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No espere a enfermarse para ir al médico: muchas enfermedades avanzan en silencio

Pasar de ir a una consulta médica solo cuando sentimos dolor a hacerlo de manera habitual puede ser determinante. A través de la salud preventiva es posible evitar el desarrollo de enfermedades o detectarlas cuando aún se está a tiempo, y retrasar su avance. ¿Qué exámenes son fundamentales y cuáles son los grupos de riesgo? ¿Cómo influye nuestro estilo de vida?

Redacción Salud y Catalina Sanabria Devia

29 de marzo de 2026 - 11:30 a. m.
En adultos se recomienda un chequeo anual.
Foto: EFE

¿Alguna vez ha recibido una llamada por parte de su EPS para recordarle que vaya al médico, así no esté enfermo? ¿Alguna vez ha agendado en su calendario una cita con su médico solo para revisar que todo esté bien? ¿Se ha medido la presión sin sentirse mal o se ha hecho un examen de sangre por control y no por urgencia? Eso es parte de lo que se conoce como salud preventiva, que busca evitar la aparición de enfermedades, o al menos detectarlas en etapas tempranas, cuando son más tratables y menos costosas para el sistema.

En palabras de Carmen Cecilia Gómez, médica internista y jefe de Medicina Interna y Clínicas Médicas de la Fundación Cardioinfantil (LaCardio), se trata de adoptar acciones, como realizarse chequeos periódicos, en vez de acudir a los profesionales solo hasta el momento en que se presentan síntomas. “Las personas se olvidan de cuidar su salud”, dice. Más aún considerando que algunas afecciones no presentan tantos síntomas en sus etapas iniciales y pueden avanzar de forma bastante silenciosa, como la hipertensión, la diabetes o el colesterol alto, detectándose muchas veces cuando ya han generado complicaciones.

En 2025, en Colombia la mortalidad prevenible (entendida como aquellas muertes que podrían evitarse antes de que aparezca la enfermedad, mediante acciones de salud pública y prevención) fue de 304 por cada 100.000 personas, una cifra superior al promedio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), que es de 145 por cada 100.000. Además, la mortalidad tratable (entendida como las muertes que podrían evitarse una vez la persona ya está enferma, si recibe atención médica oportuna y de calidad) fue de 115 por 100.000, también por encima de la media de la Organización, de 77 por cada 100.000.

Por eso, lo ideal es que asumamos asistir a consultas médicas como algo rutinario. Eso sí, la frecuencia con que debemos hacerlo varía dependiendo de la edad, el sexo y los antecedentes personales y familiares, además de los factores de riesgo. Por lo general, explica Elizabeth Borrero Roldán, médica epidemióloga y subdirectora de la Dirección de Salud Población de la Fundación Santa Fe de Bogotá, los adultos sanos pueden realizarse un chequeo al año. Sin embargo, al cumplir 40-50 años se deben intensificar los controles, pues aumenta la posibilidad de desarrollar ciertas enfermedades.

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Puntualmente en las mujeres, es clave pensar en el cáncer de mama. El Ministerio de Salud ha subrayado que a partir de los 40 años se debe realizar el examen clínico anual, así no se presenten síntomas. Luego, entre los 50 y 69 años, es importante hacerse una mamografía cada dos años, la cual podría permitir identificar a tiempo la enfermedad. Gómez apunta que el cáncer de mama tiene una alta carga genética, por lo que el llamado a practicarse este tipo de estudios es mayor cuando familiares cercanos, como mamá, hermanas o tías, han presentado cáncer de mama.

Por su parte, para los hombres, a mayor edad, existe un mayor riesgo de padecer cáncer de próstata, que es una de las principales causas de mortalidad por cáncer en la población masculina en Colombia. No obstante, según el Instituto Nacional de Cancerología (INC), la detección y el tratamiento tempranos mejoran el panorama de curación en estos casos, sobre todo teniendo en cuenta que este tipo de cáncer suele ser de crecimiento lento. Para ello es fundamental el examen del antígeno prostático (PSA), así como el tacto rectal en hombres mayores de 50 años. Gómez explica que, de igual manera, quienes tienen familiares directos con antecedentes deben ser aún más conscientes de practicarse revisiones tempranas.

Otras de las enfermedades que se pueden detectar antes de su evolución son las cardiovasculares (ECV), como la cardiopatía coronaria y el accidente cerebrovascular. Sin embargo, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, las ECV son la mayor causa de muerte en todo el mundo, ocasionando más de 17 millones de defunciones al año.

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Estas suelen presentarse a edades más tempranas en los hombres que en las mujeres, y quienes hayan tenido eventos personales (como infartos) o antecedentes familiares deben prestar especial atención a su salud. Además, la presión arterial alta es uno de los principales factores de riesgo de estas enfermedades, sumado a un colesterol alto, la diabetes, el sobrepeso y la obesidad.

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Mediante el acceso a la atención, pruebas tempranas y un estilo de vida saludable se puede prevenir hasta el 80 % de las muertes prematuras por enfermedades cardiovasculares, estima la Federación Mundial del Corazón. Esto sería posible con solo 30 minutos de ejercicio diario, pero uno de cada tres adultos “no se mueve lo suficiente”, dice la Organización.

Estar a tiempo

Borrero, de la Santa Fe, apunta que si no se detectan y controlan a tiempo condiciones como la hipertensión o la diabetes, que suelen ser silenciosas en sus etapas iniciales, pueden generar complicaciones graves, como las enfermedades cardiovasculares o daños renales. Es por ello que en el marco de la prevención, lo que se recomienda es realizar controles periódicos.

“Realizar pruebas como la medición de presión arterial, glicemia, perfil lipídico, citología cervical o mamografía pueden detectar condiciones en fases iniciales, incluso años antes de que generen complicaciones graves”, explica Borrero. “En Colombia esto es clave para enfermedades como el cáncer de cuello uterino o el de mama, donde la detección temprana aumenta significativamente la supervivencia. Además, permite intervenir oportunamente y modificar factores de riesgo”.

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Según el análisis de la situación de salud en Colombia (ASIS, 2024), realizado por el Ministerio de Salud, en todas las etapas de la vida las enfermedades no transmisibles, como las cardiovasculares y la diabetes mellitus tipo 2, encabezan las razones por las que personas acuden al médico. Dichos hallazgos, menciona Borrero, sumados al aumento de enfermedades infecciosas como el chagas, reflejan un doble desafío para el sistema de salud en Colombia.

“Esto hace fundamental fortalecer las estrategias de prevención, el acceso oportuno a los servicios de salud y el trabajo articulado entre instituciones, comunidades y pacientes, con el fin de mejorar los resultados en salud y la calidad de vida de los colombianos”, resalta la médico.

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El reto es aún mayor teniendo en cuenta las desigualdades socioeconómicas y de género en el país, que impactan significativamente el acceso a servicios preventivos. Por lo general, las poblaciones rurales, de bajos ingresos o con menor nivel educativo tienen un menor acceso a tamizajes y controles oportunos, y los retrasos en las consultas pueden llevar a diagnósticos tardíos y “peores desenlaces en salud”.

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Buenos hábitos para prevenir

Para la doctora Borrero, se ha venido dando un cambio en el perfil de salud del país, pues es evidente un incremento en las “enfermedades asociadas a estilos de vida, el envejecimiento de la población y factores como la alimentación, el sedentarismo y el estrés”. Es por ello que uno de los pilares, cuando hablamos de prevención, es llevar un estilo de vida saludable, que a su vez tiene varios componentes.

Uno de ellos es tener una alimentación sana, en la que se incluyan todos los grupos de alimentos, con énfasis en el consumo de proteínas, sobre todo pollo y pescado. “De manera no regular, se pueden incluir las carnes rojas”, dice Gómez, de LaCardio.

En nuestros platos, agrega, siempre debe haber verduras y frutas y, por el contrario, debemos apuntarle a un bajo consumo de carbohidratos, de grasas saturadas, mantequillas, fritos y alimentos ultraprocesados, que tengan colorantes y/o sabores artificiales. También, en la medida de lo posible, se recomienda restringir la sal y el azúcar. “Lo más simple es lo más saludable, tanto en la preparación como en los alimentos”, afirma Gómez. “Eso nos permite evitar el sobrepeso y la obesidad, así como el desarrollo de varias enfermedades”. Una mala alimentación incrementa, por ejemplo, el riesgo de cáncer colorrectal.

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Otro punto crucial para tener una vida saludable es el ejercicio, todavía más teniendo en cuenta que, para 2025, el 35 % de los adultos en Colombia no realizaban suficiente actividad física, superando el promedio de la OCDE del 30 %. Como mínimo, advierte Gómez, todas las personas deberíamos hacer 180 minutos de ejercicio a la semana. “Eso incluye caminar, nadar o practicar algún deporte, combinado con ejercicios de fuerza y equilibrio. Realmente moverse es la clave, lo que nos enferma es el sedentarismo”, asegura.

Con eso en mente, Ricardo Hernández se decidió por la prevención. Acudió en días recientes a la Fundación Cardioinfantil para hacerse una revisión general, antes de retomar el ejercicio. Le gusta el senderismo, correr y montar en bicicleta, pero desde hace un año y medio se ha dedicado casi por completo a su esposa y a su hijo, que nació hace nueve meses.

El cuerpo, a ojos de Hernández, es como un vehículo: “Cuando está quieto por mucho tiempo y lo vamos a prender, la batería ya no le funciona y probablemente está descompuesto”. Entonces, con el fin de “encender el vehículo, tenemos que hacernos un chequeo para saber qué podemos hacer y qué no”. Antes de volver a sus actividades, y quizá ponerse en riesgo, optó por pedir consejo médico, revisar que todo esté en orden y un acondicionamiento físico gradual.

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Gómez, por su parte, da algunos consejos y plantea situaciones en las que podemos incluir el movimiento del cuerpo cada vez más en nuestra cotidianidad, pues “todo suma”. Por ejemplo, sugiere usar las escaleras en vez del ascensor y hacer pausas activas (como estiramientos) en medio de nuestras labores y, sobre todo, caminar. “Todas esas cosas sencillas también tienen un impacto en nuestra salud”.

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En ocasiones, además, nos olvidamos de algo muy importante: la salud mental. De acuerdo con datos de la Encuesta Nacional de Calidad de Vida (2023) del DANE, apenas un 4 % de la población consultada afirmó haber acudido, sin presentar alguna enfermedad, a servicios de psicología.

¿Cómo incluir hábitos que ayuden en términos de salud mental? Gómez comenta que el descanso es clave: dormir de siete a ocho horas diarias y evitar las pantallas antes de ir a la cama. También es necesario establecer límites con el trabajo, pues “definitivamente el estrés es otra de las causas que nos están enfermando”. Compartir con la familia y amigos, así como hacer actividades al aire libre, son pequeños pasos hacia un bienestar emocional.

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En contraste, Borrero menciona que el consumo de sustancias nocivas, como el tabaco o el alcohol en exceso, es parte de estilos de vida poco sanos. Son conductas de riesgo que deben evitarse o al menos reducirse para proteger la salud cardiovascular y metabólica. Los cambios, explica la epidemióloga, tienen que darse de manera progresiva y sostenible, “partiendo de la toma de conciencia, el establecimiento de metas alcanzables y la generación de entornos que faciliten decisiones saludables”. Con constancia y apoyo, detalla, es posible integrar nuevos hábitos en la vida diaria y avanzar efectivamente en la prevención de enfermedades.

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Por Catalina Sanabria Devia

Periodista con enfoque en temas ambientales. En El Espectador escribe, principalmente, sobre la Amazonia. También le interesan los asuntos de género y construcción de paz. Ha colaborado en medios como Rutas del Conflicto y Mongabay Latam. Ganadora del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar (2022).@catalina_sanabrlsanabria@elespectador.com
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