Las directrices de la Organización Mundial de la Salud (OMS) suelen recomendar entre 2 y 7 días de abstinencia antes de la toma de muestras de semen o procedimientos de reproducción asistida. Sin embargo, un estudio reciente, publicado este miércoles y liderado por investigadores de la Universidad de Oxford, sugiere que la eyaculación más frecuente, ya sea mediante actividad sexual o masturbación, podría asociarse con espermatozoides de mejor calidad y con menor daño en el ADN. Los resultados se publican en Proceedings of the Royal Society B.
Los hallazgos de la investigación se basan en análisis comparativo entre especies. Desde hace mucho tiempo, los científicos saben que en muchas especies animales, tanto machos como hembras tienen la capacidad de almacenar espermatozoides durante un tiempo antes de que ocurra la fecundación. En los machos, este almacenamiento sucede entre la producción del esperma y su liberación, mientras que en las hembras ocurre entre el apareamiento y la fertilización. Esto puede durar desde días hasta meses o incluso años, dependiendo de la especie.
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Los científicos también saben que esta capacidad tiene ventajas claras: en los machos permite acumular esperma y evitar quedarse sin él en momentos clave, y en las hembras reduce la necesidad de aparearse con frecuencia y facilita procesos como la selección del mejor esperma o la reproducción cuando los machos escasean. Sin embargo, se cree que almacenar esperma también tiene un costo.
Con el tiempo, los espermatozoides pueden deteriorarse, un proceso conocido como envejecimiento espermático. Esto ocurre porque son células muy limitadas: no pueden reparar bien su propio daño, tienen pocas reservas de energía y son vulnerables a moléculas reactivas que pueden afectar su estructura. Como resultado, pueden volverse menos móviles, menos viables o sufrir daños en su ADN. En algunos casos, esto no solo reduce la probabilidad de fecundación, sino que también puede afectar el desarrollo del embrión o la calidad de la descendencia.
Pero no todos los efectos del almacenamiento son iguales. Algunas características del esperma, como su movilidad o viabilidad, parecen ser más sensibles al paso del tiempo que otras. Incluso es posible que ciertos daños se compensen después de la fecundación, o que los espermatozoides más deteriorados simplemente no logren fecundar. Por eso, los resultados pueden variar entre estudios, y no siempre es claro si el almacenamiento tiene efectos negativos, neutros o incluso, en algunos casos, beneficiosos. Ese fue el vació que este estudio intenta comenzar a llenar.
Los investigadores realizaron un metaanálisis que reúne información de múltiples estudios en humanos y otros animales. Se analizaron 115 estudios en humanos (con 54.889 hombres) y 56 estudios en 30 especies no humanas. El objetivo, en términos sencillos, fue evaluar cómo el almacenamiento de esperma afecta su calidad, el éxito reproductivo y los resultados posteriores a la fecundación, teniendo en cuenta factores como el sexo del individuo que almacena el esperma, el tiempo de almacenamiento y la forma en que se recolectan los datos.
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Mejores espermatozoides
Los resultados sugieren que el almacenamiento de esperma tiene efectos medibles, aunque no siempre son drásticos ni uniformes. En humanos, al analizar datos de más de 54.000 hombres en distintos países, se encontró que el almacenamiento tiene un impacto negativo leve pero consistente sobre la calidad del esperma y los resultados reproductivos. Es decir, no se trata de un deterioro extremo, pero sí de una tendencia clara a que, con el tiempo, el esperma funcione peor.
En concreto, períodos más prolongados sin eyaculación se han asociado con un aumento del daño en el ADN de los espermatozoides y del estrés oxidativo, así como con una disminución de su motilidad y viabilidad. Rebecca Dean (del departamento de Biología de la Universidad de Oxford), coautora principal del estudio, explicó, citada por la institución que “debido a la alta movilidad de los espermatozoides y a su escaso citoplasma, agotan rápidamente sus reservas de energía y tienen una capacidad de reparación limitada. Esto hace que su almacenamiento sea particularmente perjudicial en comparación con otros tipos de células. Nuestro estudio pone de manifiesto cómo la eyaculación regular puede proporcionar un pequeño pero significativo impulso a la fertilidad masculina”.
En otras palabras, cuanto más tiempo permanecen almacenados, más probabilidades tienen de deteriorarse, sobre todo a nivel celular. Esto se traduce en espermatozoides menos eficientes y más vulnerables al daño, aunque los efectos no siempre sean visibles en todos los resultados reproductivos. Por eso, mantener una frecuencia de eyaculación más regular puede ayudar, sugiere el estudio, a una especie de “renovación” el esperma y, en conjunto, favorecer su calidad.
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Otro hallazgo interesante es la diferencia entre machos y hembras. Como ya dijimos, en muchas especies, los machos están mejor adaptados para almacenar esperma durante períodos cortos, mientras que las hembras han desarrollado sistemas más complejos que permiten conservarlo durante más tiempo. Esto hace que los efectos del almacenamiento no sean iguales: en los machos, los problemas tienden a aparecer cuando el almacenamiento se prolonga demasiado, mientras que en las hembras pueden darse incluso en fases más tempranas, antes de que el esperma se estabilice en sus órganos especializados.
Los autores de la investigación señalan que estos hallazgos podrían tener implicaciones para la medicina reproductiva actual, ya que muestran que el esperma puede deteriorarse con el tiempo independientemente de la edad del hombre, un factor que no siempre se tiene en cuenta en la práctica clínica.
En ese contexto, los resultados abren la discusión sobre las recomendaciones actuales, como las de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que sugieren entre 2 y 7 días de abstinencia antes de la toma de muestras. Según los investigadores, el límite superior de ese rango podría no ser óptimo en todos los casos, aunque advierten que cualquier cambio debe evaluarse con cautela.
Esto se debe a que existe un equilibrio entre cantidad y calidad del esperma: periodos más largos pueden aumentar el número de espermatozoides, pero también su deterioro. Algunos estudios recientes, citados por el equipo, apuntan a que intervalos más cortos entre eyaculaciones podrían mejorar ciertos resultados en reproducción asistida, aunque la evidencia sigue siendo variable y depende del contexto clínico específico.
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