11 May 2014 - 2:00 a. m.

Bypass gástrico, una cirugía fuera de control

Un procedimiento quirúrgico que debe realizarse bajo la coordinación de varios especialistas, se está convirtiendo en un tratamiento estético. Pacientes mal elegidos sufren secuelas para toda la vida. En Barranquilla un médico es acusado de tres muertes.

Pablo Correa

Bypass gástrico, una cirugía fuera de control

Hace unos meses llegó al consultorio del endocrinólogo Martín Vásquez, en Medellín, un hombre que comenzaba a acariciar la idea del suicidio. Durante la charla inicial, una y otra vez interrumpida por sus constantes idas al baño, el hombre contó que semanas atrás se había sometido a una cirugía de bypass gástrico en Bogotá.

Lo que se suponía que iba a ser la solución definitiva para su obesidad se había convertido en la peor pesadilla de su vida: cada vez que probaba un bocado de comida, inmediatamente vomitaba o a los pocos minutos se desataba una diarrea. Sus huesos se habían descalcificado y a los 50 años eran tan frágiles como los huesos de un anciano de 70. Antes de pedirle que pasara a la camilla para examinarlo, Martín Vásquez dejó consignado en la historia clínica cada detalle, cada síntoma, del relato que acababa de escuchar.

Cuando el hombre se quitó la camisa, el médico se estremeció al ver el rosario fabricado con esmeraldas que le colgaba del cuello. También notó la culeta del revólver que se asomaba en la cintura. “Tranquilo doctor”, dijo el hombre, “soy esmeraldero”.

El diagnóstico era claro. Como miembro del equipo del Hospital Pablo Tobón Uribe a cargo de este tipo de cirugías, conocía de memoria los riesgos que conlleva retirar el estómago y parte del intestino a una persona para forzarla a adelgazar: alteraciones nutricionales, mayor riesgo de piedras en la vesícula, diarrea, osteoporosis, anemia, deficiencia de vitamina A, B y D, y una tasa de suicidio tres veces más alta que la de la población no operada, entre otras secuelas.

Le explicó lo que el cirujano bogotano, que lo operó, nunca le explicó. Le prometió que muchos de los síntomas irían desapareciendo con un manejo médico adecuado. Le dejó claro que su vida no volvería a ser la misma, que tendría que cambiar radicalmente la dieta y tomar suplementos vitamínicos de por vida.

El esmeraldero guardó silencio mientras escuchaba recitar la larga lista de recomendaciones. Luego murmuró:

- Yo a ese hijueputa como que lo mato.

Bypass, el último recurso

Las personas en sobrepeso y obesas están dispuestas a ensayarlo todo con tal de perder los kilos extra. La lista de dietas es infinita y se suma a los métodos de hipnosis, acupuntura en las orejas, fajas adelgazantes, batidos que reemplazan la comida, masajes y gimnasia pasiva. La más radical de esas opciones, y que en Colombia comenzó a practicarse hace unos 20 años según recuerda el cirujano Rami Mikler Lerner, es la cirugía bariátrica.

Existen varios tipos de cirugías bariátricas pero todas comparten un mismo principio: modificar anatómicamente el tracto digestivo con el objetivo de producir restricción a nivel del estómago y disminuir la absorción natural de alimentos en el intestino delgado. En otras palabras, si el problema es que los pacientes no pueden cerrar la boca, entonces por qué no cerrar el estómago y el intestino en una sala de cirugía. Esa fue la idea inicial, aunque con el tiempo se ha visto cómo este procedimiento mecánico logra alterar el metabolismo general del cuerpo, el juego de hormonas que regulan el peso, provocando una pérdida rápida y sustancial de kilos.

Hay un grupo de estas cirugías conocidas como “restrictivas”. Entre ellas figura el balón gástrico. En este caso los cirujanos introducen una esfera de silicona flexible y blanda que provoca la sensación de llenura.

La otra categoría son las cirugías malabsortivas en las que cirujanos recortan la primera parte del intestino delgado que es donde se absorbe la mayor cantidad de nutrientes.

Y una tercera categoría, son las cirugías mixtas. En ellas entra el popular bypass gástrico que consiste en remover una gran porción del estómago (restrictiva) y una parte del intestino (malabsortiva). Fue la cirugía a la que se sometió el futbolista Diego Armando Maradona en 2005 en Cartagena cuando rondaba los 120 kilos de peso.

Una historia de 20 años

Rami Mikler, presidente de la Asociación Colombiana de Obesidad y Cirugía Baríatrica, recuerda que la primera cirugía que se realizó en Colombia fue a principio de los años noventa a una de las llamadas fiscales sin rostro que pesaba más de 120 kilos. Era tal su gordura que ya no podía trabajar ni salir de la casa, y aunque lo había intentado todo, no lograba bajar de peso.

La desesperada fiscal insistió tanto en que le ayudara a buscar una alternativa que lo obligó a investigar sobre cirugías para obesidad. Así se enteró que en Estados Unidos, desde los años 60, se venía desarrollando marginalmente la técnica del bypass gástrico. La fiscal asumió los riesgos del procedimiento y para sorpresa de todos los médicos perdió más de 50 kilos. Mikler entendió que ahí había una salida para muchos pacientes y enfocó su carrera en este tipo de cirugías.

“La cirugía bariátrica ha sido una luz para la gran mayoría de pacientes con obesidad intratable”, explica Patricia Arbelaez, endocrinóloga y miembro del grupo de cirugía bariátrica de la Fundación Santa Fe de Bogotá, “ha mejorado la vida de miles y miles de personas en el mundo”. En su práctica médica, ha sido testigo de cómo pacientes que tenían la vida deshecha por todas las complicaciones asociadas a la obesidad en pocos días y semanas sienten que renacen.

El problema es que hoy, cuando la epidemia de obesidad afecta a 1.700 millones de personas y en Colombia a la mitad de la población, “muchas personas están abusando del bypass gástrico. Se ve como una solución sencilla. Voy a que me corten el estómago y listo. Hay cirujanos que se prestan para eso”, dice Mikler.

Jesús Cure, un cirujano en líos

Luz Ángela Posada supo que su hija se había sometido a una cirugía bariátrica cuando la llamaron y le contaron que estaba internada en una unidad de cuidados intensivos de la Clínica Bautista en Barranquilla. Tres días antes, el 26 de noviembre de 2011 el médico Jesús Habib Cure Michaelith, había aplicado en ella la técnica de manga gástrica que consiste en recortar una gran porción del estómago, dejando sólo un tubo que se cierra con grapas.

Al regresar a su casa, luego de ser dada de alta, Margarita Consuegra comenzó a sentirse mal. Tenía mareos. Comenzó a vomitar sangre. Sabía que algo no estaba bien y pidió que la llevaran a una clínica. En el trayecto perdió el conocimiento así que cuando entró a urgencias, los médicos que la atendieron pusieron en marcha el protocolo de reanimación. Eran cerca de las 11 a.m. del 29 de noviembre.

Todo indicaba que una de las grapas que le colocó Jesús Cure para cerrar el estómago se había soltado y comenzó un sangrado. Los medicamentos que le aplicaron para intentar detener la hemorragia impidieron también que le llegara suficiente sangre a los brazos y las piernas. Con el paso de los minutos comenzaron inflamarse. La llevaron a cirugía para cerrar la herida en el estómago mientras resultaba imposible restablecer el flujo de sangre a los brazos y piernas.

El 3 de diciembre la situación era dramática. Luz Ángela decidió trasladar a su hija a Bogotá en un avión ambulancia.

“ A la primera cirugía en Bogotá entraron muchos médicos y me dijeron que no prometían nada pero estaban haciendo todo lo posible por salvarla”, cuenta Luz Ángela.

Pero todo fue inútil. El 16 de diciembre el grupo de médicos tomó una decisión radical: amputar la pierna derecha y los dedos de las dos manos para intentar salvarla. Margarita falleció el 25 de enero.

“Para mí era muy duro. En el momento eres egoísta y sólo quieres que viva, pero los médicos me decían que pensara como ella, que era lo que ella quería. Cuando ella supo lo que había pasado, pienso yo, no quiso seguir viviendo”.

“Mi hija sí estaba gordita pero no tenía el peso que se necesita para hacer esta cirugía”, dice Luz Ángela sentada en el borde de la cama del cuarto lleno de muñecas que coleccionaba Margarita. “No se cómo hago para seguir viviendo”, dice Luz Ángela. De Jesús Habib Cure nunca recibió ni una llamada.

No es el único caso por el que el cirujano barranquillero está demandado. Luis Alfredo Martínez Baracdhi también lo acusa de ser responsable de la muerte de su hermana Luisa Fernanda Martínez.

“Éramos una familia feliz hasta que mi hermana se sometió a esa cirugía”, cuenta Luis Alfredo.

Pesaba 93 kilos cuando entró a la sala de cirugía. Fue el domingo 21 de octubre de 2012 en Sincelejo. Era la segunda en la lista de pacientes que Cure había programado para ese día. Luis Alfredo dice que cuando llegó a la clínica para preguntar por su hermana horas más tarde notó el ambiente tenso.

“A la 1:00 p.m salió Cure y me dijo que la situación estaba controlada y que mi hermana estaba en cuidados intensivos. Pero el tipo es un sinvergüenza, es un embustero”.

Desde entonces le ha costado mucho trabajo intentar reconstruir lo que pasó, esa mañana dentro de aquel quirófano, con su hermana. Según la autopsia que le practicaron, falleció por una hemorragia asociada a la perforación de la vena cava. La noticia de que su hermana había muerto se la dio otro médico, sobre las 5 p.m. A esa hora, parece que Cure ya no estaba por allí cerca.

“Tenemos radicado el caso en la Supersalud, en el Tribunal de Ética Médica, en el Ministerio de Salud, en la Secretaría de Salud municipal, en la Departamental. Pero las autoridades parece que no sirven para nada. Si uno no tiene poder, le toca llevar su muerto solito. Los médicos terminan tapándose unos con otros”, se queja Luis Alfredo.

Al caso de Margarita y Luisa Fernanda se suma el del esposo de Liliana Medina, Luis Mesa, quien fue operado en noviembre de 2011 por el mismo cirujano.

Aunque inicialmente Jesús Cure aceptó responder un cuestionario por correo electrónico sobre estos casos, finalmente se echó para atrás y sólo contestó: “No puedo darte respuesta a esas preguntas, por cuanto ellas se encuentran profundamente relacionadas con lo que está siendo objeto de investigación en proceso jurídico en curso, instancia que será la que definirá el asunto”.

Aclaraciones finales

Las indicaciones para las cirugías bariátricas, de acuerdo con los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos, son muy claras. Se debe efectuar en pacientes cuya relación entre peso y talla (índice de masa corporal) sobrepase los 40kg/m2. Y, en el caso de pacientes en el que este índice oscile ente 35 y 40kg/m2, sólo si sufren enfermedades asociadas al sobrepeso como hipertensión, diabetes mellitus, síndrome metabólico, entre otras.

Pero esa regla es la primera que se están saltando muchos cirujanos en Colombia. El negocio detrás de la necesidad de las personas por adelgazar ha llevado a muchos a hacerse los de la vista gorda con estos requisitos. Los avisos publicitarios que aparecen en revistas y en páginas web son la mejor prueba de que esta cirugía se salió de la esfera médica y pasó al lado de los procedimientos estéticos.

“Lo que uno encuentra es que le están haciendo esta cirugía incluso a personas con índice de masa corporal inferior a 30 kg/m2”, explica Luz Ángela Casas, presidenta de la Asociación Colombiana de Endocrinología.
Incluso la Asociación Colombiana de Obesidad y Cirugía Baríatrica se muestra vaga a la hora de definir los criterios para llevar a pacientes a cirugía. Entre las recomendaciones que hace a los médicos parece que se hubiera colado un mico: “Pacientes con índice de masa corporal de 30 a 35 kg/m2, asociado o no con comorbilidades”.

La evidencia médica disponible hasta ahora sólo ha demostrado que las cirugías bariátricas pueden ayudar a pacientes con obesidad mórbida o aquellos que tienen un alto riesgo de morir por enfermedades asociadas al sobrepeso.

“La cirugía bariátrica debería ser la última alternativa. Nunca debería llegar un paciente a ese punto si hace intentos bien estructurados para adelgazar”, añade el endocrinólogo Martín Vásquez.

Otro problema común y que va en contravía de las recomendaciones internacionales, es que los candidatos a cirugía deben comenzar un proceso que puede durar hasta seis meses y ser evaluados por un grupo interdisciplinario conformado por endocrinólogos, psiquiatras, nutricionistas, además del cirujano. Y, por si fuera poco, después de la cirugía debe continuar el acompañamiento porque el riesgo de que gane el peso inicial, tres años después, es del 50%.

Pero en Colombia muchos cirujanos lo están convirtiendo en un gran negocio express. En Medellín se sabe de cirujanos han llegado a practicar más de 100 cirugías al mes. Los precios por cada intervención van desde los 10 a los 20 millones de pesos.

De acuerdo a las cifras reportadas por EPS al Ministerio de Salud, cada año se realiza un promedio de estas cirugías en el país. Pero cifras no oficiales que incluyen las cirugías pagadas por particulares, estiman que podrían ser entre 8.000 y 10.000. Otro indicio del jugoso negocio.

El cirujano Rami Mikler recuerda que hace dos décadas, los pacientes obesos eran pacientes que ningún médico quería atender, “los médicos hasta los trataban mal y los regañaban”. Hoy las cosas han cambiado. Los gorditos se han convertido en los clientes favoritos de muchas industrias y negocios.

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