Este fin de semana no hubo medio de comunicación en Colombia que no publicara la noticia del “primer caso” de sarampión detectado en el país. A través de un boletín, la Secretaría de Salud de la Alcaldía de Bogotá había informado que era de un adulto que había viajado a México, donde la enfermedad está causando mucha preocupación: entre 2025 y 2026 ha habido 10.439 casos y 31 muertos.
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Sin embargo, en la mañana del sábado, el Ministerio de Salud emitió otro comunicado con una información diferente: en él indicaba que no se trataba de un caso confirmado de sarampión, sino sospechoso, y pidió paciencia mientras realizaban las pruebas que les permitirían determinar el diagnóstico. “La información final será comunicada oportunamente a través de los canales oficiales en los próximos días”, señaló la cartera.
Las reacciones no se hicieron esperar. Algunos reprocharon que el Instituto Nacional de Salud (INS) “tardara tanto tiempo” (las comillas son intencionales) para hacer un diagnóstico de laboratorio, cuando la Secretaría de Salud lo había hecho en un día (del 18 al 19 de febrero), a través de una prueba PCR, tras haber tomado muestras de hisopado y de orina.
Otros pidieron paciencia, pues ーcomo dijo el INSー debía seguir un protocolo que lo obligaba a llevar a cabo más pruebas de laboratorio para tener absoluta certeza de que se trata de un “virus salvaje de sarampión” (es decir, un virus activo que se puede transmitir) y no de un “virus vacunal”, producto de una versión atenuada del virus que se usa en la vacuna y que no es transmisible.
Como Colombia se encuentra en un proceso de “eliminación sostenida del sarampión”, añadió el INS, debía cumplir con una serie de pasos, entre los que estaba la “identificación de una secuencia genética del virus”, una tarea que puede tomar varios días.
La situación y las versiones encontradas generaron debates entre quienes estudian epidemias, pues saben que hay que tomarse muy en serio la posibilidad de un brote de sarampión: América Latina pasó de tener cierta tranquilidad, a registrar casos en casi todos los países, por la caída en las tasas de vacunación en algunos grupos. Según la Organización Panamericana de la Salud, en 2025 hubo casos en Argentina (36), Belice (44), Bolivia (597), Brasil (38), Canadá (5.436, incluidas 2 defunciones), Costa Rica (1), El Salvador (1), Estados Unidos (2.242, incluidas 3 muertes), Guatemala (1), México (6.428 casos, con 24 fallecimientos), Paraguay (49), Perú (5) y Uruguay (13).
Además, en las primeras tres semanas del 2026 la situación se ha puesto más inquietante: ha habido un incremento de 43 veces, en comparación al mismo período del año pasado (1.031 casos frente a 23).
“En ese contexto, es solo cuestión de tiempo para que llegue un caso importado a Colombia. Evitar eso es muy difícil. Pero, por eso mismo y por la facilidad de transmisión, sí debería generar, rápidamente, una serie de acciones en los servicios de salud. Tenemos que evitar una transmisión local en Colombia”, dice Fernando De la Hoz, PhD en Epidemiología y exdirector del Instituto Nacional de Salud (INS).
“En ese contexto, es solo cuestión de tiempo para que llegue un caso importado a Colombia“.
Fernando De La Hoz, exdirector del INS.
En otros términos, eso quiere decir lo siguiente: al ser un virus que se transmite por vía aérea al toser, estornudar o, incluso, al respirar en un espacio cerrado, su capacidad de contagio pone muy nervioso al personal de salud: una persona infectada puede transmitirlo a entre 12 y 18 personas, explica Silvana Zapata, presidenta de la Asociación Colombiana de Epidemiología. Para decirlo en términos más técnicos, su número reproductivo básico (R₀) oscila entre 12 y 18, mientras que el del covid-19 alcanzó a ser de casi 7 (es decir, un paciente podía transmitir el coronavirus a 7 personas).
Lo clave, entonces, si se detecta un caso en el país es hacer todo lo posible para frenar ese contagio, coinciden Zapata y De La Hoz. Eso requiere, agregan, una coordinación entre todos los actores y una muy buena comunicación.
La epidemióloga Zulma Cucunubá, directora del Instituto de Salud Pública de la Universidad Javeriana, añade una más: velocidad a la hora de actuar. “Cuando hay un brote activo en tantos países ーcomo está sucediendo en este momentoー, lo más importante es actuar rápido”, dice.
La pregunta es si esos elementos están alineándose en un momento en el que Colombia debe estar en alerta ante la llegada del sarampión y a unos pocos meses de que inicie el Mundial de Fútbol en los países donde, precisamente, hay más casos en la región: México, Estados Unidos y Canadá.
Como explicamos en este artículo, es mejor que el inicio de ese evento deportivo, que movilizará a muchos viajeros, nos agarre con una cobertura de vacunación del 95 %, pues es la mejor manera de prevenir la enfermedad. “Como es tan contagiosa”, explica De La Hoz, “puede producir una epidemia de manera muy rápida y solo se puede evitar con altas coberturas de vacunación”. (En este otro artículo detallamos quiénes deben aplicársela)
Rapidez, diálogo y coordinación
Quienes reprochan que el INS aún no haya confirmado (o descartado) que el paciente de México es, efectivamente, un caso positivo de sarampión tienen un par de argumentos para justificar su molestia: por un lado, les parece inadmisible que el Instituto aún no haya registrado el resultado de su prueba PCR en el sistema en el que suelen publicar esos datos (de manera restringida).
De hecho, hasta el cierre de esta edición, El Espectador pudo confirmar que aún no había ningún resultado publicado. Este diario también pudo establecer que las muestras del paciente le fueron entregadas al INS el 18 de febrero. “Una PCR que confirme o descarte puede obtenerse en pocas horas y aún no aparece en el sistema, después de cinco días. No hay excusa para no reportarla”, dice una fuente desde la Secretaría de Salud que prefiere no ser citada, para no generar más tensiones de las que ya hay entre las dos entidades.
Por otro lado, señala otra persona de esa entidad que también prefiere hablar desde el anonimato, el paciente le había dicho a los equipos de la Secretaría que no se había vacunado recientemente ni en México ni en Colombia, “lo cual reducía la probabilidad de que fuera un evento después de la vacuna”. Además, aunque “la madre mencionó que recibió vacuna en la infancia, no hay carné ni registro en el sistema”.
En otras palabras, esos hallazgos condujeron a pensar a la Secretaría que podía tratarse como un caso de “sarampión salvaje” y optó poner en marcha varias acciones de vigilancia, mientras el INS confirmaba el diagnóstico y tanto con pruebas PCR como de genotipificación. Entre otras cosas, sus funcionarios empezaron a vacunar los contactos cercanos del paciente, a buscar a las personas con las que tuvo contacto (algo muy desafiante con un vuelo de por medio) y a ubicar puntos de vacunación en las manzanas cercanas a la vivienda del infectado.
Aunque no hay ningún especialista que desconozca que todas esas acciones deben ponerse en marcha cuando hay una sospecha, varios también creen que hay otro elemento que hay que cuidar, sobre todo cuando estamos a las puertas de un posible brote: la comunicación.
“Comunicar mal puede ser desastroso en términos de confianza”, opina Álvaro Javier Idrobo, PhD en Epidemiología y profesor de la Universidad Industrial de Santander. “Debemos hacer lo posible por recuperar la confianza en el sistema de vigilancia. Es parte esencial de lo que llamamos comunicación del riesgo”.
“Debemos hacer lo posible por recuperar la confianza en el sistema de vigilancia“.
Álvaro Javier Idrovo, epidemiólogo y profesor de la UIS.
Para él, lo adecuado era que, antes de que se hacer públicos los boletines que circularon este fin de semana con diferentes versiones, la Secretaría de Salud y el INS debieron hacer todo lo posible por conversar. “Cada ciudad debe actuar si hay un diagnóstico que le indique un posible caso de sarampión, pero para comunicar públicamente hay que ser cuidadosos”, insiste Idrobo. “Yo sí creo que debe haber una mejor coordinación para comunicar”, añade Zapata.
De La Hoz es otro de los que cree que es mejor llegar a un acuerdo y dejar de lado las diferencias políticas que puede haber en el fondo, pues, añade, “uno espera que siempre sea la autoridad máxima la que dé esa información: es decir el INS. Ahora, si el instituto está tardando más de 48 horas en confirmar un caso de sarampión a mí sí me parece una demora injustificada. En casos de brote, hay que actuar rápido”.
Zulma Cucunubá reconoce que si bien hay unos pasos a seguir para descartar o confirmar el diagnóstico y que es importante en el contexto de un proceso de “eliminación sostenida del sarampión”, como en el que está Colombia, también cree que hay que tener un poco más de celeridad, pues hay un elemento que no se puede eludir: “hay brotes activos en varios países de la región. Es importante actuar rápido”. Ser rápido es más importante que ser perfecto, escribió el fin de semana en su cuenta de X.
A su parecer, en este punto, debería haber una mejor coordinación entre todas las entidades de salud. “La OPS ha estado sacando circulares desde hace un año y ya deberían estar todos coordinados. Deberían saber con precisión cómo es ese flujo, quién comunica, cómo es la cadena de mando”, dice. “En años anteriores hemos respondido muy bien a brotes de sarampión; debemos seguir haciéndolo”.
Que esa coordinación esté sucediendo en este momento es una pregunta más difícil de responder, pero, al menos desde la Secretaría de Bogotá, algunas fuentes señalan que esa preparación no ha sido lo suficientemente rápida por parte del Ministerio de Salud y del INS.
En todo caso, reflexiona Zapata, este parece un buen campanazo para que todos los actores, desde diferentes orillas, se sienten en la misma mesa. O, como escribió en su cuenta de X, esta situación muestra que la “rapidez es necesaria, pero no puede imponerse sobre las líneas técnicas ni sobre la protección de las personas. Estamos ante una encrucijada compleja que exige madurez institucional”.
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