Sobre cómo asume sus roles, cómo logra mantenerse vigente, la parte que considera más compleja al pararse en un set de grabación y por qué, al terminar los cuatro proyectos mencionados, declinó otras atractivas ofertas y prefirió marcharse al extranjero para ser una persona del común, habló con Vea, de El Espectador.
Admite que grabar una producción tras otra sin pausa la dejó agotada. Ahora que están al aire sencillamente lo toma “con total tranquilidad (…) Sí, terminé muy cargada y este año mi decisión no fue de sumar de una otro proyecto, sino decirme a mí sí, en términos de descanso y estudio”, comenta sobre lo que la llevó a empacar maletas y viajar a comienzos del 2026. “Como actriz siempre me ha importado mucho cómo me sigo preparando, cómo me sigo formando, y después de esos proyectos, tan intensos en tiempo y de rodaje, quería como ‘resetear’ la cabeza y meterle información nueva para evolucionar, para tener herramientas diferentes”.
La vida de Juanita Molina en Nueva York
Confiesa que a primera vista fue tentador aceptar otro rol, pero necesitaba tener nuevas experiencias de vida “para impregnarle al siguiente personaje”. Entregó su apartamento en Bogotá, dejó sus cosas en una bodega y estuvo tres meses en la Gran Manzana. Allí estudió interpretación, perfeccionó el inglés y se ocupó de sí misma. “Un tiempo de descanso, de silencio como para uno no olvidarse lo que es importante, tener los pies sobre la tierra, saber que todo es pasajero (...) A mí me encanta estudiar, me fascina estar en un salón de clase, me encanta enfrentarme con la sensación de no saber, de que alguien me esté dando un conocimiento que me vuela la cabeza y ver cómo voy a aplicar eso en mi vida cotidiana”.
A su regreso al país, no abrió de inmediato su apartamento en la capital, sino que prefirió estar con los suyos, en Medellín. Por largo tiempo, el trabajo y el estudio la alejaron de ellos y quiso compartir con sus padres. “Me he encargado mucho del ser, de mí, de ponerle frente a lo que de pronto, cuando estoy grabando, no le puedo poner tanta atención. Eso me ha ayudado a descomprimir el acelere, el éxtasis, el afán, el ruido con el que terminé el año pasado”.
Molina, que no tiene complejidades para dejar los personajes cuando queda fuera del aire, asegura más bien que el conflicto es entrar en ellos. “Soltar para mí no es tan difícil, tengo la capacidad de soltar y como pasar rápido en general en la vida. Me cuesta más el primer momento, ese momento de transición de ‘ya no es esto, ahora es esto, ahora esta es la realidad ahora, esos son los problemas’”, indica sobre el momento en que asume un nuevo rol.
“Con los años he ido entendiendo con más claridad qué requiero para cada proceso”, menciona la actriz que es Mila en Betty, la fea la historia continúa; Angie en ‘Criados por sicarios’ y Meme en “Cien años de soledad”.
La receta para ser llamada y escogida
Con 29 años, Molina se constituye en una de las actrices más solicitadas de su generación. Atribuye su permanencia en pantalla a una combinación de disciplina, talento y algo de suerte. “Creo que es una mezcla de esas tres cosas. A mí me lo dijo un profesor, que para ser actor se necesita un talento indiscutible y gran disciplina, porque el talento sin disciplina no es nada. Soy una mujer sumamente disciplinada, que tiene unas habilidades y un talento que he sabido mejorar, potenciar, pulir, clarificar y enraizar. También he sabido estar en los lugares donde las oportunidades van a surgir y que cuando estas me han llegado, afortunadamente he tenido las herramientas para responder a la altura”.
De momento, regresó a Bogotá. Es parte de la comedia “Burundanga” del Teatro Nacional, que le ha reafirmado lo que tanto trabajó en Estados Unidos. “Gran parte de lo que aprendí también es que ‘esto puede ser fácil, esto lo voy a hacer por el resto de mi vida’. He aprendido a manejar el miedo, que también ha sido un gran motor”.
