
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
El diagnóstico de cáncer de páncreas es una noticia devastadora. Aunque solo representa alrededor del 3 % de los cánceres en Estados Unidos, es uno de los más mortales y va camino de alcanzar un triste récord: se prevé que, para 2030, mate a más personas en Estados Unidos que cualquier otro cáncer, excepto el de pulmón. Esta aparente paradoja se debe a que las pruebas de detección y los tratamientos para otros tipos de cáncer han avanzado mucho, mientras que el cáncer de páncreas sigue siendo difícil de identificar y tratar.
No obstante, hay motivos para tener esperanza, afirma Anna Berkenblit, directora científica y médica de la Pancreatic Cancer Action Network en El Segundo, California, que apoya la investigación y ayuda a los pacientes con este cáncer. Científicos están probando nuevos medicamentos que desactivan los factores que provocan el cáncer y que antes se consideraban imposibles de tratar con fármacos. También están entrenando el sistema inmunitario de los pacientes para que ataque tumores que antes se creían invisibles para las defensas del organismo. Y están aprovechando la inteligencia artificial para detectar el cáncer de páncreas en etapas más tempranas y vulnerables.
“El objetivo es transformar el cáncer de páncreas en una enfermedad curable”, afirma Andrew Rakeman, vicepresidente de investigación de la Fundación Lustgarten en Long Island, Nueva York, que apoya la investigación científica sobre el cáncer de páncreas. O, al menos, “algo que sea superable, con el que se pueda vivir y que pueda convertirse en una enfermedad más crónica”.
La tasa de supervivencia a cinco años del cáncer de páncreas es de un lamentable 13 %. Esto se debe en parte a que los tumores pancreáticos se rodean de un tejido denso, similar a una cicatriz, que bloquea los medicamentos y las células inmunitarias. Los tumores pequeños avanzan rápidamente, pero a menudo pasan desapercibidos hasta que se han extendido, por lo que es demasiado tarde para que los cirujanos extirpen todo el cáncer.
Una de las mayores esperanzas en este momento son los medicamentos que se dirigen a una proteína llamada KRAS, que forma parte del mecanismo de control del crecimiento celular. En más del 90 % de los cánceres de páncreas, las versiones mutadas de KRAS se quedan atascadas en la posición de “encendida”, por lo que las células se dividen de forma incontrolada.
A los biólogos especializados en cáncer les encantaría introducir un palo en el mecanismo de KRAS, pero les ha costado encontrar un lugar donde clavarlo. “Me lo han descrito como una pequeña bola grasienta... no hay ningún tipo de cavidad en la que introducir un inhibidor”, afirma la bióloga especializada en cáncer Paige Ferguson, del Laboratorio Cold Spring Harbor de Nueva York, coautora de un artículo sobre los retos del tratamiento del cáncer de páncreas publicado en el Annual Review of Cancer Biology de 2025.
Así que los investigadores tomaron un rumbo diferente: lograron diseñar un fármaco que se une a una proteína celular diferente. Esa combinación de fármaco y proteína se adhiere al KRAS y frena su actividad nociva. En un ensayo inicial, 38 personas con cáncer de páncreas que recibieron el fármaco, daraxonrasib, sobrevivieron más de ocho meses, en promedio, sin que su enfermedad empeorara. Los pacientes tratados también tenían menos ADN tumoral en el torrente sanguíneo.
El desarrollador del fármaco, Revolution Medicines, de Redwood City, California, está llevando a cabo un ensayo más amplio. Se esperan resultados a mediados de 2026, pero la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE.UU. ya ha ofrecido una revisión acelerada.
Avances en el campo de las vacunas
Otro enfoque que está generando interés son las vacunas. Estas vacunas terapéuticas difieren de las que previenen las infecciones —se utilizan en personas que ya tienen cáncer, entrenando al sistema inmunitario para que elimine las células tumorales existentes o recurrentes—.
Al igual que las vacunas normales, la vacuna contra el cáncer proporciona una molécula que el sistema inmunitario considera extraña y perjudicial. En este caso, esa molécula es producida por las células cancerosas, por lo que el sistema inmunitario debería atacar el cáncer. La FDA aprobó la primera vacuna terapéutica contra el cáncer, para el cáncer de próstata, en 2010, y se están probando otras para diferentes tipos de cáncer.
El cáncer de páncreas resistió los primeros intentos de estimular el sistema inmunitario de los pacientes. “Tiene esta increíble capacidad de mantener alejado al sistema inmunitario y decirle que lo deje en paz”, afirma Rakeman.
Parte de la razón es el tejido denso que rodea el tumor “como una fortaleza”, afirma Shubham Pant, oncólogo médico del Centro Oncológico MD Anderson de la Universidad de Texas, en Houston. Pero si se eliminan esa fortaleza y el tumor que hay en su interior, los restos de cáncer que quedan deberían quedar desprotegidos. Pant y sus colegas razonaron que una vacuna podría estimular al sistema inmunitario para que eliminara esos restos.
En colaboración con Elicio Therapeutics de Boston, los científicos probaron una vacuna que contenía fragmentos de dos proteínas KRAS mutantes. Con ello esperaban entrenar al sistema inmunitario para que atacara las células cancerosas que contenían esas mutaciones.
El equipo llevó a cabo un pequeño ensayo en el que participaron 20 personas con cáncer de páncreas y cinco con cáncer colorrectal. Tras la cirugía para extirpar los tumores, 21 personas generaron células T inmunitarias que eran activas contra sus cánceres. Y los 17 pacientes con mayor respuesta “tuvieron muy buenos resultados”, afirma Pant. La cantidad de ADN tumoral en su torrente sanguíneo disminuyó y 13 siguen vivos más de tres años después de recibir la primera dosis de la vacuna.
Animados por estos resultados, el equipo desarrolló una vacuna contra las siete mutaciones comunes del KRAS. En un ensayo más amplio, la están probando en 158 personas.
En el Memorial Sloan Kettering Cancer Center de Nueva York se ha probado un tipo de vacuna diferente. Los científicos primero observaron detenidamente a los pocos pacientes que viven con cáncer de páncreas más de cinco años, menos de uno de cada diez, según el cirujano y científico Vinod Balachandran, director del Centro Olayan para vacunas contra el cáncer del Sloan Kettering. Descubrieron que los supervivientes estaban desarrollando respuestas inmunitarias a sus cánceres, pero que las células inmunitarias no atacaban al KRAS mutante. Respondían a otras proteínas extrañas que aparecen en los cánceres, porque las células cometen errores al copiar el ADN, lo que da lugar a mutaciones aleatorias. Cuando estas proteínas mutadas terminan en la superficie de las células cancerosas, se activa una “señal de alarma” para el sistema inmunitario, afirma Balachandran.
Balachandran quería que esto ocurriera en más pacientes con cáncer de páncreas. Por eso, él y sus colegas proporcionaron a los participantes en el ensayo vacunas personalizadas, adaptadas a sus mutaciones específicas, desarrolladas por BioNTech de Maguncia, Alemania, y Genentech del sur de San Francisco, California.
En los primeros ensayos, las vacunas provocaron la producción de células T inmunitarias contra las proteínas mutantes en ocho de los 16 pacientes, y las células T persistieron durante años. Los pacientes que respondieron al tratamiento también estuvieron más tiempo sin recurrencias del cáncer que los que no respondieron. Y los ocho pacientes que respondieron al tratamiento sobrevivieron al menos dos años después del mismo. Se está llevando a cabo un ensayo internacional más amplio.
Un impulso para el diagnóstico precoz
Otra forma de frenar el cáncer de páncreas sería diagnosticarlo lo suficientemente temprano como para extirpar el tumor antes de que el cáncer se extienda.
Empresas de diagnóstico como GRAIL, de Menlo Park, California, pretenden hacerlo con el cáncer de páncreas y otros tipos de cáncer mediante el análisis de sangre para detectar el ADN tumoral. GRAIL reveló sus últimos resultados en octubre de 2025 en el Congreso de la Sociedad Europea de Oncología Médica: de 23.161 personas de 50 años o más, sin cáncer reciente, a las que se hizo un seguimiento durante al menos un año, la prueba identificó a 133 con signos de cáncer, incluido el cáncer de páncreas, que posteriormente se confirmó. Aproximadamente la mitad de los cánceres diagnosticados correctamente se encontraban en fase inicial.
Pero la prueba también cometió errores, sugiriendo que 83 personas tenían cáncer cuando no era así. Incluso una prueba muy buena dará falsos positivos, dice Ferguson, y dado que el cáncer de páncreas es tan poco común, un cribado generalizado daría lugar a muchos errores. Por eso, muchos médicos prefieren realizar el cribado solo a personas de alto riesgo.
Ese grupo incluye a personas con anomalías pancreáticas, como quistes, y a aquellas que son portadoras de mutaciones relacionadas con el cáncer o tienen familiares con cáncer de páncreas, afirma Venkata Akshintala, gastroenterólogo y pancreatólogo del Johns Hopkins Medicine, en Baltimore. Él es investigador del estudio de larga duración Cancer of the Pancreas Screening Study (Estudio de detección del cáncer de páncreas), que se lleva a cabo en Johns Hopkins y otros centros clínicos. Su objetivo es identificar signos de cáncer en fase inicial en personas de alto riesgo, mediante pruebas de ADN, secreciones pancreáticas o pruebas de imagen.
El cribado parece funcionar. “Normalmente detectamos el cáncer en una fase temprana”, afirma Akshintala. De los 1.731 participantes en el CAPS, 19 fueron diagnosticados mientras estaban bajo vigilancia. Su supervivencia media fue de casi una década, en comparación con los 1,5 años de las personas que no estaban bajo vigilancia cuando fueron diagnosticadas, según informaron los investigadores en 2022.
Los investigadores de Johns Hopkins creen que se puede mejorar utilizando la IA para reconocer patrones asociados al cáncer de páncreas en las imágenes endoscópicas en blanco y negro que los gastroenterólogos como Akshintala estudian en busca de signos de lesiones tempranas. La combinación de la IA con la experiencia de los médicos dio lugar a predicciones más precisas sobre la progresión del cáncer que cualquiera de las dos cosas por separado, según informó el equipo en 2024 en la conferencia Digestive Disease Week.
De vuelta en el MD Anderson, el gastroenterólogo Suresh Chari está estudiando otra pista prometedora para el diagnóstico precoz del cáncer de páncreas: los resultados recientes de las pruebas de azúcar en sangre que parecen indicar diabetes tipo 2, a menudo seguidos de una pérdida de peso inesperada. Normalmente, el páncreas controla el azúcar en sangre mediante la liberación de hormonas. Pero en este caso, “el cáncer de páncreas está provocando que el metabolismo de la glucosa se vuelva loco”, afirma Chari.
En un estudio de historiales médicos, una puntuación de riesgo que incorporaba los cambios en el azúcar en sangre y la pérdida de peso predijo correctamente el cáncer de páncreas en siete de las nueve personas que posteriormente recibieron el diagnóstico de cáncer, según descubrieron Chari y sus colegas. Chari señala que la mayoría de las personas que obtuvieron una puntuación alta no tenían cáncer de páncreas, pero la prueba de detección redujo el número de personas que podrían beneficiarse de más pruebas. Basándose en esta investigación, espera probar un enfoque clínico en el que las personas que obtengan una puntuación alta se sometan a una tomografía computarizada única, asistida por inteligencia artificial, en los 15 días siguientes a los resultados de glucosa en sangre.
Estas pruebas y tratamientos en desarrollo podrían significar que el cáncer de páncreas dejará de ser uno de los cánceres más mortales. “En los próximos 10 años”, afirma Berkenblit, “creo que veremos una mejora en la supervivencia”.
* Este artículo fue publicado originalmente en Knowable Magazine y fue traducido por Debbie Ponchner.