Publicidad

El estrés crónico puede desencadenar una inflamación oculta que daña el corazón

Un nuevo estudio encontró una relación entre la inflamación crónica, ciertos cambios en la estructura y función del corazón y un mayor riesgo cardiovascular. Los investigadores también identificaron vínculos con el malestar psicológico, el tabaquismo, la grasa corporal y factores socioeconómicos, además de interacciones con la predisposición genética.

21 de septiembre de 2026 – 09:20 a. m.
10 consejos para cuidar tu corazón y presumir de una buena salud
Además del tabaquismo y la grasa corporal, el estudio identificó vínculos entre inflamación, malestar psicológico y factores socioeconómicos, y encontró que la genética puede modificar estas asociaciones.
Foto: Pixabay

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Una investigación realizada con datos de casi medio millón de personas en el Reino Unido concluye que el estrés crónico derivado de la vida cotidiana puede estar provocando cambios estructurales duraderos en el corazón, perjudicando la salud y reduciendo la esperanza de vida.

"Nuestro estudio, el más grande de su tipo, sugiere que millones de personas podrían estar viviendo con una inflamación oculta, que está alterando lentamente su corazón y causando daños a largo plazo, aumentando el riesgo de infarto y accidente cerebrovascular", señala, citado en una nota de prensa, Declan O’Regan, titular de la Cátedra de IA Cardiovascular de la British Heart Foundation en el Imperial College de Londres. "La inflamación crónica es compleja, pero sabemos que está vinculada a nuestra salud y se ve influenciada por diversos factores económicos y de estilo de vida; es decir, las personas pueden estar en mayor riesgo simplemente por su entorno, su situación económica, la salud de su familia y su estilo de vida".

El artículo de investigación fue publicado esta semana en la Revista Europea de Cardiología Preventiva y allí se explica que la inflamación es una respuesta normal del organismo frente a una infección, una lesión o cualquier otra amenaza. El problema, sin embargo, aparece cuando esa respuesta permanece activa durante mucho tiempo, aunque no exista realmente una agresión puntual que combatir. Esa inflamación crónica de bajo grado se ha relacionado desde hace años con enfermedades cardiovasculares, pero todavía no estaba del todo claro cómo se relacionaba con los cambios que ocurren en el corazón antes de que aparezca una enfermedad evidente. Eso fue precisamente lo que buscó entender esta investigación.

Los autores recurrieron al UK Biobank, una gran base de datos del Reino Unido que reúne información genética, clínica y de estilo de vida de las personas. El análisis incluyó datos de 488.079 personas para medir la inflamación y, dentro de ese grupo, distintos subconjuntos con imágenes por resonancia magnética del corazón, análisis de proteínas, información sobre exposiciones ambientales y seguimiento de eventos cardiovasculares. Para estimar el nivel de inflamación crónica utilizaron una molécula llamada GlycA, que puede medirse en la sangre mediante espectroscopia de resonancia magnética nuclear.

En términos sencillos, explican los científicos, esa molécula GlycA funciona como un marcador que permite aproximarse al nivel de inflamación sistémica sostenida de una persona.

El hallazgo más importante, según los científicos, es que las personas con los niveles más altos de inflamación (el 20% superior) tenían un riesgo un 43% mayor de sufrir un infarto o un derrame cerebral que aquellas con los niveles más bajos (el 20% inferior). El profesor Bryan Williams, director científico y médico de la British Heart Foundation, declaró, citado en la nota de prensa: "La inflamación forma parte del proceso de curación del cuerpo, pero también tiene un lado oscuro. Este estudio a gran escala reveló que las personas con mayores niveles de inflamación experimentaban cambios silenciosos en la estructura de su corazón y tenían un mayor riesgo de sufrir eventos cardíacos graves, como infartos y accidentes cerebrovasculares".

Precisamente, cuando los investigadores compararon los niveles de GlycA con las imágenes del corazón, encontraron que las personas con niveles más altos del marcador tendían a presentar menores volúmenes de las cavidades cardíacas, especialmente del ventrículo izquierdo, que es la cámara encargada de impulsar la sangre hacia el resto del cuerpo. También tenían un menor volumen sistólico, es decir, expulsaban menos sangre con cada latido, y presentaban una frecuencia cardíaca más alta. El conjunto de estos cambios fue interpretado como una posible forma de adaptación del corazón frente a un contexto de inflamación crónica. Todos estos cambios pueden desarrollarse silenciosamente durante años antes de progresar a una insuficiencia cardíaca.

El estrés y el corazón

Después de encontrar esta relación entre la inflamación y los cambios en el corazón, una de las preguntas centrales de los científicos fue qué factores podían estar relacionados con esos niveles de inflamación crónica. Para responderla, analizaron una gran cantidad de variables relacionadas con las condiciones de vida, el cuerpo y el ambiente.

Entre las que mostraron una relación más fuerte con GlycA estuvieron la cantidad de grasa acumulada en el tronco, fumar actualmente, el malestar psicológico y algunos indicadores de una situación socioeconómica desfavorable. También encontraron asociaciones con la grasa visceral, los síntomas depresivos y la distribución de la grasa corporal. En cambio, algunas variables relacionadas con una mayor actividad física, una alimentación más saludable y mejores condiciones socioeconómicas mostraron asociaciones con niveles más bajos de GlycA.

Aquí entra el estrés. El estudio no analizó el estrés crónico como una causa aislada de la inflamación, pero sí encontró una relación importante entre el malestar psicológico y los niveles de GlycA. Por eso, los autores plantean que las condiciones psicológicas y sociales pueden formar parte del conjunto de factores que se relacionan con una mayor inflamación crónica. La idea es importante porque el organismo no responde únicamente a factores de riesgo cardiovasculares más conocidos, como fumar o acumular grasa: también parece haber una conexión entre las condiciones en las que una persona vive, su salud mental y la respuesta inflamatoria de su cuerpo.

En ese sentido, el profesor Declan O’Regan añadió: “Lo sorprendente fue la estrecha relación entre los factores sociales y la salud mental, así como con la inflamación y el daño cardíaco, además de factores de riesgo más conocidos como el tabaquismo y el sedentarismo. También existía un importante factor genético, ya que algunas personas eran naturalmente más resistentes o más susceptibles al daño inflamatorio derivado de diferentes estilos de vida”.

Esta última parte introduce otro elemento de la investigación: la genética. Los científicos encontraron que algunas características genéticas podían modificar la relación entre determinadas exposiciones ambientales, los niveles de inflamación y el riesgo de sufrir eventos cardiovasculares. Es decir, dos personas expuestas a circunstancias similares no necesariamente tienen la misma respuesta biológica. La predisposición genética puede influir en la intensidad de esa respuesta.

Eso, sin embargo, no significa que una persona esté destinada a desarrollar una enfermedad cardiovascular por sus genes ni que el estrés inevitablemente termine dañando su corazón. El estudio encontró asociaciones y posibles mecanismos, pero no demuestra una cadena causal individual. De hecho, los propios investigadores plantean que comprender estas interacciones podría servir para identificar oportunidades de prevención.

Para los autores, los resultados tienen implicaciones en varios sentidos. Por un lado, plantean que combinar marcadores de inflamación en sangre con información sobre el riesgo genético podría, en el futuro, ayudar a identificar a las personas que podrían beneficiarse de una intervención más temprana. Por otro lado, como señala el profesor Williams, los hallazgos refuerzan la importancia de actuar sobre las causas que contribuyen a la inflamación y al riesgo cardiovascular, al tiempo que se apoya a las personas para adoptar cambios que puedan proteger la salud del corazón.

👩‍⚕️📄¿Quieres conocer las últimas noticias sobre salud? Te invitamos a verlas en El Espectador.⚕️🩺

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido