Juana Arboleda no sabía de dónde le venía la vena artística. Se hizo actriz más de 20 años atrás cuando dejó los estudios de Comunicación Social porque simplemente sentía que tenía una sensibilidad distinta. Estudió arte dramático y se convirtió en actriz de teatro y posteriormente, llegó a la televisión.
Arboleda, quien actualmente le da vida a Brenda en ‘La Reina del Flow’, y anteriormente vimos como Martha en ‘Delirio’, se crio junto a su padre y a su hermana menor. A los 5 años, su mamá se marchó y de alguna manera, la actriz, pese a su corta edad, adquirió una especie de rol de madre de su hermana y se convirtió en la figura materna de casa.
No sabía que había un dolor profundo por ese ‘abandono’ maternal y tampoco que esa situación la llevó justamente a no querer ser madre de adulta. Eso lo comprendió mucho después.
Lo descubrió cuando recién había terminado de grabar ‘La promesa’ y estaba concluyendo ‘Correo de inocentes’. Era 2018 cuando volvió a ver a su mamá, 35 años después de no hacerlo. Entonces supo que se parecía a ella, que la sensibilidad artística venía de la mujer que estuvo lejos por problemas de salud mental y adicciones.
A Juana Arboleda se le abre una herida profunda
El reeencuentro no fue el más feliz, por el contrario, fue un momento complejo, ya que la mamá no reconoció a sus hijas. Las imaginaba pequeñas, aún así fue revelador para la actriz. “Yo tenía fotos de ella de cuando estaba chiquita y yo sabía que me parecía a ella, pero verla fue como Dios mío, soy yo, soy yo, 20 años adelante”. También confiesa que lejos de darle seguridad la llenó de cierto resentimiento y se abrió una herida que parecía sana, pero no lo estaba.
El siguiente papel de Juana, hoy de 47 años, fue Griselda Blanco, en la serie ‘El Barón’, de Telemundo, que de alguna manera, detonó una crisis aún más fuerte. “Ese personaje, como que representaba mis miedos hacia mi propia madre, me causó pesadillas y me trajo ansiedad”. Esto la llevó a buscar ayuda psiquiátrica. Aunque inicialmente exploró terapias alternativas por el estigma social. Desde entonces ha estado trabajando en sí misma por más de 7 años, considerándolo un estilo de vida que le ha permitido entender y gestionar sus emociones, la mente y su historia personal.
Su pareja por ese entonces y durante 17 años, el actor Rafael Zea, el inolvidable Michael Giovanny de El man es German, fue crucial y la acompañó, y su carrera misma se convirtió en una forma de sanar.
Su rol actual como Brenda, una “madre ideal” en una serie, ha sido profundamente catártico. Siente que con el proceso vivido han llegado roles actorales menos malvados que antes, como si quienes escogen los castings vieran que en efecto ella proyecta algo distinto, menos adusto. “Hubo como un cambio de energía en mí. Me suavicé, yo me he suavizado interiormente; como estaba en un proceso de sanación tan bonito como a nivel espiritual, creo que esa energía se percibe. Antes solo me llamaban para que fuera mala”
Brenda, la mamá de Sky y Soraya, dos hijas muy distintas que viven en permanente conflicto, en ‘La reina del flow’ es “una mujer protectora, sabia, amorosa, independiente (repara y vende lámparas) y dedicada a su familia. Con ella he aprendido como a automaternarme, a establecer límites y a desarrollar un diálogo interior de autoprotección”.
Juana Arboleda y Rafael Zea son buenos amigos ahora
Hace un año se separó de Rafael y cree que lo que ocurrió fue simplemente lo que llama una “desincronización” entre los dos, debido a su continuo crecimiento y sanación personal, mientras que él no progresó al mismo ritmo. Además se dio cuenta de que necesitaba asumir la responsabilidad de su propio mundo emocional y dejar de buscar en su pareja la figura materna que le faltó o hacerla una especie de sostén.
“Con Rafa tenemos una buena relación, somos muy amigos, hablamos todos los días”, entre otros aspectos porque comparten a una perrita llamada Paca que adoptaron desde que comenzaron su relación.
Ahora que la tormenta de la aparición de su madre ha pasado, su padre murió poco después y debió transitar el duelo y su reciente separación “que no es fácil porque para una mujer de más de 40 años romper con su pareja es todo un tema” está gestionada, Juana sigue en terapia, lo considera necesario para cualquier persona en tiempos donde la vida trae desafíos continuos.
Reflexiona sobre lo ocurrido a su madre y siente que en medio de todo fue víctima de la época, posiblemente una mujer bipolar sin tratamiento, lo que la llevó a la adicción como un refugio. Hoy “mi mamá está bien, vive en Pereira y ya todo está sanado, tenemos una excelente relación (…) Definitivamente creo que la sensibilidad como actriz me viene de ella, ahí está el gen”
