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¿Qué le pasa a su cuerpo cuando vapea? Los riesgos más comunes

Los cigarrillos electrónicos o vapeadores han ganado popularidad en los últimos años, especialmente entre los jóvenes. Aunque muchas de sus consecuencias a largo plazo siguen siendo objeto de investigación, la evidencia científica acumulada hasta ahora ha identificado riesgos para la salud asociados a su uso, incluyendo lesiones pulmonares, alteraciones cardiovasculares y exposición a nicotina y otras sustancias potencialmente nocivas.

Paula Casas Mogollón

30 de mayo de 2026 - 11:09 a. m.
¿Qué le pasa a su cuerpo cuando vapea? Los riesgos más comunes
Foto: Mauricio Alvarado Lozada
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Durante los últimos años, autoridades sanitarias y profesionales de la salud de Colombia y el mundo han seguido con preocupación el creciente uso de cigarrillos electrónicos o vapeadores, especialmente entre niños, adolescentes y jóvenes. Su inquietud no responde solo a una percepción: el más reciente Estudio Nacional de Consumo de Sustancias Psicoactivas en Población Escolar, realizado en 2022 por los ministerios de Justicia y Educación, encontró que el 22,7 % de los estudiantes reconoce que ha utilizado estos dispositivos al menos una vez. De hecho, el 11,2 % reportó haber vapeado durante los 30 días previos a la encuesta, mientras que un 4,5 % afirmó haber fumado cigarrillos tradicionales en el mismo periodo. La edad promedio en la que comienzan a vapear es a los 14 años.

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Entre todos esos datos hay uno que sobresale y preocupa en especial a los médicos. El estudio mostró que muchos estudiantes subestiman el peligro de vapear en comparación con otras sustancias. El 21,6 %, por ejemplo, considera que vapear “de vez en cuando” implica un gran riesgo para la salud; pero la mayoría lo ubica en categorías de riesgo “leve” o “moderado”.

Esa percepción contrasta con la evidencia científica y las crecientes advertencias de médicos y autoridades sanitarias sobre los posibles efectos en la salud de estos dispositivos. De acuerdo con los Institutos Nacionales de la Salud de Estados Unidos (NIH, por sus siglas en inglés), los cigarrillos electrónicos funcionan mediante una batería que se activa en cada calada (o puff, como también se conoce). Ese mecanismo calienta el líquido contenido en el cartucho y lo transforma en un aerosol que luego es inhalado.

Pero ese aerosol está lejos de ser solo vapor de agua. Puede contener nicotina, saborizantes, aceites y otras sustancias químicas potencialmente nocivas. “El vapeo expone los pulmones a una variedad de productos químicos (...) Todos se calientan en un pequeño reactor y, cuando lo hacen, esos componentes pueden convertirse en otros químicos potencialmente peligrosos”, advierte la entidad en su página web.

Entre esas sustancias, explica Gustavo Perdomo, médico psiquiatra de la Fundación Santa Fe de Bogotá (FSFB), se encuentran metales como níquel, plomo, cromo, estaño y aluminio. Además, algunos saborizantes utilizados en estos dispositivos contienen diacetilo, un compuesto que, señala, “se ha relacionado con enfermedades pulmonares complejas como la bronquiolitis obliterante”, y agrega que diversos estudios han detectado la presencia de algunos compuestos orgánicos volátiles. Estas sustancias pueden provocar irritación en los ojos, la nariz y la garganta, y en exposiciones prolongadas o elevadas, se han asociado con daños en el hígado, los riñones y el sistema nervioso.

Los posibles efectos de vapear han quedado en evidencia en varios casos clínicos reportados en distintos países. En agosto de 2025, por ejemplo, una joven universitaria de Barcelona decidió reemplazar los cigarrillos tradicionales por un vapeador. Un mes después dejó de usarlo porque el sabor a fresa helada del dispositivo había cambiado y, nueve días más tarde, comenzó a presentar síntomas inusuales: fiebre, tos y episodios en los que incluso expulsó sangre al toser.

La joven fue hospitalizada el 2 de octubre en el Hospital Clínic de Barcelona, donde los médicos le diagnosticaron una hemorragia pulmonar. El caso fue identificado como el primero descrito en España de EVALI, sigla en inglés para la lesión pulmonar asociada al uso de cigarrillos electrónicos o vapeadores. Como explica Favio Varón, líder de la UCI Médica de LaCardio y de la Fundación Neumológica Colombiana, se trata de “una inflamación severa del pulmón que hace que las personas, generalmente, sean hospitalizadas en las Unidades de Cuidado Intensivo (UCI) y, en muchos casos, ayudadas a respirar por medio de sistemas de ventilación mecánica”. Además de la gravedad del cuadro agudo, advierte, esta lesión puede dejar secuelas respiratorias que persisten mucho tiempo después.

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En Estados Unidos, y solo hasta febrero de 2020, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC por sus siglas en inglés) informaron que se habían notificado 2.668 casos de EVALI, como se empezó a denominar a esta lesión pulmonar asociada al uso de cigarrillos electrónicos o productos de vapeo.

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Por eso, poco a poco “se ha demostrado que, contrario a lo que se creía, estos vapeadores no ayudan a dejar de fumar”, indica Carlos Ortiz, jefe de Cardiología Clínica de La Cardio. La Sociedad Americana de Cáncer ha señalado que la investigación sobre los efectos a largo plazo del uso de estos dispositivos se ha visto dificultada por la enorme variedad de dispositivos y sustancias disponibles en el mercado, que exponen a los usuarios a mezclas químicas muy diferentes. Sin embargo, señala que, pese a que aún quedan preguntas por responder, la literatura científica ya ha documentado diversos riesgos para la salud asociados al vapeo.

¿Qué les pasa a tus pulmones cuando vapeas?

Vapear produce aerosoles con sustancias tóxicas como la nicotina y metales pesados. / Gustavo Torrijos
Foto: Gustavo Torrijos

Lo primero que explica Perdomo, de la FSFB, es que las partículas inhaladas con cada calada pueden provocar inflamación o irritación pulmonar. Con el tiempo, esa respuesta puede derivar en lesiones como cicatrices o estrechamiento de las vías respiratorias. Esto, agrega, puede generar una disfunción en el moco y en los cilios que tiene este epitelio, uno de los principales mecanismos de defensa del pulmón frente a agentes externos”.

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En aquellas personas que mantienen un consumo crónico, la inflamación de la vía aérea y del pulmón, dice Varón, líder de la UCI Médica de LaCardio, puede provocar alteraciones progresivas de la función pulmonar. Como consecuencia, la persona puede comenzar a experimentar limitaciones en su capacidad de realizar diferentes actividades, inicialmente ejercicio y después, incluso, actividades cotidianas. También, agrega, existe la posibilidad de que se dé una alteración de las células de la vía aérea y del pulmón, favoreciendo la aparición de algunas enfermedades como cáncer pulmonar o cáncer en la vía aérea.

Thomas Eissenberg, experto en investigación del tabaco en la Universidad de la Mancomunidad de Virginia, asegura a los NIH que “los pulmones no están diseñados para lidiar con el desafío constante de la falta de aire que las personas les están provocando, a veces con hasta 200 inhalaciones al día, día tras día, semana tras semana, año tras año”.

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Sin embargo, identificar estas alteraciones de manera temprana no siempre es sencillo. Como explica Varón, de LaCardio, aunque la inflamación o el daño pulmonar puede comenzar a desarrollarse desde etapas iniciales, los pulmones cuentan con una amplia reserva funcional que les permite seguir operando sin generar síntomas evidentes. Entonces, cuando estas primeras señales de alerta se presentan, “es porque la lesión ya está avanzada”.

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Entre las recomendaciones de los doctores está acudir a una valoración médica temprana, incluso si no se presentan síntomas, pero existe una exposición frecuente a estas sustancias. “Los neumólogos pueden hacer ciertas pruebas en las que se logra identificar si, a pesar de que no hay síntomas, ya existe una lesión establecida por el uso de este tipo de dispositivos”, anota Varón. Pero los pulmones no serían los únicos afectados.

¿Mi corazón también se ve afectado?

Una encuesta mostró que los jóvenes comienzan a usarlos desde los 14 años.
Foto: Mauricio Alvarado Lozada

Para responder a esta pregunta, es clave hablar de la nicotina, la sustancia química responsable de la fuerte adicción al tabaco. Su consumo frecuente, detalla Ortiz, de La Cardio, estimula en el cerebro los llamados receptores de nicotina o receptores nicotínicos de acetilcolina, lo que desencadena la liberación de hormonas como la adrenalina y la noradrenalina. “Es una reacción similar a como si se estuviera estresado. Aumenta la presión arterial y la frecuencia cardíaca”, comenta.

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Entonces, si una persona hace muchos puff al día, puede experimentar aumentos en la presión arterial. Por ejemplo, una presión considerada normal, de alrededor de 120/80 mmHg, puede elevarse por encima de los 128 mmHg. A largo plazo, advierte Ortiz, esa exigencia adicional hace que el corazón tenga que esforzarse más y puede incrementar el riesgo de una arritmia.

Otro mecanismo que preocupa a los cardiólogos tiene que ver con el óxido nítrico, una molécula que ayuda a mantener las arterias relajadas y saludables. Entre otras funciones, evita la inflamación y favorece el adecuado funcionamiento de los vasos sanguíneos. Al vapear, “la oxidación (que generan estas sustancias) hace que disminuya la producción de óxido nítrico en las arterias”, dice Ortiz. Esto provoca que los vasos sanguíneos sean más propensos a inflamarse y a envejecer más rápidamente.

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La Federación Mundial del Corazón (WHF por sus siglas en inglés) también ha advertido que el uso de vapeadores o cigarrillos eléctricos se asocia a un mayor riesgo de infarto de miocardio. De hecho, según las cifras recopiladas por la entidad, las personas que vapean con mayor frecuencia tienen 1,79 veces más probabilidades de sufrir un infarto de miocardio que los no fumadores.

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¿Y las señales de alerta? Ortiz hace un llamado a estar pendiente cuando la persona comience a tener palpitaciones taquicardias o que esté en reposo y sienta que el corazón se acelera de forma irregular. También es importante estar alerta si empieza a sentir ahogo, falta de aire o sensación de asfixia con las actividades cotidianas.

Los 5 mitos más comunes sobre los vapeadores

Estos son los principales mitos sobre el uso de vapeadores.
Foto: El Espectador - Gustavo Torrijos
  1. Mito: Vapear es una alternativa segura y sin riesgos para la salud.

Verdad: La evidencia científica acumulada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), los CDC de Estados Unidos y múltiples sociedades de neumología a nivel global sostiene que el vapeo no es inocuo y plantea serios riesgos para la salud. Los líquidos y sustancias que se calientan con cada puff contienen compuestos potencialmente cancerígenos y generan irritación en las vías respiratorias.

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  1. Mito: Al vapear, solo se está inhalando humo.

Verdad: Al vapear no se inhala humo, sino un aerosol (comúnmente llamado vapor) cargado de sustancias químicas, nicotina y micropartículas metálicas, que pueden ser peligrosas para la salud.

  1. Mito: Los vapeadores y cigarrillos electrónicos no generan adicción.

Verdad: La mayoría de los vapeadores contiene nicotina, la misma sustancia responsable de la adicción al cigarrillo tradicional. Esta actúa sobre los circuitos de recompensa del cerebro y puede generar dependencia, especialmente en adolescentes y adultos jóvenes.

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  1. Mito: Si vapeo, puedo dejar de fumar.

Verdad: Aunque durante años los cigarrillos electrónicos fueron promocionados como una ayuda para abandonar el tabaco, hay evidencia científica que muestra que no necesariamente cumplen ese objetivo. Muchos usuarios mantienen la dependencia de la nicotina e incluso terminan combinando el vapeo con el consumo de cigarrillos tradicionales.

  1. Mito: Como no tiene un olor o su olor no es tan fuerte, no se afecta a otras personas.

Verdad: Aunque el aerosol de los cigarrillos electrónicos suele tener un olor menos fuerte que el humo del tabaco, eso no significa que sea inofensivo para quienes están alrededor. Las personas expuestas pueden inhalar nicotina y otras sustancias químicas presentes en el aerosol exhalado por los usuarios.

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Fuente: Fundación Santa Fe

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