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Saber qué hacer puede marcar la diferencia en una emergencia. Estamos acostumbrados a que ciertas nociones de primeros auxilios hagan parte de lo que aprendemos en el colegio, en el trabajo o en otros espacios de formación. Sabemos que una reanimación cardiopulmonar (RCP), una maniobra para despejar las vías respiratorias o la forma correcta de detener una hemorragia pueden ayudar a salvar una vida. También hemos aprendido a reconocer algunas señales que indican que una persona necesita atención médica.
En salud mental, sin embargo, esas herramientas no siempre son tan conocidas. Muchas personas pueden encontrarse frente a alguien que está atravesando una crisis emocional o psicológica y no saber qué decir, cómo acercarse o incluso si su intervención puede ayudar. Puede tratarse de una reacción intensa después de una situación traumática, de una persona que está desbordada emocionalmente o de alguien que expresa que no encuentra una salida a lo que está viviendo.
A veces, y presos de ese desconocimiento, se pueden cometer errores que, lejos de ayudar, pueden aumentar el malestar. Los primeros auxilios psicológicos (PAP) reúnen una serie de pautas para brindar ese primer acompañamiento. Su propósito es ofrecer apoyo inmediato, reducir el malestar y ayudar a la persona a identificar lo que necesita y a conectarse con sus redes de apoyo o con servicios especializados. No requieren que quien los aplique sea psicólogo o psiquiatra, pero sí implican saber reconocer los límites del acompañamiento.
Esta guía reúne algunas de esas herramientas: cómo reconocer una posible crisis, cómo acercarse a una persona que necesita ayuda, qué se puede hacer en esos primeros momentos, qué conviene evitar y cuáles son las señales que indican que es necesario buscar atención profesional o activar una respuesta de emergencia inmediata.
¿Necesito ayuda con mi salud mental? Cómo saber cuándo actuar
El Instituto Nacional de la Salud Mental de Estados Unidos (NIMH) propone prestar atención a la intensidad y duración de los síntomas y a cuánto interfieren en la vida cotidiana. Como orientación general, el NIMH distingue situaciones que pueden manejarse inicialmente con medidas de autocuidado de aquellas en las que conviene buscar ayuda profesional.
Nivel 1 – Síntomas leves durante menos de dos semanas
Algunos signos pueden ser:
- Sentirse triste, estresado o preocupado, pero poder continuar con las actividades cotidianas y el cuidado propio y de otras personas.
- Sentirse cansado o con poca energía, pero poder realizar las tareas habituales.
- Tener menos interés en las actividades que por lo general disfruta.
- Presentar cierta dificultad para dormir.
¿Qué puede ayudar?
- Hacer ejercicio con regularidad, alimentarse saludablemente y procurar dormir entre siete y nueve horas.
- Pasar tiempo con familiares, amigos u otras personas cercanas.
- Practicar actividades de meditación o ejercicios de respiración.
- Dedicar tiempo a actividades que disfruta y que le resulten poco estresantes.
- Participar en actividades de voluntariado o de apoyo a otras personas.
“En el día a día, la mejor acción que podemos hacer es ser conscientes y percibir nuestro estado de ánimo. Preguntarnos "¿cómo me siento hoy?" es un gran inicio para poder gestionar nuestras emociones”, doctora Lizeth Paola Coral Vela, Psiquiatra y coordinadora de Salud Mental, Dirección de Salud Población de la Fundación Santa Fe de Bogotá
Nivel 2 – Síntomas persistentes o que interfieren en la vida diaria
- Sentirse triste, con ganas de llorar o desesperanzado.
- Sentirse irritable, culpable o frustrado.
- Sentirse cansado o con poca energía.
- Perder el interés en actividades que por lo general disfruta.
- Tener dificultad para concentrarse o tomar decisiones sencillas.
- Tener dificultad para completa sus tareas y actividades habituales;
- Presentar cambios en el apetito, peso, sueño y/o deseo sexual.
¿Qué puede hacer?
Busque ayuda profesional, especialmente si estos síntomas persisten durante dos semanas o más o interfieren con su vida cotidiana. No es necesario esperar dos semanas para pedir ayuda si siente que la necesita.
“Si siento que estoy funcionando bien, pero igual me siento cargado y perturbado emocionalmente también puedo consultar. No tengo que esperar a que se interfieran las tareas de vida para pedir ayuda", María Fernanda Quintero Marzola, Coordinadora de Psicología de la Fundación Cardioinfantil-LaCardio.
Nivel 3 – Pensamientos de suicidio o de autolesión
Si tiene pensamientos de suicidio, intención de hacerse daño o existe un riesgo inmediato, necesita ayuda urgente. Busque ayuda de inmediato a través de una línea de atención en salud mental o de los servicios de urgencias.
Si acompaña a una persona y considera que existe un riesgo inmediato de que se haga daño, procure que no permanezca sola y contacte los servicios de emergencia.
Primeros auxilios psicológicos
Según el Ministerio de Salud, los Primeros Auxilios Psicológicos (PAP) son una intervención de apoyo humanitario y no invasiva que se ofrece durante una situación de crisis. Su objetivo es brindar apoyo inmediato, reducir el malestar inicial y ayudar a la persona a afrontar la situación y conectarse con los recursos que necesita.
Sin embargo, es importante tener en cuenta que los PAP no sustituyen la atención psicológica o psiquiátrica especializada. Por eso, ante un malestar emocional, pueden funcionar como una herramienta de apoyo inicial, mientras que, si existe un riesgo inmediato para la vida o la integridad de la persona, la prioridad es buscar atención de emergencia.
¿Qué es una crisis de salud mental?
“Una crisis de salud mental se define como una respuesta emocional y biológica ante una situación que la persona está enfrentando y que considera que sobrepasa los recursos que tiene en el momento actual para gestionarla o afrontarla”, explica María Fernanda Quintero, coordinadora de Psicología de LaCardio. Una crisis puede manifestarse de diferentes maneras. Los trastornos de ansiedad y depresión, por ejemplo, que son los más frecuentes en Colombia, pueden producir cambios importantes en la forma en que una persona se siente, piensa o actúa.
Aunque ansiedad y depresión suelen mencionarse juntas, no necesariamente se presentan de la misma manera. Una diferencia que puede observarse está relacionada con el nivel de activación y energía que experimenta la persona.
Según los especialistas, en una crisis ansiosa pueden aparecer temblores, respiración agitada o hiperventilación, sudoración, inquietud y una necesidad constante de movimiento. En una crisis depresiva, en cambio, puede presentarse una marcada falta de energía, incluso para levantarse de la cama, pérdida de interés por actividades o planes y desmotivación para realizar las tareas cotidianas. Reconocer estas manifestaciones es importante, pero no significa intentar diagnosticar a alguien que está atravesando un momento difícil. El objetivo de los primeros auxilios psicológicos es acompañar y facilitar el acceso a la ayuda que corresponda.
¿Cómo actuar ante una crisis?
Las orientaciones del Ministerio de Salud, basadas en los principios de los Primeros Auxilios Psicológicos promovidos por la Organización Mundial de la Salud, plantean una serie de acciones que pueden orientar ese acompañamiento.
Paso 0 (momento previo). Evaluar si es pertinente aplicar los Primeros Auxilios Psicológicos o si la persona requiere atención médica urgente.
Paso 1 · Apoyo inicial. Establecer un contacto empático y una escucha activa que generen confianza y seguridad.
Paso 2 · Regulación emocional. Ayudar a la persona a manejar la ansiedad o la agitación, por ejemplo, con ejercicios de respiración.
“Una respiración lenta aleja al sistema nervioso de la respuesta de lucha o huida. Inhala lentamente por la nariz y deja que la exhalación dure más que la inhalación”. Coral Vela, psiquiatra de la FSFB.
Paso 3 · Categorización de necesidades. Ayudarle a ordenar y priorizar sus necesidades, respetando lo que considere más importante.
Paso 4 · Iniciar acciones y conexión con recursos. Poner en marcha las acciones definidas y conectar a la persona con sus redes de apoyo y con los servicios disponibles.
Paso 5 · Normalización y psicoeducación. Ayude a la persona a entender lo que está viviendo y explíquele dónde puede encontrar ayuda.
"Además de brindar apoyo inmediato, es necesario explicarle que su estado actual es una respuesta a la situación que atraviesa y motivarla a activar sus redes de apoyo, para que pueda comenzar a gestionar el momento difícil que está viviendo". Quintero Marzola, Coordinadora de Psicología de LaCardio.
Paso 6 · Después de la crisis. Si es posible, vuelva a comunicarse con la persona para saber cómo sigue y si pudo acceder a la ayuda que necesitaba.
Técnicas que pueden ayudar
Las técnicas de regulación no funcionan de la misma manera para todas las personas y no reemplazan la atención profesional. Sin embargo, algunas herramientas sencillas pueden ayudar a recuperar algo de calma y a dirigir la atención hacia el presente.
Respiración lenta: cuando aumenta la activación emocional, la respiración puede hacerse más rápida y superficial. Respirar de manera lenta y pausada puede ayudar a disminuir esa activación.
El objetivo también es llevar la atención al momento presente. “Buscamos atención en el presente para sacar a la persona de la rumia o del bucle cognitivo que le puede estar ocasionando o manteniendo el malestar emocional”, precisa la coordinadora de Psicología de LaCardio.
Técnica 5-4-3-2-1: esta técnica busca dirigir la atención hacia lo que ocurre alrededor cuando los pensamientos se vuelven difíciles de detener. Consiste en identificar cinco cosas que pueda ver, cuatro que pueda tocar, tres sonidos que pueda escuchar, dos olores que pueda percibir y un sabor que pueda identificar en la boca.
Cambio de temperatura: otra alternativa puede ser utilizar estímulos de temperatura para ayudar a la persona a conectarse con el presente cuando existe una alta activación emocional.“El cambio de temperatura funciona también: agarrar hielo, hacer algo muy frío, tomar cosas frías, o comer algo que tenga una sensación mentolada o una sensación fuerte en la boca que me traiga al presente”, explica Quintero.
Técnica STOP: esta técnica, utilizada en mindfulness, propone hacer una pausa antes de reaccionar impulsivamente. Sus cuatro pasos son:
- S — Deténgase: haga una pausa antes de reaccionar.
- T — Respire: inhale lentamente por la nariz y procure que la exhalación sea más larga que la inhalación.
- O — Observe: identifique qué emoción siente, dónde la percibe en el cuerpo y qué pensamientos están presentes.
- P — Proceda con atención: decida cómo actuar de manera deliberada, en lugar de responder únicamente desde el impulso del momento.
¿Qué no hacer durante una crisis?
Acompañar a alguien que atraviesa una crisis también implica evitar algunas respuestas que pueden aumentar su malestar o dificultar que busque ayuda. Por eso:
- No minimice lo que siente con frases como “cálmese”, “eso no es para tanto” o “todo estará bien”.
- No la obligue a hablar si no quiere hacerlo.
- No juzgue ni dé consejos apresurados. Escuche y pregunte qué necesita.
- No la deje sola si existe un riesgo inmediato de que se haga daño.
- No intente reemplazar la atención profesional. Los primeros auxilios psicológicos son un apoyo inicial.
Los PAP no consisten en solucionar el problema de la persona ni en hacer que la emoción desaparezca de inmediato. Su propósito es acompañarla, escucharla, ayudarla a recuperar algo de calma y conectarla con el apoyo que necesita.
¿Dónde buscar ayuda?
Si la situación requiere atención inmediata, puede acudir a las siguientes líneas:
“Línea 123: línea nacional de emergencias.
Línea 106: atención psicosocial disponible en Bogotá, Valle del Cauca, Antioquia y Boyacá.
Línea Púrpura, Bogotá: 018000 112 137, con orientación para mujeres.
También puede consultar la línea de salud mental habilitada en su ciudad o departamento.
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