Aunque no suele acaparar tanta atención mediática, en el mundo estamos viviendo una epidemia de obesidad y sobrepeso, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Para hacerse una idea, desde 1990 la obesidad se ha duplicado entre los adultos y se ha cuadruplicado entre los adolescentes, de acuerdo con la agencia de salud de la ONU.
La obesidad, explica un grupo de científicos convocados recientemente por la organización sin ánimo de lucro Cochrane, es una afección médica grave caracterizada por una cantidad elevada de grasa corporal que puede causar complicaciones relacionadas con el peso y provocar enfermedades graves, como la diabetes tipo 2, y la muerte.
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Para las más de 1.000 millones de personas en el mundo que son obesas, la principal recomendación, para reducir los riesgos para la salud y los efectos sociales asociados, adelgazar sigue siendo la principal recomendación. La gran pregunta, en la actualidad, es cómo lograrlo.
Una de las estrategias convencionales es el asesoramiento tradicional sobre alimentación, que incluye reducir las calorías y cambiar los hábitos alimentarios para consumir alimentos más saludables.
Otra, que ha cobrado relevancia en los últimos años, es el ayuno intermitente. A grandes rasgos, esta es una estrategia en la que, durante algunos periodos, las personas comen poco o nada (ayuno), seguido por periodos en los que comen de forma normal.
Sin embargo, desde su popularización, principalmente a través de redes sociales, varios médicos y científicos se han preguntado por la efectividad del ayuno intermitente para reducir de peso. Hace un año, como contamos en este reportaje, la principal conclusión apuntaba a que se necesitaban más estudios con más personas y un mayor tiempo de seguimiento.
Ahora, un grupo de científicos analizó 22 estudios que, en conjunto, incluían los datos de 1.995 participantes, y que fueron adelantados entre 2016 y 2024. Los resultados de su análisis fueron publicados este martes 16 de febrero en Cochrane Database of Systematic Reviews.
¿Funciona el ayuno intermitente para bajar de peso?
Para responder a esta pregunta, lo primero es precisar cuál era el objetivo de los investigadores. En concreto, querían saber si el ayuno intermitente era más eficaz para la pérdida de peso en personas adultas con sobrepeso y obesidad que el asesoramiento tradicional sobre alimentación.
Adicionalmente, querían analizar los efectos sobre la calidad de vida de las personas, el estado de la diabetes y las mediciones de grasa en sangre, así como si las personas presentaron efectos perjudiciales.
En los 22 estudios analizados, los investigadores buscaron personas mayores de 18 años que tuvieran sobrepeso u obesidad, que fueron elegidas al azar para ayunar intermitentemente o para recibir asesoramiento tradicional, ningún tratamiento o permanecer en lista de espera para recibir tratamiento.
Lo primero que encontraron los científicos fue que, en comparación con el asesoramiento tradicional sobre alimentación, el ayuno intermitente podría producir poca o ninguna diferencia en la pérdida de peso, medida como un cambio respecto al peso inicial y la calidad de vida.
“No tenemos certeza acerca de su efecto sobre lograr una reducción del 5 % del peso corporal ni sobre los episodios perjudiciales”, agregaron los investigadores.
Ahora, frente a ninguna intervención o permanecer en la lista de espera, el ayuno intermitente “probablemente apenas logre un cambio en la pérdida de peso”. Tampoco hay certeza sobre los efectos en la calidad de vida ni en episodios perjudiciales.
“Ninguno de los estudios incluidos informó sobre la satisfacción de las personas con el ayuno intermitente, el estado de la diabetes ni sobre medidas globales de otros problemas de salud”, apuntaron los investigadores.
Pese a estos resultados, los científicos hicieron una advertencia. La confianza de los resultados, es baja a muy baja, pues la mayoría de los estudios incluidos “no utilizaron la metodología más sólida, incluyeron pocas personas y proporcionaron resultados no concluyentes”.
Ante estos resultados, cabe recordar la conclusión de otros estudios similares. El Instituto Nacional para la Calidad de la Sanidad y de la Asistencia de Reino Unido (NICE), por ejemplo, ha asegurado que la evidencia aún no es lo suficientemente sólida para hacer recomendaciones claras.
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