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¿Qué fractura es más común según su edad? Claves para prevenirlas y recuperarse mucho mejor

¿Por qué una fractura no es lo mismo a los ocho años que a los 80? Especialistas explican cuáles son las fracturas más frecuentes en cada etapa de la vida, cómo se tratan y qué factores hacen que el riesgo y la recuperación cambien con la edad.

Ana Vega

22 de agosto de 2026 - 10:00 a. m.
La fractura más común en los niños es la del antebrazo.
Foto: rawpixel.com / Chanikarn Thongsu - rawpixel.com / Chanikarn Thongsu

Se ha hecho popular una anécdota, de autoría incierta, según la cual una de las primeras señales de civilización habría sido encontrar un fémur fracturado que había logrado sanar. La idea detrás de la historia es que alguien tuvo que cuidar, alimentar y proteger a esa persona herida durante su recuperación, cuando, en otras circunstancias, una lesión así podría haberla dejado expuesta a morir. Aunque no es del todo precisa (porque simplifica mucho la evidencia sobre el surgimiento de las sociedades humanas modernas), la creencia puede servir como una buena puerta de entrada a una realidad que la medicina confirma todos los días: una fractura casi nunca es solamente un problema del hueso. Por el contrario, también puede reflejar un problema de cuidado, contexto, edad y, en algunos casos, hasta de salud pública.

Según cifras de la Organización Mundial de la Salud, en 2019 se registraron 178 millones de fracturas nuevas en el mundo, un incremento del 33,4 % respecto a 1990. Este aumento ocurre en un contexto marcado por cambios en los hábitos de vida y por el envejecimiento de la población.

“El sedentarismo, el tabaquismo, la obesidad, asociadas o a la osteoporosis, provoca que los pacientes se fracturen mucho más. Y, al mismo tiempo, como estamos viviendo más años y somos personas muy activas, se presenta esa debilidad ósea y aumenta el riesgo de fracturas”, explica Manuel Enrique Vivas, médico cirujano, especialista en Ortopedia y Traumatología de la Fundación Cardioinfantil-LaCardio.

Pero hablar de “fracturas” en general puede resultar demasiado amplio. La fractura de un niño de ocho años que se cae de la bicicleta puede tener poco que ver, en gravedad, tratamiento y consecuencias a largo plazo, con el caso de una mujer de 80 años que se fractura la cadera al tropezar. Así lo confirma el médico Carlos Mario Olarte, ortopedista de traumamusculoesqueletico de la Fundación Santa Fe de Bogotá (FSFB): “El mismo trauma puede producir distintas fracturas según la edad pues las características del hueso, en cuanto a su densidad, son diferentes”.

Los huesos cambian a lo largo de la vida y, con ellos, también cambian los mecanismos que producen las fracturas, las partes que se lesionan con mayor frecuencia y las condiciones que determinan la recuperación.

¿Cuáles son las fracturas más comunes según la edad?

Recién nacidos

  • Fractura más frecuente: clavícula.
  • Principales causas: lesiones relacionadas con el nacimiento.
  • Particularidad: “No es tan común ver fracturas en niños menores de dos años. Cuando ocurre, además de hablar con la familia para entender qué pasó, siempre sospechamos de la posibilidad de maltrato”, explica la doctora Verónica Morales, pediatra de LaCardio.

Niños

  • Fracturas más frecuentes: antebrazo (radio y cúbito).
  • Principales causas: caídas, juegos y actividades deportivas.
  • Particularidad: una de las comunes es la de “tallo verde”, la cual ocurre cuando el hueso se dobla y se quiebra solo por un lado.

Adultos jóvenes

  • Fracturas frecuentes: radio distal, tobillo, tibia, peroné, clavícula y fémur.
  • Principales causas: accidentes de tránsito, especialmente de alta energía, y lesiones deportivas.
  • Particularidad: la gravedad depende en buena medida de la energía del trauma, es decir, con la fuerza y el mecanismo con los que se produjo el impacto.

Adultos mayores

  • Fracturas frecuentes: cadera, vértebras y radio distal (muñeca).
  • Principales causas: caídas desde la propia altura y traumatismos de baja energía.
  • Factores asociados: osteoporosis, pérdida de masa muscular y alteraciones del equilibrio, que aumentan el riesgo de caídas y fracturas.

La edad cambia la forma de sanar

Una vez ocurre la fractura, comienza otro proceso: la consolidación del hueso. Y para esta recuperación no todas las edades juegan bajo las mismas condiciones.

En los niños, la capacidad de reparación es especialmente alta. “Usualmente los niños presentan una recuperación muy veloz. Las tasas de consolidación son mucho más rápidas”, explica Abelardo Tinoco Galeano, ortopedista y traumatólogo de LaCardio. Con “consolidación”, los expertos hacen alusión al proceso mediante el cual el organismo repara el hueso fracturado y restablece, de manera progresiva, su continuidad y resistencia. En algunas fracturas, agrega, pueden encontrarse signos de consolidación incluso después de apenas unas semanas de inmovilización.

Pero una recuperación rápida no significa que todas las fracturas infantiles sean simples. Hay una particularidad que requiere especial seguimiento: las lesiones que comprometen las zonas de crecimiento. “En los niños, las fracturas que involucran las zonas de crecimiento o las fisis, pueden comprometer el crecimiento lineal o angular de los huesos”, advierte Olarte, médico de la FSFB.

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Morales, especialista en pediatría, explica que estas zonas de crecimiento se encuentran en los extremos de los huesos largos, como el fémur y la tibia, y son las responsables de que los huesos se “alarguen” durante la infancia. Si una fractura las afecta, puede alterar el crecimiento normal del hueso, por lo que es necesario realizar controles periódicos durante la recuperación.

En los adultos, la recuperación también depende de las características de la fractura, pero el objetivo es, en muchos casos, recuperar la función lo antes posible.

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“Con los adultos jóvenes, con la tecnología que tenemos hoy, con los materiales y los implantes, la idea es hacer una rehabilitación lo más temprano posible. Utilizamos implantes, placas, tornillos y dispositivos endomedulares que permiten que el paciente, una vez operado, empiece su rehabilitación al día siguiente”, explica Tinoco.

El tipo de tratamiento, por supuesto, depende de las características de cada fractura. No todas necesitan cirugía y no todas requieren el mismo tiempo de inmovilización o rehabilitación.

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Adultos mayores: osteoporosis y fracturas por fragilidad

En los adultos mayores, la recuperación puede ser más compleja porque al daño producido por la fractura se suman otros factores. Con el envejecimiento, el hueso puede perder densidad y calidad, aumentando su fragilidad y la posibilidad de que una caída de baja energía termine en una fractura.

Esa fragilidad es uno de los rasgos característicos de la osteoporosis, una de las enfermedades óseas más comunes entre las personas mayores. Según la International Osteoporosis Foundation (IOF), una de cada tres mujeres y uno de cada cinco hombres mayores de 50 años sufrirá una fractura relacionada con la osteoporosis a lo largo de su vida.

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“Las personas mayores tienen huesos más porosos y descalcificados y, por eso, se considera que es un hueso frágil, más propenso a las fracturas”, explica Diana Atencio, geriatra de LaCardio.

El problema es que una persona puede no saber que tiene osteoporosis hasta que sufre una fractura. La enfermedad suele avanzar sin síntomas evidentes. Incluso puede haber lesiones vertebrales que se producen sin una caída o un golpe evidente. “Pacientes con osteoporosis severa que no han recibido tratamiento pueden presentar fracturas, por ejemplo, de la columna vertebral sin trauma, sin caerse”, explica el especialista Tinoco. Estas fracturas con el tiempo pueden producir pérdida de estatura, deformidad de la columna y dolor crónico.

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Por eso, una fractura producida por un trauma de baja energía como una caída desde la propia altura o una lesión leve, en una persona mayor puede ser mucho más que el resultado de un accidente. También puede ser una señal de que la salud del hueso necesita ser evaluada.

La osteoporosis, además, no es el único factor que puede explicar una fractura a esta edad y dificultar la recuperación. En los adultos mayores suelen coexistir otras enfermedades que pueden influir en el proceso de consolidación.

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“En los pacientes adultos mayores tenemos ya comorbilidades: usualmente son pacientes que tienen hipertensión, que pueden cursar con diabetes o enfermedades cardiovasculares, que pueden afectar la consolidación del hueso”, explica Tinoco.

A esto se suma la pérdida de masa y fuerza muscular, conocida como sarcopenia, y las alteraciones del equilibrio. Ambos factores pueden aumentar el riesgo de sufrir una caída y, después de una fractura, dificultar el regreso a la movilidad.

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Por eso, en una persona mayor, el éxito del tratamiento no se mide únicamente por si el hueso consolidó. También importa si la persona vuelve a caminar, recupera fuerza, retoma sus actividades cotidianas y conserva su independencia.

La prevención comienza mucho antes

Si la salud del hueso se construye durante toda la vida, la prevención tampoco debería comenzar con la llegada de una fractura. La recomendación de la geriatra Atencio es aprovechar la juventud para alcanzar una buena masa ósea y conservarla durante el envejecimiento. Para ello, señala la importancia de una alimentación adecuada, con suficiente calcio y proteínas, además de mantener niveles adecuados de vitamina D y realizar actividad física.

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El ejercicio de fuerza y los ejercicios con carga de peso son particularmente importantes para conservar huesos y músculos fuertes. Los especialistas recomiendan incorporar actividades que utilicen el propio peso corporal, como sentadillas, subir escaleras, flexiones y ejercicios para fortalecer el cuerpo. El objetivo es mantener activo todo el aparato locomotor y trabajar tanto la fuerza como el equilibrio.

La prevención, entonces, no consiste en esperar a que aparezca la primera fractura para ocuparse de los huesos. Empieza mucho antes, con hábitos que se construyen a lo largo de la vida y que pueden ayudar a llegar a la vejez con una mejor salud ósea.

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Por Ana Vega

Profesional en Estudios Literarios de la Universidad Nacional con interés en temas de divulgación cultural y medio ambiente.@Anav3g4avega@elespectador.com
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