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“Durante demasiado tiempo, los problemas de salud de la mujer han sido subestimados”, dijo Marty Makary, comisionado de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) , al anunciar un cambio en la manera en que la agencia aborda las advertencias sobre la terapia hormonal para la menopausia.
Su llamado fue directo: las mujeres y sus médicos deben tomar decisiones “basadas en datos, no en el miedo”.
La frase resumía un giro que llevaba varios años gestándose. A finales de 2025, la FDA anunció que iniciaría la eliminación de las etiquetas de advertencia de algunos tratamientos hormonales utilizados para aliviar los síntomas de la menopausia, luego de décadas en las que su uso fue cuestionado. Para entender el porqué de esas dudas hay que remontarse a 2002, cuando una investigación publicada en JAMA por la Iniciativa de Salud de la Mujer (WHI) asoció el uso de una combinación de estrógeno y progestágeno con un mayor riesgo de cáncer de mama, enfermedad coronaria, accidente cerebrovascular, entre otras enfermedades. Aquellos resultados cambiaron radicalmente la percepción sobre las hormonas y llevaron a una caída en su uso.
Con el tiempo, sin embargo, nuevos análisis mostraron que aquella evidencia necesitaba ser interpretada con mucha mayor precisión: la edad de la mujer al iniciar el tratamiento, el momento respecto de la menopausia, la formulación, la vía de administración y los antecedentes de salud de cada paciente podían modificar la relación entre beneficios y riesgos. Pese a eso, la duda, el estigma y la sospecha alrededor de la terapia hormonal persistieron durante años.
No era la primera vez, en todo caso, que la menopausia se entendía desde el temor, los prejuicios y el desconocimiento. Durante mucho tiempo, alrededor de esta etapa se construyeron explicaciones que hoy, con el conocimiento médico disponible, han sido cuestionadas o resultaron equivocadas. Ya en los siglos XIX y XX, una amplia variedad de síntomas físicos y mentales que presentaban las mujeres se atribuían a la llamada “histeria femenina”, una suerte de categoría médica bajo la cual se agruparon problemas muy distintos y que, en algunos casos, llevó a tratamientos que terminaron siendo perjudiciales para las pacientes.
Aunque ha pasado mucho tiempo de eso, y hoy existe mucha más evidencia sobre la menopausia, todavía persisten preguntas, vacíos de conocimiento y discusiones sobre cómo acompañar esta etapa de la vida.
“Yo pensaría que el principal problema es la desinformación”, cree Isabel Eugenia Jáuregui, ginecóloga y obstetra colombiana y presidenta de Asomenopausia, una ONG dedicada a estudiar, difundir y atender de manera integral los temas relacionados con el climaterio y la menopausia. Para la especialista, durante años hubo más conversación alrededor de problemas masculinos como la disfunción eréctil, mientras la menopausia permanecía en un segundo plano. “De hecho, en Colombia, solo hasta julio de este año, por fin y por primera vez en la historia, se contempló la menopausia como parte del ciclo reproductivo de la mujer”.
Se refiere a la Resolución 1350 de 2026 a través de la cual Colombia adoptó una Política Nacional Intersectorial de Sexualidad, Derechos Sexuales y Derechos Reproductivos (2026-2035), que incorporó de manera explícita al climaterio, la menopausia y la posmenopausia dentro de las acciones de política pública relacionadas con la salud sexual y reproductiva.
Los avances en la investigación, las nuevas terapias y la inclusión de la menopausia en las políticas públicas son pasos importantes, dice Jáuregui. Pero comprender mejor esta etapa empieza por lo más básico: entender qué ocurre en el cuerpo de una mujer cuando se acerca a ella, qué cambios son esperables y cuáles son los mitos más comunes.
La menopausia no es una enfermedad
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la menopausia es el cese definitivo de la menstruación y se confirma cuando una mujer ha pasado 12 meses consecutivos sin menstruar, siempre que no exista otra causa fisiológica o patológica que explique la ausencia del periodo, ni una intervención médica que la haya provocado. La mayoría de las mujeres la experimenta de forma natural entre los 45 y los 55 años. Hoy, explica Miguel Omeara, especialista en medicina interna y endocrinología de la Fundación Cardioinfantil-LaCardio “la menopausia ya no se entiende como una enfermedad, sino como un proceso fisiológico normal asociado con la disminución y el cese de la función ovárica".
Antes de la última menstruación previa al inicio de la menopausia existe un periodo de transición que puede durar varios años. “El periodo anterior a la menopausia se caracteriza por un cambio del patrón menstrual”, explica Aura María González, especialista en endocrinología ginecológica y climaterio de la Fundación Santa Fe de Bogotá. Es una etapa conocida como perimenopausia durante la cual los ovarios modifican de manera progresiva su producción hormonal y los ciclos comienzan a tener una variación: pueden hacerse más cortos, más largos o irregulares, hasta que desaparecen.
Toda esta transición tiene efectos en el bienestar físico, emocional, mental y social de la mujer. Por eso, los especialistas aclaran que hablar de menopausia únicamente como el momento en que “se acaba el periodo” resulta insuficiente.
"Imagínese que de un día para otro está desconcentrada, le duelen las articulaciones, se le seca la vagina, le dan calores, está más sensible a los cambios de temperatura o no tiene un buen deseo sexual. Todo eso te afecta la calidad de vida totalmente”, describe Jáuregui de Asomenopausia. Esta combinación de síntomas que menciona la doctora, sin embargo, no están presentes en todas las mujeres, y cuando lo están, no siempre tienen la misma intensidad ni duración.
Que el cuerpo cambie tanto, explica el doctor de LaCardio, tiene que ver en buena parte con los estrógenos. “A medida que disminuye la función ovárica, descienden los niveles de estas hormonas, que no solo participan en el aparato reproductivo, sino en distintos procesos del organismo”. Por eso su descenso produce cambios que pueden sentirse en distintos sistemas del cuerpo.
Uno de ellos es el cerebro. Algunas mujeres describen olvidos, dificultad para concentrarse o una sensación de “niebla mental”. Esto no significa que toda dificultad de memoria después de los 45 años sea consecuencia de la menopausia, advierten los expertos. El sueño, el estrés, el estado de ánimo, las condiciones de vida y otras enfermedades también tienen que ver. Precisamente por eso, uno de los retos tanto de médicos como de pacientes consiste en diferenciar los cambios propios de la menopausia de aquellos que requieren una evaluación adicional.
Algo similar sucede con los huesos y el sistema cardiovascular. Después de la menopausia “aumenta la velocidad de pérdida de densidad mineral ósea, lo que contribuye al riesgo de osteoporosis y fracturas”, advierte Omeara, de LaCardio. También se producen cambios en la composición corporal y aumenta progresivamente el riesgo cardiovascular, aunque este último también está determinado por múltiples factores, entre ellos la edad y otros factores de riesgo.
¿La menopausia hace aumentar de peso?
Según los especialistas, el aumento de peso durante la menopausia es uno de los temas más frecuentes en los consultorios. El especialista de LaCardio aclara que, más que un aumento de peso neto o inevitable, lo que ocurre en el cuerpo de la mujer “es un cambio en la distribución de la grasa corporal”. En la etapa reproductiva, explica, los estrógenos actúan como protectores y reguladores de la grasa en el cuerpo femenino. Estas hormonas hacen que la grasa se distribuya de una manera específica, acumulándose habitualmente menos en el abdomen y un poco más en zonas como las caderas o a nivel subcutáneo. Cuando llega la menopausia y baja la producción de estrógenos, ese equilibrio se pierde. Como consecuencia, la grasa corporal se redistribuye y pasa a acumularse principalmente en el abdomen. “Esta acumulación en la zona abdominal es lo que genera en las mujeres la fuerte percepción física de haber subido de peso”, dice.
Pero el cambio no es solo estético. Según Omeara, la grasa abdominal se considera más perjudicial porque "aumenta significativamente el riesgo cardiovascular, está estrechamente relacionada con la resistencia a la insulina y puede producir un aumento de los triglicéridos".
A esto se suman otros factores. "El aumento de peso también tiene que ver con la edad y con los hábitos", explica González, de la Fundación Santa Fe de Bogotá. Para contrarrestar estos cambios metabólicos, la especialista enfatiza en adoptar hábitos de vida saludables con alimentación balanceada, ejercicio y/o actividad física, evitar el consumo de tabaco y mantener una buena higiene del sueño.
¿Se pierde el deseo sexual?
Los especialistas explican que se trata de un fenómeno complejo, que suele tener tres posibles causas. La primera es el impacto de los síntomas locales. Según los médicos, con frecuencia la aparente pérdida de deseo no se debe a una falta de apetito sexual en sí, sino a las molestias que genera la disminución de estrógenos en la zona íntima. "Una de las más comunes es la resequedad vaginal y el dolor con las relaciones sexuales, lo que llamamos dispareunia", explica Omeara. "No es que haya una disminución del apetito, sino que eso se percibe como una barrera". Para este escenario, subraya, "el tratamiento local ayuda mucho" a aliviar el dolor y recuperar la comodidad.
La segunda posible causa es una reducción real del deseo. Jáuregui señala que en algunas mujeres sí se presenta una disminución, independiente de las molestias físicas, y que esto hace parte de la valoración integral que define cómo se hace el manejo.
Y la tercera posibilidad es el efecto acumulativo de otros síntomas. "La realidad es que es un síntoma muy frecuente que tiene múltiples causas: la mujer que tiene mal dormir, que tiene calores nocturnos, que tiene cambios en el humor", dice González de la FSFB. En consulta, explica, los médicos evalúan si la falta de deseo es un síntoma aislado o la consecuencia del desgaste físico y emocional de la paciente.
"Todas esas cosas suman para poder decir si es una disminución del apetito sexual o son los otros síntomas los que están alterando la calidad de vida", resume Omeara. La buena noticia, agrega González, es que "es un síntoma que se corrige con los tratamientos adecuados".
¿Existe tratamiento para la menopausia?
En este punto, vuelve a ser importante la petición que hacía Makary, comisionado la FDA, [AG1] para tomar decisiones basadas en la ciencia y no en el miedo. Hoy, la discusión sobre las terapias de hormonas ya no es simplemente si son buenas o malas, sino para quién pueden ser útiles, en qué momento y bajo qué condiciones.
Los especialistas explican que existen tratamientos médicos orientados principalmente a mitigar los síntomas derivados de la disminución de estrógenos. Sin embargo, todos coinciden en que no son universales ni obligatorios para todas las mujeres, y deben evaluarse según la necesidad individual junto a un profesional.
La principal alternativa, explican, es la terapia de reemplazo hormonal (TRH), que consiste en “suministrar al organismo parte de las hormonas que los ovarios han dejado de producir”, dice Omeara. Estos tratamientos pueden ayudar a controlar manifestaciones que afectan la calidad de vida, como los sofocos, los sudores nocturnos, las alteraciones del sueño, la irritabilidad y la "niebla mental".
El especialista añade que, bien indicada, esta terapia también puede tener efectos positivos sobre la salud ósea.
Hoy existen distintas formas de administrar la terapia hormonal, más allá de las pastillas. Entre ellas están los parches transdérmicos y los sprays, que los especialistas evalúan para pacientes con condiciones como diabetes, obesidad o hipertiroidismo. Cuando los síntomas son exclusivamente locales, como la sequedad vaginal o la dispareunia, señalan que es común recurrir a cremas de estrógenos de uso local. Y para las mujeres con contraindicaciones absolutas al uso de hormonas, como antecedentes de cáncer de seno u otros tumores dependientes de hormonas, existen alternativas no hormonales.
Lo importante, dice González, es que las mujeres tengan una consulta con especialistas en climaterio para ubicar cuál es el tratamiento individualizado. En ese acompañamiento médico se deben analizar la edad de la paciente, el momento en que inició la menopausia y sus antecedentes de salud.
Los médicos recomiendan además acompañar cualquier tratamiento con hábitos saludables y advierten contra las falsas promesas del mercado informal. “Todo lo que le ofrezcan como milagroso en redes para tratar los síntomas de la menopausia, sospeche que no es verdad”, dice Omeara.
La OMS señala que la menopausia debe entenderse como “un punto más en el continuo de las etapas vitales”, por eso, considera que la atención médica durante esta transición cumple un papel importante en la promoción del envejecimiento saludable y la calidad de vida.
Jáuregui, se suma a este llamado al sector salud: “Tenemos que ayudar a las mujeres en consulta a romper el silencio, a enseñarles a contar lo que les está pasando, no solo en su parte física, sino en su parte emocional también”.
La OMS también argumenta que la falta de información sigue siendo uno de los desafíos: muchas mujeres no saben que los síntomas que experimentan pueden estar relacionados con la menopausia o que existen opciones de orientación y tratamiento. Por eso, entender qué ocurre durante esta etapa, saber cuándo consultar y conocer las opciones disponibles puede ser el primer paso para dejar atrás los mitos y abordar la menopausia con información, acompañamiento médico y decisiones ajustadas a cada mujer.
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Berta Lucía(2263)•Hace 59 minutosLa menopausia no es ninguna enfermedad ni necesita de tratamientos hormonales; lo que una mujer necesita cuando llega esa etapa es comer muy sano, hacer mucho ejercicio y sobre todo seguir activa desde el punto de vista cognitivo, intelectual y manual si es el caso. Dejen de crear tanto mitos restrictivos y tantos miedos innecesarios.