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16 Oct 2021 - 2:00 a. m.

Covax, la historia de cómo fracasó la solidaridad en la entrega de vacunas

El mecanismo que prometió distribuir 2.000 millones de dosis en 2021 y favorecer a los países más pobres se ha encontrado con muchas barreras en el camino. Hoy es solo una desilusión: apenas ha dado la quinta parte de lo que ofreció.

Diego Quiceno Mesa

@juandiegomq

En Colombia, el mecanismo Covax ha entregado un poco más de siete millones de dosis contra el coronavirus. / AFP
En Colombia, el mecanismo Covax ha entregado un poco más de siete millones de dosis contra el coronavirus. / AFP
Foto: SCHNEYDER MENDOZA

El Hospital Universitario de Puerto Príncipe, uno de los más grandes de la capital haitiana, lleva más de 10 años en reconstrucción. Su armazón, casi destruido en el sismo de 2010, es una promesa inconclusa. A su alrededor, describe el doctor Claudelson Thébeaud, hay un goteo lento de hombres y mujeres con los brazos descubiertos a la espera. A un promedio de 980 diarias, Haití ha aplicado desde julio pasado 88.260 dosis anticovid, de 500.000 que han llegado a la isla a través del mecanismo Covax, de la Organización Mundial de la Salud. (Le recomendamos: ¿Cuándo dejaremos de usar tapabocas en Colombia?)

“La llegada de estas vacunas es muy prometedora, y ahora el desafío es hacerlas llegar a las personas que más las necesitan”, dijo en julio, al arribo de las primeras dosis, la directora de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), Carissa F. Etienne. Tres meses después, apenas el 0,37 % de 11,4 millones de haitianos tienen una dosis, según Our World In Data.

En la isla la pandemia fue un desastre distinto a lo conocido. Si un sismo es un acontecimiento impredecible, la pandemia fue, por el contrario, algo esperado en el resto del mundo. Tanto, que cuando el COVID-19 era un virus aún limitado a las fronteras chinas, un par de hombres hablaban ya de vacunas y de su repartición en un bar suizo de Davos. (Puede leer más noticias de coronavirus y salud aquí)

Seth Berkley, director general de Gavi, la Alianza para las Vacunas (cuyo uno de sus principales fundadores es Bill Gates), y Richard Hatchett, al frente de la Coalición para la Promoción de Innovaciones en pro de la Preparación ante Epidemias (CEPI), miraban el pasado buscando lecciones. Era enero de 2020. “Hablamos de nuestra preocupación por asegurar el acceso igualitario a cualquier vacuna si pasaba lo que creíamos que podía pasar, es decir, una pandemia”, recuerda Hatchett a la Oficina de Periodismo de Investigación, una organización británica. Un mes después nació Covax.

Sus impulsores, Gavi, Cepi y la OMS, hablaron de que Covax aseguraría el acceso a una vacuna anticovid de millones de personas que habitan los países de renta baja del mundo, como los haitianos; prometieron distribuir 2.000 millones de dosis anticovid en 2021. A menos de tres meses de que finalice el año, solo 365 millones de dosis han llegado a 144 países. “Una iniciativa altruista que falló pasando de la teoría a la práctica”, dice Álvaro Javier Idrovo, PhD en epidemiología, “que no tuvo un buen cálculo con las farmacéuticas”. (Puede leer: Ya no será obligatorio el agendamiento de mayores de 70 años para tercera dosis)

¿En qué falló?

En Haití, en Ghana y en Uganda las dosis de Covax han llegado en medio de ceremonias. Viajan en aviones y aterrizan en pistas donde las esperan, como visitantes ilustres, tendidos de alfombra roja, guardias militares y pronunciamientos políticos. El mecanismo es sencillo en sus objetivos: pretende la entrega de dosis que permitan inmunizar al 20 % de la población de los países que lo integran, 195 Estados que representan más del 90 % de la población mundial. Entre ellos hay países ricos y pobres. Los primeros, plantea el mecanismo, pueden comprar dosis al tiempo que financian a los de renta media baja y baja.

Más de 18 meses después el objetivo de entregar dosis para el 20 % de la población solo se ha logrado cumplir en menos de una veintena de países (entre ellos Antigua y Barbuda, San Cristóbal y Nieves, Nauru, Esuatini y Tuvalu), muchos de ellos con poblaciones que no llegan a un millón de personas. En América Latina, Covax ha entregado dosis a la mayoría de países, si bien resaltan El Salvador y Honduras, a cuyos gobiernos ya completó la entrega (entre 3 y 4 millones de dosis respectivamente) para inmunizar al 20 % de la población. A Colombia el mecanismo ha entregado poco más de siete millones de dosis.

“Al poner en común la demanda mundial, la Asociación pretendía aportar simultáneamente una mayor influencia en las negociaciones de precios y volúmenes con los fabricantes, al tiempo que garantizaba una distribución equitativa entre los países de ingresos más altos y más bajos”, explica Covax en un documento del 8 de octubre pasado, en el que evalúa su funcionamiento. Para ponerse en primera fila de prioridad, el organismo invirtió hasta US$1.200 millones en 12 candidatas a vacunas.

“Su gran error fue no hacer uso de ese poder colectivo de compra. No impuso condiciones a las empresas farmacéuticas. Financió el desarrollo de vacunas y no se aseguró unos precios o una distribución que no estuviera sujeta a la intención de los Estados más ricos”, señala Felipe Carvalho, coordinador para América Latina de la Campaña de Acceso a Medicamentos de Médicos Sin Fronteras. Cuando por fin hubo vacuna, “la industria farmacéutica en general privilegió la rentabilidad: al mejor postor se le entregó primero. Covax fue un actor más que jugaba en ese mercado”, agrega Idrovo.

“Los grandes acuerdos bilaterales realizados entre países de renta alta y los productores de vacunas ya en agosto de 2020 socavaron la visión de adquisición global de Covax — reconoció la iniciativa —. Muchos compraron dosis que cubrían más del 100% de sus poblaciones, lo que dejó a Covax con una capacidad limitada para ampliar la adquisición”.

Para noviembre de 2020, reveló entonces un análisis publicado por el Centro de Innovación en Salud Global de la Universidad de Duke (EE. UU.), cuatro mil millones de dosis de las candidatas a vacunas contra el COVID-19 ya eran parte de acuerdos bilaterales de compra anticipada entre países y farmacéuticas, y otros cinco mil millones de dosis eran objeto de negociación. Entretanto, Covax solo había podido adquirir dosis para cubrir a 250 millones de personas.

“No fue estratégico ni transparente cómo invirtieron en vacunas que luego no pudieron adquirir”, explica Carvalho. “Tampoco tuvieron suerte con el clima político. La OMS sostuvo las ideas teóricas de justicia y equidad ante una crisis sanitaria de esta envergadura y tenía los dispositivos técnicos para hacer cumplir esas ideas, pero la lucha política que rodeó la pandemia, la confrontación entre Occidente y China, llevó a una movilización política que superó rápidamente la diplomacia de la OMS”, dice Idrovo. El organismo lo reconoce.

El clima político influyó mucho en los resultados de la movilización de recursos, dice Covax en la evaluación de su gestión: “La mayoría de los primeros donantes priorizaron la financiación de la respuesta nacional, reduciendo o reasignando las promesas a otros esfuerzos, Además, el apoyo inicial de los países donantes, sobre todo de los países del G7 y del G20, no inspiró más apoyo de los países que no pertenecen a estos grupos”. Si en un principio el organismo creyó que la fuerza del conjunto era la opción lógica, los países de renta media alta y alta prefirieron asegurar la salvación individual.

Hoy, 18 meses después de su creación, Covax es financiada principalmente por Estados Unidos y Alemania, que han aportado $6.214 y $2.636 millones de dólares, respectivamente. “Pero el mecanismo sigue sin poder comprar el volumen de dosis que necesita y está dependiendo mucho de las donaciones, lo que no era la idea original”, dice Carvalho. A medida que la inmunización avanza en los países de renta media alta y alta, incluso en su tercera dosis, los gobiernos han optado por donar a Covax las dosis que ya no necesitan con tanta urgencia. Las 500.000 que llegaron a Haití en julio, por ejemplo, son una donación de Estados Unidos. Eso, si bien parece de entrada un alivio, tiene sus peros.

“Las dosis donadas conllevan nuevos costes de transacción (por ejemplo, al negociar con los donantes y complementar los costes de envío), retos logísticos añadidos (por ejemplo, tiempos de caducidad potencialmente cortos en las dosis donadas y un menor tiempo de planificación antes de la entrega), y retrasan la regularización de los precios y el suministro del mercado de vacunas”, reconoce Covax. “Cuando es ayuda nunca va a ser positiva. Debe de ser cooperación”, apunta desde Puerto Príncipe el Dr. Thébeaud. Haití se presta a devolver a la OMS 250.000 de las dosis donadas. Caducan a inicios de noviembre.

La iniciativa reconoció que no cumplirá la meta de 2.000 millones de dosis en 2021. Sin embargo, sí espera distribuir al menos 1.400 millones. Eso implica, si se cumple, que en el último trimestre del año llegarán a los países más pobres grandes volúmenes de dosis. Será el tiempo el que definirá si la logística no se volverá entonces otro escollo. Mientras eso ocurre, en Haití, uno de los países de América Latina con la vacunación más atrasada, la pandemia avanza a un ritmo propio, distinto y especial como la isla en la que se consume.

“Científicamente no lo puedo justificar. La población casi no usa mascarilla, en los mercados y transporte están juntos. Al frente tenemos a República Dominicana, que intenta controlar el virus. Y aun así tenemos una de las tasas de contagio y de muerte más bajas de América”, dice Thébeaud. Tiempo de oro para una vacunación que aún no llega.

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