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Jaime Fernández tiene una analogía para explicar lo que provoca la sepsis, una respuesta extrema del sistema inmunitario ante una infección. “Es como un incendio forestal: un árbol se prende en fuego, luego otro, y así sucesivamente hasta extenderse por todo el bosque. Se genera una reacción en cadena y algo parecido ocurre con una infección”, explica el líder médico de la Unidad de Cuidados Intensivos Pediátricos de la Fundación Cardioinfantil - LaCardio. “Si empieza a expandirse, puede afectar órganos como el corazón, el pulmón o el riñón”.
La sepsis es una de las causas de muerte más frecuentes en el mundo. Se estima que, cada tres segundos, una persona fallece por esta condición. Para entenderla mejor y encontrar maneras más tempranas de detectarla, Fernández y su equipo en LaCardio han concentrado parte de sus investigaciones en la microcirculación, ese punto inicial donde, siguiendo su analogía, comenzaría el incendio. Con apoyo de equipos de alta tecnología, cuenta, han logrado identificar señales tempranas que permiten intervenir antes de que el daño se expanda.
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A través de un videomicroscopio, los médicos observan pequeños vasos sanguíneos debajo de la lengua llamados capilares. Aunque son diminutos, casi diez veces más delgados que un cabello humano, cumplen una función muy importante: llevar sangre y oxígeno a los tejidos del cuerpo. La sepsis, sin embargo, puede alterar y bloquear progresivamente esa circulación.
“Si se afecta un capilar, luego otro y después otro más, empieza una reacción en cadena muy parecida al incendio forestal”, explica Fernández. Cuando ese daño compromete la circulación y los órganos dejan de recibir suficiente oxígeno, los especialistas hablan de “choque séptico”, una de las fases más graves de la afección y en la que muchos pacientes pueden morir.
“Lo que hemos investigado nos ha permitido iniciar tratamientos más rápidos y cambiar la evolución natural de la enfermedad”, agrega el especialista. Además del uso de esta tecnología, el equipo médico ha identificado otros hallazgos importantes. Han observado, por ejemplo, que si un paciente con fiebre tarda más de una hora en llegar al hospital, el riesgo de morir por sepsis puede multiplicarse entre tres y cuatro veces. También encontraron que uno de cada cuatro niños en terapia intensiva tiene sepsis y que uno de cada tres pacientes pediátricos con esta condición, si no se diagnostica, puede desarrollar algún tipo de secuela neurológica.
Estos hallazgos han permitido aprender un poco más sobre la sepsis y, en palabras de Fernández, ampliar la frontera del conocimiento. En la medicina, afirma, “no nos podemos conformar con lo que sabemos. Cada niño, cada paciente que no evoluciona bien, siempre nos recuerda que hay aún preguntas sin responder”.
Influir sobre las decisiones
En la conversación sobre salud, los titulares suelen concentrarse en la prestación de servicios, en las EPS y los medicamentos. Mucho menos frecuente es hablar de las investigaciones clínicas y médicas que también terminan transformando la manera en que se diagnostican y tratan las enfermedades. “Cada estudio nos permite optimizar los diagnósticos y los tratamientos para que sean más eficaces, seguros y accesibles”, afirma Adriana Varón, líder de hepatología (que se enfoca en enfermedades del hígado) en LaCardio.
Varón asegura que la investigación permite ofrecer diagnósticos más certeros y tratamientos más efectivos, basados en experiencia acumulada y evidencia. Pero no se reduce a ello, sino que los estudios pueden influir directamente sobre las decisiones médicas y en la atención que los profesionales brindan día a día.
De manera similar lo plantea José Antonio de la Hoz Valle, jefe de la Subdirección de Estudios Clínicos y Epidemiología Clínica de la Fundación Santa Fe de Bogotá (FSFB). “La investigación en salud tiene sentido cuando logra traducirse en mejores decisiones y mejores resultados para los pacientes”, dice. El trabajo de esta subdirección ha permitido identificar factores de riesgo, así como comprender el comportamiento de las enfermedades dependiendo del contexto y evaluar intervenciones.
Son varias las líneas de investigación que se adelantan desde este grupo multidisciplinario, como la epidemiología clínica, desenlaces en salud, enfermedades infecciosas, entre otras. Cada año se presentan alrededor de 200 proyectos nuevos y se hacen cerca de 250 publicaciones científicas. De la Hoz explica que el conocimiento generado por los profesionales de salud no se queda en artículos académicos, sino que se incorpora directamente a la práctica clínica de la Fundación Santa Fe, permitiendo actualizar guías médicas y optimizar procesos de atención.
El jefe de la subdirección menciona, por ejemplo, uno de los trabajos que han desarrollado junto al departamento de neurocirugía de la institución y en alianza con la Universidad El Bosque. Luego de analizar más de 1.000 procedimientos de neurocirugía, los investigadores encontraron que uno de los principales riesgos de infección para los pacientes tiene que ver con la cantidad de días que duran esperando la intervención, es decir, el tiempo previo de hospitalización.
“A partir de estos resultados, se ajustaron los protocolos prequirúrgicos para priorizar las cirugías y reducir tiempos de espera, disminuyendo así el riesgo de infecciones en los pacientes”, cuenta De la Hoz. “Este tipo de investigación permite que el conocimiento se traduzca directamente en una atención más segura y de mejor calidad”.
Desde la Fundación Cardioinfantil - LaCardio también se han adelantado investigaciones similares. Para entender una de ellas, imagine a un paciente que recibe un trasplante de hígado, uno de los procedimientos más complejos de la medicina, en una institución especializada. Sin embargo, después de la cirugía, las EPS lo remiten a distintos centros médicos para controles, exámenes y seguimientos, muchas veces en lugares diferentes y sin una atención integrada. A partir de esa situación, un grupo de investigadores de LaCardio decidió analizar cómo esa fragmentación en la atención médica puede influir en la evolución de los pacientes y en sus desenlaces de salud después del trasplante.
“Observamos unas bases de datos nacionales de los pacientes que habían tenido trasplantes de hígado entre 2010 y 2020”, explica Giancarlo Buitrago, director de investigaciones y educación de LaCardio. “Identificamos que a quienes les tocó ir a más prestadores de salud después del procedimiento, les iba peor, morían más”. Para Buitrago, es clave lograr una interlocución entre los investigadores y los tomadores de decisiones para mejorar la calidad del sistema y, por ende, también la vida de las personas. “¿Cómo le va mejor a estos pacientes? Eso es algo que debería ser prioridad para el país y para el Ministerio de Salud”, dice Buitrago. La idea, agrega, “es que este tipo de información que surge de nuestra evidencia científica sea trasladada a la política pública. Una política de salud pública podría transformar la vida de muchas personas. Son intervenciones que realmente cambian vidas”.
Avances y desafíos
Para De la Hoz, de la FSFB, Colombia ha presentado avances importantes en torno a la investigación clínica. Las instituciones, dice, cuentan con mayores capacidades, talento humano calificado y su participación en estudios de alto nivel está creciendo. Además, el país se ha integrado a una red de colaboración global que no solo permite la transferencia de conocimiento, sino fortalecer las habilidades locales y participar en proyectos de otros lugares.
“Todo esto ha contribuido a posicionar progresivamente a Colombia como un actor relevante en la generación de conocimiento en salud, con impacto tanto a nivel nacional como internacional”, apunta el médico. Sin embargo, agrega, en el país persisten retos importantes, especialmente en cuanto a la financiación y la articulación entre los diferentes actores del sistema.
De la Hoz menciona que es importante avanzar en una interoperabilidad de plataformas que permita aprovechar mejor la información disponible, así como generar conocimiento alineado a las necesidades de los colombianos. Cree, además, que se puede fortalecer la cultura de la investigación en el sector salud y lograr que los estudios se traduzcan en la práctica clínica y en beneficios concretos para los usuarios.
Fernández, de LaCardio, concuerda en que uno de los grandes desafíos es la implementación y llevar, de manera efectiva, la teoría a la práctica. “No nos podemos quedar solamente en generar información, debemos aplicarlo en el día a día. Y no basta solamente con investigar bien, sino hay que lograr que ese conocimiento llegue al paciente y trascienda más allá del personal en formación, esa es una de las cosas más bonitas”.
Puntualmente, Fernández se refiere a la necesidad de fortalecer las investigaciones sobre enfermedades críticas en adultos y niños, pero también en áreas como enfermedades crónicas, salud mental y salud pública. A su juicio, es fundamental que sean investigadores colombianos quienes produzcan evidencia capaz de responder a las particularidades y necesidades del país.
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Por su parte, Buitrago explica que muchas de las nuevas tecnologías y tratamientos que utilizan los médicos suelen llegar respaldados por estudios realizados en Norteamérica, Europa o Asia. Sin embargo, advierte que los pacientes colombianos no necesariamente se comportan igual que las poblaciones estudiadas en esas regiones. “Nuestras poblaciones son diferentes”, señala. Un ejemplo es la altitud. Mientras muchas ciudades de Estados Unidos están al nivel del mar o a bajas alturas, Bogotá es una de las ciudades más pobladas del mundo por encima de los 2.600 metros sobre el nivel del mar. Esa condición, explica, ya genera diferencias y modifica, entre otras cosas, el comportamiento de algunas enfermedades respiratorias.
Los contextos alrededor del acceso a la salud, la calidad de los servicios, las condiciones sociales y el uso de tecnología también cambian de un país a otro. Por eso Buitrago, director de investigaciones y educación de LaCardio, resalta la importancia de fortalecer la investigación local y de participar en estudios internacionales que incluyan datos y pacientes de nuestro país. “Eso cambia el juego porque, finalmente, no solo consumimos evidencia, sino que también la producimos”, afirma.
En palabras de Varón, de LaCardio, cada paciente tiene características propias que la investigación permite entender con mayor precisión. “Con esa información podemos ajustar los tratamientos según sus particularidades, logrando que sean más efectivos y adecuados. En últimas, investigar es sembrar futuro: cada avance abre la puerta a que más pacientes tengan esperanza y mejores oportunidades”.
