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A simple vista, el corazón parece sencillo: late hasta 100.000 veces al día para llevar sangre a todo el cuerpo. Pero detrás de cada latido hay una compleja infraestructura de músculos, arterias, válvulas y un sistema eléctrico que debe funcionar de manera coordinada. Cuando alguna de estas piezas falla, ese delicado equilibrio puede romperse y comprometer la capacidad del corazón para cumplir su función y, con ella, la de todo el organismo. Y las consecuencias pueden ser graves. En 2024, por ejemplo, las enfermedades isquémicas del corazón —que incluyen el infarto— fueron la primera causa específica de muerte en Colombia y estuvieron presentes en el 17 % de las 275.778 muertes no fetales registradas.
Esa complejidad explica por qué el corazón no puede abordarse desde una sola especialidad. Pero entenderlo tomó décadas. Durante buena parte de la historia de la cardiología, cardiólogos, cirujanos cardiovasculares e intervencionistas trabajaban por separado, cada uno desde su campo. Era, en palabras del Dr. Darío Echeverri Arcila, líder del Departamento de Cardiología de la Fundación Cardioinfantil, una medicina que funcionaba “en silos”: cada especialista veía al paciente desde su área, pero no como parte de una decisión conjunta. La aparición de tratamientos cada vez más diversos hizo que esa forma de trabajar empezara a quedarse corta, cuenta Echeverri. Una misma enfermedad podía tener varias opciones: medicamentos, procedimientos por catéter o cirugía.
La decisión ya no era solo sobre qué podía hacerse, sino sobre qué era lo más conveniente para cada paciente. Así nació el concepto de Heart Team: un equipo en el que distintas especialidades ponen en común sus conocimientos para tomar una decisión conjunta.
En LaCardio, cuenta el Dr. Echeverri, este modelo se adoptó hace más de 15 años para romper con el trabajo aislado y aprovechar lo que él llama la “inteligencia colectiva”. “Dos, tres o cuatro cerebros piensan mejor que uno”, resume. La mirada conjunta de cardiólogos, cirujanos cardiovasculares e intervencionistas permite comparar opciones, riesgos y beneficios y abordar cada caso de manera integral. Para Echeverri, esta forma de trabajo es parte de lo que ha convertido a LaCardio en un centro de referencia en Colombia.
En un hospital que ha hecho de la atención cardiovascular una de sus grandes áreas de trabajo y que cuenta con más de 30 especialistas en cardiología, este modelo ha tenido efectos en la atención. Para el Dr. Echeverri, ha permitido un manejo más integral, con menos complicaciones, mortalidad y rehospitalizaciones, además de una mejor calidad de vida. La idea es que, desde su llegada, todas las etapas de atención hagan parte de una misma ruta. Carlos Ortiz, líder médico de Cardiología Clínica de la Fundación, explica que hay cuatro vías frecuentes de entrada: dolor en el pecho y síndrome coronario agudo; falta de aire asociada a falla cardíaca; arritmias y síncopes; y enfermedades de las válvulas.
Identificar rápidamente qué ocurre permite llevar al paciente hacia la atención que necesita. Pero la ruta no consiste solo en pasar de un especialista a otro: se trata de un cuidado coordinado y adaptado a las necesidades y a la vida de cada paciente.
Las “autopistas” del corazón
Entre los problemas más frecuentes del corazón están los que afectan a sus arterias coronarias. Si el corazón fuera una gran ciudad, estas serían sus autopistas: por ellas circula la sangre que lleva oxígeno al músculo cardíaco para mantenerlo latiendo. El problema aparece cuando esas “autopistas” se estrechan u obstruyen. El Dr. Jaime Cabrales, cardiólogo intervencionista y especialista en hemodinamia de LaCardio, se encarga de identificar qué ocurre en estos vasos y, cuando es necesario, intervenirlos.
La hemodinamia, explica, permite estudiar cómo circula la sangre y tratar algunos problemas desde el interior de los vasos, utilizando catéteres en lugar de cirugía abierta.
Cuando una arteria se estrecha poco a poco, cada vez llega menos sangre al músculo del corazón. Al principio, el problema puede aparecer solo cuando el corazón trabaja más, por ejemplo, durante el ejercicio: surge entonces dolor o presión en el pecho, lo que se conoce como angina. Pero si la arteria se bloquea de repente, el flujo se interrumpe y puede producirse un infarto. Cabrales atiende ambos escenarios en LaCardio: pacientes cuya enfermedad se ha desarrollado durante años y otros que llegan de urgencia por una obstrucción súbita. Para saber qué está ocurriendo y localizar el problema, una de las herramientas que más utiliza el especialista es la angiografía, un estudio que permite seguir el recorrido de la sangre mediante un medio de contraste visible en los rayos X.
“Es como una película”, explica el Dr. Cabrales: las imágenes muestran cómo el contraste avanza por las arterias y permiten identificar dónde el flujo está reducido o bloqueado.
También ayudan a entender cómo se produjo la obstrucción, muchas veces resultado de un proceso que avanza durante años y en el que se acumulan placas en las paredes de las arterias. En ese proceso influyen la carga genética y el estilo de vida, incluidos factores como la hipertensión, el sobrepeso, la obesidad y las alteraciones del colesterol. Al cierre de 2024, más de seis millones de personas tenían hipertensión reportada en Colombia.
Aunque esta cifra corresponde a personas diagnosticadas y registradas y no a la prevalencia real, las estimaciones poblacionales calculan que cerca de tres de cada diez adultos tienen hipertensión. La diabetes también forma parte de este entramado: en 2024 había 2,2 millones de personas reportadas con la enfermedad, mientras que una estimación poblacional la ubicó en el 12,3 % de los adultos en 2022, alrededor de uno de cada ocho.

Cuando los médicos identifican la causa de la obstrucción, viene la siguiente pregunta: ¿cómo tratarla? A veces bastan los medicamentos; en otros casos se puede abrir la arteria y colocar un stent o recurrir a una cirugía de bypass. “Son tratamientos complementarios”, explica el Dr. Cabrales. La edad, el estado general y las condiciones de cada paciente pesan en la decisión: una misma enfermedad puede requerir caminos distintos en una persona de 40 años y en otra de 80. No basta, entonces, con saber qué procedimiento es posible; hay que ponerlo en relación con la persona que está frente al médico.
Esa experiencia se ha acumulado durante décadas. Por la hemodinamia de adultos de LaCardio han pasado más de 80.000 pacientes y, con el tiempo, también han cambiado las herramientas. Hoy existen tecnologías que permiten mirar con mayor detalle lo que ocurre dentro de las arterias antes de decidir si es necesario intervenir, así como nuevas alternativas para tratar algunas obstrucciones sin dejar necesariamente un dispositivo permanente. La idea detrás de estos avances es sencilla: intervenir de la manera más precisa y menos invasiva posible, pero de acuerdo con lo que necesita cada paciente.
Las arterias, sin embargo, son solo una parte de esa infraestructura que nos permite estar vivos. El corazón tiene válvulas, unas estructuras que deben abrirse y cerrarse en el momento preciso para que la sangre avance en la dirección correcta. Y esa es otra historia.
Las válvulas: cuando las puertas del corazón fallan
Si las arterias son las autopistas por las que llega la sangre al corazón, las válvulas son las puertas que deben abrirse y cerrarse en el momento preciso para mantenerla en una sola dirección. Cuando una se estrecha o no cierra bien, el corazón tiene que esforzarse más para mantener el flujo. El Dr. Jaime Camacho, líder de cirugía cardiovascular y vascular periférica de LaCardio, lleva más de tres décadas viendo de cerca este tipo de problemas.
En su campo están las enfermedades de las válvulas, pero también la enfermedad coronaria, la falla cardíaca, los aneurismas y las disecciones de aorta y, en los casos más complejos, los trasplantes y dispositivos de asistencia ventricular. Con tantos años de experiencia, Camacho tiene claro que no se puede tratar una enfermedad cardiovascular sin mirar también a la persona: su edad, otras enfermedades, factores metabólicos y las condiciones en las que ha vivido. El médico propone pensar, por ejemplo, en una válvula aórtica que se ha vuelto demasiado estrecha. El corazón debe esforzarse cada vez más para hacer pasar la sangre hacia el resto del cuerpo. Durante mucho tiempo, la principal opción fue reemplazarla mediante cirugía.
Hoy existen más alternativas, como el TAVI, que permite llevar una nueva válvula hasta el corazón a través de un catéter, sin cirugía abierta, o el procedimiento de Ross en pacientes jóvenes y seleccionados. La llegada de estas opciones no ha reemplazado a las anteriores: ha ampliado las posibilidades de tratamiento.
En ese punto vuelve a entrar el Heart Team: cardiólogos, intervencionistas y cirujanos revisan el caso y comparten sus conocimientos para decidir qué opción tiene más sentido. Esa es, cuenta el Dr. Ortiz, la lógica que se mantiene hoy en el manejo de las enfermedades valvulares. En LaCardio, el equipo se apoya además en especialistas en imágenes y tecnologías avanzadas para afinar el diagnóstico y definir el tratamiento más adecuado.
Esa capacidad de combinar distintas formas de tratar una misma enfermedad refleja la evolución que el Dr. Camacho ha visto en LaCardio. La cirugía cardiovascular pasó de los procedimientos abiertos tradicionales a incorporar técnicas menos invasivas y nuevas alternativas para tratar las válvulas, la aorta y otros problemas complejos. Camacho recuerda que la institución comenzó hace más de cinco décadas en un pequeño espacio del Hospital de la Misericordia y que, con los años, fue ampliando su capacidad hasta convertirse en el centro de alta complejidad que es hoy.
En ese camino llegaron hitos como las primeras cirugías de corazón abierto en niños, el primer trasplante cardíaco en 2005 y procedimientos cada vez más complejos, como las intervenciones sobre el arco aórtico.
Para el Dr. Camacho, todo ese desarrollo tiene sentido si la tecnología termina beneficiando al paciente. Las técnicas y los dispositivos pueden cambiar, pero no la necesidad de encontrar la mejor manera de tratar a la persona que está al otro lado.
Cuando el problema está en el ritmo
El corazón también necesita un sistema eléctrico que indique cuándo y a qué ritmo contraerse. Cuando algo se altera en ese circuito, puede latir demasiado rápido, demasiado lento o de forma desordenada. Ese es el campo de la electrofisiología, la especialidad que estudia y trata los trastornos del ritmo cardíaco. En LaCardio, el Dr. Luis Carlos Sáenz Morales trabaja en este campo, tanto con pacientes adultos como pediátricos, junto con un equipo de cinco especialistas. Entre sus procedimientos están las ablaciones con catéter y el implante de dispositivos como marcapasos y desfibriladores.
Una de las arritmias que más atienden es la fibrilación auricular, en la que las aurículas (las cavidades superiores del corazón) pierden su ritmo regular. No siempre produce síntomas: puede causar palpitaciones, cansancio o falta de aire, pero también pasar desapercibida durante años.
Sáenz explica que este problema se ve cada vez con mayor frecuencia. Por un lado, más personas sobreviven a enfermedades como la hipertensión, la diabetes, los infartos o las enfermedades valvulares, pero pueden desarrollar nuevas alteraciones con los años. A esto se suma que los factores de riesgo cardiovascular aparecen a edades cada vez más tempranas.
También han cambiado las formas de detectar las arritmias. Un reloj inteligente, un anillo o una banda pueden identificar una frecuencia irregular y generar una alerta. Sáenz cuenta, de hecho, que en LaCardio cada vez reciben más pacientes que llegan por esa razón: un dispositivo detectó una alteración que las personas no habían sentido.

Esto último es especialmente relevante porque la fibrilación auricular puede aparecer de forma intermitente y, con el tiempo, hacerse más frecuente y prolongada. Detectarla temprano permite intervenir antes de que avance y reducir el riesgo de insuficiencia cardíaca, hospitalizaciones y deterioro de la calidad de vida. El tratamiento, como suele pasar con otras condiciones, puede incluir medicamentos, procedimientos para modificar las zonas que generan señales eléctricas anormales o dispositivos implantables para regular el ritmo o tratar arritmias peligrosas, según las características de cada paciente.
Sin embargo, como ocurre en otros campos de la salud, la solución no está solo en encontrar la enfermedad cuando aparece. Para Sáenz, buena parte del trabajo ocurre mucho antes: controlar el peso, alimentarse mejor, hacer actividad física, evitar el cigarrillo, moderar el alcohol y los estimulantes, dormir bien y manejar el estrés pueden disminuir el riesgo cardiovascular. La prevención, insiste, debe empezar mucho antes del primer diagnóstico. La tecnología puede ser una aliada, pero no sustituye lo esencial: interpretar la señal, confirmar qué ocurre y decidir qué hacer con ella. En LaCardio, algunos pacientes con dispositivos implantables pueden ser monitoreados de manera remota, lo que permite detectar alteraciones del ritmo a distancia y reducir desplazamientos al hospital.
Reparar una arteria, cambiar una válvula o controlar una arritmia sigue siendo solo una parte del recorrido. La otra inicia cuando la persona tiene que volver a vivir con ese corazón.
Tratar el corazón no termina en el quirófano
Hay una parte de la ruta cardiovascular que comienza cuando el procedimiento termina y que resulta decisiva para lo que viene: la rehabilitación. Para la Dra. Astrid Fajardo, especialista en medicina física y rehabilitación de LaCardio, superar un infarto, una cirugía cardíaca, un cambio de válvula, la implantación de un stent o un trasplante no significa terminar el tratamiento, sino comenzar otra etapa. El servicio de rehabilitación cardíaca de LaCardio lleva 32 años y acompaña a los pacientes que pasan por la institución desde el primer día del evento cardiovascular hasta su regreso progresivo a la vida cotidiana.
La primera fase ocurre incluso durante la hospitalización. Allí comienza el ejercicio, de acuerdo con las condiciones de cada paciente, pero también un proceso menos visible: recuperar la confianza. Después de un evento cardíaco, explica la Dra. Fajardo, muchas personas quedan profundamente conmovidas y angustiadas. Por eso, ese primer contacto busca ayudarlas a entender lo ocurrido y recuperar la confianza para verlo también como una segunda oportunidad. Después de esa primera etapa comienza el proceso ambulatorio, que puede extenderse unos seis meses.
El ejercicio aumenta de forma progresiva según lo que cada paciente puede tolerar y se acompaña de educación, seguimiento médico, adherencia a los medicamentos y cambios en los factores de riesgo y hábitos.
Y hay algo que la Dra. Fajardo nunca pierde de vista. En esta ruta, no todos los pacientes pueden hacer lo mismo. Aunque las sesiones sean grupales, la prescripción del ejercicio es individual, porque cada persona tiene una condición y una tolerancia diferentes. No es lo mismo rehabilitar a alguien que tuvo un infarto que a un paciente trasplantado, uno con falla cardíaca, otro al que le cambiaron una válvula o alguien que lleva un marcapasos.
La recuperación tampoco depende de una sola especialidad. Psicología, trabajo social, nutrición, cardiología, cirugía cardiovascular y rehabilitación hacen parte del acompañamiento. Fajardo insiste en que, después de un evento cardiovascular, hay que atender también a la persona detrás del diagnóstico.
“Uno no es el infartado”, dice. Es alguien con una familia, un trabajo, sentimientos, dificultades y alegrías. Quizá por eso uno de los momentos que más recuerda de su trabajo ocurre fuera de una sala de procedimientos. Fajardo cuenta que algunos pacientes que llegan a rehabilitación después de pasar por cuidados intensivos terminan, meses después, participando en competencias deportivas. Ver a alguien que dos meses antes estaba en una cama y seis meses después cruzaba una meta es, para ella, la prueba más visible de esa segunda oportunidad.
La virtualidad también ha abierto una alternativa para quienes viven lejos o tienen dificultades para desplazarse. Desde la pandemia, LaCardio incorporó telesesiones de rehabilitación dirigidas en tiempo real, y ahora explora herramientas como aplicaciones, inteligencia artificial y telemetría para acompañar al paciente desde casa.
Pero la Dra. Fajardo pone el énfasis en algo más sencillo: el éxito está en que la persona aprenda a cuidar su corazón durante toda la vida. Hacer unas sesiones y volver a los mismos hábitos no resolvería el problema. Al final, la ruta de un paciente cardiovascular se parece al propio corazón: ninguna de sus partes funciona por separado. Más de cinco décadas después de sus primeros pasos, LaCardio ha ampliado su capacidad con nuevas especialidades, procedimientos y tecnologías. El principio es que cada avance tenga un propósito concreto y que, detrás de cada arteria destapada, cada válvula reparada, cada ritmo controlado y cada proceso de rehabilitación, haya una persona que vuelva a su vida.
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