14 Oct 2021 - 3:00 a. m.

¿Cuándo dejaremos de usar tapabocas? No será en el partido contra Ecuador

El partido entre Colombia y Brasil despertó críticas porque algunas personas no estaban usando mascarillas. Pero detrás de esos señalamientos hay una discusión más compleja donde entran en juego varias variables.

Hace cerca de un mes la cadena CNN le preguntó al popular doctor Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de Estados Unidos, qué pensaba sobre volver a permitir estadios llenos de espectadores para ver actividades deportivas. Tras pensarlo un poco, Fauci dijo que hacerlo, tal vez, no era la decisión más inteligente. Los espacios abiertos, aclaró luego, siempre serán mejor que los espacios en el interior, pero para estar en entornos muy congregados hay que vacunarse y usar tapabocas. (Lea El 62% de los colombianos está de acuerdo con la legalización del aborto)

Algunos criticaron sus palabras. Un año y medio después de que se hubiese declarado la pandemia del COVID-19, para casi nadie resulta cómodo continuar utilizando mascarillas. Mucho menos después de haber recibido el esquema completo de vacunación o de haber sido infectado por el coronavirus. Después de todo, si ya alguien tiene inmunidad, ¿por qué debería seguir cubriéndose parte del rostro?

La inquietud ha circulado en los últimos días en medios y redes sociales. Entre las múltiples respuestas hay quienes han criticado con dureza que el Gobierno aún exija esa medida. “¿Saben cuánto ha aumentado la presencia de tapabocas en nuestros basureros y rellenos? ¿Saben cuánto demoran en degradarse? Les compro la tesis de que se justifican para no vacunados, de resto, usar aún esa vaina es criminal”, escribió un usuario en Twitter.

Otros, por el contrario, señalaron a quienes no usan la mascarilla o la utilizan de manera correcta. Tras el partido de Colombia y Brasil, por ejemplo, llovieron las críticas. “No hubo goles y tampoco protocolos en Barranquilla. Durante el partido se evidenció la falta de uso de tapabocas, distanciamiento y otras medidas,” apuntó un importante periódico. “Tres personas con tapabocas por cada 100 ‘más o menos’. No hay COVID”, escribió con ironía una presentadora.

Pero dividir el debate de usar o no tapabocas en un par de bandos no le hace justicia a una discusión un poco más compleja. Como sugerían varios investigadores en un texto publicado a finales de abril en The BMJ, hay más elementos que se deben tener en cuenta a la hora de criticar o exigir el uso de la mascarilla en espacios al aire libre (en los cerrados parece haber consenso: todos, por ahora, tenemos que utilizarlo, especialmente en lugares públicos y reuniones con un buen número de personas. También en sistemas masivos de transporte).

Entre las variables que entran en juego en esta discusión hay tres que Andrés Vecino, médico e investigador de la U. John Hopkins (EE. UU.), cree que deberían considerarse. La primera es el tipo de tapabocas; la segunda tiene que ver con el espacio en el que se usa; y la tercera es la “condición” de la persona, una “categoría” que engloba otros aspectos claves: ¿Está o no vacunada? ¿Está actualmente infectada de COVID-19? Si es así, ¿hace cuánto tiempo? ¿Dos días? ¿Diez?

Son dudas, sin embargo, casi imposibles de resolver, especialmente si alguien es asintomático y comparte un espacio en el que habrá miles de desconocidos -como en un estadio-.

Pero un buen camino para encontrar una respuesta es partir de un principio básico, como lo llama Vecino: “El tapabocas funciona para detener la transmisión. Es efectivo. ¿Qué tan efectivo? Eso no lo sabemos porque no tenemos un parámetro que nos permita definir qué es efectividad, pero, sin duda, depende de esas variables que mencioné”.

Hay, además, otro punto esencial que, para la epidemióloga Silvana Zapata, hay que reiterar antes de examinar los diferentes escenarios. “¿Para qué sirve un tapabocas? Para protegerme a mí y para proteger a los otros. Eso no se nos puede olvidar. Y en una pandemia se analiza tanto el riesgo individual como el colectivo, así que se tendría que pensar en ambos”, dice. Es un asunto de “empatía”, para usar las palabras de Vecino.

Dicho eso, el gran interrogante es cuándo alguien debe o no usar un tapabocas en espacios exteriores. Es una duda cuya respuesta (como muchas en esta pandemia) está llena de matices y que depende de varios factores y sobre todo, como asegura Vecino, del contexto de cada individuo.

Los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC), por poner un ejemplo, son claros en explicar que si alguien ya recibió el esquema completo de vacunación y tiene dos años o más no debe utilizarlo al aire libre, pero hay algunos casos donde las condiciones cambian. Uno hace referencia a las áreas con gran cantidad de casos de COVID-19. Otro es en lugares donde haya personas que no estén totalmente vacunadas. En esos casos su recomendación es ajustarse el tapabocas.

Pero dentro de esas condiciones caben, a su vez, muchas situaciones difíciles de descifrar. Por eso, una buena recomendación de Zapata es aprender a leer el contexto en el que cada quien se encuentra. Nada mejor para hacerlo que la vieja analogía del cigarrillo: como el COVID-19 también se transmite por aerosoles, esas partículas diminutas que salen de nuestra boca pero que son imposibles de percibir al ojo humano, basta con imaginar que son como el humo de expele un fumador.

“Si estoy en una playa o en una montaña donde hay buena ventilación, seguro no voy a percibir ese olor ni me alcanzará el humo”, cuenta Zapata. “Si, en cambio, estoy en un concierto en el parque Simón Bolívar la situación será muy distinta. En ese caso lo mejor, tal vez, es ponerse el tapabocas”.

Para ella hay varias variables que entran en juego en ese escenario multitudinario. Una de ellas es la certeza que tenemos sobre la duración de la inmunidad generada por las vacunas “Sabemos que es muy buena, hasta ahora, más de un año, pero quizá el gran temor es que alguien puede volver a ser susceptible en el tiempo, ¿cuándo? Eso aún no lo sabemos”, dice. Un ejemplo son las personas inmunosuprimidas y los mayores de 70 años. Para ambos grupos, como ha sucedido en otros países, el Gobierno colombiano ya aprobó una tercera dosis.

“Quienes toman medicamentos que debilitan el sistema inmunitario deben seguir con todas las medidas de precaución recomendadas para las personas no vacunadas, como usar una mascarilla que se ajuste bien a la cara”, se lee en la página de los CDC.

Otro factor que puede incidir, dice Zapata, son las variantes del coronavirus. Si alguien se contagia con la variable Delta, que ya circula en el país, puede ser posible que quienes estén a su alrededor tengan más probabilidad de infectarse si no toman medidas adecuadas. Pero eso (si alguien es asintomático, especialmente) también es algo muy difícil de saber. Aún no hay mucha evidencia de reinfecciones y neutralización, aunque cada vez hay más evidencia.

Entonces, con el aforo actual permitido (75%), ¿qué haría en un partido como el que hoy tiene Colombia frente a Ecuador? “Yo no iría”, responde. “Soy abonada del Atlético Nacional y ni siquiera he ido al estadio con mascarilla”. “Yo recomendaría usar tapabocas siempre y mantener la distancia”, responde, por su parte, Vecino.

A Iahn Gonsenhauser, director de calidad y seguridad del paciente en el Centro Médico Wexner de la Universidad Estatal de Ohio, le hicieron en CNBC una pregunta similar. Su respuesta fue la siguiente: “Si desea minimizar su riesgo tanto como pueda, ir a un evento deportivo no es la opción correcta”. Para él, en las grandes multitudes, donde es frecuente gritar o aplaudir hay más oportunidad de propagación del virus.

En el texto que publicaron en The BMJ, los profesores Babak Javid, Dirk Bassler y Manuel Bryant tenían una postura parecida. “Usar mascarilla será beneficioso en la disminución del riesgo en grandes reuniones al aire libre como eventos deportivos donde será difícil mantener la distancia física durante períodos prolongados”.

En la otra cara de la moneda, los otros tres profesores que firmaban el artículo (Muge Cevik, Zeynep Tufekci y Stefan Baral) tenían un buen punto: “Las recomendaciones de uso de mascarillas en exteriores también pueden confundir al público sobre la verdadera naturaleza del riesgo relativo y podrían distraer la atención de los entornos interiores con un riesgo de transmisión mucho mayor”. Pedían, que “los costos de las políticas que apuntan al uso regular de mascarillas al aire libre se equilibraran con sus beneficios limitados”.

***

En medio de esta discusión, también hay buenas noticias. La vacunación ha vuelto a tomar un buen ritmo (más de 300 mil dosis por día) y de ese proceso depende que un país (o una ciudad) deje de usar tapabocas. Leticia, donde hay una alta prevalencia (puede ser mayor al 80% o 90%, había dicho en mayo el ministro de Salud Fernando Ruiz) y un alto porcentaje de población vacunada puede ser muestra de ello. En Barranquilla (aunque con alta prevalencia), tiene otras condiciones por ser una ciudad donde hay más flujo de turistas.

“Si queremos dejar pensar en la posibilidad de retirar el uso del tapabocas en espacios públicos debemos garantizar una muy buena vacunación”, dice Gerson Bermont, director de Promoción y Prevención del Minsalud, al tiempo que critica lo que sucedió en Barranquilla en el partido de Colombia. Por ahora, continuará siendo obligatorio en todos los lugares públicos hasta que no se logre vacunar, al menos, el 70% de los habitantes. Hoy el 35% cuenta con esquema completo.

Como le dijo hace unos meses a Nature Monica Gandhi, médica de enfermedades infecciosas de la Universidad de California en San Francisco, el uso de mascarillas debería evolucionar a la luz del aumento de las tasas de vacunación, pero los cambios, insistía, deben realizarse con cuidado.

Sin embargo, es claro que asistir a un partido es muy diferente a estar en un espacio como un parque, bien sea solo o con personas conocidas. Después de todo, como dice Vecino, estas decisiones dependen mucho de las circunstancias y el contexto individual. Para ilustrar ese punto tiene un ejemplo: “Si estoy vacunado y en casa tengo un hijo mayor de siete años, no me preocuparía al encontrarme a alguien en la calle sin tapabocas. Pero con un niño menor de un año sí que me inquietaría que alguien se le acerque a saludarlo sin usarlo”.

Zapata, por su parte, dice que ella prefiere quitarse la mascarilla en espacios al aire libre donde está sola o junto a personas cercanas. La situación cambia si hay alrededor desconocidos que están a una distancia muy reducida y poca ventilación.

Los doctores Cevik, Tufekci y Baral añadían en sus argumentos un último punto que no puede dejarse de lado y que es vital en medio de la pandemia: imponer el uso de la mascarilla al aire libre, con actitud policiva, siempre puede empeorar el aislamiento social y dificultar actividades esenciales como hacer ejercicio. Permitirle a la gente que se “recargue” de aire fresco y actividad física, anotaban, también traerá grandes ganancias para la salud pública.

Comparte: