su esposa y su perro
En Nuevo México, a lo largo de la grabación de la primera temporada, vivió momentos de profunda soledad, por eso tomó una decisión: para el rodaje de la segunda estará en buena compañía.

Carlos Manuel Vesga junto a su esposa Jimena Durán
“Eso (ir solo) no se vuelve a hacer, eso ya es lección aprendida. Entonces no solo (voy) con Jimena (Durán), mi esposa, viene nuestro perro, viene la familia completa. (...) A mí me hizo muchísima falta. Más allá de que la gente con la que estaba trabajando fuera realmente acogedora y amorosa, la sensación de soledad pues era cierta. A mí me hacía falta mi casa, mi hogar, mi lugar en el mundo, que es mi esposa. Me hacía falta llegar a mi casa y que mi perro saliera a saludarme y poderlo acariciar. Además, pasé tiempo solo, porque iban rodando cronológicamente la historia, y mi personaje entra en el cuarto capítulo, cuando llegué ya llevaban un mes rodando, pero creo que estuve como un mes y pico en el que no trabajé, no me llamaron a trabajar, pero estaba ahí, y entonces pues mis días los pasaba solo. No tengo problema tanto con la soledad, pero era mucha soledad, era la sensación de estar en una ciudad donde realmente fui haciendo amigos, pero pues estaba solo en Albuquerque, solo en mi casa. Creo que pasé varios días completamente en silencio, completamente, o sea, porque no hablaba con nadie. Digo, probablemente lo único que hablé fue con Jimena por teléfono, pero el resto del día estaba en silencio porque estaba solo”.
Carlos Manuel y su esposa, la actriz Jimena Durán, adoptaron a Quino hace cuatro años. El actor sabe que no es fácil llevar un perro al extranjero, pero su amor por él hace que se anime con los trámites.
“Hay que hacer la vuelta, no sé cómo serán los demás países, pero en Estados Unidos les hacen cuarentena, entonces uno tiene que contar con que llega a una ciudad y tiene que quedarse ahí 24, 48 horas esperando que al perro lo dejen salir. Mejor dicho, es básicamente porque de verdad no puedo vivir sin mi perro y lo amo con todo mi corazón. Creo que una persona a la que los perros le son indiferentes diría, ‘no, todo ese voleo no me le mido’, pero es que de verdad es nuestra familia, Quino es nuestra familia”.
La profundidad de la ciencia ficción
‘Plurisbus’ le ha permitido reafirmar su opinión sobre los relatos de este género. “Siempre he pensado que la ciencia ficción, por lo menos la buena ciencia ficción, en realidad está haciendo reflexiones o sobre el presente inmediato o sobre un futuro muy cercano. Siempre están haciendo una metáfora de algo real, digamos, en el mundo (…) porque es una serie que puede entretener, pero en realidad también entra como en el territorio puro del arte, que es mostrarle a la gente una nueva perspectiva sobre la existencia humana, y de esa manera un poco empujarlos a que se cuestionen sobre su propia existencia y quieran mejorarla”.
Él mismo ha reflexionado sobre el tema de la felicidad de los individuos con la historia que plantea que una mente colmena o virus alienígena vuelve a la humanidad pacífica y feliz, excepto a trece personas, eliminando la individualidad y el libre albedrío.
“Personalmente siempre he tenido la sensación de que a nosotros nos han vendido la idea de que la felicidad es una cuestión exógena, que está fuera de nosotros y que alcanzamos en la medida que podemos poseer cosas, y en la medida que podemos poseer cosas vamos a ser felices. Es una falacia, es una mentira y es una carrera que nunca vamos a ganar”, asegura.
“La felicidad está dentro de nosotros. Como artista lo he confirmado, mi felicidad está dentro mío. No voy a negar tampoco que me hace feliz comprarme un par de zapatos bonitos, pero creo que eso tiene que ver con el shot de dopamina y no la verdadera plenitud”, puntualiza Vesga.
