Clínica Navarra, ¿al banquillo?

Una columna de opinión en este diario desató una discusión entre el escritor Julio César Londoño y el centro médico donde fue atendido el asesino de la menor Yuliana Samboní.

Tatiana Pardo Ibarra
22 de marzo de 2017 - 22:45 p. m.
En medio de un fuerte operativo salió Rafael Uribe de la clínica Navarra.  / Archivo - El Espectador.
En medio de un fuerte operativo salió Rafael Uribe de la clínica Navarra. / Archivo - El Espectador.

El 9 de diciembre del año pasado, cinco días después de que el país conociera el aberrante caso de Yuliana Samboní, la menor de siete años que fue secuestrada, violada y estrangulada por el arquitecto Rafael Uribe Noguera en Bogotá, el columnista de este diario Julio César Londoño escribió en su columna de opinión llamada “Voy a violarte, baby”, sobre las “colaboraciones” que pudo haber recibido el victimario para dilatar más el proceso judicial, tanto de sus hermanos Catalina y Federico, como de la Clínica Vascular Navarra, donde fue atendido e internado por una isquemia cardíaca originada por el consumo excesivo de drogas.

En su momento, Londoño aseguró que “la clínica incurrió en una práctica criminal de complicidad por encubrimiento al proporcionarle al asesino excusas conducentes a impedir su captura y coartadas para atenuar su responsabilidad”. Esto teniendo en cuenta que una de las hipótesis de la Fiscalía es que Uribe Noguera había consumido cocaína y alcohol para desviar la investigación y evadir su responsabilidad.

De acuerdo con la historia clínica de la Navarra, Uribe había ingerido sustancias alucinógenas y se quejaba de dolor en el pecho, por lo que le hicieron un electrocardiograma que mostró signos de isquemia cardíaca, es decir, que se redujo el flujo sanguíneo que le llega al corazón por un bloqueo de las arterias.

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El documento dice más adelante que, como los estudios cardiológicos no fueron concluyentes, el especialista ordenó un cateterismo cardíaco para “concretar todas las dudas sobre enfermedad coronaria”, por lo que fue internado en la unidad de cuidados intensivos, pues “en algún momento la isquemia puede convertirse en un infarto agudo del corazón”.

Para el columnista Londoño, la justificación de la clínica no tiene razón de ser, pues, según se preguntó la Fiscalía en una de las audiencias públicas, si realmente se trataba de una emergencia, por qué Uribe y sus hermanos salieron caminando tranquilamente del edificio Equus, por qué no usaron el carro que tenían disponible en el parqueadero para atender la calamidad médica, por qué no llamaron una ambulancia inmediatamente y por qué Uribe utilizó una máquina dispensadora de gaseosas (como se ve en un video que guarda la entidad) con tanta frescura.

“Cómo entender que en una clínica, donde la atención es lenta para cualquier paciente, vuelen a internar al asesino en la UCI y le practiquen un proceso delicado, un cateterismo exprés, sin necesitarlo. ¿Cuántos días y trámites debe cumplir un enfermo real para recibir estos cuidados?”, se cuestiona Londoño.

Buscando salir de dudas, el columnista habló con un cardiólogo para corroborar si efectivamente ese era el proceso médico pertinente y el protocolo a seguir. El profesional le respondió que “en caso de isquemia cardíaca, los protocolos no recomiendan UCI ni cateterismos, máxime si el paciente está tranquilo, sino un estudio cardiológico. Si el estudio no es concluyente, lo usual es dejarlo en observación. Esto es lo que indican los protocolos, pero la última palabra la tiene, claro, el médico”.

El Espectador habló con el presidente de la Asociación Colombiana de Cardiología, Enrique Melgarejo, quien aseguró que “un dolor de preinfarto es tan agudo que ni siquiera podría caminar tranquilamente”. Aunque señala que no es común que el paciente sea llevado a la UCI, pues son varios los procesos previos que deben realizarse, puede ser posible si el enfermo “llega con un dolor intenso que es opresivo, asfixia y sudor excesivo que muestran sospecha de acción de muerte inminente”.

También es cierto, dice Melgarejo, que la cocaína produce espasmos coronarios severos que pueden llevar a infartos, pero “el cateterismo es la última opción”.

Dadas las diferencias de opinión, la clínica Navarra le solicitó a Londoño retractarse de todos los argumentos “calumniosos, desobligantes, mal intencionados, turbios y deshonestos” que escribió en su columna.

El escritor se negó “hasta que la defensa del señor Uribe Noguera y la clínica respondan a la Fiscalía por varios interrogantes”.

Por Tatiana Pardo Ibarra

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