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‘Aún es de noche en Caracas’: Natalia Reyes y Édgar Ramírez revelan detalles de la película

La película dirigida por Mariana Rondón y Marité Ugás, y protagonizada por Natalia Reyes, con Édgar Ramírez entre sus productores y actores, ofrece una mirada inquietante y profundamente humana sobre el colapso social y político venezolano en 2017. Los actores comparten sus vivencias sobre este proyecto cinematográfico que ha recorrido festivales de cine alrededor del mundo.

Por Cindy Katerine Martínez López
15 de febrero de 2026
Natalia Reyes es Adelaida en 'Aún es de noche en Caracas'.
Fotografía por: @batarata

En medio del caos de una ciudad que se desmorona, Adelaida, interpretada por Natalia Reyes, acaba de enterrar a su madre y se da cuenta que ya no tiene hogar. Este es el punto de partida de “Aún es de noche en Caracas”, un thriller de supervivencia que se destaca por su habilidad para transformar una historia profundamente venezolana en un relato universal sobre la resistencia humana. Dirigida por la venezolana Mariana Rondón y la peruana Marité Ugás, esta coproducción adapta la novela “La hija de la española” de Karina Sainz Borgo y recrea la sensación de desintegración urbana y moral desde la perspectiva íntima de la protagonista.

Natalia Reyes, protagonista de ‘Aún es de noche en Caracas’

Natalia Reyes, la única colombiana que hace parte del filme, destaca cómo esta historia particular se ha convertido en una narrativa de importancia global: “Estoy muy feliz de hacer parte de este proyecto, una película que le ha dado la vuelta al mundo en varios festivales de cine y ha conmovido a tantas personas en lugares tan distintos. Ver cómo se vuelve una historia absolutamente relevante, sobre todo en este momento que estamos viviendo de gobiernos autoritarios, porque ya no estamos hablando de derecha ni de izquierda, sino de humanidad, de libertad, de democracia, de derechos humanos", dijo la actriz.

La historia gira en torno a Adelaida, una mujer que se encuentra lidiando con varias crisis al mismo tiempo. Justo cuando está lista para dejar el país se ve atrapada en Caracas, luego de enterrar a su madre, quien falleció a causa del cáncer. Al regresar a su apartamento se da cuenta de que un grupo armado leal a la dictadura ha tomado posesión de su hogar, por eso debe ocultarse, dentro de su propio edificio, y tomar decisiones desesperadas para sobrevivir, mientras que en la ciudad, sin agua, luz, comida ni medicinas, se viven protestas masivas que son brutalmente reprimidas. “Siento que este es el llamado de la película, ponerse en los zapatos de Adelaida y estar muy vigilantes de lo que nos está pasando como humanidad y lo frágil que son nuestros sistemas, cómo la vida puede cambiar de un segundo al otro y cómo te ves forzado a tomar decisiones absolutamente absurdas con tal de sobrevivir”, agregó la actriz de 39 años.

Édgar Ramírez, quien además de actor también se desempeñó como productor de la cinta, se refirió al relato: “Si a esta historia le quito la palabra Caracas o la palabra Venezuela, es una historia que pudo fácilmente suceder en Alemania en los años 30, en Irán en los 70, en Bosnia en los años 90, en cualquier país de Centroamérica durante los años 70 y 80. Es una historia completamente universal que básicamente habla de las personas que han sido forzadas a tomar decisiones imposibles con tal de poder sobrevivir y escapar del infierno en el que se ha convertido su mundo, su país y su ciudad”.

Édgar Ramírez, actor y productor de 'Aún es de noche en Caracas'.

Édgar Ramírez, actor y productor de 'Aún es de noche en Caracas'.

Fotografía por: Photograph by Patrick James Miller

El actor nacido en Venezuela aportó una perspectiva profundamente personal al proyecto. Como uno de los millones de venezolanos forzados al exilio, comprendió íntimamente el dolor que atraviesan los personajes de la cinta. “Para los venezolanos que estamos involucrados en la película era muy importante hablar de nuestra herida de una manera completamente global a través de una historia que pudiera servir de espejo para todas aquellas personas que en sus vidas han sido empujadas a decisiones límites para poder salvarlas. Yo soy uno más de los ocho millones de personas que han sido forzadas a abandonar su país o que no se les ha permitido regresar. Creo que el exilio, independientemente de las condiciones en las que se de, presenta un denominador común como esa especie de duelo permanente que llevas por dentro porque nadie quiere irse de su casa forzado, quiere salir a ver el mundo, a conocerlo, a mirar qué está pasando en el otro pueblo, pero cuando eres forzado a hacerlo, es realmente algo muy doloroso. Los griegos antiguos no consideraban la muerte como pena capital, para ellos la pena capital era el destierro y ahora, para muchos venezolanos lo podemos comprender muchísimo mejor. Es una especie de dolor, de herida abierta que se tiene, de añoranza, de deseo de regresar a casa y de frustración porque no ha sido tu decisión”.

Memoria viva

La producción, que habla del exilio, fue grabada en el exilio, mayoritariamente en México, con algunas escenas clandestinas grabadas en Venezuela. El proyecto reunió a actores venezolanos que viven en el país azteca. “A parte de una investigación y de una construcción de la historia que estamos contando, creo que sí hubo algo muy real, muy cierto y era que realmente estábamos en México, en el exilio”, dijo la actriz.

Esa atmósfera de desarraigo no era algo que se pudiera fingir; se sintió de manera muy real durante el rodaje. Natalia Reyes tuvo la oportunidad de observar de cerca esta realidad. “Muchos actores maravillosos que tenían una carrera y una vida en Venezuela, de repente estaban en México muy conmovidos de poder volverse a reunir, de volver a actuar y sobre todo de poder contar una historia tan personal para ellos, así que esta sensación estuvo muy real durante el rodaje. Sobre todo la empatía que podemos sentir todos los latinoamericanos que hemos vivido de una u otra forma esta situación. Cambiando el nombre, el tinte o el año, podemos decir que en Colombia también hemos vivido el desplazamiento, la violencia, la necesidad de salir del país, del exilio, no necesariamente por buscar un sueño en otro país, sino porque no te es posible existir en tu tierra o conseguir cosas muy básicas. Siento que fue algo verdaderamente presente durante el rodaje, que se transmite en la película y es lo que queremos que las personas sientan”.

Este aspecto se complementa con el hecho de ver el filme como un acto de memoria, un esfuerzo por mantener vivas las experiencias que muchos prefieren olvidar o reducir a simples cifras. “Creo que la película dialoga de manera muy directa con la realidad venezolana, con lo que nos pasó. Hay muchos recuerdos muy vivos que están integrados a la película, pero con la intención principal y muy comprometida de que fuese completamente universal, que fuese una experiencia que pudiéramos compartir para que el resto de personas en el mundo pudieran sentirse identificados. Nosotros nunca quisimos que esta película se convirtiera en un alegato político o que fuese una película de denuncia, o que fuese un documental. Una valoración formal de los hechos no era importante para nosotros. Lo importante era una descripción del estado emocional en el cual han estado sometidos millones de venezolanos por demasiado tiempo, por un cuarto de siglo”.

Cindy Katerine Martínez López

Por Cindy Katerine Martínez López

Comunicadora Social y Periodista de la Universidad Sergio Arboleda con 10 años de experiencia en medios de comunicación, generación de contenidos digitales, reportería e investigación. cmartinez@elespectador.com
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