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El Ministerio de Salud y el Instituto Nacional de Salud (INS) confirmaron, en la noche de este martes, 19 de septiembre, la detección de un caso importado de sarampión en el departamento del Amazonas.
Según precisaron las entidades, el caso corresponde a un niño de dos años de nacionalidad peruana, residente en la comunidad de San Isidro (Perú). El menor ingresó a territorio colombiano y fue atendido en una institución de salud de Leticia (Amazonas).
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“Posteriormente, se desplazó a Tabatinga (Brasil), donde permanece en aislamiento y bajo seguimiento por parte de las autoridades sanitarias de ese país. Adicionalmente, se notificó por el Centro Nacional de Enlace de Brasil la confirmación de tres casos más en su territorio procedentes de Perú, los cuales están en seguimiento”, indicaron las entidades, a través de un comunicado conjunto.
Por el momento, las entidades aseguraron que se encuentran realizando las acciones necesarias para minimizar el riesgo en la aparición de nuevos casos, verificando los esquemas de vacunación de la población, identificando los contactos y realizando las búsquedas activas comunitarias e institucionales.
“Estos recientes eventos reafirman la importancia de mantener el trabajo articulado entre países y fortalecer las medidas de prevención en las zonas de frontera, donde la movilidad permanente de las personas puede favorecer la introducción y propagación de enfermedades transmisibles”, se lee en el comunicado conjunto.
Según cifras oficiales, durante 2026, en Colombia se han identificado 15 casos de sarampión asociados a importación internacional, procedentes de diferentes países y territorios, incluyendo Perú, México, Estados Unidos, Panamá, así como casos relacionados con cadenas de importación. Por su parte, en la más reciente semana epidemiológica no se ha evidenciado transmisión sostenida del virus en el país.
Estas son las recomendaciones para la ciudadanía:
- Verificar y completar los esquemas de vacunación,
- Dosis cero en niños y niñas de 6 a 11 meses, dos dosis en menores de 11 años y dosis adicional en viajeros a países que han reportado casos de sarampión,
- Acudir de inmediato a los servicios de salud si se presentan síntomas como fiebre, tos, secreción nasal, ojos enrojecidos o erupción en la piel,
- Mantener aislamiento domiciliario y evitar el contacto con otras personas cuando exista sospecha o confirmación de sarampión, siguiendo las orientaciones de los profesionales de salud,
- Informar a las autoridades sanitarias sobre antecedentes de viaje reciente o contacto con personas enfermas,
- Permitir y colaborar con las actividades de búsqueda de contactos y vacunación de bloqueo que desarrollen los equipos de salud en las comunidades.
“Las autoridades de salud reiteran que la vacunación es segura, gratuita y es la medida más eficaz para prevenir el sarampión y evitar complicaciones graves. Las vacunas están disponibles en más de 3.000 puntos de vacunación de todo el país, para cualquier persona que viva o transite por el territorio nacional”, reiteraron las entidades.
¿Qué es el sarampión?
Según la OMS, y en términos bastante simples, es una enfermedad altamente contagiosa causada por un virus. Puede causar una enfermedad grave, complicaciones e incluso la muerte. Antes de que se introdujera la vacuna contra el sarampión en 1963 y comenzara la vacunación generalizada, se producían importantes epidemias cada dos o tres años, que causaban unos 2,6 millones de muertes anuales. El virus infecta las vías respiratorias. Provoca fiebre alta, tos, rinorrea y una erupción cutánea que se extiende por todo el cuerpo.
A nivel mundial, sigue siendo una de las principales causas de muerte en niños pequeños, pese a que existe una vacuna segura y eficaz para prevenirlo.
¿Cómo se propaga el sarampión?
Los científicos saben que el sarampión puede contagiarse cuando una persona infectada tose o estornuda. Según UNICEF, otras personas pueden infectarse si respiran aire contaminado o tocan una superficie infectada y luego se tocan los ojos, la nariz o la boca, pues el virus del sarampión puede vivir hasta dos horas en el aire o en una superficie. La Organización Mundial de la Salud estima que una persona infectada puede transmitir la enfermedad desde cuatro días antes de la aparición de la erupción hasta cuatro días después de su aparición.
¿Qué tan transmisible es el sarampión?
Muy transmisible. De hecho, de todos los virus que los humanos conocemos, el del sarampión es uno de los más transmisibles, incluso más que la COVID-19, la gripe, la varicela o el ébola. La OMS explica que, por cada persona que contrae sarampión, entre 12 y 18 personas más se infectarán si no están vacunadas. Es tan contagioso que, si una persona lo contrae, hasta el 90 % de las personas expuestas al virus que no son inmunes también se infectarán. UNICEF explica que esa es, en parte, la razón por la que los recientes brotes de sarampión se han propagado tan rápidamente, sobre todo entre las poblaciones con tasas de vacunación más bajas.
¿Qué tan grave puede ser el sarampión?
De ninguna manera se puede subestimar. Puede ser una enfermedad muy grave. Cada año, alrededor de 136.000 personas en todo el mundo mueren a causa del sarampión y sus complicaciones. La mayoría son niños. En el año 2000, antes de que la vacuna contra el sarampión estuviera tan ampliamente disponible como lo está hoy, 761.000 niños morían cada año de sarampión y sus complicaciones.
UNICEF señala que, “además de la hospitalización y la muerte, el sarampión puede causar complicaciones de salud debilitantes a largo plazo. También puede dañar el sistema inmunitario al ‘borrar’ su memoria sobre cómo combatir las infecciones, dejando a los sobrevivientes del sarampión vulnerables a otras enfermedades durante semanas o incluso meses”. El virus puede provocar neumonía, encefalitis (que se define como una inflamación del cerebro), pérdida de la visión o de la audición e incluso secuelas neurológicas permanentes.
Además, ese “borrado” inmunológico significa que, incluso después de superar la infección, el cuerpo puede quedar temporalmente más expuesto frente a otras enfermedades. Por eso el sarampión no es una enfermedad leve ni inofensiva.
¿Cuáles son los síntomas del sarampión?
Los síntomas del sarampión suelen aparecer entre siete y catorce días después del contacto con el virus, aunque en algunos casos el periodo de incubación puede extenderse un poco más. La enfermedad comienza con fiebre alta, tos, goteo nasal y conjuntivitis, es decir, ojos rojos y llorosos. En esta fase inicial, la OMS cuenta que también pueden aparecer las llamadas manchas de Koplik, pequeños puntos blancos dentro de la boca que son característicos del sarampión.
La conocida erupción cutánea aparece por lo general entre tres y cinco días después de los primeros síntomas. Suele comenzar en la cara, cerca de la línea del cabello y detrás de las orejas, y luego se extiende hacia el cuello, el tronco, los brazos, las piernas y los pies. Cuando surge el brote, la fiebre puede aumentar. Los síntomas pueden confundirse con la rubeola, pero hay diferencias importantes. Una de ellas, quizá la más importante, es que el sarampión suele producir fiebre más alta.
¿Quién está en riesgo?
La OMS es clara: cualquier persona no inmune (no vacunada o vacunada pero sin desarrollar inmunidad) puede infectarse. Sin embargo, hay varios grupos poblacionales con mayor probabilidad de sufrir complicaciones:
Los niños pequeños no vacunados y las mujeres embarazadas tienen mayor riesgo de sufrir complicaciones graves del sarampión. En los primeros, el sistema inmunológico aún está en desarrollo, lo que aumenta la probabilidad de neumonía, deshidratación, infecciones del oído e incluso encefalitis, una inflamación del cerebro que puede dejar secuelas permanentes o causar la muerte.
En el caso de las mujeres embarazadas, el sarampión puede provocar complicaciones tanto para la madre como para el feto. Se ha asociado con mayor riesgo de parto prematuro, bajo peso al nacer e incluso pérdida del embarazo. Además, si la madre no está vacunada y contrae la infección, puede transmitir el virus al recién nacido. La OMS agrega que las complicaciones son más comunes en niños menores de 5 años y adultos mayores de 30. Son más probables en niños desnutridos, especialmente en aquellos con deficiencia de vitamina A o con un sistema inmunitario debilitado por el VIH u otras enfermedades.
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