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Hacer actividad física por gusto sigue siendo un privilegio en gran parte del mundo

Un análisis internacional publicado esta semana encontró que menos de la mitad de las personas alcanza las recomendaciones de actividad física solo con ejercicio en el tiempo libre, lo que refleja desigualdades sociales y urbanas.

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09 de marzo de 2026 - 08:07 p. m.
Pocas personas alcanzan los niveles recomendados de actividad física únicamente a través del ocio.
Pocas personas alcanzan los niveles recomendados de actividad física únicamente a través del ocio.
Foto: Instituto Distrital de Bogota
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Con más de 5 millones de muertes atribuidas por año, la inactividad física es un importante problema de salud pública mundial. Se estima que, en todo el mundo, casi uno de cada tres adultos y ocho de cada 10 adolescentes no cumplen las directrices de actividad física de la Organización Mundial de la Salud (150 a 300 minutos semanales de actividad física aeróbica de intensidad moderada a vigorosa para adultos; y 60 minutos diarios para niños y adolescentes).

Pese a todos los esfuerzos que han hecho los médicos y decenas de políticas públicas en todo el mundo, eso sigue muy mal, con consecuencias negativas.

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Una investigación publicada en Nature presenta una serie de de datos globales y revisiones de literatura científica para entender tres cosas: las desigualdades en actividad física en el mundo, y la evidencia de sus efectos positivos para la salud.

Para analizar las desigualdades, los investigadores utilizaron encuestas del llamado programa STEPS de la Organización Mundial de la Salud, un sistema internacional que recopila información comparable sobre enfermedades no transmisibles y sus factores de riesgo. La actividad física se midió con el Cuestionario Global de Actividad Física (GPAQ), una herramienta de la OMS que recoge la frecuencia, duración e intensidad de la actividad física en tres ámbitos: tiempo libre, transporte (por ejemplo, caminar o ir en bicicleta para desplazarse) y trabajo.

Con esta información se calculó si las personas cumplían las recomendaciones internacionales de actividad física: al menos 150 minutos semanales de actividad moderada o 75 minutos de actividad vigorosa, o una combinación equivalente.

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Finalmente, los datos también se analizaron según sexo (hombres y mujeres) y nivel educativo, utilizado como indicador del nivel socioeconómico. Los participantes se clasificaron entonces en cuatro categorías: sin educación formal, educación primaria, secundaria y terciaria. Dado que los sistemas educativos varían entre países, los investigadores armonizaron estas categorías revisando cada caso y consultando fuentes oficiales cuando fue necesario.

¿Qué encontraron?

Quizá el hallazgo más importante es que pocas personas alcanzan los niveles recomendados de actividad física únicamente a través del ocio.

En casi todos los países y grupos sociales analizados, menos de la mitad de las personas cumplen las recomendaciones solo con actividad física en el tiempo libre, informan los investigadores en el estudio. Esto significa que gran parte de la actividad física que realizan las personas proviene del trabajo o del transporte. Por eso, los autores argumentan que no basta con promover el ejercicio recreativo: también es necesario crear entornos urbanos seguros y eficientes que permitan caminar o ir en bicicleta por elección, no solo por necesidad económica.

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El segundo hallazgo tiene que ver con por qué la gente se mueve. Aunque podría pensarse que la actividad física relacionada con el trabajo es la principal impulsada por la necesidad económica, el estudio muestra que algo similar ocurre con el transporte activo (caminar o usar bicicleta para desplazarse). En muchos países, especialmente los de ingresos bajos, muchas personas se mueven de esta forma no porque lo prefieran, sino porque no tienen otras opciones de transporte. Esto, dicen los autores, refleja una desventaja estructural: la falta de transporte accesible o infraestructura adecuada obliga a las personas más pobres a depender de estas formas de movilidad, lo que puede reforzar desigualdades sociales.

El trabajo también revisa la evidencia sobre los beneficios de la actividad física para la salud. La investigación reciente muestra que mantenerse activo no solo reduce enfermedades cardiometabólicas, sino que también fortalece el sistema inmunitario y puede ayudar a prevenir o reducir la gravedad de enfermedades infecciosas.

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