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Con el Mundial de Fútbol cerca, es hora de hablar de un viejo enemigo: el sarampión

En 2025, hubo en el mundo 247.000 casos confirmados de sarampión, una infección que el mundo tenía controlada gracias a las vacunas. Pero hoy la situación en México, EE.UU., Canadá y España es muy preocupante y ya hay brotes en Bolivia y Brasil. Los próximos meses, con la principal fiesta del fútbol, serán claves para evitar la reintroducción del virus en Colombia. Hay mucho en juego.

Juan Diego Quiceno

05 de febrero de 2026 - 07:00 a. m.
El Ministerio de Salud ha emitido circulares como la 16 de 2025, con lineamientos para responder a la alerta regional y reducir el riesgo de casos importados. EFE/George Frey /ARCHIVO
Foto: EFE - George Frey
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Ya pocos dudan de que el mundo enfrenta un resurgimiento del sarampión. En las Américas, los casos se reportan desde el extremo norte (con una trasmisión en Canadá, Estados Unidos y México) hasta el sur del continente, con brotes activos en Bolivia, Paraguay y Brasil. Colombia se mantiene libre de la infección, pero con un mundial de fútbol a las puertas y la masiva movilización de personas que implica, científicos, médicos y la Organización Mundial de la Salud (OMS) advierten que los próximos meses representan una ventana especialmente riesgosa para la reintroducción y la aparición de brotes importados.

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“Sin querer entrar en un tono alarmista o de pánico, la situación global es importante y hay que prestarle mucha atención”, señala Augusto Valderrama, médico e investigador del Departamento de Ciencias Biológicas de la Universidad de los Andes. Hoy sabemos que el sarampión está circulando en muchas partes del mundo: en 2025, se notificaron a la OMS más de 247.000 casos confirmados.

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Hay muchas razones para prestarle atención a esa situación. “En 2025, a la dinámica usual de brotes aislados de sarampión en la región, se sumó un cambio muy importante”, le explica a El Espectador Álvaro Whittembury, asesor regional en inmunizaciones de la OPS, filial de la OMS. “Los grandes brotes de sarampión estuvieron impulsados por amplios bolsones (un grupo acumulado de personas) de susceptibles en poblaciones con reticencia a la vacunación, así como la acumulación de un gran número de susceptibles en múltiples cohortes de edad”.

Según Whittembury, “a esto se añadió la gran movilidad de estas poblaciones que facilitaron la dispersión de la enfermedad entre diversas áreas dentro de los países, así como a otros países de la región”. Con el sarampión ocurre algo muy particular cuando se habla de “dispersión”, agrega también Valderrama: “Es posiblemente uno de los virus con mayor capacidad de contagio que conocemos”.

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Los científicos miden ese potencial mediante el llamado número reproductivo básico, o R₀, que indica a cuántas personas, en promedio, puede infectar un solo caso en una población susceptible. En términos sencillos, es una forma de estimar qué tan fácil se propaga un virus. En el caso del sarampión, se calcula que una persona infectada puede transmitirlo hasta a 15 personas más.

Si eso se suma a lo que advertía el asesor de la OPS, el resultado es el cóctel que hoy se observa. En 2025, las Américas notificaron 14.891 casos confirmados de sarampión en 13 países, un número 32 veces mayor frente a 2024. Y en las primeras semanas de 2026 ya se han confirmado 1.031 casos adicionales en siete países, una cifra 43 veces mayor que la registrada en el mismo período del año anterior. Este patrón, confirma Whittembury, “refleja un resurgimiento regional y global, asociado a importaciones del virus en un contexto de inmunidad poblacional insuficiente”.

Vacunas y brechas

Como el sarampión se trasmite tan rápido, se necesita una cobertura de vacunación de al menos el 95% con dos dosis de la vacuna (generalmente la Triple Viral o MMR). El problema es que la región no esta alcanzando ese “número mágico”.

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“La caída en las coberturas de vacunación se viene observando desde 2017 y se acentuó con la pandemia”, explica Whittembury. El punto más bajo se observó en 2022, con una cobertura regional de vacunación de 84% con la primera dosis de la vacuna, la más baja de los últimos 20 años. Y aunque en 2024 se observó una recuperación (89% para la primera dosis y 79% para la segunda), está por debajo del 95% recomendado para prevenir brotes con largas cadenas de transmisión.

En Colombia, la cobertura nacional de la vacuna triple viral, que protege contra el sarampión, la rubéola (incluida la rubéola congénita) y la parotiditis, y que hace parte del Plan Ampliado de Inmunizaciones (PAI), se ubica en poco más del 92%. Solo en algunos años puntuales (2006, 2007, 2009 y 2018) se han registrado coberturas superiores a ese nivel.

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Sin embargo, una mirada más detallada a ese 92% revela brechas regionales muy importantes. Por ejemplo, de acuerdo con análisis del Así Vamos en Salud, departamentos como Chocó suelen presentar coberturas incluso por debajo del 90%, lo que deja a estas poblaciones en mayor riesgo frente a brotes.

¿Por qué ha sido difícil alcanzar ese umbral del 95%? En lugares como la Unión Europea o Estados Unidos, las noticias reportan movimientos antivacunas cada vez más fuertes, pero en América Latina, aunque existen y, según Whittembury, “contribuyen a la disminución de las coberturas”, se suman otros factores como las conocidas barreras de acceso y las interrupciones de servicios en años recientes.

El Ministerio de Salud ha emitido circulares como la 16 de 2025, con lineamientos para responder a la alerta regional y reducir el riesgo de casos importados.

Las medidas enfatizan la verificación y actualización de esquemas de vacunación: que niños y niñas entre 1 y 10 años cuenten con dos dosis de la triple viral; que a los 18 meses se aplique la segunda dosis; que quienes nacieron entre 2009 y 2019 completen al menos una dosis de sarampión–rubéola; y que el personal de salud, así como trabajadores con contacto frecuente con viajeros o pacientes, confirme su inmunización. Aunque consultamos con el Minsalud si tiene estrategias adicionales para los siguientes meses, no obtuvimos una respuesta hasta el cierre de la edición.

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Un Mundial, ¿de sarampión?

Que departamentos como Chocó registren coberturas incluso inferiores al promedio nacional inquieta a investigadoras como Claudia Amaya-Castellanos, del departamento de Salud Pública de la Universidad Industrial de Santander. “Las epidemias no pueden entenderse solo como eventos biológicos. Mirarlas únicamente desde una perspectiva biomédica es insuficiente”, dice.

Amaya se refiere a que, como suele ocurrir, los efectos de un virus o de una enfermedad se sienten con mayor fuerza en poblaciones que ya viven en condiciones de vulnerabilidad estructural.

Amaya lo sabe bien, porque publicó hace poco, junto a colegas como Álvaro J. Idrovo y Francisco Ortega, una investigación en la que resumen la historia de unas 36 epidemias de sarampión ocurridas en Colombia y de las que no había muchos rastros. Un capítulo que ayuda a dimensionar lo que plantea Amaya es el caso del pueblo Hitnü, de tradición seminómada, asentado en Arauca y que durante décadas permaneció en aislamiento. El primer contacto con el virus, ocurrido ya bien entrado el siglo XX (en 1964) y en una comunidad sin acceso a vacunación, tuvo consecuencias devastadoras: cerca de 100 indígenas murieron, en su mayoría niños, niñas y adultos mayores. En apenas unos días, la población se redujo en casi una tercera parte.

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Ese antecedente histórico podría ser un espejo con el presente. “Hay un paralelismo claro con los migrantes. Cuando trabajé en Arauca vi una competencia por recursos entre migrantes e indígenas, ambos en condiciones extremas de precariedad. Las vulnerabilidades son las mismas: falta de alimento, agua, saneamiento básico. Mientras eso no se aborde, será muy difícil controlar epidemias como el sarampión, o enfermedades asociadas a la pobreza, como la tuberculosis”, advierte Amaya.

Precisamente, a investigadores como Valderrama le preocupa especialmente las zonas de frontera. “Nosotros tenemos zonas de guerra, y en las zonas de guerra, la vacunación no es la mejor y en las que, usualmente, viven poblaciones estructuralmente vulnerables”.

En ese contexto, las fronteras (y los controles sanitarios que se apliquen en ellas) serán un punto crítico, más aún en el año del Mundial de fútbol, que se realizará en los tres países que hoy concentran la mayor cantidad de casos de sarampión en las Américas: Estados Unidos, México y Canadá.

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“El riesgo de transmisión se puede dar en varios momentos: personas que llegan a los países sede ya infectadas en sus lugares de origen o durante el viaje, personas que no están vacunadas y se contagian durante el evento, y luego el riesgo de que quienes se infecten regresen a sus países y lleven el virus consigo. Si esas personas vuelven a comunidades con coberturas de vacunación bajas, pueden desencadenarse brotes con largas cadenas de transmisión”, señala Whittembury. “Desde la OPS insistimos en la importancia de reforzar la vigilancia y la búsqueda activa de casos, y en un mensaje clave para la población: vacunarse antes de viajar”.

“A mí me preocupa que para la pandemia de covid-19 se creó una red de laboratorios de vigilancia epidemiológica —de vigilancia genómica, particularmente— y esa red no se mantuvo”, agrega Valderrama. Esa red tenía alrededor de 20 laboratorios y funcionaba de manera articulada durante la emergencia sanitaria, con intercambio de muestras, protocolos comunes y capacidad para identificar variantes. Con el fin de la pandemia, la coordinación y el apoyo se debilitaron, y hoy esa infraestructura opera de forma fragmentada o con capacidades reducidas.

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